Martes, Febrero 18, 2020
   
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Un virus que no se propaga no es serio

Lo comenté con otras grandes fiestas y también incluyo al Carnaval ahora. Está muy bien publicar cinco mil revistas oficiales y tropecientos mil folletos de mano del programa de actos este año, pero si no hay una buena distribución…

Soy un ‘machaca’ recordando que el 75% de la población cartagenera reside en el exterior de la ciudad y por eso son pueblos y barrios donde más gente hay. No todo es la ciudad, en absoluto. Muchos ‘urbanitas’ se sorprenderían de la vida propia que existe ‘ahí fuera’. Por eso, no basta con poner el cartel de la fiesta de turno en las paradas del autobús, en absoluto. Lo que es la publicidad física (el mundo virtual todavía no lo ha conquistado todo) es mucho más y por eso siempre abogo por una distribución inteligente y amplia.

El Carnaval de Cartagena es de las grandes fiestas la que más gente ha incorporado en los últimos tiempos. Es lo que hemos percibido en Cartagena de Hoy en nuestros algo más de diez años de andadura, en los que hemos sido el medio de comunicación que más ha apostado por esta fiesta y lo hemos hecho dando contenido a los artículos, pues consideramos que un evento de categoría no se debe reducir sólo a colgar fotos. Es mucho más. Tiene su historia y su intrahistoria. 

Por eso, cuando se acercan las fechas de su celebración, nos apena no ver los programas de los actos en barrios y diputaciones. Se pierden visitantes potenciales y es un desperdicio de papel. Algunos dirán que el reparto por un gran municipio en territorio como es Cartagena implica mucho dinero. No sé. Nuestro diario está viajando continuamente de una población a otra y no es tan complicado. El primer paso es planteárselo. Después, si no hay recursos económicos y lo tiene que hacer la propia organización, hay que tener a colaboradores con vocación de servicio y fijar rutas. Estamos de acuerdo en que el Interés Turístico Nacional es el gran objetivo, pero no olvidemos el interés municipal.

Lo dije en otras fiestas, lo digo ahora y lo seguiré diciendo mientras, en nuestra habitual presencia por los pueblos cartageneros, observe que muchos de sus residentes no tienen ni idea de cuándo se celebra el gran carnaval ni qué ofrece. Lo que no se propaga apenas existe.

Es mi opinión, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está ‘ferpecto’.

 

‘¿Quién dijo miedo?’

Año nuevo y más de lo mismo. Las muertes de mujeres a manos de sus parejas no se frena. Está muy bien la labor de educación de la sociedad de cara al mañana, pero en el plan de actuación del hoy algo sigue fallando y mucho.

Las relaciones de pareja tienen una singularidad muy especial, pues se puede terminar odiando a la persona que tanto has querido y ahí el roce que tanto cultivó el cariño se convierte en una situación de máximo riesgo. Lo malo es cuando la parte racional de nuestro cerebro se aparta y aflora la irracional. Entonces, por desgracia, todo puede ocurrir.

Tan mala y repugnable es la violencia en la pareja del hombre hacia la mujer como a la inversa o en parejas del mismo sexo. Sin embargo, es evidente que los datos reflejan que las que pierden la vida son ellas. Hay más fallecidas por la violencia machista que víctimas por ETA en sus años de andadura.

Sigo pensando que no hay miedo a ‘perder los estribos’ por parte de los varones y no me refiero sólo a los casos que acaban con muerte, sino a otros más domésticos, que muchas veces son la antesala de los trágicos.

Si su hija inicia una relación amoroso con un hombre no existe manera de conocer si ese varón tiene antecedentes en materia de violencia en relaciones de pareja. Y digo bien lo de antecedentes con ’s’. Entiendo que un caso puntual se pudiera llegar a considerar algo puntual o accidental (?) y que no se haga público, pero cuando hay reincidencia… Sí, quien repite es por algo y ahí por mucho que me digan lo de la privacidad de datos, no se puede dejar que una inocente caiga en manos de ‘un delincuente habitual’.

Mis trasiegos casi diarios por los juzgados me han permitido conocer muchas situaciones domésticas y en alguna ocasión he visto a una familia sorprendida porque cuando han denunciado una agresión es cuando han descubierto el palmarés del hombre. “¿Por qué no se puede saber antes?”, me preguntaba una afectada. La respuesta, en base a mi experiencia en este terreno, es que la ley en España es muy protectora con los acusados y condenados. En cambio, falta sensibilidad con las víctimas, que según el diccionario es ‘la persona que sufre un daño o perjuicio’.

Y voy más allá. No haría falta ser víctima. Si no estoy equivocado, la ley es lo que en su día se estableció para castigar a las personas que se salían de las normas de la sociedad. Pues eso, que quizás no estaría mal sacar a los reincidentes del anonimato generado por el gran proteccionismo legislativo. Que no está bien ‘marcar’ a nadie, pues puede ser, pero doy preferencia a salvaguardar al inocente. Lo mismo resulta que una ‘condena social’ es más efectiva que la judicial.

Si un hombre sabe que actuar con violencia hacia la mujer le puede llevar hasta que la sociedad conozca lo que ha hecho (y repetido), quizás tuviese más miedo, esa sensación que a veces atenaza más que una cuerda. Lo mismo se podría plantear con los violadores, con los traficantes de droga, con los estafadores, con los ladrones y con los agresores habituales. Repito: habituales. No lo veo nada mal pensando siempre desde el punto de vista del inocente, de la persona que hace su vida sin maldad hacia los demás y que, por lo que oigo, en su mayoría no termina de entender eso a lo que llaman justicia. Vamos, que me agarro a lo de ‘tolerancia 0’ y no a la ‘tolerancia 0 que luego es en la realidad tolerancia 1, 3 ó 7’.

También quisiera aclarar que si un hombre es acusado y sale absuelto, no cuenta en este planteamiento. Y de los casos en que la mujer presenta una denuncia falsa (que las hay), pues ‘leña’ judicial contra ellas (incluso, de oficio) por lo que perjudican a las auténticas víctimas.

Sin embargo, lo mismo resulta que en todo lo que planteo estoy equivocado (no en vano es sólo una opinión) y resulta que todo está ‘ferpecto’.

 

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