Viernes, Mayo 24, 2019
   
Texto

'No le perdonan el 'ascenso administrativo' al CD Algar'

"Medio año hace que dejé la secretaría del CD Algar (por un motivo poco importante que no viene a cuento ahora explicar) y, salvo contadas excepciones (para aclarar alguna mentira insidiosa o calumnia vertida de forma gratuita contra el club de mi pueblo en redes sociales) he guardado un escrupuloso silencio, atendiendo y cumpliendo con la petición que me hizo un directivo actual del CD Algar acerca de "que guardara silencio en redes sociales y que no nombrara a la Federación de Fútbol de la Región de Murcia en éstas y mucho menos en referencia al ascenso administrativo".


Pero, conociendo de primera mano lo ocurrido el pasado domingo en el Estadio Sánchez Luengo, he de decir a quien corresponda en la Federación de Fútbol de la Región de Murcia que ya está bien..., que el CD Algar se merece el mismo respeto que se pueda tener con cualquier otro club del mismo grupo.

Todo lo que estos meses he estado callando, tras ver el atropello deportivo vivido el domingo pasado, ya no puedo permanecer por más tiempo impasible y silenciado, por lo que voy a hacer público lo que sólo muy pocas personas conocen, la conversación entre el secretario de la Federación de Fútbol de la Región de Murcia y yo (que en ese momento era
secretario del CD Algar en el mes de julio de 2018) referente a la posibilidad de que el CD Algar jugase esta actual temporada en Tercera División (como está haciendo ahora), y que cada cual, que saque la conclusión que quiera.

Antes de publicar la conversación, he de decir que la FFRM actuó de manera correcta al emitir el comunicado oficial en el que se informaba de los ascensos de Yeclano a Segunda B y del CD Algar a Tercera, pues era lo que por derecho correspondía a unos y otros.

Si no hubiera existido la deuda del Lorca con la RFEF, el Yeclano habría ocupado la plaza en Segunda B y el CD Algar, como tercer clasificado de Preferente, habría ascendido sin controversia alguna a Tercera (y -quizá- no se habría granjeado los enemigos que actualmente tiene en algún despacho de la sede de la FFRM). Dicho lo cual, he de decir "a quienes ya han decidido que el CD Algar descienda (o si es mejor, que desaparezca)" que ni la directiva actual y mucho menos los jugadores, son responsables de esa "ira federativa" que hay contra el CD Algar. Fui yo y sólo yo quien "avisó" que «o se atendía la petición hecha por el CD Algar en junio del año pasado (ser equipo de Tercera División si el Pinatar dejaba su plaza -que luego la FFRM acabaría concediendo a La Unión-), o el tema iría al juzgado», con la posibilidad más que probable que el juez estimara las alegaciones del CD Algar y condenara a abonar costas judiciales e indemnización millonaria al CD Algar.

Y por ese motivo está el CD Algar en Tercera (y sufriendo lo indecible para mantenerse en ésta, pese a los 22 puntos que tiene de menos merced a decisiones arbitrales que perjudican sobremanera al CD Algar).


 

 

'Las horas. Relato desesperado de una sanidad perdida'

Pilar Marcos Silvestre, secretaria general de Podemos Cartagena, narra la dramática muerte de su padre en un ascensor de la Arrixaca a consecuencia de un infarto.



Eran las dos de la mañana cuando el hombre despertó. La angustia le podía, no sabía a que respondía ese desasosiego, y después de un rato de ver como la situación le superaba avisó a su mujer. Juntos acudieron al hospital de su ciudad, un precioso hospital, más que hospital parecía aeropuerto, grande y moderno, con pasillos abiertos, y módulos departamentales para cada especialidad, un centro hospitalario que transmitía confianza y seguridad.

Llegaron al precioso hospital, a las 4.10 de la madrugada de un domingo a un lunes. La mujer respiró aliviada al encontrarse en un lugar seguro, “ahora todo irá bien”. Pero sus buenos presagios se rompieron en pedazos a los pocos minutos, pues a las 4.30 horas le anuncian que su hombre estaba muy grave y que seguramente tendría que ser trasladado a otro hospital en la capital, para que le atendieran de su dolencia. A partir de ese momento los personajes de esta  historia entran en un bucle, donde cada segundo, minuto, y hora se convierte en una montaña rusa de sentimientos, y ni ellos mismos se creen lo que está sucediendo.

La mujer llama a las hijas. Los médicos, tras informar primero que lo iban a trasladar al hospital de la capital, una hora más tarde les dicen que no, que lo van a intentar reanimar con medicación. Pero finalmente a las dos horas después, les anuncian que sí,  que no ha respondido al tratamiento y que tienen que trasladarlo a la capital.

El hombre es trasladado en una ambulancia justo cuatro horas después de su llegada al precioso hospital. Después de cuatro horas de sufrimiento se le traslada al hospital de la capital, y el viaje dura una hora más, el hombre se encontraba tan grave que cualquier curva a bache podría costarle la vida. Pero era tan fuerte este hombre que no solo aguanta las cuatro horas sin la atención adecuada, sino que también resiste el traslado por carretera durante una hora más de su tiempo. Agonizante,  y sin casi consciencia llega a la capital, donde lo intervienen en un quirófano, y tras otra hora sale con los ojos abiertos y la cara amarilla, pero vivo. Solo quedan unos minutos de este relato desesperado, pues este hombre fallece en el ascensor del hospital de la capital sin posibilidad de vuelta atrás.

En total fueron seis horas y media, las que bastaron para que ese hombre muriese en un ascensor del hospital de la Arrixaca. Seis horas y media de sufrimiento de mi padre, porque ese hombre era mi padre, y esa mujer mi madre, y una de las hijas era yo. Mi padre sufrió un infarto en Cartagena, en la madrugada del domingo 15 de abril, al lunes 16, y acudió al hospital  Santa Lucía, hospital que no cuenta con el servicio de hemodinámica durante 24 horas, servicio imprescindible para atender a las personas que llegan con síntomas de infarto al centro hospitalario. Únicamente está el servicio disponible en horario de oficina, de lunes a viernes de 8 a 15 horas, el resto del tiempo cualquiera de los habitantes de los municipios que integran el área dos del Servicio Murciano de Salud (Cartagena, La Manga, Fuente Álamo, Mazarrón, Puerto de Mazarrón, La Unión) corren el riesgo de morir por no tener la atención necesaria en un “precioso hospital”, dotado de todas las técnicas más avanzadas, pero sin el personal necesario para poder manejarlas.

Riesgo de morir, es una frase muy dura, pero es la realidad pues yo lo he vivido en primera persona. Tal vez era la hora de mi padre, pero tal vez no, y el no contar con el servicio de hemodinámica en el Hospital de Santa Lucía redujo su esperanza de vida.

Mi padre trabajó durante 50 años, y todos esos años cotizó religiosamente para sostener el Estado de Bienestar, ese que nos dotaba de los servicios básicos para vivir con dignidad, y del que ahora solo tenemos un vago recuerdo. La privatización de la sanidad pública, los recortes en servicios y personal producen muertes, y no solo la de mi padre, sino la de mucha gente en esta ciudad, gente sencilla que acepta lo que le llega, pues hay que enfrentarse a los poderes de unos gobiernos del PP deslamados, gobiernos que solo piensan en números y no en personas, donde la vida de la gente es menos importante que tener aeropuertos sin aviones o  autovías sin coches. ¿Cuántos habrán muerto antes que mi padre?, ¿Cuántos morirán después?, ¿Cuándo el pueblo dirá 'basta' de gobiernos que permiten la muerte de la gente sin hacer nada para evitarlo?

La muerte de mi padre es un asunto personal, pero para mí que represento a un partido, lo personal es público, y os digo que voy a seguir luchando con todas mis fuerzas con los vecinos y vecinas por una sanidad pública y gratuita para todos, os digo que voy a seguir denunciando estas muertes injustas producidas por la irresponsabilidad del gobierno del Partido Popular, para defender la salud de la gente, y para quitarle la máscara a los que prometen “valor seguro” y dan “riesgo de muerte”.

 

 

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