Jueves, Julio 18, 2019
   
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Entre el deseo y la felanía

Las 'españass, sólo dos, pero en extremo latigueras, probablemente en las páginas históricas que más se refleja toda la bajeza de su inconsecuencia sea en el periodo en el que el monarca del momento, Fernando VII, para unos fuera (alto clero y alta sociedad de baboseo y cama) el rey deseado, y, para el pueblo, no alto, pero sí en alto, el rey felón.

Las dos España, en el capítulo que siempre han estado y están emparejadas, es en la incultura galopante de no saber estar, ni los unos en la altura social, de respeto, de lo que ellos llaman nobleza, que creen estar, y, los otros, los nosotros mismos, en la honestidad de ser un pueblo responsable y consecuente con nuestros actos; ya que no es necesario escribir ni leer ni saber las “cuatro reglas” para que te percates que te están jodiendo. Y todo aquel que ponga en duda semejante principio básico de estupidez, no tiene nada más que acogerse a la realidad vigente, sin moscas ni mosquitos volando.

Pero antes, cuando lo del rey felón o deseado; cuando las dos Españas, ambas supervivientes de hacerle el agosto a los demás europeos de su entorno entre viacrucis y largos discursos senatoriales de casino en los que  desfallecían hasta los engomados de los bigotes, en aquel dicho antes, apenas se sabía leer en cualquiera de las dos  Españas. Y tal asunto le vino a bien, de plena cuesta abajo, para que el viejo imperio español sin publicidad ni lectores purgara por muchos y largos años un intento liberal popular de meter al clero en sus misas, y dejar el cortijo para el cortijero y la cortijera.

Cartagena, por no tener en ese periodo histórico menos mala follá que en otros posteriores, en cuantico hizo un amago de modernidad, de ponerse las pilas, sin necesidad de tener el tremendo acierto habitual de los grandes políticos que la han amado a rabiar, sin necesidad de Pilares Barreiros algunas, le quitaron la Provincia; vamos, la pusieron “mirando pa Lorca” bajo lo que más desea un cartagenero: que le gobierne un murciano. Y, la cosa, olvidando cotas de maya y pechos de lata anteriores, ya lleva desde el año 1.833, y muy prontico muchos celebrarán sus dos siglos de mucho llanto y poco hacer; O, mejor, nada hacer en la línea corta y decidida que una gente que quiere una cosa, salvo que sea masoquista, lo consiga.

Se da la paradoja de que, como nada dice al respecto la wikipedia del asunto de la provincia de Cartagena, aún en los tiempos que estamos, si uno saliese a la calle y le preguntase a nuestras informatizadas gentes y las que no lo están por el hecho de que Cartagena en su día tuvo un obispo viviendo y comiendo gambas y mújol de la “encañizá”, con seguridad que el porcentaje de gente sería grande los que nos señalarían la cuestión de la ausencia o de la huida del obispo y los silos de cereales hacia Murcia; pero si le preguntamos por los años o por el tiempo en el cual Cartagena fue provincia, naonata con Alicante y algunas más, seguramente nos respondería el cartagenero o la cartagenera preguntado, con otras pregunta que, probablemente sería ¿'Acualo'?.

 

Y eso es fruto, a nuestro listico entender, de una sola cosa; Y esa cosa es que no hemos tenido nunca los compañones cartageneros bien puestos. Porque casi doscientos años llorando, ya son años.

 

Fiesta de la Ascensión de Jesús

La festividad de la Ascensión este año es el jueves 29 de mayo, pero por razones de todos conocidas se traslada al domingo siguiente, concretamente este año ha sido el uno de junio. En resumen, se trata de un día festivo cristiano 40 días después de la Pascua de Resurrección. Los cofrades blancos celebrábamos esta festividad antes de la creación de nuestro acto del Resurrexit, con una misa en la iglesia del Carmen, donde por entonces teníamos a nuestra Virgen del Amor Hermoso. Asistían invitados los  hermanos mayores de las cofradías hermanas, amigos y simpatizantes.

En varios países del orbe católico es un día festivo oficial como la Pascua del Jueves de la Ascensión y por lo tanto es un día festivo de los llamados movibles. Pero adentrándonos en el tema, vemos que la Ascensión de Cristo es  una expresión que procede de las primeras comunidades cristianas, para hacer referencia a la glorificación que según la  Biblia recibió Jesús de Nazaret tras su muerte, de manos de Dios Padre.

La tradición judía mantenía el símbolo que el cielo era como la morada de Dios, simbología esta que fue adoptada por  el cristianismo. De ahí, que la  ascensión de Jesús a los cielos sea el símbolo de que Jesús está investido de la divinidad de Dios.

La solemnidad de la llamada Ascensión del Señor parece ser una festividad muy antigua. A  pesar de que no existe la evidencia documental de su existencia antes del siglo V, sería San Agustín de Hipona, conocido como el 'Doctor de la Gracia'. Pasando a la historia por su lucha contra las herejías concretamente la del pelagianismo y por sus obras sobre filosofía y teología  “Confesiones y la Ciudad de Dios”. El fue el que señaló  su origen apostólico y se refirió a ella como una celebración de carácter universal en la iglesia desde antes de su tiempo.

Asimismo, aparecen menciones de San Juan Crisóstomo, San Gregorio de Nisa y en las constituciones apostólicas del siglo IV. La peregrinación de la monja gallega Egeria a los santos lugares en ella hace referencia a la vigilia de esa festividad y a la fiesta en si, tal como se conserva  en la gruta de Belén.

Pero es posible que antes del siglo V el hecho narrado por los evangelios se conservara en conjunto con la  solemnidad de la Pascua o de Pentecostés. También se cree que el tan discutido decreto 43 del Concilio de Elvira (c.300) que condenaba la existencia de una fiesta en el cuadragésimo día después de Pascua y que dejaba de lado la celebración de Pentecostés en el quincuagésimo día, implicaría pues que se conmemoraba la Ascensión junto con Pentecostés. Pero a esto hay que añadir que se encuentran representaciones en dípticos y frescos de datación temprana como  del siglo V.

 

La representación de la Ascensión es un tema que representa la dualidad de planos (espiritual arriba y terrenal abajo). Pero es de esperar para el Renacimiento y el Barroco no pasó desapercibida esta manifestación y un claro exponente en los pintores Andrea Mantegna , Pietro Il Perugino, Fernando Llanos y Mattheis Störbel, entre otros. Y ya en la Edad Contemporánea, Benjamín West, año 1801 y la Basílica del Rosario en Lourdes del siglo XIX.

 

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