Sábado, Agosto 24, 2019
   
Texto

"Vetado en el Cante de las Minas sólo por ser concejal del PP"

"Estimado director de La Unión de Hoy: En primer lugar, tengo que pedirle disculpas tanto a vd como a sus lectores. Perdón por hablar de mi mismo. Sé que es cosa de poco decoro, pero no encuentro otra manera.

No encuentro otra manera de alzar la voz y denunciar que el alcalde de La Unión, Pedro López Milán, me ha vetado el acceso como prensa al Festival del Cante de las Minas, certamen éste del que llevo escribiendo para diferentes medios de comunicación especializados en flamenco desde el año 2014.
Permítame que le relate, sucintamente, esta historia.

El que suscribe pidió en plazo la expedición de dos acreditaciones de prensa, una a su propio nombre y otra al de la persona que suele asistirme desde que a mis lectores ofrezco, además del texto escrito, alguna fotografía.

Vencido el plazo para resolver esas solicitudes, me interesé por el hecho de que a mi compañero le hubieran admitido su solicitud, mientras que de la mía nada se sabía.

En primer lugar me dirigí a la jefa de prensa del Festival, persona aparentemente locuaz, la cual resultó volverse muda al verme ante ella preguntando si había habido algún problema con mi acreditación. La misma me manifestó por escrito, cuando recuperó las dotes expresivas, al marcharme ya de allí, que «le habían dicho» que al ser yo concejal del Ayuntamiento de La Unión «tenía acceso libre al Mercado Público y por tanto podía desempeñar mi trabajo como prensa». Le hice saber que no, que estaba equivocada. Que mi acceso como concejal es como público general, a una butaca cualquiera del aforo.

Le hice saber también, que para poder tomar fotos desde el banco de fotógrafos situado al pie del escenario, era indispensable estar acreditado, así como que en la zona habilitada para periodistas yo no molestaría al resto de público cuando manipulase mi cámara, o cuando tuviera que iluminarme para tomar alguna nota. Que en aquel espacio eso era lo normal y que nadie se quejaría.

Descontento, y a la vez preocupado por no poder prestar los servicios a los que ya me había comprometido, decidí trasladar mis quejas al alcalde de La Unión y, a la sazón, presidente de la Fundación Cante de las Minas. Éste titubeó queriendo reproducir los mismos argumentos de su fiel empleada, mas al darle yo mis razones prometió «que lo miraría» a la mañana siguiente.  Es decir, la mañana del 31 de julio, un día antes del inicio oficial del festival.

Nada supe de él a lo largo de la citada mañana. Lo llamo al móvil. No contesta. No insisto. No hay que ponerse pesado. «Es una venganza política», me dice mi entorno. Quiero pensar que no, que voy a poder trabajar en lo que me gusta, en el Festival.

Recuerdo entonces las palabras que el propio López Milán repetía como un mantra sus primeros años de gobierno, «mientras yo sea alcalde, no se hará política con el Festival». Quiero creerle. No tengo por qué no creerle.

Encuentro entonces, la oportunidad de dirigirme a él personalmente. «Buenas noches, ¿has podido mirarme eso?». Me contesta que sí y «que no me va a dar pase de prensa, por un comentario que había escrito esa misma tarde en Facebook», añade que «él es un hombre que se viste por pies y que ya hablaríamos en otro momento». Le expreso mi discrepancia, no recuerdo haber escrito nada ofensivo en Facebook ni en ningún otro sitio. No obstante, ocupo mi asiento.

Recibo, entonces, un WhatsApp de su propio número de teléfono en el que me da traslado de un comentario efectivamente emitido por mí esa misma tarde, en el que pongo de manifiesto que, según me han informado, durante una Junta Local de Seguridad se dedicó a pasar el rato y contar chascarrillos. Le hago saber que lo que digo es cierto, que así me lo han trasladado, pero que no debe confundir mi trabajo como concejal en la oposición, en virtud de la cual he de fiscalizar su acción de gobierno, con mi labor como colaborador con medios de comunicación profesionales como persona versada en flamenco.

Sigo esperando respuesta a ese WhatsApp. En la tarde de hoy arrancará el Festival del Cante de las Minas, pero mis crónicas este año se quedarán en mi memoria. Tan sólo por ser rival político y cumplir mis obligaciones como concejal, el alcalde ha mostrado su verdadera cara, y en cuanto ha tenido ocasión, ha hecho política con el festival y ha perjudicado deliberadamente a quien se limitaba a escribir de flamenco.
Joaquín G. Zapata García. Orgulloso concejal del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de La Unión.

 

'Bandera roja al bañista y bandera verde a la benemérita'

Sin desear entrar en absurdas polémicas, es de reconocer que pese a que se entiende una relación sólida entre los diferentes cuerpos de seguridad, en este caso Policía Local y Guardia Civil, es más que mi deseo mi deber darle el reconocimiento que le creo meritorio a tan benemérito cuerpo que trabaja desde el absoluto anonimato, y del cual al contrario del cuerpo municipal no he leído nada en absoluto ni en redes ni en este diario.

Y es que esta carta es simplemente para reconocer una intervención que, desde la sombra, realizaron dos agentes que se personaron el pasado domingo en las playas de Portman, donde me encontraba con familia tomando el poco sol que se dejaba ver esa calurosa tarde y jugando a las palas, a la pelota o haciendo castillitos de arena, pues la bandera roja prohíbe tajantemente el baño en dichas aguas.

Y es que, aunque esa tarde se sucedía tranquila para el que escribe, no fue lo mismo para el personal socorrista que, menospreciados,insultados y encarados desde el primer momento por más de una veintena de bañistas, intentaban por todos sus medios que dichas personas no se siguieran poniendo en peligro.

Es entonces cuando vimos aproximarse al cuerpo de la policía local, procurando estos solucionar una situación que, tras su marcha, era insostenible. La gente seguía bañándose en unas aguas en las que, ese día, no se podía. Todo ello ante la atónita mirada de unos socorristas que intentaban evitar un mal mayor por la inconsciencia del que, a sabiendas, ya no sólo se pone en peligro a sí mismo sino que da una deleznable lección a sus hijos menores.

La llegada a los pocos minutos de la patrulla de la Guardia Civil puso un punto y final a tan lamentable espectáculo, dos guardias jóvenes con semblante serio pero con la calma que dan los años de servicio o el carácter militar del susodicho procedieron a actuar mientras el socorrista, esta vez, era escuchado. Ya sea por el miedo a una sanción económica o por el respeto que pudiera dar la institución donde, en su momento, sirvió el abuelo del que aquí suscribe y el cual espero que siga vigilando desde el cielo.

Y para terminar, deseo defender la actuación de los voluntarios que trabajaron sin descanso esa tarde, pese a la intervención de los cuerpos policiales, porque se dejaron el alma en que nadie se pudiera poner en peligro. Porque eso es vocación, porque eso es amor a su trabajo.

Sinceramente, un lector.

 

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