Viernes, Julio 21, 2017
   
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La ciudad prohibida

A veces nos encontramos con tesoros tan grandes delante de nuestros ojos que no somos capaces de ver. Algo así ocurre con nuestro Arsenal. Ese muro con una puerta que tiene tres ojos, sobre la que hay una torre de planta cuadrada, y en cada cara de la torre una esfera de reloj y rematándolo todo bajo una veleta, un campanario con una campana ya ronca de mil Levantes sufridos.

 

Aunque realmente el Arsenal no es solo eso, no es muro, no es “La ciudad prohibida”. Se trata realmente de un complejo industrial de primer orden a nivel nacional, construido en el siglo XVIII, y que tenía todo lo necesario para la construcción y mantenimiento de buques de la Armada del Rey, además de servir como base para estos.

 

Existen dos arsenales más de la Marina en España; el de Cádiz y el de El Ferrol, ambos arsenales están declarados como BIC, Bien de Interés Cultural, con el más alto grado de protección que esto le debe garantizar. Sin embargo, incomprensiblemente el arsenal cartagenero no disfruta de ese estatus, a pesar del trabajo de años de asociaciones de defensa del Patrimonio reivindicando, y demostrando que este debe ser el estatus de este conjunto monumental.

 

Con el paso del tiempo, Defensa apostó por reforzar la presencia de buques y dotaciones en los otros dos arsenales, dejando al de Cartagena un poco al ralentí. Sin embargo nuestro Arsenal, a pesar de estar un poco olvidada de los planes de defensa, puede prestar un servicio de gran importancia a nuestra Marina y por extensión a nuestro país.

 

La Marina española es tradición e historia, es parte y debe ser parte viva de España. Mientras los otros dos arsenales guardan la mayoría de los barcos y las tripulaciones, el Arsenal de Cartagena podría ser el encargado de guardar la memoria de la Marina, y de transmitir sus valores a futuras generaciones.

 

Y no solamente la historia de nuestra Marina es digna y merecedora de ser recordada y compartida por todos, sino que la de nuestro Arsenal también debe ser propiedad  del acervo cultural  común de todos. Porque mientras los otros dos arsenales, por motivos estratégicos han de ser recintos casi herméticos, donde depositamos nuestra confianza en ellos para nuestra seguridad. El de Cartagena tiene la oportunidad de abrirse al pueblo, de compartir con toda España qué es la Marina española, de acercar aún más si cabe el pueblo a sus fuerzas armadas.

 

Parece ser que el expediente para la declaración del Arsenal como BIC está en algún lugar de algún ministerio en Madrid. Bueno sería que alguno de los representantes de nuestra tierra en el congreso de los Diputados preguntase por donde está ese expediente y para cuando lo veremos. Ya de paso, ¿Por qué no proponer un uso más abierto de las instalaciones de nuestro Arsenal?

 

Las obras de la construcción del Arsenal supusieron un alarde de ingeniería digno de conocer y reconocer. Comenzaron los trabajos en 1731 con el desvío de dos ramblas, la del Saladilo y la Benipila antes de su desembocadura en la bahía, llevándolas al Mar Menor la primera y  la de Benipila mediante la fabricación de un canal de 1700 metros de largo y 65 de ancho hasta el poblado de la Algameca Chica. Así mismo se excavará una dársena de 550 por 318 metros y un calado de 9.5 metros. Requerirá la excavación de profundas zanjas que se debían mantener secas mediante bombas manuales accionadas con el trabajo de los esclavos y penados. Después de clavar puntales en el fondo de la zanja, se levantaba desde lo que sería el fondo de la dársena, con grandes piedras de sillería el muro del cantil del muelle, acabado de esta manera el contorno de la dársena solo quedaba dragarla hasta los 9.5 metros de profundidad.

 

Aún a media construcción del Arsenal, se bota en su  astillero su primer navío en 1753, el Septentrión, que en 1783 quedaría varado en un arenal cerca de Málaga y allí mismo desguazado.

 

Un año antes, en 1782 después de 33 años y medio terminan las obras de construcción del Arsenal con un coste de 112.284.648,12 maravedíes.

 

El impulso que dio a la cuidad fue enorme, convirtiendo Cartagena en la única ciudad industrializada de la Región durante muchas décadas. Además dada la importancia del Arsenal en 1863  se conecta via férrea la capital del reino y Cartagena.

 

Vital fue también la importancia de este complejo para que en 1915 Se apruebe en el Congreso de los Diputados el plan de Bases Navales en el que se acuerda suministrar de agua potable al Arsenal de Cartagena. Aunque tardaría algunos años en verse hecho realidad. Dos hechos fundamentales para el progreso no solo de la cuidad y la región sino para provincias limítrofes.

 

En cuanto a la Historia, y es a la Historia de España a la que quiero referirme, nuestro arsenal, y toda la ciudad, fue clave en la Guerra de Independencia, dado que nunca pudieron entrar los franceses, fue punto de desembarco de tropas aliadas, además de auténtico arsenal del reino, suministrando armas, soldados y municiones a muchos puntos de nuestra geografía.

 

En 1870 parte una escuadra para recoger y traer a España al nuevo rey, Amadeo de Saboya, que pisaría tierra española por primera vez en el Arsenal.

 

Años después fue otro rey el que salió de España por el Arsenal, Alfonso XIII, que partió en 1931 al exilio para regresar sus restos mortales en 1980, también por el Arsenal.

 

En cuanto a “nuestra guerra” ¿habría llegado a suceder de haberse sumado el Arsenal y la flota surta en su dársena al levantamiento? Diarios de la época y más tarde el presidente del Consejo de ministros de la República Diego Martínez Barrio, reconocieron que Cartagena había salvado a la República. Al menos en el primer momento, en julio de 1936.

 

Luego el Arsenal vio de todo… Pero eso son otras historias.

 

De bien nacidos...

Disfrutamos en Cartagena del cementerio más bello de la Comunidad Autónoma. Después de muchos avatares y unos cuantos cementerios, tanto urbanos como extramuros, un grupo de ciudadanos decide ayudar al Ayuntamiento a construir un cementerio. El primer cementerio municipal de la Región. Esto fue en 1866, y dos años después se inauguró el camposanto de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Diecisiete años hacía que había nacido en el callejón de Zorrilla “el profundo Isaac” en su corta vida y como es sabido por todos construyó el primer submarino de la Historia que fue botado en 1888 y desguazado apenas dos años después.

 

El 24 de mayo 1895 muere en Berlín tras una operación cerebral, Isaac Peral y Caballero, que fue enterrado en el cementerio de La Almudena de Madrid el día 29, tras haber sido rechazada la idea de ser trasladados sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz. En 1910 con el apoyo de la familia Peral comienzan las gestiones para traer sus restos mortales a Cartagena.

 

El 29 de abril de 1911 se trasladan los restos mortales de Peral desde el cementerio de la Almudena de Madrid a Cartagena con la intención de ser inhumado en un futuro panteón frente a la base de submarinos. Los restos del insigne marino al final acabaron en tierra en el cementerio de Los Remedios.

 

Al acabar la Gran Guerra, quizás tras la visita del Almirante  Mercader al cementerio para rendir tributo a su amigo, se puso en marcha una cuestación popular para levantar un monumento, sin embargo los tiempos no debieron de ser muy buenos y el proyecto durmió el sueño de los justos.

 

En 12 mayo de 1925 el teniente de navío Ernesto Caballero, agregado de la embajada del Perú, en compañía del Capitán General, deposita una corona de flores en la tumba. Poco después en el mes de mayo y con ocasión del homenaje que se le va a rendir al comandante Villamartín, se acuerda en el Ayuntamiento la construcción de un panteón de cartageneros ilustres, donde reposarían juntos las cenizas de Villamartín, Prefumo, Monroy y Peral.

 

Pero es a finales de mayo de  1926, cuando al mando del comodoro Pentrel, la escuadra alemana atraca en Cartagena, y los germanos “insisten” en rendir tributo ante la tumba de Peral, cuando a toda prisa se adecentó la olvidada sepultura, consiguiendo engañar y ocultar nuestra vergüenza a los germanos, pero no a la conciencia del pueblo con su alcalde Alfonso Torres a la cabeza.

 

Año y medio después, el día de Todos los Santos de 1927, se trasladan los restos de Peral al panteón de cartageneros ilustres con asistencia de sus hijos, autoridades militares y civiles, los Scouts , una representación de marinos argentinos y el capitán general Aznar en representación de La Corona.

 

A partir de ahí se suceden los homenajes de las marinas de todo el mundo ante el definitivo monumento funerario, que se había erigido en un lugar en alto y reservado del Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Aunque el más recordado de estos homenajes fue el que en julio de 1929 realizó un viejo conocido de Cartagena, el héroe de la Primera Guerra Mundial, el comandante alemán Von Arnauld, quien al mando del U-35 batió el record de barcos y toneladas hundidas hasta la fecha de hoy, y que en esta ocasión atracó en nuestro puerto al mando del crucero Emden.

 

Sin embargo nunca se llegó a continuar con la obra de ese “Panteón de cartageneros ilustres” en el que la memoria de Isaac Peral habita en solitario.

 

Cartagena es una ciudad con un patrimonio ingente en cuanto a edificios y paisaje se refiere, pero también tiene un vasto patrimonio inmaterial al que lejos de renunciar a él, debemos de rescatar; su historia. Y no son los tres mil años de historia conocida, sino las personas que la escribieron las que la hicieron grande. Muchos de ellos son recordados en nuestro callejero, aunque los hay que duermen el sueño de los justos y han quedado en el más absoluto anonimato. Y de eso se trata, de dar aunque solo sea un mínimo reconocimiento a tantos hijos ilustres de esta ciudad en un lugar allí donde su memoria debe seguir viva.

 

DAPHNE propone recuperar la memoria de todos estos grandes hombres y darle a sus nombres que no a sus restos, un justo homenaje en donde descanse su memoria.

 

Para ello proponemos que el mausoleo donde yacen los restos del insigne inventor y marino Isaac Peral sea declarado como panteón de cartageneros ilustres, propósito con el que al parecer fue construido.

 

Se trata de adecentar su pavimento, hoy de tierra y que durante el año se llena de malas hierbas que son limpiadas cada mes de noviembre. Además habría que construir un muro a la espalda del mausoleo de Peral que sirva de soporte para colocar en él lápidas de mármol con el nombre, fechas y una pequeña semblanza de personas que hayan destacado en nuestra historia.

 

Hay personas que están enterradas en otros lugares, hay las que no se sabe dónde están sus restos, pero juntar su recuerdo en el sitio más noble del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios debe ser lo mínimo que podemos hacer para agradecer lo que personajes como los que detallo han hecho por Cartagena.

 

Esta lista que sugerimos  ni es completa, ni todos han de estar en este monumento colectivo, quizá un comité de experto deban decidir quienes deban acceder a tal honor.

 

Maestro Álvarez .Compositor de Suspiros de España. Pedro Beltrán, actor. Víctor Beltrí, arquitecto. Antonio Bonmatí, médico en el Cantón. Francisco de Borja y Poyo, marino. Luis Calandre, médico. Carmen Conde, poeta. José Capuz, escultor. Ricardo Codorniu, ingeniero. Conde de Romanones, político. Antonio Escaño, marino y político. Luis Fajardo, militar. Juan Fernández, marino. Fray Pedro Gallego, primer obispo de la actual  diócesis. Francisco García Roldán, soldado fundador Hospital de Caridad. Blanca Roldán, arqueóloga.  Alfonso Torrez, político. Manuel Cárceles, político…

 

Nuestra memoria no se puede enterrar, aunque para ello haga falta ir al cementerio a redescubrirla.

 

 

 

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