PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Más vale un acuerdo que el mejor de los juicios

Causa extrañeza, y así nos lo están expresando algunos lectores, que un asunto de tanta relevancia se haya resuelto de la manera que lo ha hecho el caso de Cala Cortina. Mientras unos gritaban que defenderían su inocencia hasta el final y otros que pondrían todos los medios para que cayera lo máximo de lo máximo a los acusados, resulta que al final el castigo se queda en algo similar a lo que pudiera caerle a quien comete un robo con fuerza. ¿Por qué se llega a este punto? Vamos a tratar de dar una versión en base a los años de experiencia en este mundillo de juristas y mercaderes.

Lo primero que observo es que las dos partes han quedado satisfechas, pero escucho dispares versiones, pues mientras para unos se ha acreditado que son los autores (por acción o por omisión) de Diego Pérez, para los otros se ha acreditado que no son asesinos. Esta cuestión queda en el aire y cada uno se agarrará a lo que le parezca. Por lo que está escrito, y han firmado, son ‘homicidas imprudentes’. Punto y sigamos. Si no hay tanto entendimiento en el adjetivo, es de suponer que la clave viene por otro lado. Bien pudiera ser que para unos hay compensación económica y para otros mínimo castigo. Cada uno trata de explicar que es mucho más, pero nadie puede negar que existen argumentos para pensarlo. Por ejemplo, una condena tras el juicio por homicidio imprudente, posiblemente, no llevaría emparejadas esas cantidades indemnizadoras. Por el otro lado, de penas que se llegaron a pedir de 24 años para cada agente a 4 que han quedado es una buena opción. Me explican que en realidad no eran tantos años, pues la detención ilegal va de 4 a 6 años y el homicidio imprudente podría haber quedado de 1 a 4, pero yo en este caso no pienso, sólo me remito a lo que se dijo y publicó en su momento.

No descubro nada si hablo de mercadillo en la justicia. Está a la orden del día y éste sería un caso más si no fuera por la relevancia del asunto. Uno ofrece, el otro pide, el de más allá cede… y al final se llega a un acuerdo. Después es cuestión de darle forma y meter la tijera para rebajar la pena a lo pactado aunque sea con una chocante confesión, pues ninguno dijo nada del traslado de Diego a la Cortina hasta que saltó el tema (varios meses después). Que quede claro que en momento alguno quiero decir que la sentencia final no se ajuste a ley, en absoluto. Hasta en los acuerdos más rocambolescos, aunque haya que cogerlas con papel de fumar, lo están y a los tribunales siempre llega un paquete con visado pleno de legalidad. En este caso, creo, también ha influido que han depositado un dinero para compensar el daño infligido. 

Alguien me dice que han existido presiones para forzar el acuerdo. Ni idea. También apuntan que ha sido una forma de salir de la presión de la prensa. Aquí sí me pronuncia. De presión, nada de nada. La prensa da cuatro noticias: suceso, arresto, libertad provisional y un par de cosas más. El resto de publicaciones, la gran mayoría de ocasiones, son activadas por las propias partes, ya sean familiares o representantes legales. ¿Han tenido algún problema en estas tierras desde que salieron en libertad provisional a causa de los medios informativos?. La respuesta es obvia.

Creo que ha sido un gran acuerdo para las partes (lo digo con sinceridad) surgido del miedo, pues tanto unos como otros temían no conseguir el objetivo de partida. A priori parecía clara la condena por la detención ilegal y la absolución por el homicidio, pero era un asunto tan enrevesado que todo podía suceder. Y además con jurado popular, a los que muchos temen en asuntos tan enrevesados como éste y más tras un mes de intensas y agotadoras sesiones plenarias.

En definitiva, un acuerdo es más tranquilizador para la salud que el mejor de los juicios (muchos en esa situación, muy posiblemente, hubieran terminado haciendo lo mismo) y al final todo está ‘ferpecto’.

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