Miércoles, Julio 17, 2019
   
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La vista no engaña en el hospital de Santa Lucía

Hay cosas que se ven y con eso basta para no hacer caso a las explicaciones que luego se quieren dar para que los demás piensen lo que no es, pero que nos conviene. Esto sucede en el hospital que lleva el nombre de la patrona de los ciegos (Santa Lucía), afectando a dirección, profesionales, enfermos, visitantes... El centro sanitario va a más cada día, pero todavía le queda bastante y muchas cosas no están hasta que están. Vayamos por partes.

* 'Atraco' con coche. Las tarifas se ven bien. Donde en el año 2011 figuraba 0,55 céntimos al hora, ahora lucen 0,84 céntimos. Los calificativos se acaban para definir ese impuesto público que se le cobra al ciudadano por llevar su coche al hospital (ya sea como enfermo o visitante de enfermos), situado en unos terrenos que ya pagó (era espacio público que cedió el ayuntamiento). Nuestros políticos siguen sin mirar el bolsillo del ciudadano (ni habilitan aparcamientos alternativos y sí aceptan una subida del 53% de las tarifas) y se ceban hasta en época de crisis. Aquí, lo que 'no se ve' es que los ciudadanos (y personal del hospital) protesten. Es decir, cada vez que se va a la caseta de pago, además de abonar el dinero correspondiente, pedir una 'hoja de reclamaciones', rellenarla y presentarla. Si fuesen muchas, de otra situación estaríamos hablando.

* Viajes sorprendentes. Todavía salen ambulancias de los hospitales de Santa Lucía y el Rosell hacia la Arrixaca para determinadas pruebas. Se ve que el gran hospital de Cartagena todavía no es todo lo que debía ser.

* Lo personal prevalece para el personal. Tampoco se ha visto una gran movilización de la plantilla para sus diversas reclamaciones. Cada uno antepone su situación personal y punto. Piensan que mientras otros luchen por ellos, no tienen por qué poner en peligro su status. Son razonamientos muy de respetar, pero hay que ser consciente que todo tiene después unas consencuencias.

* Ya te veré... Conozco, muy de cerca, el caso de un cartagenero que tendrá que esperar más de un año para ser atendido por el especialista de traumatología del hospital. Se ve que al santo Job no le alcanzará la reducción de plantilla sanitaria.

* Doble puerta. Luego está el asunto de las dos puertas de Urgencias. Debatir si son necesarias o no, me parece tan absurdo por lo obvio, que no merece muchas líneas. Cartagena es una ciudad que, por respeto a sus ciudadanos (y contribuyentes), debe ofrecer un servicio con garantías y sin grandes esperas.

 

 

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