Viernes, Agosto 23, 2019
   
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Todo está "ferpecto"

Rafita saca los colores a la Justicia

Hace diez años, cuando contaba con 14 años, participó con otros tres jóvenes en la violación de Sandra Palo, a quienes asesinaron tras atropellarla y quemarla con gasolina en Getafe. El 'Rafita' era menor de edad y sólo estuvo cuatro años encerrado en un internado. Salió en libertad y desde entonces ha sido detenido en numerosas ocasiones por robos con violencia, alunizajes, intimidación, agresión sexual, etc. La última tuvo lugar hace unos días por robar un coche e intentar atropellar a un policía local de Getafe. Ha ingresado en prisión en situación provisional hasta el juicio.

Esta noticia ha propiciado muchos comentarios a nivel de calle. "¿Por qué ha estado en la calle seis años una persona con ese historial delictivo?, ¿Cuenta algo para hacer Justicia las familias que ha destrozado y sigue destrozando?". Son dos preguntas que se hacen muchos. Con la Ley en la mano no se puede poner un pero a las decisiones judiciales tras cada fechoría. Nuevamente, como tantas veces piden vecinos que sufren atracos y robos en nuestra zona, las leyes se distinguen por ser blandas y situarse más al lado de los malos que de los buenos. Que los que tienen poder se dejen de excusas y endurezcan las penas de una vez, porque si así es la Ley… apaga y vámonos.

 

Jugando con la salud

Ya estamos otra vez con que si se cierra o no el hospital del Rosell. Ojalá quede en falsa alarma, pero la mosca vuelve a estar volando detrás de la oreja. Cartagena y su gente no merecen, ni siquiera, que se plantee esa posibilidad ni que se reduzcan aún más sus servicios.

La alarma la ha encendido el comunicado socialista, que detalla el proceso de desintegración final del hospital del Rosell basado en 'fuentes fidedignas', respondiendo escasas horas la nota 'pepera' aseverando que nada de nada y criticando el alarmismo desatado por los primeros. Los contenidos los reproducimos íntegramente en la noticia anterior a esta artículo y desde la perspectiva de unos trabajadores y unos ciudadanos perplejos en tanto cruce de afirmaciones de nuestros políticos más votados. Muy delicado es lanzar una noticia como ésa sin una base y muy arriesgado es afirmar lo contrario si se piensa hacer otra cosa.

Lo que sí tengo claro es que en una balanza los motivos para ni plantearse el cierre del Rosell pesan mucho más que los argumentos para hacerlo siempre que se piense (realmente) en el bien ciudadano.

Para empezar, si la ciudad de Murcia cuenta con cuatro centros hospitalarios y nada se escucha de cierres, ¿por qué en Cartagena, donde hay hospital y medio (tras la reducción de servicios en el Rosell) sigue tan latente? Dicen que en la capital del Segura cada hospital se rige por diferente gerente y que en Cartagena los dos que hay están dentro de la misma gerencia. No me vale como excusa, son cuatro contra uno y medio.

"Seis horas estuve esperando ser atendido en Urgencias de Santa Lucía". La frase me la dijo un paciente días atrás. Si tenemos en cuenta que la actividad también está desbordada en Urgencias del Rosell, no creo que una mente sana sea capaz de cerrar una de las puertas y acumular dos 'excesos' en uno.

Los recortes en Sanidad lo están notando la sociedad en hospitales y centros de salud. Alguien dijo una vez que con la salud no se juega. Pues bien, se equivocó. Ya se está haciendo al reducirse la mano de obra (a la vez que aumenta la carga de trabajo) y teniendo algunos servicios, como Urgencias, bajo mínimos y con el personal cruzando los dedos porque no suceda 'algo gordo'. Por eso, enfermeros y auxiliares se han curado en salud (y nunca mejor dicho) avisando de esas carencias a sus superiores, pues ya se sabe que si un día pasa algo serán los primeros señalados. 

Si la actividad en el Rosell se ha reducido es porque se le quitaron servicios. Es decir, no sería coherente quejarme de que mi hijo está muy delgado si le estoy negando la comida.

Otro motivo. Queremos una Cartagena de la 'champions' en el turismo, por lo que un servicio sanitario que no fuese ágil y de calidad no estaría en consonancia.

Más argumentos se pueden plasmar, pero vamos a ver la tortilla por el otro lado. ¿Qué me hace pensar que sí es posible el cierre?, pues otros factores, además de esa crisis que 'todo lo habilita'. Por ejemplo, la capacidad que tiene el político de justificar lo injustificable y, encima, apoyarlo en cifras. Dos más dos son cuatro pero también se puede llegar al mismo resultado con una complicada ecuación (que liará a propios y extraños), por no hablar de lo habitual de ofrecer cifras parciales e interesadas.

Otro factor es la pasividad ciudadana, pues no ha existido realmente un clamor popular en la calle contra el cierre, lo que da alas a los políticos con tijeras. En cada 'manifa' que ha tenido lugar en Cartagena hemos visto, principalmente, sólo a los del gremio afectado. Cada uno a lo suyo. Los docentes para asuntos de enseñanza, los sanitarios para las protestas de Sanidad… y así (casi) siempre. La presión popular es mucho más.  

Y entre el cierre y el no cierre está seguir mutilando el Rosell. Eso de que preparan más cambios que no pasan por potenciar su capacidad no da buen espina. El tiempo lo dirá y nuestra salud (para bien o para mal) lo notará.



 

Fabricando el propio empleo

Por la misma regla de tres por la que ponemos el grito en el cielo del desempleo cuando las cifras crecen, hay que estar contentos cuando sucede todo lo contrario. Sin embargo, los árboles no deben taparnos el bosque y no hay que pensar que todo ya marcha como debía.

La estacionalidad, los inmigrantes que regresan a sus tierras de origen y los autónomos tienen mucha más influencia en este capítulo que lo que están haciendo nuestros políticos. En su día abaratar el despido facilitó el aumento del paro y todavía se espera auténticas medidas que abaraten la contratación que no se sabe si llegarán alguna vez.

Mientras, muchas trabajadores que están sin oficio ni beneficio han decidido 'pasar' de nuestros gobernadores y buscar las soluciones desde ellos mismos. Es decir, se fabrican su propio trabajo y lo hacen como autónomos.

Si vemos las cifras en que se ha reducido el paro en julio en la Región (2.272 personas), en la comarca (2.109) y en Cartagena (1.101) y las comparamos con los autónomos que se dieron de alta durante el segundo trimestre del año (2.000) pronto encontraremos una lógica relación.

''El que quiere un mozo fiel se sirve él'.

   

De las leyes inamovibles a las de quita y pon

Las leyes que rigen la aplicación de la Justicia en nuestro país no son inamovibles. Ahí están las pruebas de las modificaciones que han sufrido costas y tasas, pese a la oposición popular. Sin embargo, pese a las peticiones de la ciudadanía, otras no se tocan, con lo que al final la sensación que se siembra es que el dinero manda por encima de la seguridad.

Entre esas leyes intocables figuran las que permiten que delincuentes habituales sigan provocando el terror entre los vecinos urbanos y rurales. Hace unos días publicamos que 'El Porras', detenido por atracos en los barrios cartageneros de Virgen de la Caridad y El Ensanche, acumulaba 25 arrestos por hechos similares… pero seguía en la calle. En La Aljorra siguen los robos, el último en un estanco a punta de escopeta. Desde la racional Asociación de Vecinos de dicha población se ha insistido muchas veces en un cambio de leyes, pero son palabras en el desierto porque los sabios que se encargan de esas modificaciones no hacen nada. Así que por muchas protestas y muchos arrestos, la sensación popular es de indefensión y que entran por una puerta y salen por la otra porque los jueces no pueden ir más allá de los parámetros que tienen escritos.

Pero es que, encima, se siguen escuchando cambios en las leyes por otros asuntos. Uno de los que se prepara es el que afecta al 'juego sucio' en el deporte, como son los apaños de partidos, que actualmente apenas tienen castigo judicial. Se quiere que esa modificación esté funcionando antes de final de año. ¿Por qué ésa sí y no la que mantiene en la calle a un tío al que le place amargar la vida a personas (la gran mayoría) honestas?, pues no hay nada más fácil que vivir a costa de los demás.

También tiene su capítulo la Ley de Plantas. Comulgo plenamente que mientras en el borrador figure el texto que conlleva la centralización de los juzgados en las capitales de provincia hay motivos para temer que pueda ser realidad. Luego vienen los políticos que han parido la idea diciendo que no será así, pero mientras esté escrito no me convencen en absoluto. Soy partidario de que Cartagena sea provincia y de esa forma no habría problemas con la Ley de Plantas, pero una solución local no quitaría que seguiría siendo igual de 'disparate' para la gran mayoría de españolitos. Hace unos años se proclamaba lo importante que es una justicia próxima al ciudadano y ahora se trata de convencer que lo conveniente es centralizar. 

Al final resulta que entre el ciudadano y la justicia hay un mundo. Penoso.

 

La seguridad en colores

Robos en La Aljorra, Los Dolores, Los Nietos, Pozo Estrecho… Son noticias que en las últimas fechas vienen recogiendo los periódicos La Opinión, La Verdad y nosotros, Cartagena de Ley. Si refundimos toda la información en una sola, la situación es preocupante al menos, pues el calificativo alarmante también tendría hueco.

Hace unos años, cuando se vivían recrudecimientos de esta índole, el asunto derivaba en un cruce de acusaciones entre la Policía Local de Cartagena y las fuerzas de seguridad nacionales (Guardia Civil y Policía Nacional) respecto a que si la seguridad ciudadana era competencias de unos, de otros o si de ambos. Sucedía esto porque los locales estaban bajo el amparo de un gobierno local azul (PP) y los nacionales dentro del gobierno nacional rojo (PSOE). Ahora, como todos son 'azules' no pasa nada. Ya nadie pone en evidencia la labor de los otros, sino que callan. Así, las quejas se escuchan menos, pues se quedan en el eco que los medios informativos hacen de las denuncias de los vecinos de las zonas rurales y urbanas.

Sin embargo, pese a esa aparente 'balsa de aceite', hay que exigir y esperar que el esfuerzo de los fuerzas de seguridad se multiplique. Todos queremos una Cartagena (y me refiero a su ámbito municipal) segura o, por lo menos, que lo parezca, aunque luego las leyes sigan siendo 'light' para los cacos, aunque ése ya es otro asunto, que no menos grave.

   

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