Lunes, Agosto 19, 2019
   
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Rincones en abierto

Historias de Alumbres (XXII): Banda de corneta y tambores

Alumbres goza de larga tradición en el campo musical, de manera que se tiene constancia escrita de haber disfrutado de banda de música propia en distintos períodos de los siglos XIX y XX.

Antes de 1900, hay varias noticias que confirman la existencia de Banda de Música de Alumbres, aunque de corta duración. En 1874, en la crónica de la procesión de la Soledad desde la iglesia de Alumbres al Calvario de Cartagena, se menciona a una banda de música de Alumbres que la acompaña junto a una orquesta y coro, y en 1876 esa misma banda de música participa en la inauguración del primer casino del pueblo, cuyo presidente fue  Antonio Sánchez. También en 1885, hay una banda de música formada por “hijos de Alumbres” en las fiestas celebradas por terminación de la epidemia de cólera, y que al parecer no es la misma de antes.

Foto: Se diría que a las agrupaciones musicales de Alumbres les persigue el signo de la inestabilidad, y en 1903 se menciona a una “Banda de música que empieza a desarrollarse”, lo que significa que la anterior se habría disuelto.

De la misma manera se tiene constancia de la fundación de una banda de música por la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva a mediados de los años 20, y que a finales de esa década, hacia 1929, se formó una agrupación musical dirigida por Salvador Mercader en la que llegaron a participar un número aproximado de 30 músicos, pero duró poco tiempo, según parece por escasez de recursos económicos. En esta banda de música de Alumbres tocaron los músicos de la tierra siguientes: Salvador Mercader, Pedro Martínez Aranda, Juan Meca Mercader, Antonio y Domingo Ojados Sánchez, José Verdú, Fulgencio García Heredia, Pedro García Heredia, Juan Ros Ros, Antonio Martínez Sánchez, Tomás Egea, Patricio López Jiménez, Juan Expósito Camachos, Pedro Meroño Peñalver, Diego Montalbán Pérez y Pedro Pérez García.

Después de la guerra, el reducido grupo que quedó volvió a reorganizarse y durante varios años estuvieron actuando en las Fiestas de San Roque, y en los diversos bailes que frecuentemente se organizaban en el pueblo, con instrumentos tales como el tambor, bombo, platillos, trompetas, saxofones, fiscornos, clarinetes, oboes, tubas y trombones.

Más tarde, en 1980 se fundó la Banda de Cornetas y Tambores de Alumbres, cuya iniciativa estuvo a cargo de Teodoro Egea García, Juan y Antonio Bermejo, Francisco Pérez y Andrés García aunque posteriormente atravesó por un largo período de oscuridad, durante el cual apareció en cortas etapas para volver a desvanecerse. Por esas fechas, Pedro Aranda Aranda formó un grupo de majorettes, que compartió actuaciones con la banda.

De hecho, a mediados de los años ochenta la banda se disolvió como un azucarillo, y volvió a dar señales de vida efímera en 1994, y nuevamente resurgió en 1998, para volver a evaporarse enseguida, hasta que hacia 2003 resurgía de sus cenizas como el Ave Fénix, pero fue algo así como un espejismo más, porque aún no habíamos terminado de restregarnos los ojos por el agradable asombro que nos producía su resurrección, cuando al poco volvió a desaparecer.

LA ÚLTIMA ETAPA HASTA LA ACTUALIDAD

No obstante, en 2005, por iniciativa de Antonio Solano Hernández, José Martínez Ros, Carmelo Hernández Ojados y otros, se empezaron a dar los primeros pasos para la refundación de la banda de música y tenemos que congratularnos de que se haya consolidado y siga deleitándonos con sus marchas.

Parecía lo mismo que en ocasiones anteriores, pero los objetivos de ésta sobrepasaban a las formaciones predecesoras. Lo primero que se hizo fue realizar un llamamiento a la población pidiendo su apoyo al proyecto y aclarando que se pensaba federar a la banda por los beneficios que podía reportarle, seguidamente se creó un fondo con ayudas de algunos establecimientos comerciales y aportaciones individuales de los promotores y futuros músicos de la banda. Se establecieron normas de funcionamiento comprometiendo a los músicos a cumplir con una mínima disciplina interna y  a la asistencia a ensayos y actuaciones, tanto a los mayores como a los menores de edad (en este caso  se comprometió a sus padres), se adquirieron instrumentos a cuenta de la organización,  mientras que la compra del vestuario correría a cargo de cada uno de los músicos, pero además se llevó a cabo la federación de la banda, con el principal objetivo de tener actividad la mayor parte del año entre ensayos y pasacalles, y a la vez contar con unos ingresos que permitieran disponer de algunos recursos económicos.

Entre finales de enero y principios de febrero de 2006 se aprobaron los Estatutos de la Asociación y se fundó la Banda de Cornetas y Tambores “San Roque”, cuya primera directiva estuvo compuesta por:

Presidente: José Martínez Ros

Vicepresidente: Mariano García Escobar

Secretario: Carmelo Hernández Ojados

Tesorero: Sebastián Ardid García

Maestro de la Banda: Antonio Solano Hernández

Más tarde se incorporó como vocal Raúl Escobar García

Tenían necesidad de un local para ensayos, reuniones, oficinas y almacén, y como al lado del viejo polideportivo había construidas algunas salas que estaban infrautilizadas, se pidió a la Junta Vecinal que se las dotara de agua, corriente eléctrica, y aseos y se las cedieran para uso exclusivo de la banda. Pero además pidieron que se arreglara el exterior de acceso al polideportivo con bordillos y aceras, y que se colocaran focos exteriores con mandos desde el interior de las instalaciones, con el fin de utilizarlos en ensayos nocturnos. También pidieron que la carretera de acceso se señalizara como peatonal, y la verdad que fueron unos apuntes muy acertados, pues la zona hoy, está mucho más urbanizada y transitable.

Al principio de su fundación se contabilizaron entre 50 y 60 músicos, hoy todavía se superan los 40, y los instrumentos con los que se cuenta son, cornetas llave, cornetas normales, cajas, timbales y bombos y en el variado repertorio musical que toca la banda se contemplan, marchas militares, religiosas, pasodobles,… como La Lola, Al Paso, Himno Nacional, La Marcha de Boda, Himno de la Alegría, Pregúntame, Perdona a tu Pueblo, La Salve, Saeta, María del Carmen, La Barca, etc.

Hasta ahora han actuado en numerosos pueblos de la región y fuera de ella, en todas las fiestas de Alumbres, La Unión, Albujón, San Antón, Bullas, Murcia, Almanzora, y otros pueblos y ciudades.

Hay detalles que definen más que ninguna otra cosa el carácter altruista, cultural y de puro divertimento de la Banda de Cornetas y Tambores de Alumbres, y es que aquí nadie cobra por el desarrollo de sus funciones,  ni siquiera por enseñar a tocar los instrumentos (en la actualidad, Salva Caparrós enseña a tocar la Corneta y José Martínez Ros el tambor), o por cualquier otra cosa, y además nadie paga cuotas por pertenecer a ella.

 

Nota: Mi agradecimiento a Antonio Solano Hernández y a José Martínez Ros por su colaboración.

 

Historias de Alumbres (XXI): Las aguas para consumo humano

La mayor parte del territorio ubicado al Sur del Puerto de la Cadena, y que comprende la comarca de Cartagena, Torre Pacheco, toda la Sierra Minera y el Mar Menor, está definido por la aridez, y caracterizado por un clima templado y seco de no más de 300 mm de lluvia anual, concentrada especialmente en las estaciones de otoño e invierno y algunas precipitaciones ocasionales en primavera, siendo los veranos largos y secos. Además es un espacio carente de ríos y las ramblas sólo conducen agua cuando llueve.

 

MANANTIALES, POZOS Y ALJIBES

El agua es imprescindible para la supervivencia del ser humano, pero en lugares donde lo más notable es su escasez, se hace necesaria una buena dosis de conocimiento del medio, para el mejor aprovechamiento de los recursos que la naturaleza pone a disposición de los pobladores del lugar.

En este rincón de la geografía española, el agua siempre fue un elemento tan necesario como codiciado, de manera que en tiempos pasados su búsqueda fue incansable, y se explotaron tanto los escasos manantiales existentes en la zona, como los pozos que el Concejo abrió para el consumo de las poblaciones, según las ordenanzas promulgadas por el Ayuntamiento en 1729, así como los que numerosos particulares abrieron en sus propiedades, además de la antiquísima utilización de los aljibes.

En Alumbres, hubo al menos, dos pozos concejiles, y ambos estaban situados en la orilla de la rambla, uno enfrente del actual local de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva, y el otro al final de la calle del Duque, y como en la mayoría de los pozos del pueblo, tanto municipales como de propiedad particular, el agua estaba relativamente cerca de la superficie, a no más de 10 o 15 metros del subsuelo, y con el paso del tiempo, este agua fue perdiendo calidad, tanto por su sobreexplotación como por la contaminación de éstos por los pozos negros, por lo que su consumo se fue limitando a actividades domésticas, y con la llegada del agua del Taibilla a las viviendas, los pozos se fueron tapando.

El aljibe es un depósito de almacenamiento de agua, de tradición muy antigua, especialmente la procedente de las lluvias, para lo que se canalizaban éstas en dirección al depósito con el propósito de su utilización posterior, aunque para el consumo humano no era la más apropiada si no se trataba adecuadamente.

Las fuentes y los manantiales es otro recurso que pudieron utilizar los pobladores alumbreños. La Fuente del Comino que estaba en la falda del monte Calvario, en el camino del cementerio, era el lugar más cercano, y en períodos de sequía, dicen los más viejos del lugar que se podía estar haciendo horas de cola para recoger un poco de agua para la casa.

La Fuente de la Peraleja era otro lugar de donde se podía conseguir el agua para beber, y estaba situada en el paraje que se conoce por ese nombre, al pie del Cabezo de las Cuneras.

También estaba la Fuente de María la Boa, cerca del Huerto de San Pedro.

Por el precioso y añorado barranco del Canalote, situado entre el Pico de la Miguelota y el Cabezo de las Cuneras, más o menos a un kilómetro y medio del pueblo, discurría un arroyuelo al que se iba a proveerse de agua para beber y a lavar la ropa. Pero además era el lugar elegido por la mayoría de alumbreños para ir a merendar el día de la Candelaria.

 

También se podía ir al Pozo del Rufo situado en la Parreta, aunque siempre hubo quien prefería la comodidad y como se lo podía permitir, recurría al “aguador”, que vendía agua de forma ambulante por medio de una cuba trasportada por un carro y del que tiraba un animal.

 

EL PROYECTO DE LA FAUSILLA

En la sesión municipal del Ayuntamiento de Cartagena del día 4 de septiembre de 1931, se dio lectura a una moción “…para que se dote de agua a los vecinos de Alumbres, ya que existe a cuatro kilómetros del pueblo, detrás del llamado huerto de la Fausilla un manantial, hoy sin explotar, que arroja nueve metros cúbicos de agua potable, fina y excelente, y que para ello debe el Ayuntamiento adquirir una tubería y conducir el agua al indicado lugar”. Se aprueba por unanimidad.

 

Sin embargo, los habitantes de la diputación de Escombreras, a cuya demarcación pertenecía la Fuente de la Fausilla, se sintieron agraviados, y con fecha de 17 de marzo de 1932, elevaron una protesta al Ayuntamiento de Cartagena firmada por todos los vecinos en varios folios, porque según decían también necesitaban agua y desde mucho tiempo atrás, venían manteniendo disputas con el dueño de la finca por su derecho al aprovisionamiento de tan preciado líquido, y nunca habían tenido el apoyo de los concejales.

Después de la protesta de los lugareños de Escombreras nunca más se supo de la proyectada conducción de aguas de la Fausilla hasta Alumbres.

 

LAS AGUAS DEL TAIBILLA

El proyecto de dotar a Cartagena y su comarca de agua potable es antiguo, si bien empieza a tomarse en serio a partir del siglo XVIII, y especialmente desde finales del siglo XIX con la fundación de varias compañías de aguas, aunque es en 1927, fecha en que se funda la Mancomunidad de los Canales del Taibilla cuando se consolida un ambicioso y sólido proyecto, a pesar incluso de que la definición se estuvo retrasando por diferentes circunstancias hasta los años 40, y fue en mayo de 1945 cuando la Mancomunidad comenzó a dar servicio a la Ciudad Departamental y extenderlo por la comarca.

En reunión celebrada por el Comité Ejecutivo de la Mancomunidad el 22 de octubre de 1947, se adjudicaron las obras de la instalación del depósito de aguas en Alumbres y la conducción de éstas a Escombreras, a la Sociedad Entrecanales y Tábora.

Sin embargo, no sería hasta 1949, cuando el pueblo de Alumbres comenzara a utilizar las mencionadas y tan necesarias aguas. El 16 de agosto de ese año, coincidiendo con la festividad de San Roque, patrón del pueblo, tuvo lugar la inauguración del servicio de agua potable del Taibilla, cuyo memorable acto estuvo dirigido por una comitiva formada por el Alcalde de Cartagena, el Ingeniero Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla y la Comisión de Fiestas del momento, además del cura y el médico, como era obligado en esos tiempos.

Lo primero que se hizo fue una misa con toda la solemnidad posible, oficiada por el cura del pueblo y cantada por el Coro de la Caridad.

Terminada la misa, todo el cortejo acompañado de numerosos vecinos, se dirigieron a la plaza de la Iglesia donde se encontraba una de las fuentes públicas que habría de proveer de agua al poblado y tras ser bendecida por el cura y ejecutados los discursos de rigor, el alcalde abrió el grifo, dando por inaugurado éste. Posteriormente dirigieron sus pasos a la plaza de las Escuelas, cuyo grifo abrió el Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, quedando abierto al público también.

Pero la fiesta comenzó el día de la Virgen, con la celebración de una batalla de flores que encabezaba una carroza representando una fuente como preludio de lo que habría de venir a Alumbres, detrás iba otra titulada “Mi barca”, a esta le seguía una que representaba un patio andaluz, y finalmente, de forma humorística desfilaba un carro con un depósito que decía “Adiós Alumbres no te volveré a ver más”, burlándose del carro del Tío Borete, el aguador, que durante mucho tiempo había estado surtiendo de agua a los vecinos a un elevado precio.

 

Carro de aguador

Tiempo después se dispusieron otros dos grifos en las casas del Portazgo, uno en la fachada lateral de la casa del “Molinero”, y otro enfrente de la tienda del “Bigotes”.

Durante la década de los ´50 se fue extendiendo la red de distribución de aguas por el pueblo y los vecinos pudieron disponer de agua del Taibilla en sus propias viviendas, mientras tanto, el agua se transportaba a las casas en cántaros de barro, a base de músculo unos y por medio de carretones otros, el caso es que nunca faltara agua en las tinajas de los domicilios.

Nota: Mi agradecimiento a todos los empleados del Archivo Municipal de Cartagena, que siempre me atienden con amabilidad y diligencia y nunca los menciono en mis escritos.

 

Carthagineses y Romanos: Reinventado un mundo

Ahora, cuando veo lo que está pasando, descubro que, sin lugar a dudas, ella tenía razón. Que había que intentarlo. Que había una salida.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi ciudad se derrumbaba, los militares partían hacia otros destinos, recuerdo edificios en llamas, recuerdo el temor a lo desconocido. Incertidumbre y miedo llenaban nuestros corazones mientras pensábamos que nuestra ciudad moría lentamente…Unos cuantos, inasequibles al desaliento estábamos allí. Lo veíamos. Teníamos que hacer algo antes del fin del mundo, de nuestro mundo.

Sé lo que estáis pensando. Pensáis que os hablo de las historia de Plinio y pensáis que soy uno de los antiguos. Pensáis que hablo de aquello que ocurrió hace 3000 años.

No.

Os hablo de ayer, de los noventa, de la crisis que cerró fábricas y comercios en Cartagena. Os hablo de cartageneros en la calle, de los bazaneros luchando en la carretera de la Algameca, de Riotinto a la entrada de la ciudad. Os hablo del olor y la nube oscura que cubría Cartagena las mañanas de verano.

Y entonces alguien tuvo una idea.

Porque Cartagena es especialista en fines del mundo. Ha vivido muchos fines del mundo: cuando llegaron los romanos, cuando vinieron los piratas, con el Canton, en la guerra civil. Y siempre que el mundo se acaba, Cartagena se levanta.

Era el momento del Ave fénix.

Carmen había encontrado unas “piedrecicas” de lo que resultó ser un magnifico teatro romano. En San José, en las obras de La Milagrosa, un panel de muralla y una cripta sorprendían a los cartageneros. El puerto quitaba las vallas desde las que se asomaba al mar nuestro submarino Peral.

Con la fuerza de un volcán, surgía la piedra como lava caliente dispuesta a incendiar nuestros corazones.

Era el momento y allí estábamos nosotros, los locos, y se nos ocurrió recrear el fin del mundo. El que nos contó Plinio el viejo en sus historias. Lo teníamos fácil. Tenía todos los ingredientes para ser una historia fantástica: Héroes, heroínas y reyes y princesas; codiciados tesoros y palacios. Dioses y lagunas embrujadas.

¿Crisis?¿qué crisis?. Llamamos a cada puerta, a cada casa, a cada comercio y en septiembre, el mes de la vuelta al cole y a la rutina, salimos a la calle.

Veo las fotos de esos primeros años y no puedo evitar sonreírme. El campamento hecho con tiendas de campaña en el parque de artillería y nosotros, con cuatro trapos, cinturones anchos, espadas forjadas en la bazán…

Aprendimos juntos. Aprendio Duly a hacer joyas y El Puche pasó de monederos y carteras a correajes y faldetas. Todas las maderas perdidas se convirtieron en escudos. Y llegó el campamento, cada vez más grande, cada vez más hermoso.

Lo recuerdo como si fuera ayer, porque en realidad lo fue.

Ahora nos veo, ruidosos y joviales, con los jóvenes pidiendo a gritos el relevo. Aprendiendo de nuestros errores y cometiendo errores nuevos. Oigo como si fuera ayer hablar de crisis y de locos que se van de fiesta “con lo que cae” y sé que, de nuevo, resurgiremos. Porque si de algo sabemos los cartageneros es de fines del mundo.

Y esos…los convertimos en fiesta y nos los bebemos con el asiático

   

Historias de Alumbres (XX): Hace 200 años tuvo ayuntamiento (2ª etapa)

El coronel Rafael del Riego se encontraba en Cabezas de San Juan (Sevilla) al frente de una compañía esperando su marcha hacia la guerra en las colonias americanas, cuando el 1 de enero de 1820 decidió sublevarse y recorrió Andalucía proclamando la Constitución de 1812, y con el apoyo que la oposición liberal le dio en las ciudades y la actitud pasiva del ejército descontento, el Rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución el 10 de marzo de 1820 “…he jurado esta constitución por la cual suspirabais y seré siempre su más firme apoyo…Marchemos francamente y yo el primero por la senda constitucional.”                                                      

Comenzaba así el llamado Trienio Liberal 1820-1823 y se volvían a instalar los ayuntamientos que en 1814 fueron disueltos. El Ayuntamiento de Alumbres fue restituido y Antonio Valero y los regidores del anterior Ayuntamiento Constitucional fueron designados de forma interina con la misión de promover elecciones municipales.

En la sesión del 29 de abril se nombra la corporación surgida de las elecciones, que sólo tienen mandato hasta final de año: Alcalde, Antonio Barcelona; Regidores, Antonio Valero, Francisco Martínez, Domingo Martínez, Ginés González, Francisco Luengo y Francisco Pérez; Síndico, Fernando de Mula. En 1821 el alcalde fue José Nondedeu, en 1822 Juan Gómez y en 1823 Francisco Avilés.

Esta nueva etapa del Ayuntamiento de Alumbres comenzará como terminó la anterior, sin medios económicos con los que afrontar los mínimos gastos, y con el agravante de que el Ayuntamiento de Cartagena no tardó en comunicar al de Alumbres que “…sólo habrá una Tesorería General.” Así en la sesión de la corporación de Alumbres del 1 y 2 de abril de 1821 se dice que “…no hay fondos para evacuar correspondencia”, y que “…la escuela carecía de maestro porque éste se había despedido al no recibir sueldo.” Más adelante se volvería a tener maestro de escuela.

En la sesión del 21 de junio de 1821, se acuerda informar a la superioridad de que se ha formado la Junta de Sanidad pero que se carece de medios económicos para sufragar los gastos.
Y no es de extrañar que la situación económica fuese caótica, el listado de deudores de Propios, de dueños de tierras y otros, en diciembre de 1820 era de 114, por lo visto eran muy pocos los que pagaban contribuciones y demás impuestos.

En noviembre de 1820 se mandó crear la Milicia Nacional Local, en cumplimiento de la real orden de 2 de octubre, “…sin que ningún pretexto pueda servir de excusa…” por lo que tuvieron que pedir al Ayuntamiento de Cartagena 100 fusiles para poder dotarlos de armas, y ello a pesar de las lamentaciones de la corporación que según decía, sólo podían contar con 26 útiles de 190 hombres que había en el pueblo.
No eran muchos los que aceptaban ser reclutados sin oposición, por lo que siempre había varios que reclamaban por alguna circunstancia personal o familiar con la que le dieran por no apto. Así Francisco Gómez reclama que él no da la talla, porque lo midieron con mucha cabellera, y efectivamente, ”…una vez cortado el pelo y habiéndose medido de nuevo a vista de todos los mozos se ha dado por falto de talla…”
Otros en cambio no consiguieron su objetivo, a pesar de alegar situaciones familiares complicadas.

Pero los asuntos a resolver en Alumbres se multiplicaban y los problemas que tuvo que afrontar esta corporación innumerables, algunos bastante desagradables para los responsables del Ayuntamiento, como el de tener que enviar informe de embargo al ex alcalde Antonio Valero por deudas tributarias en 1822, o el de la segregación del Algar.
En sesión celebrada en la tarde del 5 de abril de 1821en casa de Bartolomé Benzal, vecino del Algar, adonde se había desplazado todo el Ayuntamiento de Alumbres, y con la presencia del  Alcalde 1º de Cartagena portando el expediente promovido por los vecinos del Algar, se dio lectura al escrito siguiente: “Diputación Provincial de Murcia, 14 de marzo de 1821, vista la presentación de José Ruiz y otros vecinos de la población del Algar, feligresía y término del Ayuntamiento de Alumbres y partido de Cartagena en que solicita la formación de Ayuntamiento con arreglo al Artº. 310 de la Constitución acreditando con certificación del cura de aquella iglesia D. Ignacio González hallarse en esta población y su comarca o diputación el número de 245 vecinos con 1011 almas, solicitando al mismo tiempo se haga extensivo su término a la diputación de San Ginés que se halla al levante del Algar cuya población está situada en el intermedio de las demás sujetas al Ayuntamiento de Alumbres y enterada la diputación acordó dar comisión al Alcalde 1º de la ciudad de Cartagena D. Nicolás Martínez Fortun, quien con el comisionado que elija forme expediente quedando suficiente número de almas para la existencia del Ayuntamiento de Alumbres, separadas las que contenga las dos diputaciones del Algar y San Ginés, procediendo a la instalación de Ayuntamiento en El Algar…”

La corporación alumbreña estuvo en contra de  la separación del Algar desde el primer momento, así que cuando días después la Diputación Provincial le mandó un oficio reclamándole la mitad de las dietas del comisionado para la instalación del Ayuntamiento del Algar, el Alcalde de Alumbres le contestó”…y en su vista debe manifestar a V.E. que por lo que respecta a que por la división del término satisfaga este pueblo la mitad de las dietas que tocan al comisionado, le hace presente no estar en disposición los vecinos a pagar nada por la infelicidad en que se encuentran…”. Parece que costó asumirlo, pero poco a poco se fueron enfriando los ánimos y cada cual se dedicó a lo suyo.

Otro asunto delicado que tuvo que abordar el Ayuntamiento en esta nueva etapa, sobre todo después de la separación del Algar, es el absentismo de los regidores, de manera que el jefe político provincial llega a acusar al Alcalde de Alumbres de que en un mismo día todos los miembros estuvieron ausentes, y apercibe de multas si vuelve a suceder. A tal punto llegó el absentismo que  se dispuso en el acta de la sesión del 14 de septiembre de 1821  “…que el individuo que falte al Ayuntamiento los miércoles sin comunicarlo y sin licencia se le multe con 4 ducados y en los días que sean extraordinarios deben dar cuentas.” Pero más adelante hubo de volver a actualizar
Además, el Alcalde tenía que realizar sesiones de conciliación para que se pudieran aceptar a trámite las denuncias de lo civil, sin cuyo requisito no se admitían denuncias en el juzgado, y para la realización del trámite conciliador en 1820 en Alumbres, se habían fijado los lunes.

Un hecho histórico relevante es el de la Lápida de la Constitución. El día 15 de agosto, víspera de San Roque, Patrón de Alumbres, la lápida que había sido realizada en Cartagena, es paseada por las calles de la ciudad tirada por una carreta y escoltada por la Milicia Nacional Local y fue llevada hasta Alumbres, donde se colgó en la fachada de la iglesia al día siguiente, enmarcada en un ambiente festivo generalizado que duró hasta altas horas de la noche.
Sin embargo, los gastos de la lápida y los festejos trajeron como consecuencia un cruce de acusaciones entre el médico del pueblo Fernando Jiménez –que había sido el responsable de encargar la lápida y de organizar los festejos- y un extranjero afincado en Alumbres llamado Nicolás Robado que les llevó a dirigir escritos al Alcalde y finalmente parece que a los tribunales.
Según la relación de gastos que presentó Fernando Jiménez al Alcalde en un escrito con fecha de 17 de agosto “Incluyo los 4 recibos  por los que demuestro haber gastado en solo la lápida y su adorno veinte y tres  duros y nueve reales, de los que rebajados 4 duros, única cantidad que he recibido resultan gastados de mi bolsillo 19 duros y 9 reales, sin contar más de ocho duros en viajes que he hecho con solo el fin de llevar a efecto la colocación de la lápida.”

Finalmente tras la intervención de “Los cien mil hijos de San Luís” mandados por el Duque de Angulema en nombre de las potencias europeas, con el único fin de devolver a España al absolutismo, el 30 de septiembre de 1823, Fernando VII firmó un decreto en el que entre otras cosas decía: “Declaro en mi libre y espontánea voluntad, y prometo bajo la fe y seguridad de mi real palabra que si la necesidad exigiese la alteración de las actuales instituciones políticas de la monarquía adoptaré un gobierno que haga la felicidad completa de la nación afianzando la seguridad personal, la propiedad y la libertad civil de los españoles”.
Luego se vería que todo era mentira, y al igual que en 1814, vendría la despiadada represión contra todo lo que oliera a liberal, demostrando una vez más que su palabra carecía de dignidad.
Sin embargo, la última reunión del Ayuntamiento de Alumbres lleva fecha de 18 de octubre de 1823, y es natural, no solo por lo que tardaban las noticias en llegar, sino porque había que cumplir con las obligaciones hasta que la superioridad ordenara el cambio.


 

Presunto infractor

Cuando la presunción del incumplimiento de las normas y las leyes se convierte para nuestras autoridades en una certeza, mal andamos en esta cada vez menos sociedad democrática.

En un estado de derecho, cuando un ciudadano incumple alguna de sus normas (y es pillado, claro), tiene que pagar una sanción, ya sea con algún tipo de indemnización, multa y/o la cárcel, según los casos. Lo que no es tan normal es que se presuponga que todos los ciudadanos van a infringir la norma/ley, y por lo tanto al ser todos 'culpables' se les imponga por adelantado la sanción.

Tenemos el ejemplo del canon que se paga por copia en los CD’s, DVD’s, memorias flash (lápices, llaves..), fotocopiadoras…, que nos señala a todos los ciudadanos que adquirimos alguno de estos productos, como “piratas”, que vamos a utilizarlos para copiar en ellos, ilegalmente por supuesto, contenidos con propiedad intelectual de terceros, películas, canciones y otros contenidos bajados de internet, aunque a nivel personal cada uno los utilice para los fines legales que quiera: fotografías personales/profesionales, documentos, trabajos docentes, y un largo etc.. Da igual: todos somos delincuentes.

Otro caso y es al que voy, es el tema de la circulación por nuestras ciudades. Cuando las administraciones locales, presuponen que todos sus ciudadanos, van a incumplir las normas de tráfico, en especial a lo que se refiere a los límites de velocidad, cesión del paso y respeto a los pasos de peatones. La forma que utilizan entonces para 'sancionar anticipadamente' a los conductores es llenar las calzadas con obstáculos, bien con bandas sonoras, guardias durmientes, resaltes en los pasos de peatones (algunos exagerados)…, que castigan a los que diariamente tenemos que pasar sobre ellos (y a sus vehículos), vayamos a la velocidad que vayamos, constituyendo un verdadero problema cuando el vehículo que circula transporta mercancías frágiles o es un vehículo de emergencias (bomberos, ambulancias).

Continuando con el tráfico, yo, lo confieso, estoy totalmente en contra de las zonas residenciales. Cuando estas no se habían inventado, y ahora hablo en concreto de La Unión (contando con que estas calles lo sean ya que carecen de la señalización correspondiente), existían aceras que, aunque siempre han sido estrechas e insuficientes (lo que daba lugar a que los viandantes fuesen más por la zona destinada a los coches que por ellas), servían de refugio cuando se acercaba algún vehículo, o cuando llovía al menos nos evitaba las riadas típicas de nuestro pueblo al carecer nuestras calles prácticamente de sumideros de recogida de aguas pluviales.

Ahora, en cambio, solamente existen aceras dibujadas en el suelo y el peatón se encuentra desprotegido cuando, al estar ocupada la 'acera', no tiene más remedio que circular por el centro de la calle. Pues bien continuando con el hilo anterior, y como se con la certeza de que todos los vehículos que van a pasar por estas calles mixtas peatones/vehículos, van a ir a más velocidad de la permitida, pues las llenan de guardias durmientes, y como además todos estos vehículos van a aparcar, aunque en estas zonas está prohibido el aparcamiento, pues se colocan cientos de bolardos, que no dejan de ser obstáculos incómodos tanto para los coches, como para los peatones, más si van con carricoches.

Es verdad que siempre hay conductores que incumplen las normas, por supuesto que sí, pero estas presunciones de incumplimiento castigan a todos los conductores (infractores o no), y en el caso de las zonas residenciales, además a los peatones. Quizás si las administraciones locales fomentasen aparcamientos alternativos (gratuitos, por supuesto) cercanos a estas zonas, la vigilancia a pie por parte de la policía municipal, y la correspondiente sanción al infractor, evitarían que en algunas calles el peatón esté obligado a ir por el centro de la misma porque las 'aceras' están invadidas por los vehículos mal aparcados.

   

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