Domingo, Mayo 26, 2019
   
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Rincones en abierto

A Pencho Rosique Navarro

Pencho nació en la bucólica pedanía de Los Roses de Cartagena un 30 de octubre de 1915, día de San Marcelo de León y recién destetado, con sólo 19 años, ingresó en Hacienda, de cuyo acontecimiento histórico se hizo eco el periódico local, Cartagena Nueva: “Con magnifica puntuación han aprobado el último ejercicio de las rápidas oposiciones que se están celebrando en Madrid, para Auxiliares del Cuerpo General de Administración de la Hacienda Pública, los jóvenes estudiantes don Fulgencio Rosique Navarro y Don Francisco Martínez Guillen. Nuestra enhorabuena a los futuros funcionarios, la que hacemos extensiva a sus profesores, queridos y amigos nuestros, don José y don Antonio Lorente Redondo” Una curiosidad de la época: los hermanos Lorente Redondo, solían anunciarse en Cartagena Nueva como “competentes preparadores de oposiciones a Hacienda” y en su oferta aparecía, como peculiaridad progresista, lo de “Se admiten señoritas

La toma de posesión de Pencho como funcionario público fue un clamoroso y sonoro evento local recogido por El Noticiero del 20 de enero de 1935, en sus Notas de Sociedad: Con todos los trámites reglamentarios, en el día de ayer, tomó posesión de su cargo el Auxiliar del Cuerpo General Administrativo de Hacienda, encargándose de los Negociados de Derechos Reales y Timbre, en la intervención de esta Subdelegación de Hacienda, nuestro querido amigo, Fulgencio Rosique Navarro, al que deseamos una ininterrumpida serie de aciertos y éxitos en su carrera. Acertó el cronista porque Pencho moró en Hacienda hasta que, por imperativo legal, se jubiló a los setenta años con cincuenta de servicios y por cuyo motivo le concedieron la Medalla al Mérito en el Trabajo en el año 1985. Cuantas veces le he dicho: “Pencho, el día que realmente te jubiles vas a crear veinte puestos de trabajo”. Aún sigue siendo un irredento hiperactivo fecundo y eficaz.

También Pencho pasó por la política y concurrió, por primera vez, a las elecciones a concejales del Ayuntamiento de Cartagena. El 14 de noviembre de 1966, El Noticiero publicaba a grandes titulares: “LAS ELECCIONES DE AYER. Consiguieron los primeros puestos: por mayoría, Don Fulgencio Rosique Navarro (13400 votos) y ha continuación, Don Francisco Moya Núñez (11539 votos) y Don Eduardo Cañabate Navarro (11530 votos) De un censo electoral de 38.506, los votos emitidos fueron 22.116… cuya votación se desarrolló con gran sentido cívico y orden”. En las elecciones municipales del año 1971, con Ginés Huertas Celdrán como Alcalde, nombra Primer Teniente de Alcalde a Pencho Rosique Navarro. El Noticiero del 8 de Febrero de 1971, publicaba: “El alcalde en uso de sus atribuciones designó para ocupar las tenencias de alcaldía del Ayuntamiento de Cartagena: Primera Tenencia, Don Fulgencio Rosique Navarro, segunda, Don Luis Amante Duarte” perteneciente al lobby familiar de Pencho por ser consuegros. El Noticiario destacaba como singularidad que “por primera vez formaba parte de la corporación municipal una mujer, Doña Isabel Rosique Conesa”. De aquella hornada de concejales se encontraba Víctor Linares García, empleado del desaparecido Banco Hispano Americano y Presidente del Cartagena, Efesé.

Pencho Rosique también compartió gobierno municipal con su dilecto amigo y colega, Enrique Braquehais García, compañero inseparable de caminatas con quien suele desempolvar recuerdos que se han revalorizado con el paso del tiempo: “mira, Enrique, aquí, en esta esquina, había una tienda (...) éstos tenían un hijo muy listo que entró a la primera en el Cuerpo General y llegó a Capitán de Navío con mando en plaza...

Cuando su amigo Ginés Huertas Celdrán fue nombrado Presidente de la Diputación Provincial en Murcia, a Pencho Rosique le propusieron ser Alcalde de Cartagena y en un gesto de severa humildad cartujana Pencho se refugió en la Iglesia de la Caridad a meditar sobre tal ofrecimiento y allí junto con su Patrona y su Maruja decidieron que lo mejor era renunciar. San Francisco de Borja decía: “Son grandes ante Dios los que se tienen por pequeños

No obstante, después de su andadura política por el Ayuntamiento de Cartagena, Pencho es nominado y elegido Diputado Regional y nombrado Vicepresidente Segundo de la Mesa de la Asamblea Regional de Murcia, como lo informaba su Boletín nº 1 del 3 de junio de 1983.

El Boletín Oficinal de la Asamblea Regional de Murcia nº 35, del 28 de julio de 1989, promulgaba: “Mediante escrito II-5152, de fecha 27 de julio actual, firmado ante la Mesa de la Cámara, conforme a lo que previene el artículo 11 de su Reglamento, Don Fulgencio Rosique Navarro ha expresado su renuncia formal, por motivos personales, al cargo de Diputado Regional de la Asamblea Regional de Murcia” Y aquí concluye la carrera política de una persona que en sus modos públicos y privados siempre se ha conducido sin dogmatismos, con un margen para la duda y, en todo caso, con tolerancia. Mira si es conciliador que, en ocasiones no sabías a qué partido pertenecía. ¡Lo qué yo te diga! Pero como Pencho no podía estar públicamente inactivo, fue durante una larga temporada Presidente de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena, por la que recibió la Espiga de Oro de Torre-Pacheco.

Un 9 de junio de 1990, Día de la Región, en un acto institucional le imponen la Medalla de Oro a Fulgencio Rosique Navarro, al diario La Verdad y a título póstumo a José María Morales Meseguer. En esa misma ceremonia fue nombrado hijo predilecto, al actor aguileño, Francisco Rabal Valera.

Sin que jamás lo haya pretendido, Pencho, llegó a convertirse en una especie de oráculo viviente, pero éste no está localizado en Delfos, sino más cerca, en el paraje de Los Navarros. Allí imparte, para amigos, vecinos, conocidos y medio pensionista, sabios y pragmáticos consejos impregnados de un autóctono senequismo aljorreño y es que Pencho, posee una arrolladora autoridad moral, no sólo en su entorno familiar, sino en el de sus amigos y aledaños. Verbo y gracia: recuerdo a mi desaparecida suegra, Mariquita, su hermana, que cuando había que tomar cualquier decisión, por mínima que esta fuera, siempre advertía en tono intimidatorio ¿Supongo que se lo has dicho al Tito Pencho? Si te atrevías a decir tímidamente que no, ella replicaba tajante y autoritaria, “pues es menester que se lo digas, porque él tiene más cabesa que tu y eso se lleva, un suponer, en la masa de la sangre”.

Es un sabio hasta para los pequeños asuntos domésticos y para muestra hete aquí un botón. Durante los años en que Pencho ejerció como político, primero en el Ayuntamiento de Cartagena y después en la Asamblea Regional, el protocolo al uso, más riguroso que el de ahora, exigía vestir, incluso en plena y sofocante canícula, de americana, camisa de manga larga y corbata. De la chaqueta y corbata no podía zafarse, pero ¿Cómo evitar la camisa de mangas largas? Su esposa, Maruja, que es tan sabia como prudente y discreta, le encontró un funcional alivio, consistente en cortar los puños de una camisa y coserlos discretamente y sin perpuntes por el interior de cada una de las mangas de aquella cazadora que estaba adscrita, exclusivamente, a solemnidades varias. De este modo tan ocurrente y sencillo, Pencho, de una camisa de manga larga únicamente llevaba los puños.

Añoro aquellas emotivas “matanzas” del campo. Las pláticas y foros se organizaban en función del género. Por una parte, las mujeres: tu Maruja, siempre corriendo febrilmente de un lado para otro gestionando con energía el festín; tus hermanas Josefina y Mariquita, las primas, Luisa y María y tus sobrinas Maruja, Serafina y Ana se entretenían comentando eventos locales y cuando éstos se agotaban, ascendían al nivel regio e interpretaban, a su gusto y manera, los dimes y diretes de la Familia Real y aledaños: “Es menester que el Rey le de menos a la patica y no viaje tanto”. Por otro lado, los hombres, Antonio Fernández de Palencia, Martín Cárceles, Eduardo Borgoño, tus consuegros, Antonio Madrid y su Eulalia y Luis Amante y su Encarnita, clamaban al observar la perfección bucólica de la finca: “¡Al jodido Pencho, hasta las ratas le paren conejos! Su razón no les faltaba.

Pencho es un auténtico caso de juventud nonagenaria, con cara de candor de niño de San Idelfonso con tirantes, dotado de un orden mental riguroso y preciso. Sigue viviendo como siempre ha vivido, con sencillez, sin hacer ruido, sin molestar a nadie, dando con su testimonio lecciones magistrales de austeridad y nobleza, porque nunca se ha esforzado en aparentar más de lo que es y pese a sus escarceos como empresario y político, nunca le ha abandonado el clásico diseño de funcionario. Su pudor es incompatible con el brillo, el ruido y las alharacas y si Pencho se extralimita en algo es en sobredosis de sosiego. Ha hecho de la prudencia y la discreción su manera y estilo de vida.

Es obvio, que Pencho es una persona de una fecundidad extraordinaria, pero lo más importante que le ha pasado en su vida fue el día en que conoció a su Maruja, ejemplo de discreción y entrega. Se casaron por todo lo alto un 3 de abril de 1948 en la Iglesia de la Caridad ¡Llevan sesenta y tres años de matrimonio y eso sin contar el tiempo de cortejo, acoso y derribo! Sois una referencia moral para toda la familia y amigos. Os deseo larga vida para que sigáis disfrutando con vuestros hijos, Antonio y Mercedes, Maruchi y Simón y José María y Belén y de los nueve nietos y casi cinco bisnietos ¡Y la tasa de natalidad subiendo!

Cuentan que un recién ordenado sacerdote se acercó a saludar a un cardenal que a la sazón tenía 95 años y en tono laudatorio le dijo: “Eminencia, le deseo de todo corazón que llegue a los 150 años. El cardenal sorprendido y contrariado exclamó en tono altanero: “querido joven, nunca ponga límites a la Providencia Divina” ¡Pencho, Maruja, vosotros como el cardenal!

 

Las Procesiones

Estamos en los años 50; la gente aguarda estoicamente en la calle a que pase la procesión. Los pudientes sentados cómodamente en sillas, los menos permanecen de pie detrás de ellas.

Los carros atiborrados de golosinas circulan lentamente abriéndose paso entre la gente y con voz cansina los vendedores repiten una y otra vez:

-¡A la rica piruleta! ¡A quince céntimos los cartuchos de chufas!

-¡De La Habana el coco, al rico coco de La Habana!

-¡Hay caramelos, de fresa, limón y menta, a quince la cuarta!

Niño: ¡Amaica, cómprame cararamelos!

Madre: ¡Te voy a comprar, una con perdón mierda! A ver si te crees que tu padre es el Rothschild ese. ¡Oye, culico veo, culico me da deseo! Es menester que te dejes de tanto golisme.

Padre: ¡El dios que te menea! Anda nene tate quietecico de una puñetera vez y deja la sillica quieta ¿No ves que estás molestando a esta señora? ¡Ya te diré yo unas cuantas cosas en cuanto lleguemos a la casa!

Señora: No se preocupe…. son zagales y están en la edad. En comparación y sin atrasar a nadie, tengo yo a mi Ginés que también está encerrizao.

Padre: Este zagal parece que tiene azogue, míralo está hecho un lambrijo. Lo mismo tiene lombrices de tanto mierderio que come. ¡Qué gana tengo que pase la procesión! Me duele la nucla de tanto ruido de hace el personal. El año que viene no bajo y me quedo en la casa oyendo el “parte” ¡Qué necesidad tengo yo!

Madre: ¡Qué poca paciencia tienes, Manolo! A ti te daba yo las veinticuatro horas que una servidora se pasa encerraica con ellos.

Padre: ¡Qué guagona eres! Menudos pelechones que me doy en la Bazán con las veladas.

Señora: Este año parece que hay menos gentío que otros años.

Padre: No se crea, me ha dicho mi cuñao que la calle mayor y las Puertas de Murcia están a reventar y no cabe un alfiler. El tiempo acompaña porque aunque el cielo esté nulo no parece que vaya a llover, si acaso hace un poco de helor porque sopla maestral.

Señora: Seguro que el Viernes Santo, con esto del cambio de la luna, cae una rugía. Los marrajos en esto se llevan la palma.

Madre: El año pasado no baje a ver las procesiones y me quedé con una pesaombre que me dije este año, falte para lo que falte, una servidora no se la pierde.

Madre: ¡Callad, un momento! ¿Parece que ya se oyen tambores?

Padre: ¡No puede ser; si acabo oír otro cohete!

Señora: Es que esta procesión es muy larga y la cabeza se junta con la cola.

Padre: Mirad, ya vienen por ahí los guardias.

Madre: Si, si; eso que reluce a lo lejos es el carro bocina…….. ¡Aquí está ya la procesión!

Niño: Amaica, ráscame suavico que estoy cansado.

Madre: ¡Anda, calla y mira, haber si nos dan estampas y caramelos!

 

LARVI, UNA TIENDA HISTORICA

El 27 de mayo del pasado año, cerró, después de setenta y seis años de actividad continuada, un mítico establecimiento que ha venido marcado la moda en Cartagena. Está claro que hablamos de LARVI, cuyo nombre comercial ha sido siempre sinónimo de calidad, elegancia y distinción.

Pero, ¿Cómo surge el negocio de LARVI?

Sitúense en Cartagena en el año 1935, en plena II República, con Eduardo Bonet Molina como Alcalde de la Ciudad. Dos inquietos empleados de “Camisería Nadales” de la calle Mayor, Antonio Martínez Lara y Pepe Mulero Vivancos, deciden ser empresarios y montan un negocio en la Plaza Prefumo o Plaza de San Sebastián al que llaman LARVI, acrónimo formado por las dos primeras sílabas de los segundos apellidos de sus socios LAR de Lara y VI de Vivancos.

Al año de la puesta en marcha de LARVI estalla la Guerra Civil y a Pepe Mulero lo movilizan y lo envían al frente de Teruel. Antonio se queda solo en el negocio y en uno de los últimos bombardeos que sufre Cartagena, al abandonar la tienda camino del refugio, les roban las pocas existencias que tenían. No obstante, el ánimo no decae y ahí siguen, aunque sea bajo mínimos. Termina la contienda viene la posguerra: el hongo, aquí Radio Andorra, Emisora del Principado de Andorra, Radio España Independiente “La Pirenaica”, la Juanita Reina y su pasodoble “Francisco Alegre y Ole” y la Silvana Mangano con el “Negro Zumbón”…. Son años duros y complicados, sin embargo, Antonio y Pepe siguen ilusionados con su negocio y hasta tienen su spot publicitario que se proyecta en los cines locales: “Los escaparates de Larvi son una tentación” Prosigamos, estamos ya en el año 1956 y Antonio Martínez Lara, padre del histórico e insigne “El Cheche,” masajista que fue del Naval, conocidos por “los bisagras” por depender de la antigua Bazán, decide abandonar LARVI y Pepe Mulero Vivancos se queda solo en el negocio, pensando en su único hijo, José Abilio Mulero Mercader “El Peté”, como posible colaborador de sus quehaceres comerciales.

En cuanto el Peté tuvo “uso de razón”, y pese a que todavía andaba enjugascado, empezó a simultanear sus estudios primarios en los Hermanos Maristas de la Plaza de San Agustín con el negocio familiar.

Pese a su trabajo extra, Peté, que es la mesura personificada, terminó el bachillerato y el “preu” en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Isaac Peral”, teniendo como compañeros, entre otros insignes, a Gustavo Adolfo Pérez-Espejo, Isidoro Carrillo de la Orden, José María García Vera y José Antonio Llopis, éste último hijo del que fue su director, Don Luis Llopis, persona admirable de un excelente nivel académico y profesional. Terminado los estudios secundarios, Peté, decide meterse de lleno en el negocio familiar y pacta con su padre una generosa jornada laboral de solamente 14 horas diarias que, en épocas de rebajas o inventario, podían rebasar las 16. En muchas ocasiones, el Sr. Vera, robusto y fornido sereno de la zona, con el chuzo en ristre y su manojo de llaves colgadas a la cintura, tenía que acudir a rescatar del trabajo a Peté, a quien recriminaba: “Jefe, cómo no se vaya ya, se la va a hacer tarde para entrar mañana.

Peté, empieza por encargarse de las compras y el trato comercial con los viajantes, procedentes de Cataluña, quienes arribaban a la tienda acarreando enormes maletas atiborradas de muestrarios cara a la próxima temporada. Por entonces, una mayoría de representantes pernoctaban en Cartagena y eso da una idea del buen nivel comercial que en la década de los años 70 existía en la Ciudad. Infinidad de noches, Peté, se quedaba en la tienda para adornar, con mucho primor y esmero, los escaparates. La especialidad de escaparatista era muy cotizada en el sector. En Cartagena era frecuente la organización de concursos de escaparates que solían coincidir, habitualmente, con la Semana Santa”

Como todo era trabajar, Peté no dejaba tiempo alguno para el cortejo y la platica con las mozas del lugar que todos los domingos y fiesta de guardar, puntualmente, paseaban por la calle Mayor. Su vida era una pura “burbuja laboral”, cerrada y monótona: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Pero, hete aquí, que, inesperadamente, surge un acontecimiento histórico interplanetario, como es la coincidencia en el tiempo y en el espacio de Marí Pili y Peté. Marí Pili Martínez Rivero, con tan sólo 17 años entra a trabajar como dependienta en LARVI y Peté, de 18 años, que es su jefe, la recibe, dentro de su proverbial timidez, complacido, alborozado y alborotado.

Como era de esperar, de esta candente conjunción surgió el chispazo sideral entre Mari Pili, hija de María del Colegio de “La Milagrosa” y Peté, “el del LARVI”. Después de un razonable y casto noviazgo se casan, como Dios manda, por todo lo alto en la Iglesia de San Diego. Tienen dos hijos, Jorge y María del Carmen. Es de justicia resaltar que su hija María del Carmen, ha sido en todo momento una eficaz e inestimable ayuda en la gestión de LARVI, cuyo negocio conocía y dominaba. Si María del Carmen no cogió el testigo de sus padres, fue por no poder conciliar su vida familiar-tiene dos hijas África y Carmen- con la profesional.

Se puede afirmar que, tanto Peté, como su padre, Pepe Vivancos, fueron unos virtuosos y avezados financieros en la venta aplazada o “ventas al te veré”, “a la púa” o al “ya pasaré por aquí” Los pagos se formalizaban en cómodos y polvorientos plazos de hasta 25 pesetas/mes. Habitualmente, antes de saldar la deuda, se iniciaba una nueva y así sucesivamente hasta el infinito.

Mari Pili y José Abilio, controlaban las ventas a través de unas sencillas fichas, pero cuando la actividad comercial empezó a crecer de forma exponencial, Peté tuvo que mecanizarse y acudir a tecnologías puntas. Buscó a un carpintero de toda la vida y de mucha confianza quien, bajo secreto profesional, le hizo un cajón de grandes dimensiones semejante a la peana del trono de la Santa Cena del Miércoles Santo. De esta forma, Peté y su eficaz Marí Pili, pudieron dar alojo, asilo y cobijo a tanta ficha como producía el negocio, dado que las ventas aplazadas superaban, en las décadas de los años 60/70, el 85% del cómputo global. Cada vez que, por necesidades de la gestión cotidiana, Peté tenía que manipular su cajón de clientes, cambiaba la tez de su cara dependiendo si lo apuntado era un cobro o una deuda. Sus fichas era un auténtico censo de toda la clase media cartagenera emergente o deprimida. La verdad, es que su morosidad fue irrelevante, dada su buena clientela y la óptima diligencia con que Peté, Mari Pili y su padre, Pepe Vivancos, gestionaron el negocio.

También LARVI fue pionera en Cartagena de la venta personalizada. Su clientela se probaba en su casa las prendas que previamente había seleccionado en la tienda. Una vez en su domicilio, la señora comprobaba si la blusa escogida “le tiraba de la sisa” o “el canesú no ajustaba” Una vez decidida por la compra la mujer se dirigía al marido y en un descuido irrumpía ¿Oye, mira, cómo me sienta? ¡Es una verdadera ganga! ¡Sería una pena no aprovechar la ocasión, la misma la he visto en otro sitio mucho más cara! El marido, horrorizado al ver como su mujer estaba esquilmando los exiguos ahorros familiares, exclamaba con voz lastimera: ¿No tienes una blusa igual que esa? La mujer en un acto de reflejos sin precedentes arguyó ¡Hijo, que antiguo eres, esa blusa ya no se lleva! El marido agotado y agobiado por su inmediato horizonte financiero masculló entrecortado ¡Haz lo que quieras y déjame leer el Marca! Una vez pasado el filtro marital la clienta devolvía las prendas restantes y se despedía de Peté con un lacónico “Pepe, ahora tengo mucha prisa, mañana, sin falta, pasará mi marido por aquí”. A los varios meses pasaba la susodicha clienta deudora y planteaba pagar su deuda a plazos y, por supuesto, pidiendo un descuento por pronto pago.

Un buen día de mañana una ciudadana entró al LARVI, eligió varias prendas y seguidamente pasó al probador para comprobar si se ajustaban a su talla. Cuando salió del mismo dijo no estar interesada por ninguna. Sin embargo, observaron que la señora se movía con dificultad, dando saltitos cortos de canguro; de pronto repararon que desde el interior de su falda colgaba una pata de pantalón o pernera que arrastraba por el suelo. Al darse cuenta, Peté, que es ejemplo de discreción y buenos modales, no se atrevió, por pudor, a recriminar a la señora, pero afortunadamente una de sus eficientes empleadas la esperó a que saliera fuera de la tienda y cuando ya estaba en la calle le espetó duramente: “señora, todo lo que le cuelga por debajo de su falda es de mi Jefe, así que, arría el magre o llamo a un guardia”. La señora sin inmutarse replicó “anda, qué despiste, ya notaba algo raro”. La dama en cuestión se había amarrado el pantalón a la cintura por debajo de la falda, con tan mala pata que una pata terminó por descolgarse.

Por LARVI pasaron insignes personajes como Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón, cuando era Príncipe y estudiaba en la Academia General del Aire de Santiago de la Ribera que en varias ocasiones compró gemelos y sujeta corbatas con el escudo del Real Club de Regatas de Cartagena. Los Almirantes de Capitanía General y actores como Lola Herrera y los fallecidos, José Luis López Vázquez y el entrañable director cartagenero Agustín Navarro, quien dirigió películas como “Enseñar a un sinvergüenza” y la “Casa de los Martínez”. Nuestro paisano Agustín Navarro estaba casado con la actriz de cine y teatro la admirable y culta Carmen de la Maza que en la recién serie de televisión “Águila Roja”, hace el papel de Condesa de Osuna.

Y no sería justo hablar de LARVI, sin tener un recuerdo emotivo y entrañable para el que fue un eficiente empleado hasta su muerte allá por los años 80; me estoy refiriendo a Antoñico Mercader, familia de Peté. Antoñico sólo tuvo en esta vida dos grandes amores: el trabajo y la Cofradía California, de la que era su Mayordomo de Iglesia, vamos quien encaramado en lo alto del pulpito de la nave principal de Santa María y micrófono en mano organizaba la salida y entrada de todas las procesiones californias.

LARVI siempre ha sido sinónimo de elegancia, estilo y calidad, hasta el punto que todavía en Cartagena cuando alguien viste de forma extravagante se le dice: “maestro, como entres al LARVI, salta la alarma” y es que LARVI, era la referencia de la distinción y el buen gusto y no es casual que hasta aquí vinieran clientes procedentes de Murcia y Alicante, atraídos por las grandes marcas que LARVI vendía en exclusiva.

El 16 de junio de 1998, el patriarca y cofundador de LARVI, Don Pepe Mulero Vivancos murió a los 89 años de edad. A los pocos días de su fallecimiento, LARVI 1, después de 64 años de continuada actividad comercial, cerró definitivamente sus puertas. Quedaba LARVI 2, que permaneció abierto desde Noviembre de 1977, en la calle del Aire, esquina Medieras, en cuya tienda Peté moró sus últimos 33 años de vida profesional.

Quienes lo conocemos sabemos que Peté siempre ha sido un gran trabajador, disciplinado, metódico y austero que ha dedicado muchas horas a su “oficio” y que supo impulsar y consolidar el negocio que creó su padre, Don Pepe Mulero Vivancos, hace ahora setenta y seis años. Es posible que Peté no sea un triunfador al uso, pero si deja tras de si un importante legado y testimonio profesional y humano.

En estos tiempos de emergencia económica, nadie duda que José Abilio Mulero Mercader, Peté, representa los valores de la pequeña empresa que busca la excelencia, a base de entrega, sacrifico y esfuerzo, por ello, lo consideramos acreedor al “Certificado de Empresario como Dios manda”.

   

La jubilación de 'El Sémola'

Para festejar los setenta cumpleaños y la jubilación del entrañable, Lázaro Sánchez Romera, conocido en diferentes gremios, ambientes y saraos, como “El Sémola”, nos reunimos con él un grupo de amigos liderados por el eminente financiero, Paco Sastre, entre los que se encontraban Ángel Santos y su Mariquita de toda la vida; Enrique Jiménez, su Dolores y su hija Teresa. Entre los sueltos andaba la radiante y lozana, Ana Azofra que acudió al sarao ataviada de fina pedrería y vestida discretamente en un tono pastel, Miguel Ángel Romero, Pedro Jorquera, el maestro barbero de la calle San Francisco, Miguel Ángel, mi Félix Vivancos, que es como el perejil que en todas las salsas se encuentra, Carlos Gómez de Salazar, el inefable Víctor Manuel “El Balibrea”, Paco Inglés, antiguo dueño del Bar Sol y un servidor de ustedes que da fe pública del evento.

Justificó su ausencia, entre otras muchas celebridades, la Baronesa Von Bismarck, quien envió un fax muy cariñoso al homenajeado, y le recordó su último encuentro en Cartagena, curiosamente, en la Cuesta de la Baronesa.

En fin, después de barajar diferentes restaurantes de prestigio, como el “Bulli” de Ferrán Adrián, “Zalacaín” o “Jockey”, consideramos que el escenario adecuado era el Bar Sol de la Plaza San Ginés, en donde “El Sémola” ha consumido, acodado en su esmerada barra, toda su dilatada vida laboral. Eso si, el recuelo lo dedicó desinteresadamente a su segunda ocupación como Jefe de Relaciones Exteriores en la Botica de Gerardo Santos, a cuyo trabajo acudía embutido en una bata blanca guateada, que pese a ser diseño exclusivo de Ágata Ruiz de la Prada, la sisa siempre le constriñó ferozmente el alerón por la parte de la bocamanga y también por el canesú produciéndole un sospechoso pinzamiento en el escote. Sus pobladas cejas y esbelta figura la remataba una larga y mimada cabellera tipo “Llongueras”, que nos recordaba al inefable Profesor Franz de Copenhagen.

El ágil y hábil Carmelo, actual director gerente-financiero del Bar Sol, nos sorprendió con sus innovaciones culinarias, a base de unos jugosos calamares laminados a la romana rehogados con zumo de limón; textura de magra de cerdo murciano, al baño de jugo de tomate y perejil asilvestrado; crema de ensaladilla rusa con carpaccio de atún y nutrientes vegetales, en fin, todo un festín culinario que, como dice el sabio, “el rico come y el pobre se alimenta”

Nuestro agasajado, con más hambre que los leones del desaparecido Ángel Cristo, se comió él solito un plato de “sardinas de bota” maceradas al perfume de las finas hierbas, cuya rápida ingesta le produjo una salvaje y prolongada tronada en todo su paquete intestinal y parte del esófago medio.

Durante el acto le fueron entregados a nuestro “Sémola”, unos finos y delicados regalos, como un kilo de sémola envasada al vacío, traída expresamente para él desde los Santos Lugares. Pero lo que más le emocionó fue una placa de alpaca recordando tan emotivo acto y un cuadro de plata meneses con un retrato de nuestra Patrona la Virgen de la Caridad. Henchido e hinchado de tanto jalar “El “sémola”, arrancó, inesperadamente, a lloriquear y con voz entre quebrada nos confesó que él hubiera preferido algo más sustancioso y con más trazas, como un viaje de ida y vuelta, un suponer, al Cancún ese.

A veces el calificativo de buena persona se utiliza para enmascarar la falta de otras cualidades en un individuo. No es este el caso de Lázaro, que es una persona cariñosa, honesta, amable y extraordinariamente servicial y generosa.

Y es que Lázaro Sánchez Romera es una de esas personas a las que todo el mundo quiere y aprecia, un grande entre los grandes. Socarrón por naturaleza, pero no hiriente; persona popular, pero no populachera; divertido, pero responsable y consecuente; vulnerable, pero de profundas y arraigadas convicciones; ponderado y sacrificado ante las dificultades que tuvo que afrontar por la muerte de su primera esposa. Creo, honradamente, que Lázaro ha sabido gestionar su vida con suma inteligencia y como prueba evidente de ello ahí está su biografía vivida.

¡Lázaro, somos muchedumbre los que te apreciamos y queremos! Suerte y larga y próspera vida para ti y todos los tuyos. ¡Bienaventurados los que se ríen de si mismo, porque nunca se les acabará el humor!

   

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