Miércoles, Noviembre 21, 2018
   
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Las Procesiones

Estamos en los años 50; la gente aguarda estoicamente en la calle a que pase la procesión. Los pudientes sentados cómodamente en sillas, los menos permanecen de pie detrás de ellas.

Los carros atiborrados de golosinas circulan lentamente abriéndose paso entre la gente y con voz cansina los vendedores repiten una y otra vez:

-¡A la rica piruleta! ¡A quince céntimos los cartuchos de chufas!

-¡De La Habana el coco, al rico coco de La Habana!

-¡Hay caramelos, de fresa, limón y menta, a quince la cuarta!

Niño: ¡Amaica, cómprame cararamelos!

Madre: ¡Te voy a comprar, una con perdón mierda! A ver si te crees que tu padre es el Rothschild ese. ¡Oye, culico veo, culico me da deseo! Es menester que te dejes de tanto golisme.

Padre: ¡El dios que te menea! Anda nene tate quietecico de una puñetera vez y deja la sillica quieta ¿No ves que estás molestando a esta señora? ¡Ya te diré yo unas cuantas cosas en cuanto lleguemos a la casa!

Señora: No se preocupe…. son zagales y están en la edad. En comparación y sin atrasar a nadie, tengo yo a mi Ginés que también está encerrizao.

Padre: Este zagal parece que tiene azogue, míralo está hecho un lambrijo. Lo mismo tiene lombrices de tanto mierderio que come. ¡Qué gana tengo que pase la procesión! Me duele la nucla de tanto ruido de hace el personal. El año que viene no bajo y me quedo en la casa oyendo el “parte” ¡Qué necesidad tengo yo!

Madre: ¡Qué poca paciencia tienes, Manolo! A ti te daba yo las veinticuatro horas que una servidora se pasa encerraica con ellos.

Padre: ¡Qué guagona eres! Menudos pelechones que me doy en la Bazán con las veladas.

Señora: Este año parece que hay menos gentío que otros años.

Padre: No se crea, me ha dicho mi cuñao que la calle mayor y las Puertas de Murcia están a reventar y no cabe un alfiler. El tiempo acompaña porque aunque el cielo esté nulo no parece que vaya a llover, si acaso hace un poco de helor porque sopla maestral.

Señora: Seguro que el Viernes Santo, con esto del cambio de la luna, cae una rugía. Los marrajos en esto se llevan la palma.

Madre: El año pasado no baje a ver las procesiones y me quedé con una pesaombre que me dije este año, falte para lo que falte, una servidora no se la pierde.

Madre: ¡Callad, un momento! ¿Parece que ya se oyen tambores?

Padre: ¡No puede ser; si acabo oír otro cohete!

Señora: Es que esta procesión es muy larga y la cabeza se junta con la cola.

Padre: Mirad, ya vienen por ahí los guardias.

Madre: Si, si; eso que reluce a lo lejos es el carro bocina…….. ¡Aquí está ya la procesión!

Niño: Amaica, ráscame suavico que estoy cansado.

Madre: ¡Anda, calla y mira, haber si nos dan estampas y caramelos!

 

 

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