Miércoles, Agosto 21, 2019
   
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Entre el deseo y la felanía

Las 'españass, sólo dos, pero en extremo latigueras, probablemente en las páginas históricas que más se refleja toda la bajeza de su inconsecuencia sea en el periodo en el que el monarca del momento, Fernando VII, para unos fuera (alto clero y alta sociedad de baboseo y cama) el rey deseado, y, para el pueblo, no alto, pero sí en alto, el rey felón.

Las dos España, en el capítulo que siempre han estado y están emparejadas, es en la incultura galopante de no saber estar, ni los unos en la altura social, de respeto, de lo que ellos llaman nobleza, que creen estar, y, los otros, los nosotros mismos, en la honestidad de ser un pueblo responsable y consecuente con nuestros actos; ya que no es necesario escribir ni leer ni saber las “cuatro reglas” para que te percates que te están jodiendo. Y todo aquel que ponga en duda semejante principio básico de estupidez, no tiene nada más que acogerse a la realidad vigente, sin moscas ni mosquitos volando.

Pero antes, cuando lo del rey felón o deseado; cuando las dos Españas, ambas supervivientes de hacerle el agosto a los demás europeos de su entorno entre viacrucis y largos discursos senatoriales de casino en los que  desfallecían hasta los engomados de los bigotes, en aquel dicho antes, apenas se sabía leer en cualquiera de las dos  Españas. Y tal asunto le vino a bien, de plena cuesta abajo, para que el viejo imperio español sin publicidad ni lectores purgara por muchos y largos años un intento liberal popular de meter al clero en sus misas, y dejar el cortijo para el cortijero y la cortijera.

Cartagena, por no tener en ese periodo histórico menos mala follá que en otros posteriores, en cuantico hizo un amago de modernidad, de ponerse las pilas, sin necesidad de tener el tremendo acierto habitual de los grandes políticos que la han amado a rabiar, sin necesidad de Pilares Barreiros algunas, le quitaron la Provincia; vamos, la pusieron “mirando pa Lorca” bajo lo que más desea un cartagenero: que le gobierne un murciano. Y, la cosa, olvidando cotas de maya y pechos de lata anteriores, ya lleva desde el año 1.833, y muy prontico muchos celebrarán sus dos siglos de mucho llanto y poco hacer; O, mejor, nada hacer en la línea corta y decidida que una gente que quiere una cosa, salvo que sea masoquista, lo consiga.

Se da la paradoja de que, como nada dice al respecto la wikipedia del asunto de la provincia de Cartagena, aún en los tiempos que estamos, si uno saliese a la calle y le preguntase a nuestras informatizadas gentes y las que no lo están por el hecho de que Cartagena en su día tuvo un obispo viviendo y comiendo gambas y mújol de la “encañizá”, con seguridad que el porcentaje de gente sería grande los que nos señalarían la cuestión de la ausencia o de la huida del obispo y los silos de cereales hacia Murcia; pero si le preguntamos por los años o por el tiempo en el cual Cartagena fue provincia, naonata con Alicante y algunas más, seguramente nos respondería el cartagenero o la cartagenera preguntado, con otras pregunta que, probablemente sería ¿'Acualo'?.

 

Y eso es fruto, a nuestro listico entender, de una sola cosa; Y esa cosa es que no hemos tenido nunca los compañones cartageneros bien puestos. Porque casi doscientos años llorando, ya son años.

 

 

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