Miércoles, Noviembre 13, 2019
   
Texto


Bravura y gallardía

La palabra gallardía tiene en el diccionario varias acepciones, la principal de ellas se manifiesta como objeto de este pequeño tributo, tributo a todos aquellos que dan su vida por su Nación, dentro y fuera de la misma, tributo a todos los que sin llegar a darla se exponen a peligros insospechados, la acepción la materializa el diccionario como; “la cualidad que ostenta el ser que es valiente y noble en su actuación”, creo que es la identificación más acertada para definir a nuestros compatriotas, personas que lejos de cualquier postura política han decidido entregar su esfuerzo y como tristemente comprobamos hasta su vida en pro del servicio solidario a los ajenos, ya sea dentro o fuera del propio territorio del que es  oriundo, ya sea con un fusil, con un fonendoscopio o con un rosco salvavidas.

No podemos negar la evidencia ni ser necios tratando de eludir lo ineludible, la situación general internacional ha girado sobre sí misma. En países como el nuestro hemos conseguido alcanzar un estado de conveniencia lógica donde no entran disputas guerreras, donde éstas, civilizada y socialmente y, además con un alto sentido del respeto, se dilapidan en las urnas y en las salas de justicia, solo el mazazo de los intolerantes nos hacen reventar ese sentido de paz institucional en el que nos hemos, a Dios gracias sumergido gracias a nuestra consensuada Carta Magna a pesar del mezquino intento de vararla políticamente por los mediocres y escasos de alma, que los hay, por no decir tontos de guardia.

Pero todo ello es gracias a la tranquilidad de sabernos protegidos, a la tranquilidad de saber que hay más de 120.000 profesionales de las Fuerzas Armadas que en silencio, con una profesionalidad inalcanzable por cualquier ciudadano, con una  formación que para si quiera el más despejado de los eruditos, y sobre todo, con un permanente desarrollo de los valores más humanos y decentes, los mismos que se pierden entre bambalinas en los mediocres espacios políticos, universitarios y laborales, pero que en el estamento castrense se cultivan derivando en respeto mutuo  basado en obediencia y disciplina, resultado del orgullo del beber cumplido, pocas veces reconocido, únicos valores que hacen de cualquier profesional de las FAS un ser humano por encima del resto, sacrifico, humildad y silencio.

Este es el marco, el teatro de operaciones en el que se mueve el mundo, la falta de estabilidad emocional, los fanatismos irracionales, el subdesarrollo que hemos abandonado hace décadas, y como vemos los desgraciados y descomunales desastres naturales que desmantelan cualquier previsión lógica. Este es hoy el argumento de una película ficticia en la cruda realidad del siglo XXI, son innumerables las situaciones de incontinencia racional que deambulan en este planeta, y si fuera poco se suman las iracundas fuerzas de la naturaleza. La solidaridad nos implica a todos, aquí intervienen con gallardía nuestras Fuerzas Armadas, hoy, nuestros profesionales de la desgracia, personas con vida propia, con familia, que han decidido en una etapa de su vida dedicarse a cubrir con orgullo una necesidad indivisible de nuestro sentimiento humano y patrio, dentro y fuera, hoy no son batallas interiores, es la bandera blanca de la solidaridad la que cubre nuestras divisas, divisa que con orgullo e historia defienden nuestros compatriotas, es la misión más humana y decorosa con la que se puede encontrar cualquier profesional de las FAS; salvaguardar la vida humana, en todas sus vertientes; la construcción de hospitales, el velar por la seguridad ciudadana, la educación en tierra de nadie, son muchas penurias que solo encuentran justificación lógica en la grandeza del corazón humano al término de cada lamentable y penosa jornada. Es una labor sin precio. No cabe la menor duda que la integridad y la solidaridad de estas personas son su bandera, el talante humano son los que los llevan a emprender estas tareas sin ningún tipo de titubeo. Solamente el fanatismo exacerbado es capaz de acabar con tales valores emocionales pero, bajo ningún concepto podemos banalizar estas nobles acciones, acciones que se verán recompensadas únicamente con el respeto, el agradecimiento y el cariño que se han ganado nuestros efectivos de las FAS.

Quisiera en estas pequeñas palabras rendirles un honesto y sin duda merecido homenaje escrito en el día de las Fuerzas Armadas, expresando mi más sincero reconocimiento a todos aquellos que día tras día, callada y anónimamente hacen que España sea un poco más grande y que todos nosotros seamos cada día un poco más grandes gracias a ellos. Estoy seguro que, en un despacho, en un supermercado, en la vida cotidiana… no se dan, y precisamente para poder asegurar esa vida cotidiana, que no se nos olvide, arriesgan su vida, dentro y fuera del territorio nacional, valientes y orgullosos compatriotas, y a veces desde el cielo merecidamente ganado por el deber cumplido. Hacéis que cada día, mi gallardía española se siga coronando de sonrisas. Bravo Zulu.

 

 

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