Miércoles, Septiembre 18, 2019
   
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Los otros

Es el año 2015 y sin finalizar una crisis de identidad, de moral y económica que asume a este, nuestro sin par País, que ya ni es grande, ni es uno, son diecisiete mini países con mini gobiernos y ministrillos y ministrillas, mini presidentes, aquí muy mini…, mini en todos los sentidos y mucho menos libre, somos esclavos de nuestra propia mediocridad y de la decepción  a  la que hemos sido sometidos en las urnas, con mentiras y falsedades y una crisis, donde los menos despejados se han hecho con el mando institucional, además gracias a nosotros, el pueblo. Un país donde los más listos y preparados se separan de una red de corrupción política que embauca a todo, y esto es un hecho.  Un país donde los políticos están en el punto de mira, ganado a pulso y ha dado carnaza a que otros listos de guardia, profesores de la horda “proge” universitaria, con un  discurso demagogo y bananero al estilo de repúblicas suramericanas se alcen con querencias de poder.

Aquí, “Soy la Pili”,  entre otros y otras nominados por ellos mismos a alcanzar la gloria electoral, espera el regreso de su juventud, de su madurez política, tras veinte años comandando los sinsabores cartageneros a su imagen y semejanza, como las diosas…, que la ha envejecido, nobleza obliga, o quizás a lo Dorian Gray (no Grey)  envejece el cuadro y no ella, vista la publicidad…, o como Mana, que canta lo mismo ahora que hace 25 años, decía que, una ciudad, que como en la sombría película, se combate en la guerra cotidiana y mediocre por salir adelante, “ Soy Pilar”, al igual que Grace, - pero no es Nicole Kidman- es una mujer de fuertes creencias religiosas…, que vive en un apartado caserón, bueno…, a caballo entre Madrid y Cartagena, con su descendencia política, quienes sufren una extraña enfermedad que les impide mantener contacto con la luz, metáfora de la realidad.

Un día llegan nuevos sirvientes políticos de fuerzas contrarias y por supuesto de alcurnia limitada al consistorio, sobre todo “el amo de llaves” o como Juan Valdés, don José para mí, por supuesto.  Además, otros señores de tostada estirpe que les acompaña pero desde lejos, esperando hacerse con algún tarugo del pan electoral, Manolo el del Bombo  y nacido antes, mucho antes del 78, pero para suerte de los cartageneros no tiene nada que ver con su homólogo de Ciudad Real, ¡¡esperemos!!,  y otros y otras de los que ni en su casa conocen, junto a una joven ¡casi muda! Anna bell, como las campanas pero sin badajo, que se dedica a hacerse un “book” a costa de la prensa local o aparato de propaganda del partido en el poder, un circo electoral y todos prometiendo el “oro y el moro”, aunque sean tonterías, tomando por tontos a les electores.

Puesto que, los sirvientes ya conocían la casa, de visita y ante la necesidad de alguien que se ocupara de los quehaceres diarios, nuestra protagonista  accede  a contratarlos, por imperativo electoral, no por su gusto, ya que tuvo que deshacerse de los viejos que ya era una carga para ella.

Mientras, va enseñando a los nuevos huéspedes la mansión, nuestra Grace de turno advierte de las estrictas normas que han de seguir, especialmente de una: todas las habitaciones deben permanecer en penumbra,  con las alfombras bien estiradas, por eso no deben abrir una puerta sin haber cerrado la anterior. Otra de las normas que han de seguir rigurosamente es la de cerrar las cortinas de las habitaciones, de tal manera que no entre ni un haz de luz, podría ser vergonzosamente mortal. Aunque otros antiguos y actuales moradores abran alguna cortina para encogimiento personal, y que ¡¡¡abatimiento!!!

El día a día en la casa transcurre tranquilamente entre las tareas del hogar y el jardín, y los ¿estudios? Severamente… religiosos que imparte a sus acólitos, el que se mueva se cae de la foto. Entre tanto murmullo, la reina de la mansión se siente temerosa de que cualquier sobresalto pueda afectar a sus descendientes políticos; los cuales, advierten a la madre de que allí viven fantasmas... Sería entonces, y tras percibir extraños ruidos de sables, cuando la protagonista intente averiguar lo que ocurre en la misteriosa mansión, para su sorpresa, la propia casa está llena de fantasmas y en breve, como queremos los que “no somos Pili, ni Grace”, y vivimos en el páramo,  que se abran las ventanas, que se corran las cortinas y que entre la luz en Cartagena, que corra el aire y que la bruma política se aclare, ya que empieza a oler electoralmente a muerto. “Soy Andrés y no soy Pilar y no es mi alcaldesa”, como en la radio.

 

 

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