Domingo, Febrero 17, 2019
   
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El libro gordo de PEPE-TE

La venda que oculta la realidad de esta región no se cae, menos tras la borrachera de prepotencia y el baño de masas de la última representación teatral con un coro de palmeros al son de ¡Presidente!, ¡Presidente!, a codazos en busca de  la renta fácil y amigable de un puesto político, más de lo mismo. Claro que si se cae y aparecen los de la rosa colora y demás juglares de lo absurdo, mejor mantenerla. En síntesis, otra muestra más de mediocridad bananera en un país de pandereta y una región de “alcasiles”, y eso se pagará en las urnas, o no, porque los dos años venideros, visto lo visto con los canticos al viento “pepero” y los disparates “sociatas” será otra tragicomedia, orasí, aderezado con antífonas catalanas de acompañamiento que enmascaran la realidad de una región trivial en un país desacelerado.

Entrando en materia y desautorizando al presidente en detrimento de aquella hermosa Carolina que nos acompañó de la mano de Pedro Ruiz en sus sainetes televisivos, volvemos a encontrarnos con un ejemplar de la ejemplarizante tarea política murciana gestionado por  los mosqueteros de la salvación de la región, región que se pueden guardar en las entretelas, y así, borrachos de soberbia remarcan su altanería presentando las memorias dieciochescas de su gestión, quince capítulos de trasnochada literatura que a nadie engaña, excepto para culminar el clímax en un congreso de plastilina, moldeado hasta en los medios de comunicación a imagen y semejanza del Virrey y el presidenciable.

Dicen los pregoneros del momento que el señor feudal ha realizado grandes hazañas, casi cruzadas místicas contra la infiel oposición, y justifican con trinos de fondo y algún arpa, las incompetencias demostradas al asumir las competencias de Educación y Sanidad, menos mal que las de Justicia no han llegado. En ambas, a la cola de las 17 taifas españolas, el informe PISA puede maquillarse o pintarse de colores azules pero es la más profunda realidad, y lo de Sanidad para “Cum Lauden” a la desacreditación en la gestión impuesta desde la capital.

Otra vez aparece el centralismo pimentonero que subyace desde hace siglos en esta región, desde que el Obispo huyera hacia tierras lejanas de la costa, florece como exabrupto de esta borrachera de vanidad, y si alguien tiene dudas, la voz de oro de la representación política murciana del PP, el Sr. Martínez Pujalte se encarga de airearlo, de sentenciar que Murcia es mejor que Cartagena, ya lo sabemos en la costa, y desde hace ya muchas décadas estamos más sometidos todavía, primero con la vergonzante gestión socialista y ahora con la sumisa inacción pepera. Y seguimos con el libro gordo de Pepete, en Educación y en Sanidad los exponentes regionales ya han hecho su trivial labor, y los/las locales, sin duda “Necesitan Mejorar” o por lo menos acabar la ESO…, política, el que la empezara.

Es obvio que en dos décadas la ciudad y la región ha tenido que mejorar, ¡solo faltaría!, pero, ¿ha progresado adecuadamente?

Socialmente, esta Región y esta ciudad vuelven a estar a la cola de los reinos de taifas, y eso no lo digo yo, lo dicen los datos oficiales, con un 30% de murcianos en el umbral de la pobreza nos permitimos jaranas políticas y teatros mezquinos. Además aireamos al viento los logros conseguidos, por respeto a los ciudadanos se hubiera agradecido más austeridad en las declaraciones.

En infraestructuras y transporte… ¿cuándo llegará el AVE a Murcia?, ¿y a Cartagena?, hagan sus apuestas, a Murcia sobre el 2020 y a Cartagena…

El cercenar un segundo hospital, necesario en la ciudad y la comarca o argumentar, con la pseudo privatización de la Mancomunidad con las desoladoras, no es una ironía, igual que el incremento del paro en la comarca, a pesar de colorear los datos a conveniencia política.

En lugar de las bambalinas en las que se menearon los “presidenciables” en el sarao, los murcianos necesitan menos gasto corriente, menos excelsa administración –por la cantidad desmesurada de funcionarios y cargos políticos con puesto de funcionarios-. Necesita menos cargos  de confianza, menos diputados, menos derroche y menos teatros de guiñol, por el contario, sí más trabajo y más atención, más compromiso sanitario y más calidad educativa y para eso hay que saber gestionar, y gestionar no es ahogar económicamente al ciudadano, por supuesto más igualdad entre los ciudadanos de la región, que hoy por hoy no la hay.

Además, los cartageneros necesitamos menos centralismo, menos humillación por parte de la metrópoli, menos consentimiento de nuestro gobierno municipal hacia el regional. Necesitamos menos cargos de confianza en el gobierno municipal, necesitamos menos concejales y concejalas de uno y otro color, ediles sin pasado que diría Machado, y sin currículo para gestionar, lo dice la página web del Ayuntamiento, porque algunos y algunas le echan un par…, y proceder de Nuevas Generaciones no es sentencia de confianza, más bien al contrario, verdaderamente peregrino, pero así…, adornan y rellenan, y visto lo visto con las gestiones realizadas equivocadas, como reconoce la Regidora, que sean más competentes, que ya huele y duele tanto escarceo.

Necesitamos menos acoso impositivo económico, menos impuestos y menos persecución con las multas para cumplir un programa económico, Cartagena necesita más empleo y menos parados y por supuesto menos propaganda ilusoria, vamos a doblar la caída laboral en la región, la nacional ya de Guinness. no más milongas, ¿“indicios de mejora”…?, sin cifras de calendario y sobre todo seriedad, sensatez para recobrar la confianza perdida, porque podrán ganar las elecciones de nuevo pero la confianza no la tienen, ni unos ni otros.

Cartagena necesita que las obras faraónicas no se incrementen un 300%, una buena gestión hubiera permitido terminar el aciago palacete de los deportes y hubiera sobrado dinero. Cartagena necesita a su consistorio luchando por la biprovincilidad  -recordar que la alcaldesa y el PP se sumaron en la primera legislatura, pero fue humo- y evitar la fuga de juzgados a la capital, además de evitar el cierre de hospitales, también promocionar debidamente el turismo de sol, campo y playa muy deteriorado, máxime con el privilegio de tener en nuestro territorio el malogrado Mar Menor. Cartagena necesita que su Regidora no permita descalificaciones entre Cartagena y cualquier otra ciudad y encima de su colega de congreso, como las vagas comparaciones de Murcia en detrimento de la Trimilenaria.

En este país, en esta región y en esta ciudad los ciudadanos nos hemos convertido en potenciales delincuentes, estamos vigilados y asediados, mientras los únicos libres de  pecado son, curiosamente, la principal preocupación de los ciudadanos españoles después del paro, que no es otra que la corrupción y el manoseo político y esto lo dicen las encuestas estatales y dan fe las televisiones, ¿o no?

Cartagena, el PP y la sociedad política local necesitan un regio refresco en sus instituciones. Pero lo curioso, a pesar de parecer imposible es que es fácil de conseguir y es lo que los cartageneros esperamos de nuestros regidores. Decían que el camino se demuestra andando, aunque utópico. Deshacerse de los cargos de confianza y poner a todos los concejales sin dedicación exclusiva y con sueldos de la media a trabajar y a gestionar, a pensar…, sería un buen comienzo.

 

El libro gordo te enseña, este libro gordo aburre, tanto disparate ya no entretiene y os digo decepcionado, hasta el año que viene. Feliz Navidad

 

 

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