Jueves, Noviembre 23, 2017
   
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Viaje a lo desconocido: San Ginés de la Jara (I)

En palabras del célebre arqueólogo García Bellido, al Sureste español tan solo le falta el techo para convertirse en un gran museo, y es en la esquina sureste de este sureste ibérico, en mitad de la sierra antiguamente llamada de San Ginés, a medio camino entre Cartagena y Cabo de Palos, donde encontramos abandonada, destrozada y olvidada esta espectacular “máquina del tiempo” que la humanidad construyó a lo largo de los siglos en el conjunto monacal de San Ginés de la Jara.

Delimitado por la declaración de Bien de Interés Cultural que la Asamblea Regional de Murcia dictó en 1992, dentro de sus límites alberga la historia de la humanidad desde la noche de los tiempos, por ello, desde DAPHNE nos gustaría invitar a un paseo por el conjunto monacal de San Ginés de la Jara y Monte Miral.

Unas 100 hectáreas que encontraremos acotadas en el mapa siguiendo las instrucciones que nos da la propia declaración de BIC:
“La zona afectada por la declaración se encuentra acotada del siguiente modo: (Invito a coger un mapa o el Google maps y seguir las instrucciones que nos da este decreto)

Se define en términos generales como la ladera Norte y Este del Monte Miral. Más concretamente, se establece una línea envolvente que parte, en sentido de las agujas del reloj, del puente sobre la Rambla del Beal y la carretera MU-312, de El Algar a Cabo de Palos, discurriendo por la misma 150 metros, de donde parte un camino de tierra, a la izquierda, por el que recorremos 1 kilómetro en dirección NEE hasta un nuevo cruce que, a la derecha y en un ángulo de 902 transcurre otro kilómetro. Desde este último cruce se traza una visual hasta la Rambla de la Victoria. Desde este punto continuamos Rambla arriba hasta el puente de la citada rambla con la carretera de La Unión-El Sabinar. Desde aquí en una línea sinuosa que coincide con el vértice de vertientes del Monte Miral hasta la confluencia con la Rambla del Beal, por la que transcurre aguas abajo, hasta el punto de partida.”

Sin salirnos del perímetro de la zona que las autoridades declararon como Bien de Interés Cultural con máxima protección iniciaremos nuestro viaje en el tiempo en el extremo este del recinto, a los pies del Monte Miral, nos adentraremos en las entrañas de la tierra por la boca de la Cueva Victoria, una vieja explotación minera abandonada que atravesó una antigua sima donde las excavaciones del profesor Gibert sacaron a la luz restos de posiblemente Homo Habilis datados de hace más de un millón de años.

Volviendo a superficie y a pocos metros en dirección al monasterio de San Ginés nos encontramos con las excavaciones de un poblamiento del paleolítico de una antigüedad estimada en 80.000 años.

Seguimos caminando al pie del Miral y muy cerca, al Norte, nos encontramos con el monasterio de San Ginés de Jara. De tiempo inmemorial este paraje estaba bañado por tres fuentes de agua, una de ellas termal, que alimentaban unos baños que habían en el monasterio. La presencia de estas fuentes unido a la cercanía de poblados ibéricos, como el de cercano monte Mingote, habitado entre los siglos V al II a.C, hacen pensar que el origen de este lugar de culto, bien se pudiese remontar a un posible santuario de esta época.

Sin embargo hasta el siglo XIII, fecha de la construcción de la torre fuerte, que aunque desmochada en su última planta, aún se mantiene en pie y que es el germen del actual edificio, todo son hipótesis con alguna que otra pista arqueológica, hagiografía o literaria que nos remiten a la legendaria vida del santo que habitó este paraje.

Se sabe que el patricio romano Cayo Numisius construyo una villa en el siglo II aC hasta hace poco tiempo una lápida romana adornaba uno de los muros del monasterio, hasta que fue saqueada.

Además de esta villa de Numisius, en las cercanías existen factorías de pescado, explotaciones mineras, otras villas y calzadas de la época.

En el Codice Calixtino, libro V, capitulo VIII, “De los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por los peregrinos” nos dice, tras referirse a la iglesia de San Honorato, en Arlés, donde descansa el cuerpo San Ginés y al martirio que sufrió en el año 310.

“El mismo santo apenas hubo sido degollado cogió su cabeza con sus propias manos y la arrojó al Ródano, y llevó su cuerpo por medio del río hasta la iglesia de San Honorato, en donde honrosamente yace. Su cabeza, en cambio, corriendo por el Ródano y por el mar llegó, guiada por los ángeles, hasta la ciudad española de Cartagena, en donde ahora descansa espléndidamente y obra muchos milagros. Su festividad se celebra el 25 de agosto.”

Con respecto a este ‘primer’ San Ginés, leemos en ‘Las actas de los mártires’ atribuidas a San Paulino de Nola:
"Ginés, nativo de Arlés, fue un soldado que llegó a ser conocido por su maestría en la escritura, por lo que fue nombrado secretario del magistrado romano de Arlés. En el desarrollo de las funciones de su oficio, le fue dictado para ser copiado el decreto de persecución de los cristianos. Indignado en su ideal de justicia, el joven catecúmeno lanzó las tablillas de cera donde tomaba sus notas a los pies del magistrado y huyó. Fue capturado y ejecutado y recibió el bautismo en su propia sangre".

Volviendo al monasterio, existe la posibilidad, aunque remota, ya que se basa en leyendas, de que Paulo Orosio, discípulo de San Agustín, fundara un primer monasterio, en el que hipotéticamente podría haber escrito su gran obra  “Historiae  Adversus Paganos” antes de su muerte en el año 417, Orosio regresaba a la península portando las reliquias de San Esteban para llevarlas a la catedral de Braga cuando hizo escala en Menorca, se sabe que de allí partió con rumbo desconocido, unos dicen que a Hipona y otros como Jaime Jordán a la costa de Cartagena, donde “… a tres leguas de la ciudad y en unos montes de gran amenidad funda un convento agustino”  Lo cierto es que ni las reliquias de San Esteban ni Paulo Orosio llegaron nunca a Braga. ¿Estarán los restos de San Esteban y de Paulo Orosio en San Ginés?

 

 

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