Jueves, Marzo 30, 2017
   
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¿Quién fue San Ginés de la Jara?

Con la reconquista cristiana en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio supuestamente levanta una gran torre defensiva sobre los restos musulmanes del antiguo morabito, o posiblemente esta torre ya existía e incluso pudiera estar morada por agustinos. Torre que será durante siglos junto a una pequeña ermita adosada, el primer resto visible hoy en día, del pasado de este coloso del tiempo.

Tenemos noticias, además del San Ginés, el de Arles, de un “segundo San Ginés” a través de un manuscrito anónimo del siglo XV “La Vida e estoria del bienaventurado San  Gines de la Xara del Campo de Cartagena” en el que nos da dos fechas para la existencia de este personaje, de un lado lo sitúa en el Miral  en el “anno de los moros en dozientos annos” es decir en el 815, aunque más adelante lo data en el año de la “era del César de mili e ochenta annos” que correspondería al año 1048.

En 1607 fray Melchor de Huélamo publica su “Libro primero de la vida y milagros, del glorioso confessor Sant Gines de la Xara. Y de algunas cosas notables que ay en el Monasterio, consagrado y dedicado a su santo nombre” el primero de una trilogía y el único del que se tiene noticia, inspirado en el trabajo del Licenciado Camarin y posiblemente el anterior manuscrito anónimo del siglo XV, aunque tal vez hubiera más libros sobre el Santo en el monasterio, tal y como nos sugiere Ginés Campillo Bayle a finales del siglo XVII, hablándoos del archivo del Monasterio “He leído también la vida del Santo en un libro en cuarto, de letra muy antigua. Tiene este libro un gran sumario de milagros que obra el Santo y se van continuando, como van sucediendo y el prelado firma en cada uno de ellos” libro este hoy desconocido o desaparecido.

En estas obras mencionadas nos hablan de Ginés, hijo único de Roldán y Oliva y sobrino de Carlomagno, que en su juventud marcha de su país en peregrinación por mar a visitar el sepulcro del apóstol Santiago. A la altura del Cabo de Palos el temporal que sufren los marinos arrecia, por lo que los marineros deciden tirar por la borda a uno de ellos para aplacar la cólera divina, pero Ginés, de carácter callado y reservado se pone en pié en cubierta y tirando su túnica  sobre las aguas, abandona la nave y embarca en su manto, llegando sano y salvo a las playas de la costa, caminado hacia el interior llega al monasterio de San Laures, en donde pidió permiso para morar en el monte vecino al monasterio, y así lo hizo durante 25 años hasta el día de su muerte.

Tras la partida de Ginés, sus padres tuvieron otros dos hijos, Roldán y Oliveros, quienes llegado el momento, para cumplir los deseos de su anciano padre moribundo, emprendieron la búsqueda de su hermano, llegando a nuestras costas, pero pasando de largo, por lo que tras desembarcar y subir a un monte alto, Roldan hizo uso tres veces de su mítico Olifante en este monte al oeste de Cartagena ¿El Roldán?, al sonido del olifante, nuestro santo respondió con una columna de humo mucho más a Levante, en el Monte Miral.

Reunidos los hermanos, intentan convencer a Ginés para volver Yfranci como Rey, pero este le dice que su reino ya lo ha encontrado y que es en el Miral donde quiere vivir y morir, antes de partir los franceses verán el primer milagro de Ginés, mientras su galera esperaba en la costa, fue asaltada y su tripulación muerta, posteriormente sería resucitada por el ermitaño.

No aceptó el padre las explicaciones de Roldán, y lo mandó nuevamente en busca de su primogénito, pero esta vez al llegar una epidemia había acabado con los monjes, tan solo Ginés, sabedor por los ángeles de la llegada de sus hermanos, había resistido aguantando un último aliento de vida. Tras el óbito, unos ángeles impidieron a los francos llevarse el cuerpo que enterraron debajo de un pino, a las puertas de la ermita que le ayudaran a hacer los ángeles.

Dos veces visitó la tumba de su tío el joven Ginés, con la intención de llevarse el cuerpo a su suelo patrio. En la primera, el mismo santo le habló a su sobrino, sin embargo en la segunda el joven desoyó las órdenes del finado y embarcó el cuerpo que nunca llegó a las costas galas, sino que regresó a las aguas del Mar Menor donde los monjes escondieron su cuerpo para que nadie más pudiera intentar llevárselo.

Tenemos un “tercer San Ginés”, este si fue una persona real, aunque con grandes similitudes con el anterior. Adelardo Genesio se crió en la corte francesa, sobrino de Carlomagno entro muy joven como novicio en Corbeya donde recibía constantes visitas de caballeros de la Corte. Del monasterio de Corbeya viajó al de Montecassino que tuvo que abandonar por los ruegos de Carlomagno quien debía abandonar una temporada Francia y había pensado en Adelardo para regentar el Reino, y así lo hizo nuestro monje, tras esta misión que le granjeó bastantes enemistades entre los caballeros por su defensa de los derechos de los pobres, viajó a Tierra Santa y de ahí a Roma, de donde partió a España a la corte de Alfonso el Casto para pedirle el cuerpo de Santa Leocadia mártir.

Mientras “Señores y cavalleros a quienes por sus delitos y vicios en el tiempo de su gobierno había perseguido y fustigado, procuraron con el príncipe ponerle mal y no pararon hasta persuadir a Ludovico que lo desterrase de Francia” Y así lo hizo Ludovico confinándolo por siete años en una isla de Aquitania. Acabado su exilio emprende viaje por mar a la tumba del Apóstol Santiago, pero naufraga en la costa de Cabo de Palos, llegando a pié hasta el Miral donde se establece y se encuentra con Dios.

Ludovico, arrepentido manda buscarlo y los emisarios insisten ante Adelardo en el “ánimo y voluntad que de verle ante sus ojos y gozarle” tiene el príncipe. Este ‘San Ginés’ regresará a Francia donde morirá en el año 836.

Aún hay más leyendas e historias sobre este personaje y los milagros que tanto él mismo, como la tierra que rodeaba su sepulcro, un pañuelo que guardaba en su sepultura o la simple visita a su casa protagonizaron, desde salvamento de náufragos, extinción de fuegos, curaciones y en especial resurrecciones, pero ninguna aporta más luz de la poca que tenemos sobre quien fue San Ginés de la Jara, si es que realmente alguna vez existió.
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