Jueves, Noviembre 23, 2017
   
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El rastro de Isis

Al abundante patrimonio arqueológico de nuestra ciudad, se ha unido en estos días los restos  del Templo de Isis, aparecido durante los trabajos de excavación y musealización del Foro Romano. Algunos ya han tenido la oportunidad de visitarlos en una reciente jornada de puertas abiertas. Es obvio que son muchos los profesionales que han trabajado in situ; arqueólogos, historiadores, guías turísticos,… para poder recopilar, estructurar y difundir toda la información disponible sobre el recinto y no soy yo quien tenga nada que añadir al respecto.

Pero, quizás, no estaría de más, puesto que hablamos de uno de los grandes mitos de la Antigüedad, ahondar, a modo de información complementaria, en su figura y culto. Sabemos que Isis era una diosa egipcia, pero...¿qué más?

Como todo mito, sus orígenes son inciertos y se difuminan, por el efecto del tiempo, entre lo real y lo legendario. No olvidemos que podemos estar hablando de algunos de los "hechos" sagrados más antiguos de la historia de la humanidad.

La historia parece tener su origen en la ciudad de Heliópolis en el Bajo Egipto. Según su cosmogonía, el dios Atum, que surgió de Nun (el océano primigenio), se creó a sí mismo, y a su vez creó a Shu (el aire) y Tfenis (la humedad). Shu y Tfenis engendraron a Gueb (la tierra) y Nut (el cielo). Estos últimos serán los padres de Osiris, Isis, Set y Neftis.

Cuenta el mito, o una de sus muchas versiones,  que ya en el vientre de su madre Osiris e Isis se amaban y que la maldad de Set quedó patente cuando al nacer desgarró el vientre de su madre. Como primogénito, Osiris tenía todos los derechos de herencia sobre su padre, es decir, el reinado sobre la tierra. Set, celoso de la fortuna de su hermano, decidió acabar con él.

Elaboró, junto con 72  conspiradores, un hermoso arcón  justo con las medidas del hermano y empleando un banquete como señuelo, aprovechó este para anunciar que se lo regalaría a aquel que cupiese exactamente en el. Osiris, ingenuo, mordió el anzuelo y al introducirse en la caja fue encerrado en ella. La caja fue arrojada al mar. El inesperado ataúd de Osiris llegó a Biblos en las costas de fenicia.


Tras una dolorosa búsqueda, Isis lo encontró y lo trajo de vuelta a Egipto, escondiendo su cuerpo entre matorrales de papiro, pero Set halló el cadáver y lo cortó en catorce pedazos que esparció por el Nilo. Ayudada por su hermana, Neftis, Isis se lanzó de nuevo a la búsqueda de los restos de su esposo y hermano y consiguió reunir sus trozos, unirlos y darles vida merced a su poderosa magia. Pero esa resurrección sería breve en lo terrenal y Osirirs fecundó a Isis para que tuviera a Horus que vengaría su muerte.

Naturalmente son muchas las variantes de este mito, pues su difusión primigenia era oral y según los cultos de cada zona, el tipo de mensaje que se quisiera lanzar y muchos otros factores, personajes y hechos concretos sufrían variaciones, al igual que ocurre, por ejemplo, con la mitología griega. En algunas versiones, aparece el pez oxirrinco que devoró el pene de Osiris, razón por la cual este pez era adorado en la localidad homónima pues era considerado sagrado, Anubis, dios de la muerte, fue quien echo una mano a Isis en la búsqueda y resurrección de su hermano, los restos no fueron arrojados al Nilo, sino esparcidos por Egipto, etc.

De cualquier forma, el mito, básicamente, es el relatado y sirve para los fines que fue elaborado, que no es otro que el de usar ejemplos deificados de cuestiones morales y mediante relatos de esta índole educar a  la población y, a veces, dar explicaciones a fenómenos desconocidos.

Pero empezamos esta historia para situar al personaje que nos interesa, Isis. Hablemos de ella. Si hemos visto que su origen es egipcio y tenemos en nuestra ciudad un templo romano dedicado a ella, hay quién asegura que el culto a esta diosa a llegado hasta nuestros días aunque muchos de sus fieles ni siquiera lo sepan.
Como podemos deducir a partir del mito, Isis tuvo diversas advocaciones; diosa de la magia, diosa madre, protectora del faraón, señora del cielo, reina de los dioses... y, sin duda, fue la diosa más venerada de Egipto, ya sea en cuanto a su extensión geográfica, como a la duración de su peculiar civilización.

Su veneración, parece nacer en una localidad del delta del Nilo llamada Behbet el – Hagar, donde se encontraba el Iseo, un templo en su honor. Una de las evidencias que nos hablan de lo arraigado en el tiempo de su culto es el hecho de que la leyenda que hemos leído ya se encontraba reflejada en los Textos de las Pirámides que datan del Imperio Antiguo (2575 – 2134 a.C.)

Su popularidad se extendió como el Nilo extendía la vida en sus crecidas y los templos dedicados a la Diosa se levantaron por todo Egipto. Pero no solo allí, pues su culto llegó a la Europa del dominio romano. El más popular de los levantados en Egipto fue  el templo de Isis en Filas (o File). Cada diez días, Isis era sacada en procesión, salía de su santuario para dirigirse a Abatón, una isla cercana donde se hallaba una de las supuestas tumbas de Osiris. No debió ser casual que este fuera, precisamente, uno de los últimos reductos de la cultura y la religión del antiguo Egipto cuando el emperador Justiniano en su lucha contra el paganismo decretó el cierre del mismo en el año 535.

En cuanto a su iconografía, comencemos con su nombre, pues palabras e imágenes en la cultura egipcia se yuxtaponen, como se plasma en su escritura, y en el nombre de la Diosa se produce un "juego" bastante común, veamos. El nombre en egipcio de Isis (nombre griego), era Aset, que a su vez significa, trono. Por lo que es común ver a la Diosa con su jeroglífico en la cabeza, es decir, con un trono. Esto, obviamente, la relacionaba directamente con los faraones y la monarquía.

Su condición femenina y la de ser una de las diosas primigenias de todo el panteón egipcio, la convirtieron desde los primeros momentos en diosa de la fertilidad y la maternidad, características claves en una mujer en aquellas civilizaciones, y también en protectora de la infancia cuando se la representa con el pequeño Horus sentado en su regazo, ¿les recuerda a algo esa simbología?.

Durante el Imperio Nuevo, comienza a aparecer con el disco solar en la cabeza, al tiempo que su esposo Osiris, está empezando  a ser identificado con el sol. Este sol se insertaba entre los cuernos de vaca, característicos de la diosa Hathor, que significa la morada de Horus (su hijo). Estas apropiaciones de atributos de otras diosas fue creciendo y ya en el Período Ptolemaico podemos encontrar a Isis portando símbolos de cualquier divinidad, siendo algo así como una Diosa de Diosas.

Ya hemos comentado que la devoción por Isis, salto el Mediterráneo y se instauró en el Imperio Romano (lo que ahora queda corroborado con los restos de el Foro). Allí, se la relacionaba con la justicia y la verdad y, al igual que en su tierra, fue adoptando atributos de diferentes diosas. Con la aparición del cristianismo su culto fue prohibido, pero mucha de su simbología perduró, era inevitable y, piénselo, lógico; el niño en el regazo, el trono, madre de Dios... De la misma manera  la triada osiríaca (Osiris, Isis, Horus) es coincidente con la Sagrada Familia o, incluso para algunos autores, con la Trinidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo).

En cualquier caso y sin tejemanejes esotéricos de novela facilona, no cabe duda de que Isis fue una de las primeras diosas de la humanidad y, por ello, muchos de sus rasgos se fueron transmitiendo, con las diferencias y características propias de cada civilización y religión, hasta nuestros días. Ahora tenemos en nuestra ciudad un trocito de su milenario culto y es nuestro deber cuidarlo y respetarlo. No es cuestión de enfadar a los dioses.

 

 

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