Viernes, Mayo 26, 2017
   
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Santa Teresa, cien años dando refugio a la desdicha

Esta semana ha sido plena de emociones. Los Ángeles Custodios arroparon a Cartagena en su particular celebración. El cambio de look pistacho de la Comisaria fue más profundo de lo que se preveía, fue a raíz de la llegada del Comisario José María García cuando se notó un claro acercamiento de la Policía a la ciudad y a sus habitantes, siendo hoy una extensión más de ella y además, dando una confianza y familiaridad hasta entonces negada, más tarde fue Alfonso Navarro el que dio continuidad a la franqueza del contingente en la ciudad, malogrado por la mala suerte que la vida ofrece a veces, incluido a los más honestos, y fue luego, y en la actualidad, la marcialidad de Ignacio del Olmo, salpicada de pura ironía y sazonado de tremenda profesionalidad basada en profundos conocimientos, la que ha mantenido y afianza esa sensación de seguridad, esa cercanía y al cabo, esa confianza en la Policía Nacional, años atrás negada por un sentimiento de temor más que de proximidad y confianza, y era así. Hoy el temor se ha convertido en respeto y admiración, hoy la distancia con la que se veía se ha convertido en familiaridad y confianza, en seguridad, al fin y al cabo, y desde luego, para ello ha sido vital la profesionalidad, la preparación y la calidad humana de sus integrantes.  No quiero decir, en absoluto que la Policía de hoy sea mejor que la de hace décadas, lo que si es cierto es que, han sido de los pocos que han sabido evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades civiles desde un punto de vista más humano y cándido, tarea difícil para el arduo y frio trabajo que realizan.

Luego ha sido la Fiesta Nacional y la Benemérita, al igual que sus aliados en la lucha contra la delincuencia, el arrojo, la profesionalidad y el espíritu de sacrificio son su divisa, que nos hacen sentirnos orgullosos, con ellos de referencia, de ser Español, con ellos, con su clase, con su elegancia y respeto, con su verdadero Sacrifico por España, nos sentimos arropados y no echamos de menos a ningún ente político que reniega de su condición, y nosotros renegamos de esta escoria populista, hoy radicales, tardo separatistas vulgares y mercaderes de la farsa, payasos del razonamiento social que con sus falsos protagonismos ausentes no pueden empañar a una Nación tan magna como España..

Por mis venas corre la sangre inteligente y creadora de un español como Lorca, Conde, Unamuno o Machado. Mi corazón se arropa entre la filosofía de Ortega y la determinación de Peral, mis neuronas se comunican sinápticamente como Fleming o Cajal, y así, con humildad y reconocimiento a los que han hecho de España, pese a quien pese una Nación Grande y Libre, y a nosotros inyectado el orgullo de ser Español. Y así, con orgullo llego a otra institución cartagenera y símbolo de sacarifico y solidaridad, la cual culmina esta sacrosanta semana de sentimientos y da a Cartagena un poco más de grandeza.   

“Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”. (Santa Teresa). Anclados en esta sentencia de la Santa piadosa recordamos un año más, y ya son cien, a los desdichados de este municipio, a los “sintecho” en pleno siglo XXI, cuando la miseria se extiende por la ciudad y el perfil del indigente cambia, cunado convergen la miseria y un nuevo tipo de desahuciadas morales, estos que, producto directo de la crisis actual y de la incompetente gestión política se establecen en lóbregas carencias y desvergüenzas.

La Hospitalidad Santa Teresa. Un día de reconocimiento popular y 365 de aptitudes solidarías de un grupo de gentes anónimas que nos dan lecciones y con los que no podemos compararnos, un día de hipocresía en la que podemos mantener sanas nuestras conciencias, pero nunca nuestras almas.

Cada 15 de octubre se celebra la onomástica de Santa Teresa de Jesús y en Cartagena, se encuentra ubicada la institución benéfica por excelencia en la ciudad, una gran desconocida para el orgulloso ciudadano, necesaria para el desdichado necesitado, último refugio de su dignidad humana, reconforte, aunque etéreo, de los castigos de la vida, pero gracias a Dios, a Santa Teresa y a unas personas dedicadas de forma altruista a tan noble labor, hay quien en el siglo XXI, donde las grandes organizaciones e instituciones potencia su protagonismo superficial, en Cartagena, existe un grupo de personas que se dedican en cuerpo y alma a paliar esas desgracias en nuestra ciudad y comarca, quizás donde primero tenemos que ahondar y donde por hipocresías nos cuesta hacerlo.

Mirando hacia atrás, que nunca es malo recordar nuestra no tan lejana historia; con el declive de 1910 de la minería por la caída de los precios y el agotamiento de los filones en la comarca, y más tarde, en 1914 por el estallido de la Primera Guerra Europea, se entra en una fase de paro y hambre que produce una situación social explosiva tanto en la ciudad como en la comarca cartagenera. Con más de 20.000 parados en la zona comienza a producirse un éxodo masivo. Las enfermedades endémicas se hicieron con la población, la tuberculosis, la silicosis en la mina y, posteriormente, la gripe de 1918, más el tifus del año siguiente junto con la inundación de la Ciudad Departamental prodigaron épocas dantescas, fue cuando se creó un centro benéfico para asistir al necesitado.

La Hospitalidad Santa Teresa viene prestando sus servicios desde 1.916, 100 años de esperanza se cumplen acogiendo a los desgraciados que moran en estas latitudes, ya de fortuna, ya habituales, ofreciéndoles un lugar acogedor donde puedan verse satisfechas sus necesidades básicas y de derecho, como el sueño, su alimentación…, un golpe de higiene…, un fugaz y etéreo descanso…, un necesario retazo de paz....

La Hospitalidad ofrece cobijo también en situaciones excepcionales, no lo olvidemos, los conflictos de género también sucumben a su protección o la siempre recurrida y necesitada unidad familiar en situaciones complicadas y, además, las nunca deseables catástrofes naturales. Así mantienen con ardua labor sus ambiciosos y complicados proyectos de trabajo; Centro, intervención con inmigrantes y acogida a transeúntes, cubriendo sus necesidades elementales, además de la formación e información para la inserción socio-laboral de los solicitantes.  Es un determinante indicador de la inmigración desordenada y del desarraigo, de una realidad que se dibuja como desdicha en la ciudad.

Si quiero detenerme en reconocimientos y lisonjas con esta humilde misiva, a este grupo de personas que premian a sus colaboradores y mecenas en fecha señalada y se alejan de los premios y los protagonismos, y si alguien merece un premio sin duda alguna es la Junta Directiva de la Hospitalidad acaudillada por Vicente Villar, un posible Cartagenero del año por méritos propios, además de los voluntarios y todos aquellos que tienen en sus oraciones y sus pensamientos a la Hospitalidad. Enhorabuena y cien años de gratitud por hacer más digna a esta ciudad con vuestro esfuerzo.

¡Ay que larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros! ¡Esta cárcel, estos hierros, en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que me muero porque no muero. (Santa Teresa), Vivimos sin vivir en nosotros mismos. Puedes colaborar.
www.hospitalidadsantateresa.com
Telf. 968510027

 

 

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