Martes, Diciembre 12, 2017
   
Texto

Había una vez… un cuento de Navidad

Elijan ustedes lo que había una vez y lo que hay en política, ¿un circo?, ¿un cuento? Nuestra clase política (perdón por lo de clase) y sus escenarios parecen en numerosísimas ocasiones un circo con sus payasos, sus funambulistas, domadores, contorsionistas, etc. Podemos identificar políticamente cada profesión con su protagonista directo en claro ejercicio de pensamiento y metáfora. Para otros no es más que un cuento, son verdaderos personajes de cuento salidos de la pluma de Wilde, Andersen, Dickens o el mismo Dumas, sin discriminación de género, los mismos que ni en sus mejores sueños hubieran imaginado ser concejales, alcaldes o diputados con su género contrario. Lo de Presidente o ministrillo de taifa ya es de nota, y así nos va en esta región de abrazafarolas de la política, tan mediocre que duele.

Hemos pasado de puntillas ante el 38 cumpleaños de la Constitución española, una Carta Magna basada en una generosidad política y altura de miras sin parangón, había elegancia, clase, y como decía, altura de miras y generosidad con un pueblo valiente, conquistador y viril…, hoy mancillado por la prostitución de las ideas, de los intereses y de las injerencias, los espacios de gestión y responsabilidad se han convertido en poderes de bar, en argumentos de cantamañanas de la política, de monigotes de belén barato en pos de su vanidoso protagonismo, de ahí los falsos nacionalismos e independentismos arropados por la mezquindad de los intereses anárquicos de los indigentes de la moral.

Pensando en voz alta, y haciendo un ejercicio de realidad contractual, personal y de opinión, nada más y al hilo del prólogo, quiero metafóricamente detenerme en el “Christmas Carol” de Dickens, éxito reflexivo de la época y símil permanente de nuestros actuales personajillos del belén político al que nos asomamos. España ha tenido una suerte aciaga tras las últimas convulsionadas elecciones, tal es el despropósito que, en estas fechas, los fantasmas abundan más que nunca en nuestra piel de toro, los “Scrooges y Marleys” o protagonistas del cuento, se apilan en las cinco estrofas o relatos, en los consistorios, asambleas, diputaciones, Congreso y Senado, a modo de enchaquetado ególatra o presuntuoso asambleario postulando desde la alfombra, más guay que progre y más perro que cordero.

No tengo dudas en aseverar la aparición del fantasma al líder podemita, que como buen radical de la izquierda y prostituyendo el ideario socialista se caracteriza por ser un viejo avaro político, a pesar de la juventud, con filosofía trasnochada y fracasada con marchamo de jabugo de imitación chino, arrastrando una larga y pesada cadena que representa todos los actos de avaricia política y vanagloria cometidos, y tampoco tengo dudas del oscuro espíritu errante, como icono de la filosofía comunista pura y dura del fracaso de Podemos y sus afines.

El fantasma de las Navidades pasadas se muestra en las sedes del PP, recordándoles épocas de gloria cuando la medio honestidad política imperaba tras la transición, y el batacazo de la realidad actual, salpicado de mediocridad política de sus representantes y palmeros, los mismos que no quieren leer, ni en Santa Florentina, ni en San Esteban, ni en Génova, lo trasnochado de sus protagonistas y la huida forzada exigida para refrescar un partido menoscabado por la incompetencia, la inutilidad y la lacra de los actos punibles judiciales a los que se enfrentan en parmente noria de desatinos, están ahí por imperativo electoral, nada más.

El Fantasma de las Navidades Presentes marca la alegría de la ignorancia, está representada en un partido socialista que en Cartagena y en la Región ha sucumbido al caos y al fracaso, al postureo y el mensaje infantil, a la inmortalidad superficial de las redes sociales y los diarios subvencionados, pero, con un baúl vacío de objetivos tangibles y fiables, mientras, en Madrid intentan revitalizarse. Un partido que enfermo terminal, celebra la Navidad con irresponsable alegría, ajeno a su realidad más vital, su propio fracaso enmascarado de quimérica victoria y sus alianzas contradictorias para obtener una “miaja” de amparo comediante, la esperanza ingrávida y gentil de regir la ciudad. Dice el cuento que el espíritu les muestra a un niño y una niña harapientos y desnutridos, que representan la ignorancia y la miseria… Siempre habrá un vestido de princesa del pueblo y una carroza en una cabalgata para ahondar en la pedante vanidad.

El fantasma de las Navidades futuras, sin duda está en el entorno permanente del PP y de su Presidente en Murcia, elegido por designación directa del Virrey del caos, hoy en Bruselas viviendo de rentas pútridas. Se les aparece el espectro a los nuevos ricos políticos como Ciudadanos, cantamañanas de la política que amenazan, pero no consuman, patéticos, nunca una carambola ha dado tanto de sí en uno y otro tapiz para llenar de mediocridad la vida política local, regional y nacional, de hecho, el mismo fantasma, posiblemente furule por el partido cogobernante en Cartagena y ahora supremo, aparece en todas las estancias, en todos los saraos y en todos los ejercicios de prepotencia y soberbia, la misma que temo relaje las formas para no abandonar la poltrona, la misma arrogancia que vende humo y que ha demostrado que el amiguismo y el colegueo son síntomas de epidemia política, la misma insolencia con la que se han cargado lo que no les gustaba, sin criterio ni juicio cual chatarrero inculto. A este partido local que es MC, hay que recordarle que en el futuro el fantasma le presenta la expiración política y protagonista de su gestión, otra vez por incapacidad como pasara años atrás con el Partido Cantonal, a pesar de los palmeros, que no dejan de añadir gramemas que dudo existan. La inmortalidad hoy es tan superficial como virtual, en las redes se hace de forma banal, el que nada era, se llena de vanidad mediocre, pero no perdura, y borrar de la futura lapida política el epitafio es tarea difícil para el egolatrismo y la vanidad.

Aquí, allí y más allá. Podemos disfrazarnos, evadirnos y adornarnos de vocerío vacío, pero cada uno tenemos que convivir con nuestros fantasmas, “asinque”, que no os visiten muchos fantasmas, que no fantasmos. Feliz Navidad.

 

 

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