Viernes, Mayo 26, 2017
   
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Las ratas

Si algo hemos despejado de la ecuación política es que hay un denominador común, y es la vergüenza, o más bien la falta de ella, la manipulación de la confianza electoral se disipa en cuanto los intereses nomínales aparecen en escena, con un grado de encantamiento que sobrepasa la realidad más contractual de la consulta electoral y así, rodeados de palmeros y soplagaitas en unos casos y de macarras y chulos en otros, nos acercamos a lo chabacano y ordinario. Como en la novela de Delibes al que el titulo da nombre, buscamos airosos un Nini, no el actual epíteto de la degradación sociopolítica de este país en torno a su juventud más desestructurada, producto a una tibia educación y formación y, sobre todo, al protagonismo inventado a través de la televisión en su derivada más ordinaria o la telebasura, sino el iluminado protagonista de Delibes, el de singular bondad, la metáfora del nuevo profeta de este siglo XXI emanado del XX en clave política que justifica el título.

Un profeta que se aparta de la vulgaridad encontrada, de la lucha de poderes progres y fatuos del Vistalegre II, una lidia donde la faena más entera ha sido la propiciada por el príncipe de la coleta, el cual, ha vencido en su radicalidad más severa del tardo comunismo progresista del siglo XXI, una autocracia más que dictatorial amparada en la milonga de sus comienzos como parásitos de la penuria humana de la crisis sufrida en este país, absorbida y cuajada en el 15 M en su más profundo populismo multitudinario. No son más que en plan macarra, una reminiscencia cíclica del fracasado comunismo pasado de moda en España y en Europa, frustrados y fracasados.

Otra falsa profecía es la del PP, más de lo mismo y más palmeros que protagonistas, los compromisarios, depuestos ante la orden suprema, no han fallado, ya les valdría la censura lo contrario, y los poderes enmascarados de la Cospedal y demás baronesas noblemente siniestras siguen acaparando poderío estelar, como dice el anuncio, “poca broma”, una comparsa en vísperas de carnaval que adorna un congreso más templado que iluminado y debatido, otra mentira.

Y ahí aparece nuestro investigado, antes imputado Presidente de la Comunidad por designio de Valcárcel, antítesis de Garre y fracaso del partido en Murcia, otro huido de la desvergonzada gestión regional, una vergüenza digna de la obra de Delibes, que nos ruboriza y ridiculiza. El de Puerto Lumbreras no está a la altura, le falta clase, estilo y distinción y a pesar del mercadeo y ninguneo de su investigación, al igual que la senadora errante, la Barreiro, es amoral su condición política, independientemente del resultado, se impone el abandono inmediato de las funciones por dignidad, hoy, olvidada, o como en las declaraciones de Ana Mato y la Gurtell, despreciada, ya hay que tener cara dura y poca dignidad, y la tienen. Hace tiempo que sabemos que los estómagos agradecidos no se someterán a los intereses regionales y locales, sino a los del partido, sean los que sean, aquí los de Valcárcel, ahora en Madrid los de su delfín García, pero…, como toda ley mística y cósmica en esta vida, a todo cerdo le llega su Sanmartín, reza el refranero español...

Y aquí, en Cartagena, en la ciudad más longeva del territorio, más menudeo de interés personal, por fin este alcalde de casualidad, que no se le olvide que no fue votado para aliarse con el agónico y lamentable partido de la Castejón, al que no puedo usar el termino socialista por respeto a los que lo han sido y lo son, ha vuelto a sucumbir al interés particular, ya en estos últimos meses ha dado pruebas francas del amiguismo, por ausencia de gestos y por pasividad y holganza ante movimientos comerciales, sin duda legales, pero del todo amorales, a los que en tiempos anteriores desde la oposición les ponía vocerío y lo adornaba de escándalo, y actúa lejos de lo prometido y sentenciado (hemeroteca), ahora gozoso, como todos, por el arbitrio judicial de la ex alcaldesa, enarbolando el gallardete número 4 que a nadie representa, consigue sacar a Bastarreche, entre otros, del callejero cartagenero bajo la Ley de Memoria Histórica, o desmemoria intencionada.

 

No olvidemos que, gracias a la gestión sin contrapunto del Almirante franquista, el agua corriente llego a la ciudad, y fue un baluarte de la Trimilenaria y su desarrollo social e industrial, éste sin mentiras, “asinque” seguirá siendo la Plaza de Bastarreche con mayúsculas, pese a quien pese, podía haber sido en lugar de las Puertas de San José, la de las Victimas del Terrorismo, la de Miguel Ángel Blanco por ejemplo o, sin ser políticamente incorrectos, la de Manuel López Paredes, insigne artista de la palabra que hizo con su esfuerzo y dedicación que Cartagena fuera más conocida, en una vida de trabajo literario que ya quisiera alcanzar tanto soplagaitas de pacotilla actual en lustros y además, era cartagenero, que curioso, la mente se contractura al elegir el nombre. Por cierto, al salir de la capital del reino hace unos días, dirección Cartagena por la R3 y al pasar bajo el cartel azul, como el Mar Mediterráneo,  indicador del desvío a Paracuellos del Jarama, pensaba en las matanzas republicanas, -que parece que fueron santos- y en las calles que hoy en este país rinden pleitesía al horror y al asesinato desmemoriado por interés fatuo, aquellos paseos que han adornado ríos de luctuosa y vergonzosa humanidad, calles hoy impías como las de Carrillo, la Pasionaria, e incluso Stalin…, autócratas del régimen más restrictivo y pretencioso a los que algunos libertadores de la mezquindad se aferran cual último suspiro, ahogados en la frustración, la envidia, el desengaño y el rencor. Citando a mezquinos, no podemos obviar la cobardía y la sumisión Arturo, el profeta catalán ante la justicia, como decía Hitler, “del mismo modo que de cien cabezas huecas no se hace un sabio, de cien cobardes no surge nunca una heroica decisión…”, solo hay que ponerlos ante el juez para que se acojonen, se carguen y se justifiquen, a ver si empieza a desfilar la reata ante los jueces, empezando por Pujol y demás…

Esperemos que el viento sople al amanecer para sacar esto adelante como en la novela de Delibes, metáfora de la esperanza trasnochada con esta clase politicucha.

Decía Lutero que tenía tres perros peligrosos, la ingratitud, la soberbia y la envidia y que dejaban una profunda herida al morder. Esa herida la sufrimos hoy como ayer con tanto palanganero y palanganera, mamporrero y mamporrera -que no se ofenda ningún tonto ni tonta-, elegidos por nosotros por designio e imposición impopular que en estas fechas no necesitan careta, solo un fina y delgada goma.

 

 

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