Viernes, Mayo 26, 2017
   
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'La Llamada Literaria, otra década'

Un año más, y sin poco esfuerzo, cuando aún resuena el eco de la tradicional Llamada del Miércoles de Ceniza, el ya añejo cofrade que no mayor, con poso y solvencia, Jesús Muñoz Robles nos acerca ya, durante una década el acto cultural más antiguo de nuestra Semana Santa, un entrañable acto que caló en el fondo de las almas cofrades y culturales de nuestra ciudad de forma profunda. La ‘Llamada Literaria’, un proyecto sencillo, humilde y cargado de sentimientos que cuenta ya con casi medio siglo de vida, desde que en 1971 se produjera su génesis de la mano del Artista de la Palabra Manuel López Paredes, sigue calando profundamente en el procesionista cartagenero, con respeto y sinceridad, sin separarse de los postulados del Maestro, no en vano, quizás sea el único acto apartado de las miserias humanas en estas fechas, envidias, rencores, venganzas y demás indigencias morales que hoy, al igual que hace más de 2000 años en Jerusalén, persisten.

La Llamada Literaria es Pasión, es Inteligencia y Sentimiento, es Sabor Popular, es Cultura, es Cartagena en toda su salada extensión semanasantera. Es el primer Viernes de Cuaresma y se establece como un lamento de quietud en el corazón cofrade, por un momento, y mientras escuchamos un sincero y personal pregón de abolengo, un poema a la Patrona y a su hijo emanado 'del poeta' y del gran corazón de poeta que posee Antonio Navarro, o de la dulzura hecha poesía de Rosario del Carmen Garcia, roto por solamente por el dolorido quejido de una saeta a golpe de tambor… Aquí se renuncia etéreamente a las carencias terrenales, a las escondidas y desleales inquinas, a las pobres venganzas y a las ingentes vanaglorias y pedanterías que se suman a las deslealtades, desconfianzas  e  hipocresías que afean nuestras nobles tradiciones, no olvidemos que esta sacrosanta institución que en Cartagena se adorna en más de 500 años y solo por un momento…, nos encontramos en un ambiente de creencias, de respeto y armonía moral y espiritual, muy  perdida, y establecen los claros exponentes de un orden cristiano representado como cofrades y hermanos, aunque pueda parecer una fantasía, aunque sea etérea entre tanta mezquindad.

Es una fantasía, nuestra compleja institución adolece de camaradería y verdadero amor y respeto, no en vano, son los hombres los que la definen, ya sea morada, roja o amarilla…, ya sea en Cartagena o en otro lugar, lo colateral a la esencia propia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, como allá en el tiempo de Herodes el Grande, está adornada de sectarios, como los antiguos y modernos fariseos, zelotes, saduceos o esenios, entre otros, donde el denominador común es la mentira farisea o la deslealtad saducea, hoy igual que ayer, el respeto y la lealtad se diluye en un cargo o en un cordón, el ansia mediocre de protagonismo en esta ciudad es superlativa, afecta a todos los estamentos, política, cultural, social, y esta expresión cultural donde miles y miles de cartageneros están involucrados no es ajena, desde la metafóricas prefecturas hasta las máximas instancias, complots, difamaciones, intereses… Quizás es esta condición humana la que mantiene durante siglos la propia expresión cultural o quizás, los que aportan desde el anonimato la templanza y el sentido parco y prudentemente juicioso. Esto no es nuevo, es inherente a la traición y ajusticiamiento del Salvador hoy igual que ayer.

Este Viernes de Cuaresma aparece en el calendario cofrade con una honda carga pasionaria en la ciudad, luego vendrá el resto. Un año más y ya son cuatro décadas y siete años, nos traen durante unas horas el discurso personal sentimental del corazón, del alma, del espíritu, dónde la rima sentida, la prosa pasional y la agrietada queja del impotente llanto que nace del corazón de la saeta, inundan de sentimientos, añoranzas y pasiones espirituales el ambiente de la ciudad. Otro año más, con más fuerza si cabe, se vuelve a realizar tan insigne y emblemático acto, un acto que no ha sido fácil de mantener tanto en sus principios como en la actualidad, “Ganar una batalla puede significar librarla varias veces”, (Margaret Thatcher).

En nuestra Semana Santa, la que algún perro-flauta de burdel criticará, o pretenderá hacer cortejos civiles…, se aúna a personas de dispares creencias, ideologías y sentimientos y eso la hace más grande, integradora y solidaria, la conversión de ateos, de algunos que se llaman no creyentes o laicos e incluso profanos o ateos se someten a la imagen, a la iconografía de una devoción, de una necesidad, de un fervor exacerbado, a los colores de una agrupación, al sacrifico de un capuz y eso es grande, eso es Cartagena, como dice el Papa Francisco, con una Iglesia  adaptada a las necesidades actuales y mirando al futuro sin olvidar nunca la Piedad, el Perdón y la Humildad, sobre todo la Humildad, alentar la integración y separarse de la avaricia, la ira, la envidia y la soberbia. Tarea difícil. “Por su traición fue recompensado con treinta piezas de plata (Mateo 26:15)”.

 

 

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