Sábado, Abril 21, 2018
   
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‘Temperamentos’

El término “temperamento”, que generalmente manejamos de forma imprecisa, hace referencia a la manera natural con que un ser humano determinado, y debido a su sistema nervioso en concreto, interactúa con el entorno. El temperamento, desde Hipócrates, recordemos aquella teoría humoral, y posteriormente con Galeno, se interpretó ya como algo completamente biológico. El temperamento está constituido a su vez por los instintos y por la afectividad, siendo por tanto el estrato básico más profundo y biológicamente determinado de nuestra personalidad. Hoy se consideran como categorías temperamentales, la intensidad de reacción, el umbral de respuesta a los diferentes estímulos, el ritmo de los ciclos alimentarios o de vigilia-sueño, la calidad particular del humor, etc., características que, casi como una huella dactilar, también nos hacen a cada uno de nosotros distinto a los demás. El temperamento, junto a la inteligencia y el carácter, forma parte de la personalidad. Tanto el temperamento como el núcleo de la inteligencia, dependen estrictamente de factores genéticos, por el contrario, el carácter es forjado por la interacción del sujeto con el ambiente concreto en el que se desarrolla. 

Desde antaño, fuimos conscientes de la asociación entre el aspecto físico determinado de una persona y un temperamento en particular. Al respecto, en el campo de la literatura, los autores, con la descripción perfilada de la morfología de sus personajes, ya permitían intuir al lector sobre el temperamento de los mismos, como así se hace patente en la lectura. De esta manera, Cervantes, entre nosotros, se refiere a Sancho como alguien cari-redondo y chato, y a D. Quijote como enteco y flaco que parecía hecho de carne momia, adelantando eso, temperamentos distintos. Lo mismo hace Shakespeare, también de forma magistral, por ejemplo, con Hotspur, Falstaff o Hamlet, tres personajes de aspecto físico muy distinto, presentando así disparidad temperamental.

Ya en psiquiatría, la escuela científica que se ocupa primero por el estudio del temperamento y su relación con la morfología individual es la de Ernst Kretschmer (1888-1964), comprobando por medio de sus observaciones clínicas, que había además enfermedades mentales relacionadas con el temperamento y la morfología distinta de los pacientes; así observó que la psicosis maniaco depresiva aparecía principalmente en un tipo que él mismo clasificó como pícnico (bajito y regordito) y que en cambio, la esquizofrenia se daba principalmente en un tipo morfológico al que llamó asténico (de aspecto alto y delgado). Sin obviar las aportaciones posteriores de Carl Gustav Jung (1875-1961), plasmadas en su obra Tipos psicológicos, y al que debemos los términos de temperamentos introvertidos y extrovertidos, de forma corriente muy usados hoy en día, el profesor americano William Herbert Sheldon (1898-1977) concluyó igualmente en un estudio estadístico experimental desarrollado con estudiantes de la Universidad de Harvard, que sí, que cada persona tiene una constitución física enlazada con un determinado temperamento. Recordando su estudio, en lo que respecta a constitución física describió la endomorfia (predominio de la redondez y la blandura con un fuerte desarrollo del aparato digestivo), la mesomorfia (fuerte desarrollo muscular con un cuerpo fuerte, pesado y rectangular) y la ectomorfia (de predominio lineal con tendencia a la delgadez, presentando a su vez un sistema nervioso muy desarrollado). Con respecto a los temperamentos, describió tres, a los que enlazó respectivamente con esas constituciones físicas, así acuñó la viscerotonia, la somatotonia y la cerebrotonia, clasificación de poco uso en la actualidad, pero como vamos a ver, sin desperdicio alguno por su peculiaridad descriptiva.

El viscerotónico es una persona bastante gruesa, baja, floja, de facciones lacias y de poca rudeza en sus movimientos; para el viscerotónico, el principal objetivo de la vida es la nutrición. El mayor placer para el viscerotónico es sin duda, el de la hora de la comida, los placeres de la mesa. El viscerotónico come muy bien y se deleita con la digestión. Al viscerotónico le encanta comer, pero en compañía; para él la mejor manera de celebrar un acontecimiento social es con un banquete. Todo lo que representa la comida es el centro de la existencia del viscerotónico. Le encanta todo lo ceremonioso, una Comunión, una petición de mano, etc., con convite, claro. Para el viscerotónico, la edad mejor que vivió y en la le gustaría siempre vivir es la infancia. Es amable, perdona, es simpático con todo el mundo, le gusta la vida sencilla y por lo general, está muy bien adaptado en la sociedad en la que vive. Suele dormir bien, se acuesta pronto, duerme bastantes horas.

El somatotónico es esencialmente una persona activa, su mayor aspiración es siempre tener algo que hacer. Su edad preferida para vivir es la juventud, etapa en la que se tienen muchas fuerzas para superar los obstáculos, cuando se puede trabajar. La enfermedad del somatotónico es la inactividad. El somatotónico tiene un instinto de agresión muy vivo, le encanta la competición, ama la vida moderna, el dinamismo, la música, sin importarle el ruido que pueda armar. El somatotónico come de forma voraz, no le importa poco hacerlo solo. Necesita dormir poco tiempo y ello no le impide llevar al día siguiente una actividad ilimitada, mostrando muy raramente cansancio o fatiga.

El tercer componente temperamental de Sheldon lo constituye la cerebrotonia. El cerebrotónico es de por sí un temperamento inhibido, siempre tiene que estar sometido a tensión, es una persona con una vida interior ágil y viva pero con grandes dificultades para relacionarse con la gente; casi nunca busca apoyo en los demás. Se dice que la vida del cerebrotónico va girando en torno al instinto sexual; su inhibición hace que tenga grandes dificultades para resolver los problemas que le plantea el sexo. El cerebrotónico tiene siempre una fatiga crónica, tiene un sueño superficial y poco reparador y como consecuencia se levantan mal, siendo la mañana el momento del día que pasan peor, despejándose progresivamente a lo largo del día. Los cerebrotónicos tienen gran sensibilidad frente al dolor físico. Se trata de personas también con gran sensibilidad frente al prójimo, siendo inacapaces de demostrar ante ellos una competición agresiva, son muy caritativos y profundos. Al cerebrotónico le encanta la madurez como edad, les preocupan los problemas metafísicos. Son muy sensibles al ruido.

Como es lógico suponer, existe un continuum tanto en esas constituciones físicas descritas como en los componentes temperamentales comentados, de forma que en lo que respecta a morfología se habla de predominio de una u otra tendencia constitucional y en cuanto a los temperamentos, pasa algo similar, se sabe que los más frecuentes son los temperamentos compuestos.

No sería justo terminar estas pinceladas que he pretendido dar sobre el temperamento, sin nombrar los estudios vigentes de Hans Eysenk (1916-1997), autor que desde su perspectiva biologicista, profundiza aún más en esas bases fisiológicas y genéticas del temperamento, concibiendo tres dimensiones: social, emotiva e impulsiva, todas ellas naturalmente con bases biológicas, a las que llamó respectivamente Extraversión, Neuroticismo y Psicoticismo y que consideró además como los motores de los tres tipos de conducta humana: reproducción, conservación y autodefensa.

 

 

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