Lunes, Noviembre 18, 2019
   
Texto


Las cosas por su nombre: un pregón para la historia

Decía Ballesteros y nuestro Almirante que cuanto más entrenaba más suerte tenía, llamar a las cosas por su nombre es algo que en esta sociedad se difumina mezclándose con los intereses del momento, y de interés era la puesta en escena del pregonero y su pregón de Semana Santa en esta sacrosanta y trimilenaria ciudad en el año de nuestro Señor de 2019 y, no defraudó el primer espada.

Los mentideros semanasanteros de esta ciudad, que son inmensos, diversos y muy jodidos agasajaban de críticas de esquina y aperitivo el advenimiento del Pregón, situado en una fecha que, a pesar de lo atípico en esta inmovilista ciudad de Cartagena fue acertado su cambio, cambios… o quizás, pequeños arrebatos de inconformismo más que revolucionarios que una antigua y anodina Junta de Cofradías ha empezado a esgrimir, y parte de esa culpa también la tiene el protagonista de hoy, aprovechando para esgrimir una lanza y no la de Longinos a los del Socorro que, si Juan Jorquera los recupero, Manuel Guillen y su equipo los ha perpetuado y esto es otro hecho.

Hace unos años, y a consecuencia del abandono del liderato de la Cofradía Blanca por el hoy pregonero, escribía en prosa:
“Este es el caso del Ilustre Tomás Martínez Pagán, un personaje de nuestra tres veces milenaria tierra que sorprende a propios y a extraños pos su capacidad de gestión, por su habilidad para amasar resultados, que no fortunas, y éxitos…, ajeno a las críticas destructivas, mantiene el empeño en el objetivo, admirado y odiado, respetado y envidiado, no hay puntos medios, la mediocridad humana es extensa y es obligación de los articulistas y dadores de argumentos el remarcar estas facetas, al Cesar lo que es del Cesar, faceta que llegando al cenit de la dirección  de la Cofradía Blanca es imperioso resaltar. Es la última Semana Santa como Hermano Mayor, y de bien nacidos es ser agradecidos ya que su gestión ha ido más allá de la propia Cofradía y ha salpicado a todas con la metafórica agua bendita de nuestra representación festiva más importante”

Y la prueba es que después de él, como diría el simpar poeta cartagenero, del que la historia dará cuenta, Antonio Navarro…, después de él, el silencio…

Podría estar hablando del líder del marquesado de Peralta, o del condado de las Amoladeras, igualmente del ducado de Marchámalo, o del barón del Ensueño, en tiempos también llamado condado de La Cortabeira debido a las frondosas fiestas que el entonces Conde, brindada a tan noble concurrencia en pleno campo de Cartagena, también podría citar al válido de Cartagena por intercesor y no del de Olivares por sus promedios catalanes y no andaría despistado. No hay que esperar mucho en su pregón, o lo que podía ser la puesta en escena de una impecable adaptación de los Hermanos Quintero para nuestra Trimilenaria y para regocijo del respetable, para descubrir que, efectivamente, llego tarde, muy tarde a nuestra Semana Santa y como casi todo en esta vida de la mano de su mujer, pero es indiscutible que, si ya levantó espinas ante su nombramiento como primer mayordomo en la familia de exegetas de Semana Santa en la trimilenaria, a pesar de su tardanza, ha puesto a longevos cofrades que ya estábamos aquí, en nuestro sitio, en el almacén de Villapilatos, “anca” los hachotes y en la Serreta, pero detrás de las sillas…, en gestión, en culto, en seguimiento multitudinario, en dedicación y en equipo, ¿equipo?, quizás el denominador común de su gestión, ¡¡equipo!!, como decía, odiado y envidiado y por el contrario, querido y respetado, no hay puntos medios, algo que suele darse en las células de los grandes personajes, es cierto que ya tanto título llega a ser cuasi repulsivo pero no dudéis de que hay algo que solo los cercanos y no por eso babosos admiramos y hasta criticamos, los superficiales y oportunistas no lo detectaran, o si…, y es su ingenuidad, o la absurda creencia de que somos todos buenos, y vaya si NO lo somos.

El pregón fue de factura impecable, de hecho, en algunos momentos, consiguió retraernos a Santa María, al Gallo y al Bar Sol y a desfilar…, bajo la Marcha Triunfal abriendo carrera en Miércoles Santo en mi caso, ¿y por qué no?, arrancar un sollozo e incluso un espasmo interior, algo que llamamos emociones, gozosas y nostálgicas, incluso tristezas perdidas en ese crisol de sentimientos que es nuestra Semana Santa desde dentro, fuera del protagonismo externo, que ese se nos da muy bien, y eso se llama ¡éxito!.

Es obligación de los que tenemos la posibilidad de airear nuestras opiniones, el hacerlo, la amistad es para dar, y no para recibir, y yo quiero dar esa muestra desde mi balcón de opinión y, además, exigir a esta reata de políticos de tres al cuarto, los que se arriman por interés sin llamarse Andrés, que realmente tengan un ápice de dignidad mientas están en el cargo y los reconocimientos del pueblo se hagan más pronto que tarde. Así, orgulloso y avergonzado, no puedo más que recalcar lo que en presente y en futuro, apartando envidias naturales y vanidades pecaminosas de la condición humana, le debe y deberá la gran ciudad de Cartagena. No hablo ni escribo en barbecho de la necesidad de cualquier equipo político de contar con el pregonero en sus filas, pero supongo que se quedaría solo ya que no son equipo, y honradamente, está muy por encima, a años luz de tan hidalgos personajes de la farándula política, al final estorbaría, hacer las cosas con honradez y eficacia es contrario a la política y eso no lo digo yo, desde la antigua Grecia era así de severo, a pesar de esa orfandad para perjuicio del ciudadano de a pie.

Como bien decía el protagonista en su pregón y como ya mencionara hace años el abajo firmante. Muchas fueron las críticas recibidas por aquellos, entonces más de una década, muchos fueron los gratuitos comentarios que ésta, nuestra querida tierra acostumbra a engendrar, pero solamente hay que hacer un pequeño ejercicio de memoria para ver dónde estaban y dónde están en la Calle Palas a pesar de un paréntesis silenciado y silencioso, tanto en Semana Santa como en mayo, adornada de flor, música y alegría o una extensión tipológica de la propia Cofradía, el camino fue arduo por aquel entonces y no nos engañemos, la verdadera esencia protagonista nació de los propios hermanos de la Cofradía, el trabajo es directamente proporcional a su éxito que es enorme, cuanto más se entrena más suerte se tiene…, pero la estrategia del líder es clara y la dirección nítida. Y de aquellos lodos estos barros, o al revés, fue una designación como pregonero envenenada, pero manifestada con antídoto de la Jara.

“La Amistad es una igualdad armoniosa”, otra cita, en este caso de Pitágoras, título de un anterior artículo, para obtener esa igualdad hay que reconocer a cada uno lo suyo, y como su columna remarca, “las cosas por su nombre”, donde domingo a domingo, además de airear gentilezas culinarias en segundo plano, lo principal y esencial es el descubrimiento de personajes de nuestra tierra, ocultos por sus trabajos y sobre todos por su humildad. En este contexto pasional, el nombramiento como pregonero de Tomás Martínez fue muy acertado y solo Dios sabe que lo organizó sin ánimo de crear contingencia ni escuela, simplemente es Tomás, y el magnate no hace las cosas al uso, quiero decir que no es un antes ni un después en los pregones ni en los pregoneros, cada pregón es singular y peculiar, de no ser así, no serían pregones. Ensalzan la esencia de cada personaje, y el de este año solamente ha sido un punto y aparte, con diéresis posiblemente y seria de necios intentar igualar o repudiar, es simplemente el pregón del año 2019, que durara en la memoria etérea de la frágil condición humana.

“Asinque”, como diría el maestro, compartimos velada y unas copitas de fino de la Jara adornado de esencias infantiles alegres de más allá de La Media Legua con unos molletes de sentimiento cartagenero de entrante. Los acompañamos de una congoja de recuerdos juveniles de la calle Saura y de unas regañinas al corte de la madre superiora, para calmar el apetito unos recuerdos del Lago y sus maravillas hoy olvidados y enterrados para vergüenza de nuestros gestores, pero dulces como los pésoles de Roche, unas lascas de suspiros maridados con nostalgias de Bastarreche de la juventud y el carpacho o esfuerzo de la madurez con un quejido cartagenero. Terminamos haciendo un recorrido por el mundo del hielo de la mano del protagonista en una improvisada bodega al aire fresco del Batel a los pies de la UPCT y de la cuesta del Dr. Fleming con tétrica figura torera atormentada al fondo, adornada de estrellas en la noche cartagenera y con el sutil beso de la brisa del Mediterráneo. Mientras, se mezclan sabores, olores, emociones y elogios con buen hielo, unas tiras finísimas de cáscara de lima y tres granos de enebro y sentimiento. Saborearlo es un verdadero disfrute. En esta ocasión, une el aroma de tomillo de las colinas cartageneras, valles y sierra minera con la frescura de sus cítricos mediterráneos. Todo ello rematado por una selección de especias de primera calidad, como el cardamomo, el cilantro, la angélica y la menta, o lo que es lo mismo, la humildad, el respeto, la serenidad, la formalidad, la mesura y la templanza. Pregón de elaboración artesanal, con tres destilaciones en alambique de cobre tradicional, que lo convierten en una misiva elegante y creativa, con un sabor lleno de personalidad, y como es habitual, ¡a coste cero!         

Podría haber sintetizado en pocos renglones este artículo, pero no he querido hacerlo; “La gente siempre le echa la culpa a sus circunstancias por lo que ellos son. Yo no creo en las circunstancias. La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quieren y si no las encuentran, se las hacen, se las fabrican.”. Wayne Dyer.

“Asínque”, “Las cosas por su nombre” a pesar de los comentarios. Por una parte, me gustaría que pusieras orden en la política cartagenera, pero sinceramente, me romperías la inspiración y los argumentos semanales. No tengo dudas de que este artículo tendrá comentarios positivos y muchos negativos, pero mi querido Magnate, como decían en la Calle de Montanaro donde Cañizares ponía en mi casa el sabor los domingos por la tarde… a sufrir...

 

 

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