Jueves, Agosto 16, 2018
   
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La Palma se llevó la palma

Menudo ‘tres en uno’ del sábado en tierras palmesanas con la clausura del certamen de comedias, estreno del café cantante e inicio de las fiestas en honor a Santa Florentina. Se montaron en las horas, pero pese a ello, todo con lleno de asistentes. Genial.

Tres escenarios con sabor y expectación, todo un lujo. Un servidor tiene debilidad por la actividad en barrios y diputaciones por esa mentalidad de que Cartagena no es sólo una ciudad, sino un municipio, por lo que la noche del sábado supuso un gran dosis en ese sentido.

Veinte aniversario de un certamen teatral que Ahora Teatro ha elevado a un nivel que no tiene por qué envidiar a ningún otro, sea o no de comedias. Un gran familia cargada de camadería y con afán de satisfacer al público, no se puede pedir más. Buen rollo es también lo que desprende el grupo folklórico ‘Ciudad de Cartagena’ con ese fugaz Café Cantante que cada año asoma durante unos pocos días. La gastronomía es un lujo cargado de originalidad y tradiciones, a lo que se suma la oferta musical, pero por encima cautiva la familiaridad de su gente, los paladines de la Casa del Folclore. Insuperables. Y como no hay dos sin tres, pues las fiestas, con una rejuvenecida comisión, se pusieron en marcha con el pregón y la elección de reinas y damas. Fue una pena que algunos tuvieran que elegir por coincidir en horas, pero la carpa tuvo el gran ambiente que merecían las ilusionadas guapas de este año y una pregonera que ha sembrado mucho y bueno en esta tierra durante cuatro décadas de docencia.

Es un momento álgido para un activo pueblo, como comprobamos cuando el diario Cartagena de Hoy estuvo cubriendo, hace unas semanas, su desfile de carnaval y como volveremos a dar fe con sus procesiones de Semana Santa, entre otras iniciativas que llevan a cabo durante el año. Concluyó el teatro, pero quedan jornadas para disfrutar de fiestas y del café teatro. Merece la pena acercarse a La Palma y hacerlo es una decisión ‘ferpecta’.

 

Suena alegre el carnaval

La gran fiesta de los disfraces echa el telón con una buena nota que le hace avanzar hacia su objetivo de lograr el Interés Nacional con una edición que ha tenido muchas más luces que sombras.

Es la tercera gran fiesta de Cartagena, pero quizás la que más crece en participación en los últimos años y la que más moviliza a los vecinos de barrios y diputaciones. El gran tesoro del Carnaval está en su gente y en su espíritu, pues sólo así se entiende tantos meses de preparativos de vestuarios y de ensayos de bailes. Sólo con esas ganas se entiende el esfuerzo, el tiempo empleado e imágenes como las que se contemplan año tras año con las movidas que tienen muchos grupos para desplazarse desde las afuerzas al centro urbano en comitivas de coches particulares, pues la economía de la mayoría de los grupos no permite contratar autocares o furgonetas para transportar tanta gente y tanto material voluminoso.

La calidad ofrecida en el desfile fue muy alta, al igual que las chirigotas ofrecieron, posiblemente, el mayor nivel global con los cinco finalistas de este año. El certamen de coreografías, por su parte, sigue siendo uno de los focos más populares y ahí los grupos locales han evolucionado mucho en pocos años, siendo ahora firmes apuestas por la victoria final.

En realidad, todo lo que se ha desarrollado bajo techo ha sido exitoso. Fuera, a cielo abierto, el enemigo principal ha sido el clima adverso, pero sigo echando en falta más ambiente carnavalero en las calles. Algo hay que hacer en este terreno. También en la gala de la reina. Más de cuatro horas son muchas, por muy vistosas que sean las candidatas. ¿Se puede plantear para otros años trasladar la gala a la pista central del Palacio de Deportes?, dejo ahí el planteamiento. Este año el pasar la elección de la corona infantil a otra jornada creo que ha sido bueno y se pueden seguir estudiando innovaciones.

Lo que no me gustó (casi) nada fue el pregonero. No entro en si era una buena elección previa la del televisivo Kiko Hernández, me refiero a la oratorio que ofreció. Muy floja. Dicen que vino dentro de la campaña para conseguir la Declaración de Interés Turístico Nacional, pero que ha costado su presencia unos nueve mil euros, dinero que bien se podría emplear en otras cuestiones, como vestir más la ciudad de carnaval. En el Carnaval de Tenerife no hay pregonero y en otros esa labor la desarrollan personas destacadas del propio carnaval, aquellos que lo han mamado y saben propagar sus excelencias. Los candidatos de fuera siempre deben documentarse los días previos y no siempre saben conectar con los miles de carnavaleros.

Ha mejorado la fiesta del cierre y aplaudo la introducción de singularidades como ‘las pelotas de don Carnal y las tetillas de doña Cuaresma’. Todo lo que sea señas de identidad es positivo. Echo de menos más protagonismo de ambos personajes principales y también que la ciudadanía se disfrace para dar colorido a la calle.

Son impresiones particulares de una edición que bien merece avanzar hacia su objetivo de repercusión nacional, pues, en general, a muy pocos tiene que envidiar.  Todo ha estado ‘ferpecto’.

 

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