Viernes, Abril 19, 2019
   
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La eterna biprovincialidad

La reforma del Estatuto de Autonomía parece que no ha terminado de convencer por estas tierras, especialmente porque no se impulsa una segunda provincia. Seguimos como siempre, con una quimera que no llega. Lo mismo es porque falta una mayor presión popular.

Que la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia la formen dos provincias, desde aquí, lo vemos positivo. Para empezar, nos da más representación en el Congreso y el Senado. Además, garantiza un mejor reparto del dinero que llega desde Madrid al territorio autonómico. ¿No queremos tener más representantes o no queremos ese reparto más fiable por diputaciones provinciales? ¡Vaya usted a saber!

Meritorio es que todos los partidos políticos hayan cerrado la reforma de forma unánime. Es algo que se debería dar más. Sin embargo, en lo que respecta a la segunda provincia o a una fuerte comarcalización, ¿no se podía hacer más? La presidenta de la Asamblea Regional, Rosa Peñalver, ha dicho que han hecho todo lo que han podido dentro de la Ley. No lo he terminado de entender. Queda una puerta abierta para el futuro, pero eso no me parece nada nuevo. ¿Había vez se había cerrado?

Quizás la fuerza para convencer a los políticos debiera llegar más por abajo, por el pueblo. Se han alzado muchas voces pidiendo la biprovincialidad y el esfuerzo de la plataforma '2 es +' ha sido encomiable, pero no se ha visto un movimiento multitudinario para reclamarla. Cuando la calidad no se impone hay que recurrir a la cantidad. Es decir, si la razón por sí sola no se impone hay que ayudarla con la masa. Creo que sería muy importante que se produjera es popularización en su demanda, pero no sólo en Cartagena, pues una ciudad sola no puede formar una provincia, sino también en otros municipios que se verían afectados como Torre Pacheco, La Unión, Fuente Álamo, Mazarrón o los marmenorenses.

Da la sensación que el deseo de biprovincialidad es más cuestión de románticos que de las nuevas hornadas ciudadanas. El fútbol interesa porque moviliza masas. La biprovincialidad interesará cuando haga lo mismo. Es lo que pienso, pero lo mismo estoy equivocado y resulta que todo está 'ferpecto'.

 

Los cruceros no llegan a barrios y diputaciones

Es de perogrullo, pero no está de mal recordarlo. Es más, en nuestras visitas a diferentes poblaciones cartageneras nos lo recuerdan más de un vecino: “¿Y a nosotros, los de fuera de la ciudad, qué nos afecta que vengan más o menos turistas?”. La sensación sigue siendo la de cartageneros de segunda o tercera división.

En más de una ocasión he repetido eso de que la diferencia de los gobiernos municipales que he conocido respecto a barrios y diputaciones es que unos han hecho poco y otros nada. De nada ha servido de que se les llene la época en etapas electorales, pues a la hora de la verdad, lo primero es la ciudad, cuando resulta que fuera de ella reside el 75% de los cartageneros y cada año más por esa emigración de unos quinientas personas que, más o menos, trasladan su domicilio hacia las afueras. De ahí que el pregonero de la Semana Santa de Cartagena, el activo Tomás Martínez Pagán dijese en un momento determinado que las procesiones necesitan “un casco histórico habitado”.

Todo parecen facilidades para los hosteleros y comerciantes del centro, pues les ponen los grandes acontecimientos de Cartagena, además de turistas y otras iniciativas. Fuera es otra historia. Cuesta mucho más encontrar clientes. Pero es que, además, son comerciantes más implicados en la vida social de su entorno que se gastan sus buenos euros en fiestas, semanas culturales y publicidad. Es decir, sale más caro estar fuera del casco antiguo. Esto es sólo un ejemplo diferencial, pues hay más, como infraestructuras o seguridad, por citar otros.

Hemos escuchado también a ‘vecinos (y contribuyentes) de fuera’ que han entendido que Cartagena se desarrolle y tenga la magnífica imagen actual con ayudas del exterior y los impuestos de todos los cartageneros, pero que eso no puede ser eterno. Si la ciudad está ya bonita, pues un alto y que cojan preferencia barrios y diputaciones unos años, y que luego se vuelva a la ciudad. Es decir, mientras existan carencias básicas en el exterior aparcar (que no olvidar) grandes proyectos como el Anfiteatro, por citar alguno.

¿Y a qué viene este comentario? Pues muy sencillo. Ahora que todo político tiene casi de forma constante en su mente que en mayo se la juega, que no se le vaya la lengua en promesas a barrios y diputaciones. que luego no se ven. Más vale plantear auténticas medidas de descentralización dando más dinero y autonomía a estas poblaciones desde el principio (Entidad Local Menor, por ejemplo) y no dejarlo todo supeditado a buenas intenciones que luego se frustran por ‘otras’ necesidades a las que siempre se les da prioridad.

Es mi opinión, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está ‘ferpecto’.

 

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