Miércoles, Diciembre 19, 2018
   
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En el punto de ira

El espacio ‘En el punto de mira’ de Cuatro ha ofrecido esta semana un reportaje sobre la Costa Cálida que no ha terminado de gustar a las gentes de lugar. El primer argumento que motiva este reportaje es que somos el segundo mayor destino turístico de verano después de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, hay diversos comentarios que no dejan muy bien esa elección. En este artículo de opinión me centro en las zonas que competen a nuestros periódicos, el Mar Menor y Portmán, que no terminan de salir bien parados.

Hay algún momento en que se llega a pensar que si viene tanta gente a estos lares es porque ‘hay mucho suicida’, como me apuntaba ayer un vecino en clave irónica y afectado porque sabemos que cuando la tele dice algo muchos consideran que son ‘palabras mayores’. Es un reportaje periodístico, pero también desde el prisma periodístico de un lugareño hay cosas que apuntar. No por ser de ámbito nacional existe más veracidad que desde la vertiente local.

Por partes. Del Mar Menor hay varias referencias a la ‘sopa verde’ con imágenes que fueron difundidas en mayo de 2016 por asociaciones ecologistas. Me extrañó tanto énfasis en lo verdoso y ninguna referencia a la transparencia de las aguas de este año cuando resulta que el programa se ha emitido a finales de agosto. Hay una entrevista con un científico quien explica qué motivó ese color y al ser preguntado si podría ser perjudicial para los bañista responde con otro “podría”. Es decir, de condicional a condicional. Fuera de hipótesis, lo único claro que he escuchado en todos estos meses ha sido al presidente del comité científico del Mar Menor, Ángel Ruzafa, afirmar que no es peligroso bañarse en sus aguas.

Hace unos días cayó en mis manos un ejemplar de la recientemente desaparecida revista Interviú del año 1991. Entonces vi un reportaje con el siguiente titular: ‘El 95% del Mediterráneo está contaminado’. Veintisiete años más tarde la misma noticia se ve desde otro prisma. No hubo espantada general, en absoluto. Lo que es indudable es que el mar de la Tierra Media (Mediterráneo) es una gran ‘laguna’ y en absoluto se puede buscar paralelismos con los océanos. Son circunstancias diferentes y nadie cuestiona que entre todos debamos esforzarnos por evitar su contaminación, al igual que con nuestra ‘laguna salada’. 

En la playa de Portmán el reportaje se centra en la zona de costa por la que se accede a través las cañas del puerto deportivo. Ahí el invitado es un integrante de Ecologista en Acción, quien expone cómo desapareció la antigua bahía y explica por qué se ha señalado esta costa con una ‘bandera negra’. Sin embargo, nuevamente surge el alarmismo cuando señala a unas rocas cobrizas (por el azufre) y se comenta: “Puede provocar paro cardiaco en caso de contaminación pulmonar”. Un ‘puede’ que asusta, al igual que cuando se dice que los que respiran el polvo de la bahía pueden contaminarse.

Por cierto, un error o confusión. También se escucha sobre las obras que debieron “terminar hace dos años y la falta de inversión está retrasando la recuperación de esta playa para el uso turístico”.  ¡Lo que faltaba! Encima que estamos en una época que no sabemos si los trabajos avanzan en bólido, coche, bici o a pie (por el mutismo de los de arriba), resuelta que tenían que estar acabados. Lo dejamos en un lapsus.

Volvemos a los riesgos de nuestras aguas. Y digo yo, desde la simpleza, si de verdad existen tantos peligros, ¿por qué no se han prohibido los baños en el Mar Menor y en Portmán? Es más, ¿por qué no se ha desalojado Portmán? o ¿por qué no se ha prohibido consumir productos del Mar Menor? Ni calvo ni con tres pelucas. Que no gozamos de aguas puras no lo discute nadie, pero tampoco vayamos a preferir nadar entre tiburones que hacerlo en nuestras aguas. Muchas personas que en estos años hemos hablado de forma coloquial de estos asuntos reconocen que si fuera por lo que unos dicen, no se acercarían a menos de 500 kilómetros de la orilla, mientras que otros nos comentaban que no conocen caso alguno de contaminación y que son ‘cuentos movidos por intereses’. Repito, ni tanto ni tan calvo.

Las autoridades nacionales y autonómicas deben trabajar sin pausa en conseguir lo mejor para sus ciudadanos, y éstos, a su vez, deben cuidar el medio ambiente, mientras que los ecologistas deben ser centinelas del medio ambiente. Hasta ahí todo perfecto, lo que no termino de entender es como unos ven blanco lo que otros ven negro y que se echen pulsos entre administraciones y colectivos recurriendo a exageraciones que atemorizan a los españolitos de a pie. No somos peones de esa partida y queremos que nos digan las cosas como el agua, ‘claras’. Si hay peligro, cerrojazo. Si no lo hay, baño. Nada de ‘podrías’ o de ‘si esto o si lo otro’. Con nuestra salud no se juega, pero tampoco con nuestros miedos.  

Llamadme ‘loco’ porque este año me estoy bañando en la playa de El Lastre y en el Mar Menor, pero en mi defensa tengo que decir que pienso que no estoy en peligro, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y en nuestras aguas existe ‘la amenaza ferpecta’.

 

¡Guau, qué playa!

Un acierto que Cartagena ya tenga una playa en la que las personas puedan bañarse con sus perros. Es cuestión de comprensión y respeto. Unos disfrutan de sus, para muchos, 'mejores amigos', mientras que para otros es una tranquilidad no compartir arena y agua con animales, ya sea por salud pública o por, simplemente, porque no están cómodos en esa situación. Ya no es cuestión de que unos convenzan a los otros de su postura en este asunto, sino de delimitar, pues con fronteras también se evitan roces y que acabe amargándose un buen baño. En este mundo habemos de todo y la cuestión es que todos tengamos nuestros espacios sin invadir a los otros. Quizás Cartagena tendría que tener playas de canes desde hace tiempo y quizás una es poco, pero la cuestión es que ya hay una. Así no habrá problemas, aunque lo mismo resulta que todo estaba 'ferpecto'. Por lo que he visto, no era sí.

 

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