Sábado, Agosto 24, 2019
   
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12 de enero de 1874: Cartagena firma la capitulación

Cartagena firmó el 12 de enero de 1874 la capitulación con el general sitiador José López Domínguez, con la autorización del gobierno golpista, el mismo gobierno que incumplió posteriormente las condiciones firmadas.

Tras el golpe de estado del general Pavía, se produjeron motines en Valladolid, Barcelona y Zaragoza que fueron sofocados, siendo éstos la última esperanza para Cartagena. Tras estos motines, el día 6 de enero se produjo la voladura del Parque de Artillería por una granada caída en el polvorín durante el bombardeo centralista, el día 10 de enero se entregó el castillo de la Atalaya.

Entre el día 3 y 11 de enero cayeron en Cartagena y sus fortalezas cerca de 8500 proyectiles, solo una veintena de casas quedaron intactas, pero la defensa según el General Contreras, aún era posible, aunque se decidió la salida de los mas involucrados, presos políticos, militares y gobierno de la plaza, hacia Orán y la capitulación de la ciudad bajo las condiciones del general José López Domínguez.

Con la sublevación cantonal de Cartagena se exigía entre otras medidas a los centralistas de la primera república, la aplicación de la nueva estructura del Estado Federal, la ley de supresión de quintas, la reforma agraria, el reparto de tierras, la reducción de la jornada laboral, la enseñanza obligatoria, la protección del trabajo infantil, abolición de la esclavitud en ultramar, la separación estado-iglesia. Algunas de estas medidas que se exigían desde Cartagena fueron tomadas muchos años mas tarde.

El 12 de enero cae el último reducto de la democracia en España.

 

Historia de la Pascua Militar

Este 6 de enero, un año más, he acudido, en compañía de dos amigos a la celebración de los actos de la Pascua Militar. Puntuales como el cañonazo de las 12 horas nos encontraremos en la Puerta de Murcia, frente al Palacio de Capitanía, para presenciar la llegada de las fuerzas que rendirán los honores de ordenanza a nuestra máxima Autoridad Militar. Tenemos esa buena y sana costumbre porque entendemos que es el Día de honrar a nuestra patria y a nuestros ejércitos, garantes en todo momento de nuestro Estado, como muchos de los cartageneros allí congregados.

Un año más nos inclinaremos al paso de nuestra enseña nacional y aplaudiremos a nuestra primera autoridad militar cuando se retire para la celebración del acto castrense.

La celebración de la Pascua Militar constituye un solemne acto castrense con el cual se inicia el año militar. En dicho acto se realiza un balance de las vicisitudes del año anterior y marcan las líneas de acción que se desarrollarán en el siguiente. Además, se imponen condecoraciones militares a aquellos civiles y miembros de las fuerzas armadas que se han hecho acreedores de estas durante el año vencido.

Como historiador es inexcusable pasar por alto sus orígenes. El 7 de febrero de 1782 la isla de Menorca retomaba la soberanía española, tras el victorioso despliegue de las tropas nacionales, contra las británicas de ocupación, embarcadas en la escuadra hispanofrancesa aprestada para tal fin compuesta de 52 velas que llevan a bordo 8000 soldados.

El rey Carlos III tenía motivos para la satisfacción y quiso extenderla al ejercito de España-la metrópoli y el resto del Imperio, también como muestra de aprecio personal . Ordenó a los virreyes, capitanes generales y gobernadores que el día 6 de enero, festividad de los Reyes Magos, reunieran a las guarniciones y presidios y notificasen en su nombre, a los jefes y oficiales de sus ejércitos su regia felicitación por la Pascua y las mercedes que se había dignado concederles con ocasión de la fiesta; que en adelante habría de llamarse Pascua Militar.

Desde ese momento hubo concesión de títulos nobiliarios, ascensos, condecoraciones, regalos y, para los huérfanos e hijos de militares, bandoleras de guardia de Corps, charreteras de subteniente, cordones de cadetes y destinos sustanciosos para veteranos generales, como los de administrador de órdenes militares, de maestranzas de caballería y de fincas del Real Patrimonio. La fiesta fue solemne en todas partes; una fiesta ampliada a la tropa según dispusieron los coroneles.

La Pascua Militar era a la inversa de la costumbre; consistía en que fuese el rey quien cumplimentara a la oficialidad y ésta quien lo hiciera a la tropa. En Madrid, en los virreinatos y capitanías y gobiernos, la oficialidad acudía a los palacios reuniéndose en la estancia más capaz para ello y saliendo el monarca o las autoridades respectivas a saludar, felicitar y a conversar con los oficiales. Por la noche se celebraban banquetes, exclusivamente militares, ofrecidos por la superioridad.

Con el paso del tiempo, la fiesta como tal fue adaptándose a las circunstancias políticas de cada época, pero conservando la característica de que los agasajados eran inferiores. El rey Fernando VII creó la Guardia Real para sostener el absolutismo, porque desconfiaba del resto del ejercito, limitó el agasajo a los oficiales de dicha guardia.

La Pascua Militar sigue aun viva en la esencia de su origen, y permanecerá mientras España sea una Nación orgullosa de su Historia. El principio de esta fiesta ha revestido una delicadeza, una finura de sentimientos, un estilo y una forma tan hidalga y conforme con la de entraña 'profesión de las armas', que es intrínseca a los fastos militares.

 

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