Domingo, Diciembre 15, 2019
   
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SOS empresarial

El día uno de este mismo mes de septiembre, tomó posesión como presidente de COEC Pedro Pablo Hernández. Yo estuve allí, en aquella Asamblea General donde autoridades y personas de muy diversa índole abarrotaban un salón de forma rectangular. Diego Illán, antiguo presidente de la misma, dejó su cargo con cierta pena, o al menos a mí me lo pareció. No es de extrañar ya que su lucha incondicional por Cartagena y especialmente por su puerto apenas se vio recompensada. Afortunadamente, somos muchos los que valoramos este esfuerzo. Desde aquí, mi más sincero agradecimiento a su labor y mandato.

En lo concerniente al recién elegido, reconozco que su discurso estuvo bien estructurado, yo diría que políticamente correcto, en cuanto a calidad y precisión se refiere. Pero el contenido no fue del todo acertado o al menos no es lo que esperaba escuchar. Claro que el Corredor Mediterráneo está muy bien, y la llegada del AVE mejor todavía, e incluso la apertura del aeropuerto internacional de Corvera es una pasada, pero la cuestión es ¿nos lo podemos permitir? ¿Es realmente necesario-prioritario cuando el Estado, la Comunidad Autónoma o el Ayuntamiento están endeudados y sin liquidez alguna? Si las respuestas son afirmativas, adelante con las iniciativas, pero si no es así, pido especial cautela.

Además, él afirmó que “demandaba de todos nosotros nuestra opinión y nuestra participación”. Siguiendo su pretensión y, aprovechando la oportunidad que me dan las páginas de este diario libre e independiente, voy a atender a su demanda, aunque deseo dejar por sentado que sólo pretendo dar pequeñas recomendaciones que, como economista y férreo cartagenero, creo que se hacen necesarias para enaltecer la noble tarea de la patronal.

En primer lugar, sería conveniente realizar un estudio de calidad serio y riguroso, con la intención de conocer el mercado y la situación actual de las compañías de nuestra comarca. Luego será más fácil decidir qué teclas se deben pulsar para mejorar la economía de la comarca.

En segundo lugar, se debería negociar con los bancos y sobre todo con las cajas de ahorro para que se esfuercen en recuperar la originaria función social del crédito, que parecen haber olvidado. Conceder dinero a las empresas es la clave para generar riqueza, abrir nuevas sociedades y aumentar la productividad. 

Y, en tercer lugar, tendríamos que devolver el protagonismo a quienes lo perdieron. Es importante facilitar el camino, en colaboración con la Administración, para que aquellos empresarios arruinados y que vieron hundidos sus negocios, emprendan nuevamente como siempre lo hicieron.

Humildemente creo que nuestra tarea no son tanto los grandes proyectos, sino más bien la pequeña y mediana empresa, la dignificación del trabajo, las exportaciones, atraer nuevos inversores y, en definitiva, colocar a Cartagena en el lugar que le corresponde. Si éste es el cometido de Pedro Pablo, desde ya cuenta con mi aval y estoy seguro que con el de bastante sujetos más, pero si no sólo me queda pedirle que tome algún consejo de los que le ofrezco. Tiene en su mano una de las responsabilidades más grande que jamás tuvo la confederación cartagenera, que no la desaproveche.

 

¿Quién dijo que se habla mal en Cartagena?

Muchas son las voces que afirman que los cartageneros hablan mal y usan expresiones incorrectas o como poco malsonantes. En mi opinión, esto es sustancialmente falso y permítanme el atrevimiento de demostrarles por qué.

Para este análisis, parto de la premisa ineludible de que no somos castellanos puros, debido a nuestra situación geográfica entre otros factores. Sin embargo, ello no implica que en el sudeste se hable un español vulgar o sucio. Recuerden que durante muchos siglos, Cartagena fue una ciudad de paso, debido en gran parte a su innegable tradición militar; lo que se tradujo en que fueran muchas las gentes que acudieran a nuestras cálidas tierras. Tanto es así que nuestro léxico y fluidez verbal eran enriquecidos por aquellos forasteros.

Ya en plena dictadura de Primo de Rivera, Alfonso Torres – alcalde de la Milenaria –, señalaba que “desde el límite con Francia, es Cartagena la primera ciudad del litoral que habla un castellano armonioso”. Dicho anuncio era y es una realidad con mayúsculas; puesto que ni los catalanes, ni los valencianos, ni los propios murcianos – léase Murcia Municipio –, hablan un castellano más puro, más perfecto que los propios cartageneros. Alegar lo contrario, es faltar a la verdad.

Quiero ofrecerles algún dato más que demuestra lo que trato de explicarles. Presumo que lo sabrán, pero sino les recuerdo que la primera mujer nombrada Miembro de la Real Academia de la Lengua Española fue una cartagenera, Carmen Conde. Además, ésta, junto con su marido Antonio Oliver, fueron quienes fundaron la primera Universidad Popular de España. Por no hablar de que en la actualidad tenemos a otro gran Académico, el señor don Arturo Pérez-Reverte. Como verán, la calidad lingüística y el estatus alcanzando por ellos dentro de las letras hispánicas, contestan por sí solos.

Reconozco que en innumerables ocasiones hemos sido criticados por usar el diminutivo “ico” con excesiva frecuencia. Seguramente tengan razón, pero no obstante, su uso está perfectamente admitido por la RAE, al igual que otros, como “ito” o “illo”. Creo sinceramente que el “ico” es utilizado con el claro objetivo de endulzar la conversación y de añadir un punto de simpatía o de gracia al lenguaje, propio de nuestro carácter sureño.

Al igual que también lo es nuestra forma de argumentar las cosas, de mover los brazos e incluso de tocar a las personas cuando se nos acercan. No hablamos mal, se lo repito. Podemos igualar al mejor de los pucelanos y encima con un toque amable y armonioso. ¿Será que nos tienen envidia? Si es así, copien. No tenemos la culpa de ser de los pocos lugares, junto con la eterna Castilla, que aún conservan aquel bello dialectus que nació del latín.

 

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