Miércoles, Noviembre 21, 2018
   
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Historias de Alumbres (XXIII): El puente de la rambla y otros acontecimientos

El proceso de construcción del viejo puente de la rambla, hoy desaparecido bajo el Paseo del Malecón, tuvo un largo proceso administrativo para su construcción.

El 20 de enero de 1862, los vecinos de Alumbres, Mariano Rodríguez; Francisco Madrid; Salvador Mercader y Saturnino Hernández envían un escrito al Ayuntamiento de Cartagena solicitando la construcción de un puente sobre la rambla, puesto que en épocas de lluvias deja incomunicados a los vecinos de uno y otro lado de la rambla, y se ofrecen a contribuir con 6.000 reales.

Se da la circunstancia de que el arquitecto municipal, era entonces el afamado Carlos Mancha y Escobar, autor de otras obras importantes de Cartagena como la Casa Pedreño (1872) y él fue el autor del proyecto que aprobó la corporación municipal en 1863.

Después de un largo proceso administrativo de 8 años, el 16 de mayo de 1870, el arquitecto municipal, que en el momento de la firma del contrato es Nicomedes Perier, y el contratista de Alumbres Pedro Aranda García firmaron un documento para el comienzo de las obras. Estas debían de realizarse en un plazo de 40 días previo depósito de setenta y dos escudos de fianza por el responsable de los trabajos, y finalmente, se entregó terminado el 24 de  junio de 1870.

 

EL CACHO DE PAN DE LOS MINEROS

Hasta principios de los años sesenta del pasado siglo XX, en que se cerraron las minas del Gorguel y de La Parreta, algunos de nuestros mayores estuvieron trabajando en ellas hasta el final, y siguieron manteniendo la costumbre de que cuando volvían a casa después de las duras jornadas de trabajo a las que estaban sometidos, siempre lo hacían con un cacho de pan de reserva y un trocito de companaje (embutido) en el trapo, con sabor a pirita y manganeso, para que sus hijos, que no iban muy sobrados de alimentos precisamente, pudieran disfrutar encontrando algo que llevarse a la boca cuando buscaran en su interior.

 

SOBRE EL TREN CHICHARRA

Hasta la implantación del ferrocarril Cartagena-La Unión en 1874, el transporte de los minerales en toda la sierra minera se realizaba por medio de carros y animales de carga, y aunque al principio ambos sistemas coexistieron y se complementaron, poco a poco, el tren fue sustituyendo el transporte por otros medios, por lo que no a todo el mundo le agradó la idea del tren, sino todo lo contrario, y generó  numerosos casos de agresión con piedras y otros objetos.

En la edición del 16 de marzo de 1899, El Eco de Cartagena publicaba:

”Anoche ocurrió en el camino de La Unión un caso de verdadero salvajismo, una mano criminal disparó un tiro al último tren descendente, que no tuvo, por fortuna, consecuencias funestas. La bala penetró por un cristal del vagón de primera y atravesando el ancho del carruaje fue a salir por el cristal opuesto. No es esta la primera agresión que contra el tranvía se comete. A pedradas ha sido acometido en ocasiones varias, pero la de anoche constituye el colmo de tan criminales atentados.

El susto de los viajeros fue tan tremendo como natural, porque el vagón iba ocupado por veintiséis personas. El atentado se verificó en las inmediaciones de la estación de Alumbres. Llamamos la atención de la policía sobre este asunto y esperamos que encontrará a los delincuentes para que lleven su merecido.”

 

CONFLICTO CON LA IGLESIA

En mayo de 1885 después de 40 años en Alumbres, se destinaba al cura D. José María Pérez, a Alpera, y como consecuencia se iniciaba una controversia entre el Obispado y los feligreses alumbreños que intentaron evitarlo por todos los medios. El hecho lo he conocido porque dos vecinos del pueblo, J. A. Soriano Hernández y P. Martínez Sánchez publicaron en El Eco de Cartagena una carta pidiéndole al Director del periódico que les ayudara a evitar el traslado de tan querido cura.

Sin embargo, la decisión de la autoridad eclesiástica fue inflexible y días después mandaba un nuevo cura al pueblo, que fue recibido con “…ruido de cacerolas, cencerros, caracoles, almireces y latas de petróleo y al día siguiente, aparecieron por la mañana en las esquinas unos letreros que decían: ¡Fuera el Cura!”

La respuesta de represalia del Obispado fue inmediata y trasladó al cura a La Unión, cuya parroquia dependía de la de Alumbres hasta ese momento, haciendo a la parroquia de Alumbres depender de la de La Unión a partir de entonces.

Tanta tensión se generó entre los fieles alumbreños, que según el Eco de Cartagena de junio de ese año, se publicó una carta de Alumbres en Las Provincias de Levante, en la que “…se aseguraba que aquellos vecinos han acordado, separarse de la Iglesia Católica y abrazar el protestantismo, para lo cual parece ser que está habilitando una capilla y buscando un ministro de aquel culto.”

Las represalias del Obispado siguieron creciendo y el 18 de agosto cuatro parejas de la Guardia Civil trasladaron desde Alumbres a La Unión el archivo parroquial.

El mismo periódico, tres años después, en agosto de 1888, publicaba “El archivo de la parroquia de Alumbres que se hallaba provisionalmente en La Unión, ha sido restituido a aquella por orden del Sr. Obispo.”

 

EN LA MESA DE ALUMBRES NO ACUDE NADIE A VOTAR

En todos los tiempos, las sociedades, de una u otra forma han mostrado su descontento con las clases dirigentes, pero en un período típicamente caciquil, el del llamado turnismo de Cánovas y Sagasta, difícil para manifestar la libertad individual y colectiva, los alumbreños mostraron su desacuerdo no yendo a votar, quizás no de forma libre, sino siguiendo instrucciones de los caciques que tendrían que apartarse del poder. En la edición del día 12 de septiembre de 1892,

El Eco de Cartagena informaba: “En el colegio establecido en Alumbres no pudo constituirse la mesa por no haber concurrido los interventores ni asistir elector alguno al colegio. Hoy lo ha sido con el Presidente y cuatro de aquéllos, sin que se haya presentado a votar ni un solo elector.”

 

PRIMO LE RASCO

A los pobladores de Alumbres se nos ha dicho desde bien pequeños que en otros tiempos, nuestros antepasados eran un poco brutos y que con el lema “Primo le rasco” solían ser muy pendencieros con los visitantes, creando la imagen negativa de que todos los alumbreños eran de armas tomar, y como en todos los casos de la vida siempre hubo quien se sintió vinculado a ese principio, aunque también los hubo y los hay quienes no están de acuerdo con la fama que se nos ha dado desde diferentes ámbitos.

Como ejemplo de disconformidad de esta fama he recogido un escrito publicado en “La Tierra” en 1934, hace ya casi un siglo,  y que va firmado por un alumbreño llamado Francisco Conesa Martínez en nombre de algunos vecinos, en el que dice entre otras cosas lo siguiente:

“Desde época remota, corre de boca en boca una frase, y por añadidura otra que nos afectan y que están dedicadas a Alumbres y nada más injusto y protestamos, no encolerizados, pero muy alto.

La frase es «primo lo rasco» nos la trajeron los forasteros aquí quedó indiferente a todos, callejera, ella recogió los sedimentos respecto a Alumbres de aquellas costumbres de aquellos tiempos de barbarie, acaso mundial…Era en aquellos tiempos en que esta parroquia, su radio de acción se extendía desde El Hondón, Alcázares hasta Cabo de Palos aquí se celebraban las bodas y bautizos, se expedían antecedentes parroquiales, lo que daba lugar a la concurrencia de forasteros. Cuando una boda o bautizo venia de lejos y aún de cerca cuyo recorrido en parte de los concurrentes se hacía a pie o en carruajes poco rápidos, se prestaba a visitar tabernas y cuando llegaban a esta, ya bebidos, al paso para la Iglesia o de vuelta dedicaban frases ofensivas a los vecinos que veían…en aquellos tiempos de matonismo y valentía, y esto que se repetía cada día tenía que traer alguna vez al choque...contando con que no había actividad a mano que impusiera orden, si no se hubiera impuesto en todo caso la sensatez de estos vecinos.

Alumbres fue víctima de los forasteros todo el tiempo que duró aquella preponderancia parroquial.

Hasta aquí por nosotros queda desamparada la frase, no es nuestra, nos la importaron los forasteros, nos han tenido en entredicho, es indigna de nuestra hospitalidad.”

 

'Deciamos ayer'

El título de esta comunicación coincide con el mismo título empleado por mí para el artículo del libro de esta querida agrupación para todos los cofrades blancos por tener el privilegio de procesionar a nuestra querida Madre la Virgen del Amor Hermoso.

Volviendo la mirada y los pasos 10 años atrás, al día 26 de octubre de 2003, se vio y se recuerda la fecha más grande y ansiada para nuestra cofradía desde el año 1946.

Causó una grata impresión en este singular acto, la corona confeccionada por el  orfebre sevillano Manuel de los Ríos pues  a titulo recordatorio cabe decir, que  la corona se compone de dos piezas exentas,  una corona imperial y un nimbo ráfaga ambas piezas realizadas en oro, rompe con los cánones de las coronas de las vírgenes de nuestra Región, siendo comparable a la de la Virgen de los Desamparados  Patrona de Valencia.

Desde que se recibió la Providencia fechada por el Vaticano el día 16 de septiembre de 2003, se creó un equipo responsable para este trabajo, en el cual emplearon muchas horas, restándoselas a la familia y al sueño para portar la Virgen desde la Iglesia de Santa María  a la explanada de nuestro incomparable puerto, se confecciono un esquema con cinco tramos en los cuales participaron porta pasos de las distintas Agrupaciones de la Virgen de las Cofradías Hermanas y nuestras propias Agrupaciones.

Las inclemencias de tiempo una fina lluvia presagiaban que la coronación canónica  se tenía que efectuar   en el interior del templo, pero  el  público y los números devotos que cuenta nuestra Virgen no se resignaban y aparecieron con sus paraguas.

Pero he aquí que un cambio repentino del tiempo, convirtió la fina lluvia en un esplendoroso  día de sol de tal suerte que los paraguas que en un principio eran para  resguardarse de la lluvia sirvieron para protegerse del ardiente sol.

Pero entorno a esto  hay que destacar, la venida de ex profeso de Roma donde efectuaba estudios, el anterior capellán, José Ruiz García, Miguel Guirado Béjar respectivamente a la vez que hacia  su entrada en ese particular mundo semanasantero cartagenero como nuestro capellán, Juan Tudela García, actualmente Vicario General de nuestra Diócesis y recientemente nombrado Deán presidente del Cabildo de la Catedral de nuestra Diócesis.

Espléndida homilía del entonces Obispo de la Diócesis, Manuel Ureña,  Pastor que tocó temas muy candentes de aquellos  momentos en nuestra Comunidad, nos vimos arropados en todo momento por nuestras autoridades civiles y militares, asistiendo los, ministros cartageneros Eduardo Zaplana Hernández Soro y Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde, que días atrás había sido nuestro pregonero.

Escoltados por los granaderos blancos de la Cofradía Marraja y cerrando el piquete la escolta de honores de la Cofradía California, nuestra Venerada Madre una vez coronada, con la alegría brotando en  nuestros corazones y conservando el mismo orden de porta pasos que se había llevado a la explanada del Puerto, se  hizo el regreso al templo de Santa María de Gracia sobre las 14 horas.

A pesar de los diez años transcurridos para el que  esto dice y al igual que para el resto de cofrades blancos fue un día de los que sientan antología.

Los cartageneros tenemos que tener siempre presente que en nuestra ciudad  la Virgen  del Amor Hermoso, fue la primera que desfiló bajo palio y por otro lado la que implantó que sus penitentes fueran mujeres.

 

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