Sábado, Octubre 20, 2018
   
Texto

Presunto infractor

Cuando la presunción del incumplimiento de las normas y las leyes se convierte para nuestras autoridades en una certeza, mal andamos en esta cada vez menos sociedad democrática.

En un estado de derecho, cuando un ciudadano incumple alguna de sus normas (y es pillado, claro), tiene que pagar una sanción, ya sea con algún tipo de indemnización, multa y/o la cárcel, según los casos. Lo que no es tan normal es que se presuponga que todos los ciudadanos van a infringir la norma/ley, y por lo tanto al ser todos 'culpables' se les imponga por adelantado la sanción.

Tenemos el ejemplo del canon que se paga por copia en los CD’s, DVD’s, memorias flash (lápices, llaves..), fotocopiadoras…, que nos señala a todos los ciudadanos que adquirimos alguno de estos productos, como “piratas”, que vamos a utilizarlos para copiar en ellos, ilegalmente por supuesto, contenidos con propiedad intelectual de terceros, películas, canciones y otros contenidos bajados de internet, aunque a nivel personal cada uno los utilice para los fines legales que quiera: fotografías personales/profesionales, documentos, trabajos docentes, y un largo etc.. Da igual: todos somos delincuentes.

Otro caso y es al que voy, es el tema de la circulación por nuestras ciudades. Cuando las administraciones locales, presuponen que todos sus ciudadanos, van a incumplir las normas de tráfico, en especial a lo que se refiere a los límites de velocidad, cesión del paso y respeto a los pasos de peatones. La forma que utilizan entonces para 'sancionar anticipadamente' a los conductores es llenar las calzadas con obstáculos, bien con bandas sonoras, guardias durmientes, resaltes en los pasos de peatones (algunos exagerados)…, que castigan a los que diariamente tenemos que pasar sobre ellos (y a sus vehículos), vayamos a la velocidad que vayamos, constituyendo un verdadero problema cuando el vehículo que circula transporta mercancías frágiles o es un vehículo de emergencias (bomberos, ambulancias).

Continuando con el tráfico, yo, lo confieso, estoy totalmente en contra de las zonas residenciales. Cuando estas no se habían inventado, y ahora hablo en concreto de La Unión (contando con que estas calles lo sean ya que carecen de la señalización correspondiente), existían aceras que, aunque siempre han sido estrechas e insuficientes (lo que daba lugar a que los viandantes fuesen más por la zona destinada a los coches que por ellas), servían de refugio cuando se acercaba algún vehículo, o cuando llovía al menos nos evitaba las riadas típicas de nuestro pueblo al carecer nuestras calles prácticamente de sumideros de recogida de aguas pluviales.

Ahora, en cambio, solamente existen aceras dibujadas en el suelo y el peatón se encuentra desprotegido cuando, al estar ocupada la 'acera', no tiene más remedio que circular por el centro de la calle. Pues bien continuando con el hilo anterior, y como se con la certeza de que todos los vehículos que van a pasar por estas calles mixtas peatones/vehículos, van a ir a más velocidad de la permitida, pues las llenan de guardias durmientes, y como además todos estos vehículos van a aparcar, aunque en estas zonas está prohibido el aparcamiento, pues se colocan cientos de bolardos, que no dejan de ser obstáculos incómodos tanto para los coches, como para los peatones, más si van con carricoches.

Es verdad que siempre hay conductores que incumplen las normas, por supuesto que sí, pero estas presunciones de incumplimiento castigan a todos los conductores (infractores o no), y en el caso de las zonas residenciales, además a los peatones. Quizás si las administraciones locales fomentasen aparcamientos alternativos (gratuitos, por supuesto) cercanos a estas zonas, la vigilancia a pie por parte de la policía municipal, y la correspondiente sanción al infractor, evitarían que en algunas calles el peatón esté obligado a ir por el centro de la misma porque las 'aceras' están invadidas por los vehículos mal aparcados.

 

Gorgueliana: pirámide truncada para un faraón de pies de barro

Con gran animación y jolgorio entre las filas de los críticos ha tenido lugar recientemente la redacción, composición y presentación de las alegaciones contra el proyecto de superpuerto en El Gorguel, esa ocurrencia tan propia del PP murciano, dando ocasión a que las numerosas ramas del complejo social que lo rechaza se conocieran, se informaran y pusieran a punto sus saberes y experiencias. Ha sido un episodio de gran calidad unificadora, de excelente sintonía ecológico-económico-político-ética y de indisimulable placer ante las perspectivas a corto/medio plazo tanto para el proyecto como para su mentor y para el mentor de su mentor.

A este observador, que tan interesado asiste a ese proceso, no le ha parecido excesiva la importancia dedicada –el tiempo, las crónicas, las maldiciones, etcétera–al eximio Adrián Ángel Viudes Viudes, gran patrón de la Autoridad Portuaria de Cartagena (APC) con sus dársenas, diques y pantalanes, sus fondos no siempre bien sondables, sus masas de trabajadores humillados, su ristra de violaciones de las leyes laborales y sociales, su estilo mediático desafiante, su arrogancia inveterada… Y ha podido oír, de boca de testigos presenciales, la sustanciosa anécdota que se refiere a un estribillo con el que el prócer portuario se expresa cuando se siente amenazado o censurado –con motivo, como veremos– por sus jefes de Madrid: “Me mantiene Valcárcel en el cargo y no podéis echarme”. Que es lo que prevén los libros de la antipolítica que deben decir aquellos que sustituyen su competencia por la entrega.

No ha faltado quien, con un esfuerzo especulativo nada excepcional, me ha hecho ver que ese exabrupto, tan falto de elegancia, tampoco es cauto ya que si el destino próximo de su protector es, como dicen quienes siguen de cerca su excepcional trayectoria, el glorioso Parlamento europeo, lo mismo a él –longevo y combativo– le espera un destino en África, o así, dadas sus demostradas cualidades para estimular el comercio y salvar espacios necesitados de desarrollo; porque algún otro amigo le quedará en el PP además de Valcárcel, y ya se sabe de la legendaria generosidad de este partido con quienes le han servido fielmente. El caso es que a todos los enemigos del proyecto –que son más que esos “sindicatos, IU y ecologistas”, sus declaradas bestias negras– les pareció de perlas que con estas expectativas se delinee, tan cercana, la caducidad del autócrata consentido.

En esas reuniones preparatorias de las alegaciones a las que me refiero he conocido nuevos y muy ilustrativos datos que abonan, rotundamente, la calidad de Viudes como un envanecido perturbador de la legalidad vigente. Como esa costumbre que tiene de violar, pertinaz y deportivamente, las leyes laborales como si estuvieran de adorno y sin importarle acumular sentencias desfavorables que lo describen, sumándolas, como un gestor abominable de acentuada vocación esclavista. Así lo demuestra una decena de sentencias condenatorias de los juzgados sociales de Cartagena (2006-2010) por vulnerar el derecho a la libertad sindical, a la libertad de expresión, a la tutela judicial efectiva, a la huelga y por despidos injustificados, sanciones indebidas, prácticas empresariales ilegales…

Viudes acumula decenas de actas de la Inspección de Trabajo, que recogen incumplimiento tras incumplimiento en un entorno de beligerancia implacable de la estibadora Sesticarsa (que controla la APC) con los trabajadores, a los que maltrata y ningunea. Contestando a Ascensión de las Heras, diputada de IU, el Gobierno ha emitido un informe (7-03-2013) sobre esa empresa, en materia laboral y de seguridad social, que cubre los años 2007-2012 y en el que alude al conflicto enquistado con la plantilla (que se mantiene congelada, aunque con despidos, por mor de la productividad salvaje), donde señala que la empresa debe a la Seguridad Social más de dos millones de euros y plantea la confidencialidad de los datos fiscales para no informar sobre sus relaciones con la Hacienda pública.

Hace unos meses supimos por el Tribunal de Cuentas que nuestro hombre en la APC adjudicó en 2003, sin la obligada publicidad, un contrato valorado en 10,3 millones de euros. ??¡Una joya este Viudes, como se puede ver! Es, miren ustedes por dónde, el privilegiado atroz al que había de unir su más bien gris final Valcárcel, culminando con abuso (vaya estilo antidemocrático), incompetencia (menudo proyecto el del Gorguel) y ridículo (pero, ¿no es capaz de mirarse a sí mismo con sus excesos y limitaciones?) una saga imperdonable.

Este observador, curado de espanto pero todavía capaz de indignarse  'ad infinitum', cree poder encuadrar a Viudes entre esos 'dinosaurios' de apariencia inmortal que son apacentados por un PP recalcitrante mientras mantienen caliente su larga cola con los rescoldos del franquismo.

 

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