Viernes, Noviembre 22, 2019
   
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Historias de Alumbres (XXVIII): Capítulo final

Hace ahora algo más de dos años que comencé la aventura de escribir y publicar cada mes una historia de Alumbres, y si he de ser sincero todo empezó casi por casualidad, pues en el mes de julio de 2011 publiqué un artículo “Las fiestas de Alumbres hace un siglo y la herencia del pasado”, en el que trascribía el programa de las fiestas de 1911, que un periódico de la época publicó y continué mi escrito destacando las similitudes de esos cutres tiempos con la actitud típicamente caciquil de algunos políticos de Alumbres un siglo después.

Sin embargo, luego pasé un período de reflexión sin publicar nada, hasta que decidí la manera de dar a conocer algo de lo que tengo de la historia del pueblo, y me puse en marcha por y para Alumbres, sin ánimo de lucrarme, sino todo lo contrario, corriendo yo mismo con los gastos que me ocasionara y porque además me gusta.

A principios de 2012 publiqué mi segundo artículo histórico y desde entonces no he fallado nunca, incluso en más de una ocasión publiqué dos artículos en el mismo mes, por lo que actualmente contabilizo un total de 28 artículos. Y entremedias realicé algún que otro trabajo de actualidad para algún tema concreto que surgió de improviso, unas veces sugerido o pedido por alguien, y otras por propia iniciativa, y también los asumí con el mismo agrado que los demás.

Es verdad que en tiempos de crisis la miseria humana se extiende por todos los ámbitos como si fuera una plaga, y es natural que la prensa oficial manifieste sin tapujos la manipulación de las noticias y la censura más rancia, y por lo tanto que las historias de los historiadores de pueblo, o que no se ciñen al guión de las editoriales no tengan cabida en sus páginas, por lo que los que como yo no se someten a un dictado fácilmente nos vemos obligados a aguzar el ingenio, para atenuar en lo posible los perniciosos efectos de la tijera informativa.

Durante este tiempo puedo decir bien alto que he disfrutado con la obligación que me impuse, y nunca le he puesto precio al tiempo que le dedico a la elaboración de cada uno de mis artículos, pues primero tengo que ir a hurgar en los archivos, y no siempre encuentro lo que busco, y además, y en más de una ocasión he tenido que pedir la colaboración de algún vecino para que me prestara fotos, documentación, o me ofreciera su testimonio, y a veces no tuvo éxito mi petición, aunque he de aclarar que las dilaciones y negativas fueron pocas. Después hay que realizar el artículo resumiendo la información hasta un máximo de dos folios, que es el espacio que utilizo en papel (un folio por las dos caras, diseñado para que quepa la máxima información), para seguidamente imprimir unos 150 ejemplares en formato cuadernillo y lo reparto en cantidades de a diez o quince por diversos lugares públicos de Alumbres, y del gasto que me reporta tampoco paso factura a nadie, porque quienes podrían pedirme cuentas, mi mujer y mi hija, son precisamente las que más me animan. A la vez lo envío a algunos periódicos digitales de la comarca que tienen la deferencia de publicármelos.

El esfuerzo es grande pero sinceramente merece la pena, al menos para mí, y la merece porque es un placer saber que hay alumbreños que no se limitan a leer mis cuadernillos, sino que además los coleccionan, y si les falta algún ejemplar me lo piden, y merece la pena, porque tres o cuatro de cada diez tengan la amabilidad de dedicarme unas palabras de aliento y me animen a seguir adelante con el proyecto, simplemente porque les gusta. Ese es mi premio, que entre tantos haya unos pocos que tengan la curiosidad de leerlos, que haya otros que los conserven y además quienes se acerquen a animarme con respeto y consideración. A todos ellos les agradezco el soplo de vida que me han dado.

Puedo decir con plena satisfacción que aunque la mayoría de los artículos publicados partían de una base histórica que ya se conocía y que yo mismo las he contado anteriormente en mis libros, todos ellos contienen aportaciones novedosas respecto a lo que ya se sabía, y varios de ellos son totalmente nuevos, de temas que en el pueblo nada se había hablado o escrito antes, y eso es el fruto de muchas horas hurgando en archivos y libros variados y de trabajo en el ordenador.

Los alumbreños saben que desde el año 2000 he publicado varios libros con Alumbres como protagonista, 'La alcancía de sueños' es el primero que publiqué y se trata de un poemario que no tuvo presentación pública, en cuya portada lleva un poema acróstico dedicado a Alumbres. Luego le siguió 'Alumbres 2002 Antología', que es un librito de poemas y narrativa que me publicó el Ayuntamiento de Cartagena y fue presentado en el Local Social por la concejala de Cultura, Rosario Montero Rodríguez en 2003, y en el que participé como promotor, junto a Fulgencio Hernández Nicolás, Leonardo Lorente Denia, Mª. Gertrudis Hernández Martínez, Mª. Antonia Rodríguez Morillas y Rosa García Oliver. El siguiente en la lista fue 'Alumbres en el Siglo XX', publicado en 2004 y presentado en el Local Social, en el que traté a grandes rasgos la historia de Alumbres en ese período de tiempo, especialmente desde los años cincuenta en adelante.

Un año después, en 2005 publiqué y presenté también en Alumbres 'Lo que me quedó de Alumbres en el siglo XX', que como el título indica contenía temas que no había tratado en el anterior y abundaba en otros que sí lo había hecho. En marzo de 2008 publiqué 'Alumbres cien años de fútbol 1909-2009' presentado en el Ayuntamiento de Cartagena con la presencia en la mesa del que era entonces Concejal de Deportes Alonso Gómez López y el ex presidente del CAHFCT Ginés Lario Morales entre otros, y en diciembre del mismo año la revista del 'Centenario del Fútbol en Alumbres'.

Además, participé también en la publicación del libro 'Historia y estadística del fútbol cartagenero. Tomo I-Los comienzos 1903-1919', en el que no sólo se trata del fútbol en Cartagena, sino también de los inicios del fútbol en los pueblos de la comarca, entre ellos y como se merece Alumbres. En su elaboración participé como coautor junto a mis amigos y grandes aficionados del Efesé Juan Antonio García Bermúdez y Ginés Lario Morales.

He escrito mucho sobre la Historia de Alumbres y siempre me las arreglé para amortizarlo, unas veces con ayudas y otras saldando el coste con mis propios recursos económicos y me siento muy satisfecho de haber hecho lo que me gusta sin lucrarme.

Y lo mismo que hace más de dos años mi cuerpo me pidió la realización de un trabajo para mi pueblo, hoy tengo que decir que me está pidiendo reducir mi trabajo, y esa es la razón de este escrito. Pero no me voy, porque desde hace dos años estoy dedicado también a la tarea de cronista de la SFC Minerva, el equipo de fútbol de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva de Alumbres y pienso seguir con esa labor si los que pueden no me dicen lo contrario.

Por último, quiero agradecerle al periódico digital de temática general de la comarca, Cartagena de Ley y de Hoy, que ha tenido la atención de publicar mis artículos, así como a los establecimientos comerciales y lugares públicos de Alumbres, Bar Las Planchas, Supermercado Beatriz, el  Estanco, Bar Hnos. Velasco, Bar San Roque, la Farmacia, sucursal de  Cajamurcia, sucursal de Cajamar, Local Social, Cafetería Hidalgo y Sociedad de Fomento y Cultura Minerva, que me han permitido dejar cada mes un puñado de cuadernillos en sus locales, porque unos y otros me han dado la oportunidad de difundir mis trabajos, y a los lectores y vecinos de conocerlos, y eso para mí, en estos tiempos, es un gesto que agradezco infinito y que no olvido.

 

En el apartado de agradecimientos ni puedo ni quiero olvidarme de las personas que me prestaron su ayuda cuando se la pedí: doña Concepción Raja Álvarez, Francisco Legaz García, Ginés Valero Martínez (el Chinche), José Hernández Benítez (Mochoco), Damián Paredes López, Antonio Solano Hernández (Terreras), José Martínez Ros, Antonio Manzanera Martínez, Juan Zapata Conesa y los empleados del Archivo Municipal de Cartagena.

 

San José, el santo del silencio

Según los evangelistas San Mateo y Marcos, San José era un 'tekton'. La palabra en cuestión significa que era un carpintero o  albañil. San Justino lo confirma y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor fue llamado hijo de José 'el carpintero'. De todo el orbe católico es sabido que  no era el padre natural de Jesús.

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y protección como  padre responsable de su esposa e hijo. Es un caso excepcional en la Biblia no se le escucha una sola palabra en resumen es el “Santo del Silencio”. De tal manera que su vida sencilla y  humilde se entrecruzaban con su silencio integral que no tiene que significar el mero mutismo, sino el mantener todo su ser. De ahí que  San José sea el patrono de la” vida interior”, con su propia vida nos enseña a amar orar y sufrir, a actuar rectamente dando gloria a Dios con toda nuestra vida.

Muchas veces se ha tratado de definir las virtudes de San José. Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta, la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada, por ningún peligro, la sencillez, la fe la confianza en Dios, y la más perfecta Caridad.

San José es también  modelo incomparable, después de Jesús de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha establecido la fiesta de San José Obrero, que celebramos el día 1 de mayo, siendo presentado como un modelo sublime de los trabajos manuales.

San José para numerosos autores cristianos, varios de ellos doctores de la  Iglesia, se refirieron a lo largo de la historia a José de Nazaret (Beda el Venerable, Bernardo de Claraval, Tomás de Aquino en su Summa Theologiae.

Sería el Papa Sixto IV el que introdujo la festividad de Sn José en el Breviario romano, e  Inocencio VIII fue el que lo elevó a rito noble.

Pero una cosa hay que  tener en cuenta que cuando José de Nazaret es mencionado como padre putativo de Jesús, habría dado lugar en castellano al acrónico” PEPE”,  que es el resultado de ambas iníciales. Sin embargo  otros piensan que se trata de la versión reducida de Jusepe una antigua versión del nombre en español.

Un dato a tener en cuenta es que San José haya muerto antes de la vida pública de Jesús ya que no se encontraba presente en las bodas de Canaá  ni se habla más de él. Ya que de estar vivo, San José sin en el menor género de duda al pie  de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da a entender a todas  luces que San José ya estaba muerto.

Según San Epifanius, San José murió con 90 años, y el Venerable Beda nos dice que fue enterrado  en el Valle de Josafat. El Papa Pio IX, en atención a las numerosos peticiones recibidas de los fieles católicos a nivel mundial, y sobre todo al ruego de los de los obispos reunidos en el  Concilio Vaticano I, declaró y constituyo a  San José  Patrono Universal de la Iglesia el día 8 de diciembre de 1870.

Para terminar he decir que San José es el Patrono de los Seminarios y en los Monasterios es también de los novicios, esto es debido a que la familia formada por José María y Jesús era un verdadero seminario de devoción con su ejemplo de vida.

 

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