Miércoles, Abril 25, 2018
   
Texto

El Rincón del Burladero

El cínico, cuando huele flores, busca un ataúd alrededor

 

Decía el célebre dramaturgo irlandés Oscar Wilde que, “un cínico es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada”, y esta cita se puede establecer en la filosofía social española en la última década sin duda alguna. Si miramos el diccionario encontramos que, establece la desvergüenza o descaro en el mentir o en la defensa y práctica de actitudes reprochables. Haciendo etimología del concepto nos podríamos remontar al latín aunque presenta origen griego, o lo que es lo mismo ya se practicaba de antaño el cinismo. Es un término que se ha impuesto o puesto de moda a la fuerza y con el descaro de parecer hasta un tanto “snop”, que para esta nueva sociedad es un halago más que una majadería, así que, este término que hace referencia a la impudencia, la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son condenables, se ha convertido, casi sin querer, en nuestro “modus vivendi”.

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'Non nobis domine non nobis sed nomino tuo da gloriam'

'No para nosotros Señor, no para nosotros, sino para la gloria de tu nombre'


“Caballeros Templarios” , no, no se trata de hacer génesis ni historia de los “Pobres soldados de Cristo” que allá en 1118 nacieron bajo las directrices del primer gran maestre Hugo de Payns, como inspiradores de tramas esotéricas y novelas de caballerías, tampoco pararme en sus hazañas transmitidas ni en secreta custodia inventada o no del Santo Grial, tampoco pretendo hacer anotaciones sobre la gran figura de la Pasión de Cristo y que los sobrenaturales relatos teatrales han hecho icono templario como fue María de Magdala, aunque como bien escribe o co-escribe Juan Rodríguez, Comendador General de Murcia de la SOMECT y profeta fuera de su tierra; ¡Cuántas ideas diferentes despierta el simple hecho de ver este nombre, ideas, sentimientos, pasiones, incógnitas, recelos, envidias, inquietudes…!, y aprovechar para describir a este personaje de la actualidad más contemporánea de la historia de esta región como digno heredero de virtudes y moralidades templarías, pozo de sabiduría, rigor y templanza, abocado a una empresa dura a la vez que agradecida, la “SOLIDARIDAD”.

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¡Los Canales!, ejemplo de gestión

En mayo de 1945 llegaban los primeros caudales del río Taibilla a Cartagena, algo que empezó a gestarse a groso modo en el siglo XVI y ya siglos más tarde, basándose en las confluencias de los ríos Castril y Guardal y derivando caudales hacia Murcia, Cartagena y Lorca comenzó a tener un conato de entidad física. Era monstruoso a la vez que necesario el proyecto dando al traste tan colosal empresa en innumerable ocasiones a lo largo de cuatro siglos. Pocas personas serian conscientes entonces de la importancia de ese año del 45 para Cartagena y su comarca, el nacimiento de la gestión de las aguas potables en el término municipal.

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¿Orgullo?, el de Cartagena no pasa por ser gay

“Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas”, Oscar Wilde. ¿Porque no disfrutan en silencio su condición sexual como el resto de los mortales?, ¿a quién le importa su circunstancia y el orgullo de tenerla? Otra vez y un año más aparecen los ilustrados de la bobería de este siglo de oro de la ignorancia tácita que nos encumbra a los cartageneros y además, ratifican un orgullo cartagenero instalado en la homosexualidad, será en la de ellos y la de ellas ya que todavía no sé a quien representan, pero citando a Bernard Le Bovier “El orgullo es el complemento de la ignorancia” y ¡cuanto de ignorancia hay en una y otra acera! No sé, no sabemos… desde cuando Cartagena, tres veces milenaria ha enarbolado la bandera de la homosexualidad o del mentecato orgullo inventado.

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Vergüenza, dignidad o estrategas de la moral

Decía Concepción Arenal, sí, esa que da nombre a un colegio, que “la dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”. Curiosa, y temo que demasiado profunda reflexión, no para los lectores, sí para los implicados.

Cuando se acercan estas fechas estivales y las asonadas banales inundan las páginas de la prensa local y regional, uno siente vergüenza ajena, un anónimo con nombre como yo, un pagador de impuestos y dador de sueldos a mediocres personajes populares y populachos que anidan en la política de pueblo, como yo. Por ende, un colaborador del mantenimiento de parásitos derivados del amiguismo que nuestros ayuntamientos mantienen y sobre todo el departamental, o más claro, el cartagenero, pues me permite predicar en el desierto, gritar en el papel los improperios de esta socio-política masa de lacayos/as del cinismo, esclavos de su sierva y cuando se acerca esta etapa del calendario ¡Marianooo!, vaya atajo…, me acongoja…, pero no me sorprende la desfachatez de algunos y algunas.

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