Viernes, Julio 21, 2017
   
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El monasterio, lo que no vemos

Pero volvamos al monasterio, visto lo que no se puede ver a día de hoy, ya que o no existe o está bajo tierra o escondido entre los muros del edificio, comenzamos la visita al cenobio partiendo de su lado norte, aquí se levanta la torre fuerte, datada en el siglo XIII coincidiendo con la noticia de la fundación del convento por Alfonso X el Sabio.

Mientras las ciudades vecinas habían rendido vasallaje en Alcaraz al príncipe castellano el año anterior, Cartagena se había negado y resistido el envite de sus tropas, pero en este año de 1246 el joven Alfonso tal y como hiciera Escipión el Africano, ataca por tierra y por mar la antigua Cartago Nova, incorporando para la Corona de Castilla y el cristianismo a la ciudad de Cartagena y su Campo. Teniendo noticia los agustinos de Corbeya de la conquista de los castellanos, se consiguieron el favor de Alfonso para establecerse a los pies del Miral y fundar allí un monasterio bajo la advocación de San Ginés.

Hay autores como Torres Fontes que aseguran que la construcción de la torre es anterior, y que esta es de origen árabe, pero lo cierto es que, es en ella donde se instalan los monjes, a su costado, donde hoy se encuentra la cripta bajo el altar existió una ermita. La torre tenía tres plantas y una altura similar a la actual iglesia que más tarde se le adosó y que aún hoy se mantiene en pié.

En 1339 el rey Alfonso XI intercede por los agustinos de San Ginés ante el pleito que por la posesión del monasterio tienen estos con el obispo y el cabildo catedralicio que ha huido de Cartagena a Murcia: “enbiamos rogar e mandar al dicho obispo de Cartagena que desenbargase y dexase usar al convento e a los frayles de la Orden de Sant Agustin  de un monesterio que el rey Don Alfonso, nuestro visabuelo que Dios perdone, edificara en el regno de Murcia, que dicen Sant Gines, para la dicha Orden,” y así fue, el monasterio se habitó con los Agustinos hasta que lo abandonaron para marchar a Toledo al monasterio de San Esteban.

Sabemos que el infante don Juan Manuel en sus dos testamentos, el primero en 1339 y el segundo en 1340, dispone que sea repartida una renta de 2.000 maravedíes para cuatro capellanías “la una dellas en San Gines, et las dos en Santa María de Cartagena et la otra en Santa María de Murcia”

En 1340 nace en Cetina a cuatro leguas de Calatayud Juan Lorenzo. Debido a circunstancias adversas, su padre lo manda a servir a la casa de los señores de Cetina, donde dado su inteligencia y carácter, goza del afecto de sus señores, sin embargo el joven Juan sueña con una cueva donde retirarse y buscar a Dios, y la busca hasta encontrarla en el monte Miral, allí vive años de soledad y oración hasta que marcha a ordenarse sacerdote franciscano al convento de Monzón en Aragón, por ser el de San Ginés de agustinos.

El beato fray Juan de Cetina moriría mártir el 17 de mayo de 1397 azotado y decapitado junto a fray Pedro de Dueñas en la Alhambra por mandato del sultán Mahomed Abenbalba.

En 1437 fray Alonso Rubio de Cuenca y fray Francisco de Molina, franciscanos ambos, obtienen permiso para retirarse a la oración y a la vida de ermitaños en el Miral debiendo obediencia al prior del vecino monasterio agustino de San Ginés.

En 1483 Fernando el Católico nombra Capellán de San Ginés a fray Juan Maymón dado que el anterior era “onbre biejo e apasionado de dolencias e non puede dar el recabdo que es menester para que sea bien servida como deve” y más adelante añade “E porque yo querria que aquella casa fuese bien regida e administrada, porque tengo devoçion aquella”

En 1477 los Reyes Católicos habían confirmado como Señor de Cartagena a su Mayordomo Mayor, don Juan Chacón, que ha heredado el título de su suegro, después de haberse casado con su primogénita, doña Luisa de Fajardo.

Don Juan, tras el abandono de cenobio por parte de los agustinos, quiso que el monasterio de la Xara fuera franciscano, pero, tal como nos dice fray Pablo Manuel Ortega en sus “Crónicas de la Santa Provincia de Cartagena de la regular observancia de N.S.P. S. francisco”  “Con algunas bien raras condiciones, y aun, creo, que en aquella conftitucion de cofas, parecieron algunas impertinentes” no obstante en 1493 se llega a un acuerdo en una junta general celebrada en Barcelona a la que asisten fray Manuel de Sanmartín, Vicario provincial de Castilla, fray Pedro de Molines, Custodio seráfico de Murcia, fray García de Padilla, guardián del convento de San Ginés y don Juan Chacón con dos bulas papales en sus manos, una de Inocencio VIII el 10 de febrero de 1491 y otra del antiguo obispo de Cartagena y entonces Papa, Alejandro VI del 30 de julio de 1493. Don Juan obtiene así permiso para construir iglesia y claustro, refectorio, dormitorios, huerto y cementerio, y se le faculta para la elección de “ocho frayles de la Orden del Seráfico Padre San Francisco de la Cofradía de Murcia”. Sin embargo según el licenciado Cascales, a Juan Chacón solo se le podría atribuir la construcción de una “pobre iglesia falta de muchas cosas necesarias” A partir de aquí, la presencia franciscana en el monasterio será continua hasta 1835.

El 7 de mayo de 1541 el Papa Paulo III concede liturgia y culto a San Ginés, quedando fijado el 25 de agosto como el día para su celebración. Más tarde el culto a San Ginés se reafirma con la concesión de jubileo perpetuo en el monasterio otorgado el 4 de diciembre de 1599 por Clemente VIII a instancias de fray Alonso de Vargas.

Pero es en 1595, con la toma de posesión del Ministerio de la Provincia Seráfica de Cartagena del padre fray Diego de Arce, cuando se acometen las obras que convertirán a San Ginés en un referente de la religiosidad. Se empieza la construcción de la iglesia, de factura humilde en cuya fachada va a destacar su pórtico de entrada de estilo renacentista sobre el que se colocó el escudo de los franciscanos y sobre este, el de los Fajardo.

En 1611 se comienza a construir, a petición de los frailes de San Ginés, un camino entre Cartagena y el monasterio de San Ginés, para evitar el vuelco de los carros.

Un año más tarde, en 1612 se traslada el Santísimo de la torre fuerte hasta el altar de la nueva iglesia que se ha construido apoyada en la pared Sur de la torre y sobre la primitiva ermita, desmochando años más tarde la torre al quitarle una de sus tres plantas. Más tarde se construyó el claustro y las celdas monacales. Recientes excavaciones en el claustro han confirmado la existencia en sus cimientos de otro claustro aún más antiguo.

Pocos años después el licenciado Cascales visita el monasterio dándonos una minuciosa descripción del mismo. “La fachada de la casa es humilde, y en cierto modo bronca, promete poco, y da mucho, que si las paredes son (aunque largas y fuertes) poco levantadas, luego en entrando por la puerta pisamos un patio bien cuadrado, con muchos y espesos naranjos enanos, dispuestos cuarteles, que hacen una hermosa vista. En medio se levanta una basa redonda de ladrillo rojo, donde asienta una columna de mármol que sustenta al santo Simón Estilita, aquel insigne ermitaño que sobre una columna hizo penitencia largo tiempo. Al un costado de este patio hay un espacioso y largo real ... Remata en un gran cuarto nuevo que ahora se va acabando, que éste y el un lado del templo hacen un gracioso claustro. A ese otro costado correspondiente al real hay otro tanto espacio para caballerizas y hospedería de los que vienen a cumplir sus votos y novenas, y al lado derecho una valentísima torre, alcázar y defensa de toda la casa, con muchos esmeriles (armas de fuego) para los casos urgentes. Aquí se nos representa la iglesia”

El monasterio estaba rodeado de muros que cerraban y cierran una parcela de  unos 65.000 metros cuadrados en la que existía un verde huerto con más de 5.000 árboles, acequias, balsas, casas de labranza, establos, baños, el Real para ferias y mercados, hornos, molinos, y 15 oratorios, 16 según el licenciado Cascales, hoy en paradero desconocido.

Ascensio de Morales a mediados del siglo XVIII nos habla del monasterio de San Gines de la Jara, “Yo he estado en ese monasterio, y le he reconocido con particular cuidado todo él. Su centro de el claustro es obra antiquísima, en ella se ve sobre la puerta principal la insignia de los benitos..” ¿habrá sido el monasterio en tiempos de la Orden de San Benito? ¿o el historiador Ascensio Morales se inventó este detalle para darle más empaque a la antigüedad del cenobio?

En su escrito Ascensio Morales en otro párrafo sitúa la posibilidad del establecimiento de esta orden sobre el 600, de igual manera deja caer la posibilidad que según San Ysidoro, los Obispos Hector y Liciano se formasen en el "celebre y antiguo monasterio de S. Ginés de la Jara".

Manuel González Simancas  en su Catálogo Monumental de la Provincia de Murcia de 1907  nos dice:  “En el huerto del convento, en paraje cercano al ábside de la iglesia, encontré también un trozo de fuste, de mármol rojo ordinario, que medía 0,75 m de diámetro y había sido excavado en la parte superior para utilizarlo a modo de mortero. Y tanto en los muros del antiguo edificio franciscano, como en unas robustas cimentaciones que no lejos de él se descubren en la única calle del caserío, se ven grandes sillares desiguales de caliza gris que bien pudieran ser materiales procedentes de un destruido edificio de vastas proporciones a juzgar por la extensión de los cimientos y el diámetro de aquel fragmento de columna, que probablemente tiene el mismo origen”

 

¿Quién fue San Ginés de la Jara?

Con la reconquista cristiana en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio supuestamente levanta una gran torre defensiva sobre los restos musulmanes del antiguo morabito, o posiblemente esta torre ya existía e incluso pudiera estar morada por agustinos. Torre que será durante siglos junto a una pequeña ermita adosada, el primer resto visible hoy en día, del pasado de este coloso del tiempo.

Tenemos noticias, además del San Ginés, el de Arles, de un “segundo San Ginés” a través de un manuscrito anónimo del siglo XV “La Vida e estoria del bienaventurado San  Gines de la Xara del Campo de Cartagena” en el que nos da dos fechas para la existencia de este personaje, de un lado lo sitúa en el Miral  en el “anno de los moros en dozientos annos” es decir en el 815, aunque más adelante lo data en el año de la “era del César de mili e ochenta annos” que correspondería al año 1048.

En 1607 fray Melchor de Huélamo publica su “Libro primero de la vida y milagros, del glorioso confessor Sant Gines de la Xara. Y de algunas cosas notables que ay en el Monasterio, consagrado y dedicado a su santo nombre” el primero de una trilogía y el único del que se tiene noticia, inspirado en el trabajo del Licenciado Camarin y posiblemente el anterior manuscrito anónimo del siglo XV, aunque tal vez hubiera más libros sobre el Santo en el monasterio, tal y como nos sugiere Ginés Campillo Bayle a finales del siglo XVII, hablándoos del archivo del Monasterio “He leído también la vida del Santo en un libro en cuarto, de letra muy antigua. Tiene este libro un gran sumario de milagros que obra el Santo y se van continuando, como van sucediendo y el prelado firma en cada uno de ellos” libro este hoy desconocido o desaparecido.

En estas obras mencionadas nos hablan de Ginés, hijo único de Roldán y Oliva y sobrino de Carlomagno, que en su juventud marcha de su país en peregrinación por mar a visitar el sepulcro del apóstol Santiago. A la altura del Cabo de Palos el temporal que sufren los marinos arrecia, por lo que los marineros deciden tirar por la borda a uno de ellos para aplacar la cólera divina, pero Ginés, de carácter callado y reservado se pone en pié en cubierta y tirando su túnica  sobre las aguas, abandona la nave y embarca en su manto, llegando sano y salvo a las playas de la costa, caminado hacia el interior llega al monasterio de San Laures, en donde pidió permiso para morar en el monte vecino al monasterio, y así lo hizo durante 25 años hasta el día de su muerte.

Tras la partida de Ginés, sus padres tuvieron otros dos hijos, Roldán y Oliveros, quienes llegado el momento, para cumplir los deseos de su anciano padre moribundo, emprendieron la búsqueda de su hermano, llegando a nuestras costas, pero pasando de largo, por lo que tras desembarcar y subir a un monte alto, Roldan hizo uso tres veces de su mítico Olifante en este monte al oeste de Cartagena ¿El Roldán?, al sonido del olifante, nuestro santo respondió con una columna de humo mucho más a Levante, en el Monte Miral.

Reunidos los hermanos, intentan convencer a Ginés para volver Yfranci como Rey, pero este le dice que su reino ya lo ha encontrado y que es en el Miral donde quiere vivir y morir, antes de partir los franceses verán el primer milagro de Ginés, mientras su galera esperaba en la costa, fue asaltada y su tripulación muerta, posteriormente sería resucitada por el ermitaño.

No aceptó el padre las explicaciones de Roldán, y lo mandó nuevamente en busca de su primogénito, pero esta vez al llegar una epidemia había acabado con los monjes, tan solo Ginés, sabedor por los ángeles de la llegada de sus hermanos, había resistido aguantando un último aliento de vida. Tras el óbito, unos ángeles impidieron a los francos llevarse el cuerpo que enterraron debajo de un pino, a las puertas de la ermita que le ayudaran a hacer los ángeles.

Dos veces visitó la tumba de su tío el joven Ginés, con la intención de llevarse el cuerpo a su suelo patrio. En la primera, el mismo santo le habló a su sobrino, sin embargo en la segunda el joven desoyó las órdenes del finado y embarcó el cuerpo que nunca llegó a las costas galas, sino que regresó a las aguas del Mar Menor donde los monjes escondieron su cuerpo para que nadie más pudiera intentar llevárselo.

Tenemos un “tercer San Ginés”, este si fue una persona real, aunque con grandes similitudes con el anterior. Adelardo Genesio se crió en la corte francesa, sobrino de Carlomagno entro muy joven como novicio en Corbeya donde recibía constantes visitas de caballeros de la Corte. Del monasterio de Corbeya viajó al de Montecassino que tuvo que abandonar por los ruegos de Carlomagno quien debía abandonar una temporada Francia y había pensado en Adelardo para regentar el Reino, y así lo hizo nuestro monje, tras esta misión que le granjeó bastantes enemistades entre los caballeros por su defensa de los derechos de los pobres, viajó a Tierra Santa y de ahí a Roma, de donde partió a España a la corte de Alfonso el Casto para pedirle el cuerpo de Santa Leocadia mártir.

Mientras “Señores y cavalleros a quienes por sus delitos y vicios en el tiempo de su gobierno había perseguido y fustigado, procuraron con el príncipe ponerle mal y no pararon hasta persuadir a Ludovico que lo desterrase de Francia” Y así lo hizo Ludovico confinándolo por siete años en una isla de Aquitania. Acabado su exilio emprende viaje por mar a la tumba del Apóstol Santiago, pero naufraga en la costa de Cabo de Palos, llegando a pié hasta el Miral donde se establece y se encuentra con Dios.

Ludovico, arrepentido manda buscarlo y los emisarios insisten ante Adelardo en el “ánimo y voluntad que de verle ante sus ojos y gozarle” tiene el príncipe. Este ‘San Ginés’ regresará a Francia donde morirá en el año 836.

Aún hay más leyendas e historias sobre este personaje y los milagros que tanto él mismo, como la tierra que rodeaba su sepulcro, un pañuelo que guardaba en su sepultura o la simple visita a su casa protagonizaron, desde salvamento de náufragos, extinción de fuegos, curaciones y en especial resurrecciones, pero ninguna aporta más luz de la poca que tenemos sobre quien fue San Ginés de la Jara, si es que realmente alguna vez existió.
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