Viernes, Julio 21, 2017
   
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San Ginés de la ‘Xara’: Un punto de oscuridad al Sol.

Realmente no hay nada que se vea menos que un punto de oscuridad en medio de la luz. Y eso es lo que lee pesa a nuestro Monasterio. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, de dos siglos para acá, al cenobio se le apagó la luz y pasó de ser punto de peregrinación, a llegar a casi desaparecer.

Pero en eso estamos, volviendo a iluminar estos santos lugares, desenterrando las noticias que de él tenemos. Aunque las verdaderas sorpresas nos esperan precisamente ahí, en el Monasterio. Enterradas bajo sus propios escombros.

Parece ser que San Leandro, hermano del doctor de la Iglesia y patrón de Internet, San Isidoro. Supuestamente se formó como monje entre los muros de este monasterio a finales del siglo VI.

Hay un relato de Gregorio de Tours en su libro “Sobre la gloria de los confesores” y que recoge en su obra publicada en 1777 “Cartagena de España ilustrada” el padre franciscano fray Leandro Soler. En el capítulo XXVII que dedica al monacato de San Leandro, nos narra el asalto a un monasterio bizantino entre Cartagena y Sagunto por parte de tropas del rey Leovigildo, y que fray Leandro Soler afirma que no es otro que el de San Ginés.

“He sabido de un hecho sucedido no ha mucho tiempo en las Españas. Quando Leovigildo estaba en guerra cintra su hijo, y su exercito profanase los lugares sagrados: como acostumbra había un monasterio de San Martin entre Sagunto y Cartago Espartaria. Oyendo sus monges que el exercito de Leovigildo se dirigía al territorio del Monasterio, hicieron fuga, y dexando al Abad solo en el Monasterio, se retiraron a una Isla del mar.

Llegaron los Godos, saquearon el Monasterio, maltrataron al Santo Abad, agobiado en su cuerpo por sus muchos años; pero muy recto y firme por su santidad y virtudes. Un soldado más insolente entre todos desenbaynó la espada para cortar al Santo Abad la cabeza; pero salió a su defensa la Divina Justicia, y previniéndole la acción, cayó muerto de espaldas. Los demás que vieron esto huyeron atemorizados.

Llegó al Rey la noticia, y en vista del prodigio mandó que se “restituyese todo quanto habían hurtado al Monasterio.”   

Durante la dominación musulmana de España, a partir del siglo VIII, tras el pactos que el Dux Carthaginiensis Teodomiro firmara con los árabes en Auriola, el culto cristiano es permitido por los invasores en este territorio, pero en San Ginés no solo se permitió el culto cristiano sino que el Santo fue asimilado por la población musulmana que afirmaba que era pariente de Mahoma. Fray Melchor de Huelamo nos dice a principios del siglo XVII, que “las moras africanas y berberiscas que hay en Murcia y Cartagena, (y aún en parte de África) tienen por cierto que San Ginés de la Jara fue de su tierra. Y aún dicen ellas que fue Morabito. Y como tal le reverencian y ofrecen muy buenas limosnas y ofrendas. Y muchas de ellas en los cabos de sus tocas, llevan por reliquia muy estimada, tierra de su santa casa”

En el siglo XVIII el Padre Ortega nos transcribe lo siguiente: “… San Ginés es el mayor Santo y el más piadoso que ay en el cielo, pues no solo atiende a las peticiones y las suplicas de los fieles moros, sino también de los cristianos, y al fin hechando(sic) todo el resto a su expresión y elogio, dicen que San Ginés esta pariente de su profeta Mahoma”

Soler Cantó afirma en su Historia de Cartagena que “se construyó una zawiya, que era un morabito o tumba rodeada de hospedería para peregrinos”.
Prueba del paso de los árabes por este paraje es el apellido del Santo, “de la Jara” o mejor dicho ‘Xara’, diferentes autores hablan de esta palabra dándole diversidad de significados, desde excrementos, vello púbico femenino, roca, matorral… Aunque la más elevada espiritualmente y sugestiva sería la que describe a la Xara como vía o camino que se debe seguir para conseguir la salvación. Tras la muerte de Mahoma se redactó la Suna (comportamiento tradicional), una recopilación de frases, pautas de conducta y otras enseñanzas del profeta. De esta manera, El Corán y la Suna constituyen la ley islámica o Xara.

En el siglo XI tenemos un acontecimiento importante, la noticia nos la da el historiador Al-Udri en este mismo siglo y nos la confirma Al-Himyari en el siglo XV, se trata del desembarco de caballeros franceses en el año 1024 que desentierran y se llevan un cuerpo, según el autor una santa mártir, según otros autores posteriores, las reliquias pertenecían a San Ginés.

Recogemos el relato del Al-Udrí, el relato de Al-Himyari es muy similar, siendo monjes franceses y no simplemente cristianos los que desembarcan y se llevan el cuerpo: “se cuenta, entre otras curiosidades, que hay cerca de Cartagena un convento que guarda los restos de una mártir muy venerada en el país. Su tumba está coronada por una cúpula, cuya cima está atravesada por una lumbrera. Ningún pájaro puede volar sobre esta cúpula: en efecto, si pasa por encima, una fuerza determinada por esta lumbrera lo atrae y le hace caer dentro de la cúpula. En el año 414 (1023-1024), un grupo de cristianos del país de los francos llegó en un barco que había navegado hasta este mausoleo; exhumaron la mártir y se llevaron los despojos.”

El historiador Torres Fontes afirma que esta mártir realmente no era tal, sino el mismo San Ginés. Sin embargo las leyendas nos hablan de que su cuerpo nunca fue encontrado e incluso sabemos que el mismo Ayuntamiento de Cartagena llegó a contratar a un zahorí para que diese con sus restos.
¿Cabría preguntarse si realmente existió o no San Ginés? Y en caso afirmativo: ¿Quién o que fue?

 

Viaje a lo desconocido: San Ginés de la Jara (I)

En palabras del célebre arqueólogo García Bellido, al Sureste español tan solo le falta el techo para convertirse en un gran museo, y es en la esquina sureste de este sureste ibérico, en mitad de la sierra antiguamente llamada de San Ginés, a medio camino entre Cartagena y Cabo de Palos, donde encontramos abandonada, destrozada y olvidada esta espectacular “máquina del tiempo” que la humanidad construyó a lo largo de los siglos en el conjunto monacal de San Ginés de la Jara.

Delimitado por la declaración de Bien de Interés Cultural que la Asamblea Regional de Murcia dictó en 1992, dentro de sus límites alberga la historia de la humanidad desde la noche de los tiempos, por ello, desde DAPHNE nos gustaría invitar a un paseo por el conjunto monacal de San Ginés de la Jara y Monte Miral.

Unas 100 hectáreas que encontraremos acotadas en el mapa siguiendo las instrucciones que nos da la propia declaración de BIC:
“La zona afectada por la declaración se encuentra acotada del siguiente modo: (Invito a coger un mapa o el Google maps y seguir las instrucciones que nos da este decreto)

Se define en términos generales como la ladera Norte y Este del Monte Miral. Más concretamente, se establece una línea envolvente que parte, en sentido de las agujas del reloj, del puente sobre la Rambla del Beal y la carretera MU-312, de El Algar a Cabo de Palos, discurriendo por la misma 150 metros, de donde parte un camino de tierra, a la izquierda, por el que recorremos 1 kilómetro en dirección NEE hasta un nuevo cruce que, a la derecha y en un ángulo de 902 transcurre otro kilómetro. Desde este último cruce se traza una visual hasta la Rambla de la Victoria. Desde este punto continuamos Rambla arriba hasta el puente de la citada rambla con la carretera de La Unión-El Sabinar. Desde aquí en una línea sinuosa que coincide con el vértice de vertientes del Monte Miral hasta la confluencia con la Rambla del Beal, por la que transcurre aguas abajo, hasta el punto de partida.”

Sin salirnos del perímetro de la zona que las autoridades declararon como Bien de Interés Cultural con máxima protección iniciaremos nuestro viaje en el tiempo en el extremo este del recinto, a los pies del Monte Miral, nos adentraremos en las entrañas de la tierra por la boca de la Cueva Victoria, una vieja explotación minera abandonada que atravesó una antigua sima donde las excavaciones del profesor Gibert sacaron a la luz restos de posiblemente Homo Habilis datados de hace más de un millón de años.

Volviendo a superficie y a pocos metros en dirección al monasterio de San Ginés nos encontramos con las excavaciones de un poblamiento del paleolítico de una antigüedad estimada en 80.000 años.

Seguimos caminando al pie del Miral y muy cerca, al Norte, nos encontramos con el monasterio de San Ginés de Jara. De tiempo inmemorial este paraje estaba bañado por tres fuentes de agua, una de ellas termal, que alimentaban unos baños que habían en el monasterio. La presencia de estas fuentes unido a la cercanía de poblados ibéricos, como el de cercano monte Mingote, habitado entre los siglos V al II a.C, hacen pensar que el origen de este lugar de culto, bien se pudiese remontar a un posible santuario de esta época.

Sin embargo hasta el siglo XIII, fecha de la construcción de la torre fuerte, que aunque desmochada en su última planta, aún se mantiene en pie y que es el germen del actual edificio, todo son hipótesis con alguna que otra pista arqueológica, hagiografía o literaria que nos remiten a la legendaria vida del santo que habitó este paraje.

Se sabe que el patricio romano Cayo Numisius construyo una villa en el siglo II aC hasta hace poco tiempo una lápida romana adornaba uno de los muros del monasterio, hasta que fue saqueada.

Además de esta villa de Numisius, en las cercanías existen factorías de pescado, explotaciones mineras, otras villas y calzadas de la época.

En el Codice Calixtino, libro V, capitulo VIII, “De los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por los peregrinos” nos dice, tras referirse a la iglesia de San Honorato, en Arlés, donde descansa el cuerpo San Ginés y al martirio que sufrió en el año 310.

“El mismo santo apenas hubo sido degollado cogió su cabeza con sus propias manos y la arrojó al Ródano, y llevó su cuerpo por medio del río hasta la iglesia de San Honorato, en donde honrosamente yace. Su cabeza, en cambio, corriendo por el Ródano y por el mar llegó, guiada por los ángeles, hasta la ciudad española de Cartagena, en donde ahora descansa espléndidamente y obra muchos milagros. Su festividad se celebra el 25 de agosto.”

Con respecto a este ‘primer’ San Ginés, leemos en ‘Las actas de los mártires’ atribuidas a San Paulino de Nola:
"Ginés, nativo de Arlés, fue un soldado que llegó a ser conocido por su maestría en la escritura, por lo que fue nombrado secretario del magistrado romano de Arlés. En el desarrollo de las funciones de su oficio, le fue dictado para ser copiado el decreto de persecución de los cristianos. Indignado en su ideal de justicia, el joven catecúmeno lanzó las tablillas de cera donde tomaba sus notas a los pies del magistrado y huyó. Fue capturado y ejecutado y recibió el bautismo en su propia sangre".

Volviendo al monasterio, existe la posibilidad, aunque remota, ya que se basa en leyendas, de que Paulo Orosio, discípulo de San Agustín, fundara un primer monasterio, en el que hipotéticamente podría haber escrito su gran obra  “Historiae  Adversus Paganos” antes de su muerte en el año 417, Orosio regresaba a la península portando las reliquias de San Esteban para llevarlas a la catedral de Braga cuando hizo escala en Menorca, se sabe que de allí partió con rumbo desconocido, unos dicen que a Hipona y otros como Jaime Jordán a la costa de Cartagena, donde “… a tres leguas de la ciudad y en unos montes de gran amenidad funda un convento agustino”  Lo cierto es que ni las reliquias de San Esteban ni Paulo Orosio llegaron nunca a Braga. ¿Estarán los restos de San Esteban y de Paulo Orosio en San Ginés?

 

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