Domingo, Marzo 26, 2017
   
Texto

San Julián, ¡el último castillo!

Hay veces en que ser el último, lejos de no ser bueno, te puede dar un sitio en la historia. Aunque de ficción ¿Quién no recuerda al último mohicano? Y más cercano a nosotros,  aunque quizás menos conocida y por supuesto poco valorada –eran españoles- la gesta de los héroes de Baler, “los últimos de Filipinas”.

Hoy subimos a uno de los cinco castillos que tiene Cartagena. Si, ha leído bien ¡cinco! Ya sé que hay muchas ciudades que tienen su castillo. Las hay también con dos. Algunas –pocas- tienen hasta tres castillos. Cuatro ya es muy difícil de encontrar. Pero ciudades con cinco castillos…
Cada castillo de Cartagena tiene una historia que contar, aunque hayamos dejado que se vacíen sus estancias, se agrieten sus muros, se llenen de maleza sus patios de armas y lo que es peor, hayamos ignorado los hechos que constan en sus hojas de servicio.

El castillo de San Julián, situado a 260 varas de altura, o lo que es lo mismo 298 metros, el que a más altitud está construido. Pasa por ser el último castillo defensivo que se construyó en Europa, realmente tardó tanto en edificarse que se acabó construyendo sin saber para qué, ni por qué, tal vez solo porque había que terminarlo.

Desde antiguo se utilizó la altura del monte como atalaya para vigilar la llegada de enemigos, ya fuesen corsarios de Berbería, ya fuese el inglés. Y precisamente fue el inglés, en 1706, cuando Cartagena tomó partido por los Austrias en la guerra de sucesión, quien construyó la torre circular, que dentro del castillo ha llegado hasta nuestros días.

Con los años se fueron proyectando defensas en torno a esta torre, estableciendo baterías provisionales de cañones. Aunque desde 1795 el ingeniero Ordovás presenta varios proyectos para la construcción de un fuerte autónomo.

La necesidad de este fuerte, la pone de manifiesto en 1801 el ingeniero militar Manuel Caballero, quien llama la atención sobre la defensa de las baterías de costa del frente izquierdo, Trincabotijas y Santa Ana, así como la bahía de Escombreras y el puerto de Santa Lucía. En 1808, durante la Guerra de Independencia, todas estas recomendaciones del señor Caballero fueron tomadas en cuenta, estableciendo órdenes para que 700 hombres defiendan la posición.

Sin embargo los franceses hubieron de esperar 15 años para ollar el suelo del castillo, fue tras la rendición con condiciones del general Torrijos a las tropas de los Cien mil Hijos de San Luis. Aquí terminó el trienio liberal y comenzó una de las décadas más oscuras de la Historia de España.
En 1844, el castillo, que aún era de carácter provisional, fue tomado nuevamente, esta vez a punta de bayoneta por las tropas del Gobierno.

Durante el Cantón, como venía siendo costumbre entre los sublevados, se le cambia también el nombre a esta fortaleza, como a casi todo, dándole el nombre de un poeta fusilado en la cárcel de Ibi en 1869. Así podemos leer: “La Junta Soberana de Cartagena en su sesión de anoche, acordó por unanimidad, y á propuesta de los dignos defensores del castillo de San Julián, que dicho castillo se denomine en lo sucesivo de Froilán Carvajal, en conmemoración del sacrificio de este mártir en defensa de la federación española.

Salud y federación.
Cartagena 9 de Setiembre 1873.”

Dos meses más tarde, en el segundo día de bombardeo total e indiscriminado de los centralistas sobre la población de Cartagena. En concreto el 27 de noviembre, el gobernador del castillo muere al reventarse uno de sus cañones.

Y por fin, después de casi dos siglos, en 1883 el castillo de San Julián es acabado, mas por acabar lo ya empezado que por su utilidad, ya que hacía tiempo que no se había construido ningún castillo defensivo en Europa, pasando el de San Julián por ser el último castillo construido en el continente. Se le dota con grandes piezas de artillería “moderna” que son subidas con las fuerzas de multitud de penados.

No solo vio este castillo, nacer la Primera República de todos los españoles, y poco más tarde la primera y única República Federal Española, vigente por unos pocos meses, solo en Cartagena, sino que fue donde se parió muerta una segunda república en 1886.

En efecto, los cartageneros no siempre hemos sido tan abúlicos y complacientes con la situación establecida. Así a principios de enero de 1886, durante la noche, un grupo de ciudadanos toman el castillo enarbolando la bandera cantonal, la roja. Al alba se disparan sus cañones esperando respuesta de otras guarniciones, pero no la hay, los han dejado solos.

De anochecida, llegó el general Fajardo con un destacamento a las puertas del castillo, y de modo campechano intentó con aire conciliador que los allí encerrados depusieran su actitud, pero una descarga de fusilería fue la respuesta, cayendo herido el General y emprendiendo la huida los insurrectos, entre los que se encontraban Antonete y su hijo. Según biógrafos del murciano, él era -cómo no- el cabecilla de esta, su última aventura. Sin embargo, sí fue la última aventura de un obrero de la Maestranza (El Arsenal) que lejos de huir, volvió a Cartagena a responder de sus actos. Manuel Bartual acabó ejecutado tres meses más tarde junto a un compañero, a un tercero se le perdonó la vida por ser muy joven. La resistencia a la tortura y el silencio, como respuesta de Bartual en los interrogatorios, que buscaban hacerle delatar a sus compañeros, fue incluso elogiada.

También fue la última aventura del general Fajardo, a quien tres días después de caer herido, hubo que amputarle la pierna herida, devorada por la gangrena, Fajardo rechazó el cloroformo, pero  este esfuerzo no sirvió para salvarle la vida, falleciendo 15 días después.

En la esperpéntica España del 98, dado que estábamos en guerra con Estados Unidos y ante un posible ataque, se refuerza el castillo. Desgraciadamente el 20 de mayo, estallan 13.000 kilos de pólvora que estaba allí almacenada, causando 11 muertos y 62 heridos, así como la destrucción de parte del edificio.

En enero de 1909, y dado que es el castillo que a más altura está, se le coloca la primera antena de radiotelecomunicación. Esta, con motivo de la visita de Alfonso XIII a Melilla y poder estar comunicados con la ciudad africana. Y a finales de ese mismo año se realizan las pruebas de la batería de obuses General Ordoñez, situada junto al castillo. Que pasará a perder importancia estratégica para convertirse en alojamiento de los servidores de la batería y más tarde en penal de oficiales.

En 1982, el teniente coronel golpista, Antonio Tejero es condenado a cumplir su condena en este castillo, el guardia civil llegó a Cartagena y quedó confinado por un tiempo en la prisión naval de Lo Campano, a la espera de ser trasladado a la antigua prisión de oficiales, pero se desestimo hacerlo por no encontrarse en condiciones.

El abandono de las instalaciones por los militares, era cuestión de tiempo. En 1991, como contestación a una pregunta de un diputado en el Congreso, leemos: “La Gerencia de Infraestructura de la Defensa lleva a cabo actualmente conversaciones con el Ayuntamiento de Cartagena con vistas a la inclusión en un posible Convenio de la propiedad del Castillo de San Julián.
Madrid, 24 de enero de 1991
-El Ministro, Virgilio Zapatero Gómez.”

Sin embargo y aún a pesar de las expectativas el Castillo no pasaría a manos del ayuntamiento de Cartagena sino a las de Telefónica, que con dos privatizaciones, una en 1995 y otra en 1999 pasó a ser, de una empresa pública a privada, y con ella el estatus quo del Castillo que pasó a ser de público a privado.

En 1995 mediante un convenio del Ayuntamiento de Cartagena con Telefónica se dota de iluminación monumental al Castillo, aunque no duraría mucho, tampoco durarían mucho las puertas cerradas del castillo y con esa apertura de puertas vendría la entrada de vándalos y expoliadores, que unido al abandono y falta de mantenimiento hace que el deterioro progresivo se haya acelerado en estos últimos años, aunque en la página oficial del Ayuntamiento de Cartagena nos describan el castillo y su estado de la  siguiente manera

“Es el castillo de Cartagena con mayor altitud y el más moderno, siendo de estilo neoclásico ecléctico de la Escuela Española algo afrancesado. Doble entrada y puerta elevadiza. Durante la guerra de Sucesión, los ingleses al mando del Almirante Lake tras la conquista de Cartagena construyeron la torre cilíndrica de San Julián, hoy en el interior del Castillo, que venía fortificándose desde la segunda mitad del s. XVIII.
Objetivo: Defender la cumbre del monte de San Julián para evitar que fuera utilizado por el enemigo y dominar la bocana del puerto.
Se encuentra en excelente estado de conservación.”

Por su parte Telefónica, propietaria del castillo colabora con programas culturales de gran importancia, como el museo Reina Sofía o la digitalización de documentos con la Biblioteca Nacional de España.

Por su parte Telefónica, propietaria del castillo colabora con programas culturales de gran importancia, como el museo Reina Sofía o la digitalización de documentos con la Biblioteca Nacional de España.

Así mismo mantiene el Museo de la Fundación Telefónica en Madrid, el Museo de las Telecomunicaciones de Canena (Jaén),  el Museo Profesor Joaquín Serna de Historia de las Telecomunicaciones ETSITUPM Madrid, el Museo de las Telecomunicaciones EUITT – UPM en Madrid, el Museo Didáctico de las Telecomunicaciones en La Coruña, el Museo de las Telecomunicaciones UPNA en Pamplona, Museo San Telmo en San Sebastián y el Museo Postal y Telegráfico en Madrid

Y sin embargo en nuestro castillo, tan solo invierte poblándolo cada día de más antenas y en su mantenimiento. Olvidando la Ley, no solo la que le obliga como propietaria de un BIC a mantenerlo en condiciones y mostrarlo públicamente, sino también la Ley, en el árticulo 19 punto 3 de la Ley de Patrimonio histórico de 1985, (anterior a las actuales antenas)

“Queda prohibida la colocación de publicidad comercial y de cualquier clase de cables, antenas y conducciones aparentes en los Jardines Históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos declarados de interés cultural.”

Naturalmente y como no podía ser de otra manera, DAPHNE ya ha denunciado este hecho y pedido a la DGBC de la CARM que inste al propietario para la retirada de las antenas y la limpieza y consolidación del monumento.

¡Es tuyo! ¡es! Mío! ¡Es de todos! Comencemos a merecérnoslo, todo empieza por conocerlo, amarlo y no perdonar la desidia y el abandono a que nuestro patrimonio parece condenado.

 

A la sombra de la Catedral

Se cumple este mes de julio el ochenta aniversario del final de un proceso que duró siglos. Tan solo hizo falta una semana de sinsentido y locura, y cuatro idiotas venidos de fuera que junto a otros cuatro de aquí -la estupidez no es necesaria ir a buscarla fuera- y además de estos, unos cuantos “viva la Virgen” que los acompañaban, para que lograran sin saberlo, lo que su más odiado “enemigo” llevaba siglos intentando.

El gobierno municipal había puesto carteles para hacer ver que lo que allí había, era patrimonio de todos, e intentó que se supiera apreciar. Esto había funcionado antes, pero aquel día la ciudad estaba llena de gentes venidas de todas partes de la región, el día anterior una multitud había asistido al entierro del primer miliciano muerto en esta locura, que acababa de llegar a las vidas de los españoles para quedarse.

Aquel 25 de julio de 1936 ardieron casi todos los altares de la ciudad con toda la historia que atesoraban, ante una población en estado de shock. Pero no todos permanecieron quietos, ni todo se perdió. La basílica de la Caridad resistió el cerco de los energúmenos gracias al arrojo y la determinación del concejal de izquierdas Miguel Céspedes, que con la inapreciable ayuda de un grupo de damas de la noche del Molinete repelió la agresión.

Otro caso de lucidez lo tenemos en las juventudes comunistas, que sabiendo el destino que le esperaba a nuestra Catedral, ayudaron al cronista de la ciudad, Federico Casal, a poner a salvo las tallas de los Cuatro Santos de Salzillo y a la Virgen del Rosell.

Minutos más tarde la chusma pisoteaba y destruía parte de nuestra historia. Sin embargo no fue esta la causa de la ruina del templo, ni las bombas alemanas que meses después acabaron con su techumbre y algún muro, ni tan siquiera que estuviera desde entonces dejada de la mano de Dios y de su representante en esta tierra, o lo que es aún peor, que estuviera durante años en manos de diferentes ayuntamientos que lejos de cuidar o mantener, se dedicaron a expoliar.

Resulta sorprendente ver fotos del estado de la Catedral al acabar la guerra y compararlas con una de nuestros días. La devastación es casi total.

Pero con todo, la destrucción de nuestra Catedral, la de Santa María la Mayor lleva siglos fraguándose, desde aquel lejano año de 1291en que el tercer obispo de la restaurada diócesis de Cartagena, la más antigua de España, encuentra la excusa de la inseguridad de Cartagena frente a taques de piratas, para establecerse en otra ciudad, y con él, todo el poder y privilegios que correspondían a una sede episcopal ¡que no eran pocos¡ tantos que un pequeño pueblo podía convertirse en una gran ciudad a la sombra de la mitra de su obispo.

Justificada la marcha del obispo con argumentos peregrinos e incluso con bulas papales falsas y hasta algún asesinato, faltaba un detalle: borrar del mapa la catedral de Santa María la Mayor, la Catedral de la diócesis, lugar donde Roma establece la residencia de su obispo,

Se trabajó con entusiasmo en esta tarea, construyendo nuevos edificios en la nueva residencia clandestina del obispado, gracias a los diezmos y privilegios de que gozaba la Iglesia. Se construyeron conventos e iglesias, el palacio episcopal. Se domesticó el rio cercano encerrándolo entre muros con dineros del primer vecino de la ciudad, el obispo de Cartagena. Y sobre todo se construyó una iglesia grande junto a la que se levantó la torre cristiana más alta de España, solo superada por la Giralda, y a esta iglesia se le puso el nombre de la Catedral; Santa María la Mayor y poco después se la llamó catedral. Mientras la Catedral, la auténtica, se mantenía en pie, a pesar de la pobreza a que le sometía el olvido de su dueño. Varias veces amenazó ruina, e incluso llegó a tener derrumbes y estar cerrada al culto, varias veces fue reconstruida, hasta que la pudiente Cartagena de la fiebre de la Plata acometió su última restauración, la de Víctor Beltrí. El final de esta historia ya lo conocemos.

Sin embargo los cartageneros nunca se resignaron a su derecho a tener al obispo paseando por sus calles y sentándose en su silla, esa de las que solo hay una en cada diócesis, y que se halla en un solo sitio en una diócesis, en la única catedral de la diócesis. Catedral que sin permiso del Papa no se puede trasladar de una ciudad a otra, aunque sí dentro de una ciudad se pueda trasladar de un templo a otro. Y eso fue lo que intentó el pueblo de Cartagena, que hubo de pagar casi integra la construcción de una iglesia grande, aún inacabada, Santa María de Gracia, nacida con vocación de catedral, pero sin el cariño de su pater, un obispo huido que nunca pensó en estas cosas como Dios manda.

Y en esas seguimos, empecinados en borrar del mapa a la primera diócesis de España, aquella que Santiago dejara en manos de San Basilio en el año 37 y que dio hasta que la secuestraron diez obispos santos más a la cristiandad. Después del robo de la sede episcopal ni un solo obispo subió a los altares. Lo que mal comienza, mal acaba. Se sigue intentando, ahora, después de que por fin, hace ochenta años, un ejercito de descerebrados consiguiera convertirla en ruina, desprestigiarla, convirtiéndola en una atracción de feria. No en una catedral. No en la Catedral, sino en otra sala del exitoso Teatro Romano. Churras, merinas. Tocino, velocidad. Catedral, espectáculo, no todo es lo mismo, lo primero son maneras de confundirse, lo otro, maneras de confundirnos.

Menos mal que desde hace más de quince años un grupo de ciudadanos ha hablado siempre alto y claro, incluso a los tres Papas a los que han tenido que clamar justicia, en demanda de la total reconstrucción de la catedral de la diócesis de Cartagena y el culto en ella. El trabajo de la Plataforma Virgen de la Caridad merece toda nuestra admiración, un trabajo que regado por el copioso sudor de sus miembros va dando sus frutos, raquíticos y a veces ridículos frutos, ridículos como la voluntad de  los encargados de otorgarlos, a la fuerza, siempre a la fuerza.

Por todo esto, cuando leamos próximamente en los medios de papel que el obispado abre la Catedral para que pueda ser visitada, pensemos que quien realmente ha abierto esa puerta, ha sido la Plataforma Virgen de la Caridad. Gente que lucha por lo suyo, lo tuyo y lo mío.





 

Pág. 8 de 11

 

 

Prohibida la publicación de fotografías de este diario digital con la marca 'CYA' en cualquier publicación o en Internet sin autorización.

 

Login Form

Este sitio utiliza cookies de Google y otros buscadores para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y analizar las visitas en la web. Google recibe información sobre tus visitas a esta página. Si visitas esta web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies. Para mas informacion visite nuestra politica de privacidad.

Comprendo las condiciones.

EU Cookie Directive Module Information