Jueves, Marzo 30, 2017
   
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Cárcel de San Antón: La verdad os hará libres

En estos últimos años ha resucitado en la población el sentimiento de la pertenencia del Patrimonio como herencia de nuestros antepasados, estamos viendo como hay gente dejándose la piel por no dejar caerse edificios singulares de gran valor histórico: San Ginés de la Jara, Castillos de Los Moros y Despeñaperros, el cine Central, La Casa del niño…  ya han echado a andar hacía su recuperación, o lo van a hacer en breve. Otros van a tardar un poco más, pero hay gente empujando fuerte para conseguirlo, La Catedral, Villa Calamari, La Casa del Tio Lobo, las cinco ermitas del Miral, castillos como Atalaya y San Julián, los molinos de viento  y un sinfín de baterías de costa y fuertes.

 

En las últimas  fechas se les ha unido otro edifico singular, la vieja cárcel de san Antón, otro edificio que encierra entre sus paredes parte de la historia de nuestra ciudad. Historia que hemos de rescatar siempre buscando la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. No se puede defender el Patrimonio a cualquier precio, en otras ciudades sí, pero en Cartagena no. Esa historia debe ser al cien por cien verídica. En busca de esa historia escondida de la que la gente habla pero no dice nada me he lanzado a buscarla con la mente clara y en blanco, no he conseguido ni más, ni menos información que la que comparto. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

Cuando el 29 de septiembre de 1929 el Castillo de Los moros pasó a pertenecer al Ayuntamiento, se pensó convertirlo en la cárcel de la ciudad, sin embargo a final de ese mismo año se comenzaron los trabajos para construir la nueva cárcel, en el mismo barrio donde estaba la ya vieja y destartalada cárcel; San Antón.

 

La ciudad ya tenía varios grandes presidios, los castillos de Galeras y San Julián y el famoso Penal donde su director Francisco Machado, hermano de los poetas Antonio y Manuel, recibió como huéspedes a Largo caballero, Besteiro, Aguiñiano y Saborit en 1917. Años más tarde, en 1934 medio Gobierno de la Generalitat de Catalunya sería confinado en sus celdas. Este presidio funcionó como tal hasta la mitad de los años 40, conviviendo durante años con nuestra cárcel de San Antón, dedicada ésta a un uso más doméstico.

 

Las obras de esta nueva cárcel se acabaron en 1936 y con el estallido de la Guerra se empezó a utilizar de inmediato. Fue en esta primera etapa cuando el terror se instaló entre sus muros. El 15 de agosto de 1936 al tiempo que tenían lugar los tristes sucesos del España Nº3 que se saldó con 209 ejecutados, que tras ser ejecutados en la cubierta del barco fueron arrojados al mar encadenados a rejas de hierro en Cala Salitrona. A la vuelta de la hazaña de la marinería del Jaime, se presiona al Frente Popular para seguir la orgia de sangre que se había comenzado la noche anterior con fusilamientos en las calles cercanas al Arsenal. Y se decide sacar de la cárcel de San Antón a dar un “paseo” al Alcalde perpetuo Alfonso Torres junto a  seis destacados ciudadanos, todos fueron conducidos a la carretera de Murcia donde se les ejecutó. Los paseos habían comenzado.

 

Poco después, el 7 de septiembre queda constituido en esta cárcel el Tribunal Popular  para juzgar a “los encartados en el movimiento faccioso”. Los juicios se celebran en la misma cárcel que muy pronto se quedó pequeña, por lo que una semana después, el se hizo hueco en la prisión y “fueron puestos en libertad todos los presos  que había por delitos comunes”.

 

Más trágico fue el vaciado de sus celdas un mes después, el 15 de octubre de 1936, fecha que quedaría grabada durante años en la memoria de la ciudad. Este día tiene lugar la mayor “saca” de prisioneros, en total 49 que fueron conducidos a las tapias del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios, donde fueron ejecutados.

 

No hay más noticias en la Prensa sobre la prisión hasta acabada la Guerra, en las que dan testimonio de como la prisión acoge también a población reclusa femenina, muchas de ellas con sus hijos, como recoge La Hoja oficial de Cartagena el día 8 de enero de 1940. Haciendo mención de la visita a la cárcel de “camaradas de la Organización” para llevar juguetes a los hijos de las reclusas.

 

Pero también acogía a  presos como los dos antiguos milicianos acusados de asesinar y robar  “durante el periodo rojo”  a un comerciante. Poco después se ingresa a Francisco S.  por ser aficionado a los delitos contra la propiedad en el “periodo rojo”

 

Mientras, en el único periódico de la ciudad en aquel tiempo (LA HOJA OFICIAL DE CARTAGENA)  se publicaban todos los días largas  listas  de “Comparecencias” citando en los diferentes juzgados a los vencidos. El 31 de enero de 1940 junto a la noticia de la celebración por la colonia alemana en Cartagena del séptimo aniversario del “triunfo nacionalsocialista“ leemos la de la visita de la Falange a la prisión para repartir ropas de abrigo, ya que en la anterior  visita solo repartieron 90 prendas de abrigo, en esta ocasión fueron 100. Se finalizó el acto con el himno de la prisión compuesto por reclusos y los himnos del Movimiento.

 

El 8 de marzo aparecía la noticia  de una boda en la cárcel en  la Hoja oficial de Cartagena, justo debajo de la noticia de los “Consejos de guerra permanentes” del día siguiente, que se celebraban en el salón del Ayuntamiento,  exhibía la noticia una lista de los que esperan el fallo del juicio,  destaca el nombre de Antonio Puig Campillo.

 

Hasta el 18 de octubre de 1941 no hay más noticias sobre la cárcel de San Antón, y es en este día, como en los próximos años,  en que se  recordará a los 49 asesinados en la “saca” del 18 de octubre de 1936.

 

El 6 de noviembre de 1941  son encarcelados dos delincuentes por robar carbón de la estación de la MZA según nos dice “El Noticiero”,  Una semana después era un comerciante que vendía a precios abusivos quien ingresaba en la prisión. A  partir de estas fechas son delincuentes de poca entidad los que ingresan en San Antón, dando la Prensa puntual noticia de ello. Delitos que van desde “tantear” el bolsillo ajeno, faltar a la moral, promover escándalos, “blasfemar contra el Santo nombre de Dios”,  comprar objetos robados, embriaguez, tráfico de alimentos o por abandono del hogar, en este caso fueron encerrados tanto el hombre como su amante (El Noticiero 25-5-1942).

 

El 2 de julio de 1942 El Noticiero nos regala la noticia de la detención de tres “meretrices por bañarse faltando a las elementales reglas de decencia y moral” el baño les costaría 30 días en San Antón.

 

Durante años al ya amargo trance del ingreso en prisión había que añadir el “salir en los papeles” con nombre y apellidos, e incluso para más escarnio, la dirección del domicilio. Aireándose casos como el siguiente: “ Han ingresado en la cárcel de San Antón Elena S. M. R. de 36 años, natural de Bilbao con domicilio en la calle de Hiladores 3 y María P. R. de 48 años natural de Lorca, con domicilio en Balcones Azules 7-1º por dedicarse a recibir en sus domicilios.  Mujeres de vida airada sin estar provistas del carnet sanitario”.

 

Otras veces era la vergüenza para toda la familia: “María B. S. de 29 años, viuda, hija de Fernando y Antonio “natural de Medina de Las Torres” con domicilio en el Barrio Peral y María H. H. con domicilio en el Hondón, fueron puestas a disposición de las autoridades por tráfico ilícito de patatas".

 

A partir de 1943 la prensa es más comedida y solo publica los nombres de los nuevos reclusos, no sus hazañas. Pocos años después, al final de la década, tan solo una noticia al año de la prisión; la del recuerdo de los “49 caballeros caídos por Dios y por España” el 18 de octubre del 36. Esto sería así año tras año hasta que el 13 de enero de 1971, en que El Noticiero da la noticia del ingreso en San Antón de Joaquín Gorostidi Artola, condenado en Burgos a dos penas de muerte por el asesinato del comisario Melitón Manzanas. La pena le fue conmutada por 30 años de cárcel.

 

El 7 de junio de 1973 fue 'El Lute' quien llegó a San Antón procedente de la prisión de Sevilla. En el mes de octubre se volvió a recordar como todos los años que duró el régimen a los 49.

 

Otro “ilustre”  huésped de la cárcel fue 'El Vaquilla'

 

Llegado a este punto, y sabedor que hay que leer entre líneas en la Prensa del pasado, hay que decir que la prisión de San Antón no fue una “residencia” feliz para nadie durante los años de la dictadura, pero no más dura que cualquier otra prisión de España.

 

Apoyo y felicito a quienes quieren leer el libro de nuestros peores años como país, y me sumo a ellos para que podamos pasar página ya de una vez. Tan solo deseo que tengamos la madurez de no empezar el libro por la última página y sí empezarlo el día en que esas dos españas complementarias una de otra se volvieron antagónicas… Y eso no fue en un día de verano.

 

Conozcamos nuestra historia, asumámosla, olvidemos odios y aprendamos de ella para no repetirla.

 

 

¡El año de Cartagena!

Cuentan de un cura que fue destinado a un pueblecito. Al legar advirtió la falta de sombra y arboles junto a su vieja ermita. De su pueblo natal a su requerimiento, su familia le envió un esqueje de ciruelo que con sus propias manos plantó a la entrada de su iglesia.

De familia de agricultores dedicados a las ciruelas, aquel árbol le recordaba su niñez, él sabía todo lo que hay que saber sobre los ciruelos y año tras año lo cuidaba con esmero, lo cavaba, lo abonaba, lo podaba y se desesperaba año tras año esperando que aquel árbol floreciese.

Treinta y ocho años pasaron sin que una flor premiara los desvelos del cura, tampoco la cosecha de fieles era buena, salvo cuatro viudas y algún crio, nadie pisaba la iglesia. El nivel de abatimiento del sacerdote no podía ser mayor cuando aquella mañana de finales del invierno una flor apareció en el viejo ciruelo. Un milagro pensó, una señal del cielo, ahora todo podía cambiar, se decía. Pero la flor tras unos días cayó mustia al suelo. Casi de inmediato el clérigo se hizo con un hacha y colérico comenzó a cortar el tronco del ciruelo.

El espectáculo le llamó la atención a un hombre que pasaba por allí, el hombre observaba al cura que con ahínco se empleaba contra el ciruelo, a la vez que observaba el árbol, una vez en el suelo el ciruelo, el religioso fue a darle el primer golpe en el tronco para hacerlo leña cuando aquel hombre que había estado observándolo se le acercó pidiéndole que parara.


Aquel hombre le explicó al sacerdote que era escultor y que dentro de aquel árbol había visto la figura de Cristo crucificado y que, si se lo permitía tallaría una imagen con la madera de aquel árbol, además donaría la figura a la iglesia del pueblo, ya que a él solo le movía servir a Dios, ya era muy mayor y lo único que necesitaba era ir poniéndose a bien con el creador. El cura aceptó y acogió al escultor en su casa hasta que el crucificado estuvo colgado en la pequeña capilla que había junto a la entrada del templo.

Sin poder explicar el por qué, el cura vio como empezaron a llegar fieles que nunca había visto, incluso de toda la comarca. Al parecer había llegado a correr el rumor que aquel cristo era “muy milagrero”

La iglesia estaba abarrotada, pero solo a la altura de la pequeña capilla junto a la entrada, donde estaba el Cristo, el resto permanecía solo habitada por nuestro cura. Aquella tarde noche de agosto la paciencia del religioso se agotó, con los brazos abiertos avanzó desde el altar mayor hacia la multitud gritando –ha llegado la hora de cerrar, vamos todos fuera- poco a poco el templo se vació y tras salir el último de los fieles cerró la puerta, echó el pestillo y lentamente se volvió, inmóvil se quedó mirando al crucificado, un hormigueo le subió desde la planta de sus pies y se le instaló en el bajo vientre, sin poder controlarlo sus piernas se flexionaron, su espalda se encorvó, sus puños se cerraron juntos con fuerza  a la altura de sus genitales, alzó la mirada a aquel madero y con toda la rabia del mundo le dijo: “Casi cuarenta años te estuve cuidando y nunca tus frutos vi. Los milagros que tu hagas que me los cuelguen de aquí”

Hace 38 años se plantó el futuro de esta comunidad autónoma. En el centro de nuestra ciudad creció un edificio ecléctico de dos plantas muy dispares sostenido por pilares que al correr del tiempo han tenido que ser reforzados con zunchos de acero. Sobre estos pilares defectuosos hay otra planta de porte moderno de la que parecen salir unos garfios que se clavan en la planta superior de inspiración modernista. De este edificio plantado en el corazón de Cartagena hace casi 40 años, y a nivel Patrimonio histórico de Cartagena, bien podríamos decir como el cura de nuestra historia.

No voy a repetir la interminable lista de monumentos en peligro de desaparecer con que acabé mi última entrega de “Resurrección” pero si me gustaría hacer referencia a los que están en la prestigiosa Lista Roja del Patrimonio español en peligro de la asociación independiente Hispania Nostra, y a la que hace pocas fechas hizo referencia nuestra consejera de Cultura refiriéndose a un convenio con la CARM y a la salida de esa lista de ocho o nueve monumentos. Esto junto a la adquisición del cine central y los planes de recuperación anunciados para la Casa del niño y la vuelta de CEHIFORM, así como la promesa de que 2017 va a ser el año de Cartagena. En principio nos debe llenar de alegría y optimismo, pero…  No paro de acordarme de lo que le dijo nuestro curica al crucificado.

A día de hoy tan solo hay retirados de la Lista Roja  2 de los 25 monumentos de la CARM, uno  el yacimiento de San Esteba y el otro Villa Calamari, cerrada al público por el peligro que implica ser visitada. Nuestra consejera hace referencia a un convenio con Hispania Nostra, y así es, pero buscando en las hemerotecas, este convenio solo se refiere a la recuperación del yacimiento de San Esteban y al ayuntamiento de Murcia que va a contar con una prestación económica de 15 millones de euros.

Por otro lado, tal como no paran de adelantarnos, sí parece que será el año de Cartagena, acaban de decir que van a gastar un millón en La Casa del Niño, el solar del MURAM  y el cine Central, ¡no está mal! Acostumbrados a no ver un duro, pero para ser el año de Cartagena habrá que acercarse un poco más a lo que se estila por otros lugares.

Lástima que después de casi 40 años tan solo vayamos a tener un año. Año que posiblemente solo tenga de especial el que al fin por una vez, nos den lo que nos corresponde, pero el año de Cartagena solo llegará cuando se tome conciencia en el Paseo Alfonso XIII  53 que la puesta en valor del rico patrimonio militar, marca la diferencia con cualquier otro destino turístico, añádanle edificios de todas las épocas y usos.  Denle coherencia y atractivo a toda esa oferta y comuníquenla ya mediante el AVE con el resto del Mundo (cosa que hace tiempo que podría y debería haber ocurrido) y tendrán un destino turístico de primer orden y calidad. Además de un motor poderosísimo de la economía regional.

El año que realmente sea “El año de Cartagena” será el año de esta comunidad autónoma. Mientras seguiremos como nuestro cura, cuidando del cerezo y esperando sus frutos.

 

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