Jueves, Marzo 30, 2017
   
Texto

San Ginés de la Jara (V)

Pero volvamos al curso de la historia, estamos en el siglo XVII y en él, con la protección de don Juan José de Austria, el patrimonio artístico del monasterio creció considerablemente. En el monasterio vivía un fraile llamado Pedro Botía, de joven había tenido una visión del niño Jesús en la cercana población de Mula, con el tiempo Pedro Botía se convirtió en el asesor espiritual de don Juan, quien al parecer entre otros donativos dio al monasterio un cristo o un cañón o una “custodia de plata sobredorada y piedras preciosas, donde hay buenas esmeraldas y en el viril 50 y tantas perlas iguales i mayores que garbanzos da sahuco”

Don Juan había visitado el monasterio en otras ocasiones, ya que en él habitaba su asesor espiritual, pero sin duda la más transcendental fue el 12 de septiembre de 1669 cuando se colocó en el altar mayor la pequeña imagen de la Virgen del milagro, el Campo de Cartagena llevaba siete años sin recibir ni una gota de agua, ni tan solo del rocío mañanero, tan pronto como la virgen estuvo en su sitio comenzó a llover de manera que la cosecha del año siguiente fue de las más copiosas que se habían conocido.

La imagen había sido comprada por el franciscano fray Juan de Torres a unas mujeres moras que jugaban con ella como si de una muñeca se tratase en una calle de Argel. El fraile estaba cautivo en Argel y al ver la imagen tuvo el impulso de comprarla aun gastándose el dinero de su amo, de camino a casa de su amo la zozobra y el miedo al castigo invadían el espíritu de nuestros fraile, pero milagrosamente un capitán de un navío francés le dio espontáneamente el dinero que necesitaba para dar a su amo, tomando la pequeña imagen el nombre de Virgen del milagro.

Años después fue liberado el franciscano y aunque su deseo era que la imagen residiese en La Jara, no se pudo negar a regalársela a la familia del marqués de Leganés al que había visitado en Oran. Pasado el tiempo el Marqués volvió a la Corte y aunque quiso donar la imagen a algunos conventos estos no la aceptaron, tal vez por su reducido tamaño, 35 cm, pero quiso el destino que fray Pedro de Jesús viera la imagen y se la pidiera al Marqués para llevarla al al monasterio de San Ginés de la Jara.

Un año después del milagroso aguacero presenciado por Juan de Austria se creó la Hermandad de la Virgen del Milagro de la que fue fundador y Hermano mayor el rey Felipe IV, concediendo el Papa Inocencio XI jubileo perpetuo a quien peregrinase al Monasterio el día de la festividad de la Virgen.

Nos encontramos a principios del siglo XIX, el monasterio aún franciscano alberga gran cantidad de cuadros, libros, imágenes y patrimonio atesorado durante siglos, pero se acercan tiempos convulsos para la Iglesia y gran parte de este patrimonio es “evacuado” Sabemos que parte del patrimonio del monasterio recaló en la cartagenera iglesia de Santa María de Gracia, el 28 de agosto de 1821 sale de Cartagena un carro escoltado por el ejército en dirección Murcia, el carro va cargado con cajas que contienen joyas y efectos de valor, pertenecientes a los conventos recién clausurados.

El 18 de abril de 1842 el diario El Espectador publica un anuncio denunciando irregularidades en la adjudicación de la propiedad del monasterio de San Ginés de la Jara, abogando el columnista por la intención del señor Valarino de instalar una fábrica de cerámica y loza tipo inglesa. Al parecer el Sr. Valarino ya se había dado cuenta que el monasterio, aún antes de salir a subasta ya tenía dueño. Justo un año después se confirman los hechos, el 17 de abril de 1843 se publica en el Diario de Madrid la salida a subasta pública del monasterio de San Ginés de la Jara, tasado en 71.836 reales, y sería ¿cómo no? el prestamista y político cartagenero, diputado en Cortes D. Miguel Andrés Starico y Peseto quien se quedaría con la propiedad.

El primer dueño del exclaustrado monasterio fue Miguel Andrés Starico, hijo de genoveses, había nacido en Cartagena en 1780, hábil con los negocios se convierte pronto en uno de los prestamistas más importantes de la provincia, invirtiendo los beneficios en el arrendamiento al Estado de toda clase de impuestos y derechos, como derechos de puertas, suministros al ejército, etc.

Se presentó junto a Juan Álvarez de Mendizábal para diputado a Cortes por Murcia, siendo elegidos los dos, y siendo poco más tarde junto a Mendizabal uno de los firmantes del Decreto de la famosa Desamortización.

Con su inmensa fortuna y posiblemente como gran acreedor del Estado, fue el mayor beneficiario de los bienes desamortizados en la Región, llegando a pujar y conseguir la concesión de las campanas de todos los conventos enajenados de la Región para su exportación como metal al peso por el puerto de Cartagena, afortunadamente no se descolgaron casi ninguna campana de sus espadañas y torres.

Sin embargo el monasterio de San Ginés no sufrió saqueo, sino más bien al contrario, la familia Starico lo eligió como residencia veraniega en vida y residencia eterna en la muerte, de ello nos habla tanto la cripta bajo la iglesia del panteón de la “Familia Starico Ruiz” como el encalado para tapar las pinturas de la nave de la iglesia y fechado en el techo en la década de los 50 del siglo XIX.

Casi un año después el 19 de febrero de 1844 se publica en el Diario de Madrid el anuncio de subasta pública de los terrenos pertenecientes al monasterio de San Ginés de la Jara, situados en la dehesa de San Ginés en la diputación de Algar, se tratan de 142 fanegas, más de 900.000 metros cuadrados tasados en 24.675 reales. Acabando la propiedad en manos del Sr. Starico.

A partir de estas fechas la memoria colectiva del santo y de los lugares relacionados con él empiezan a disolverse y olvidarse, tomemos por ejemplo la “Sierra de San Ginés”, refiriéndose a los montes que van desde el monte San Julián hasta el Cabo de Palos, a día de hoy Sierra Minera o Sierra Cartagena-La Unión.

Así en el “Itinerario descriptivo militar de España” de 1866   leemos en la página 403 del tomo IV: “A 3.5 k. de Algar se divide el camino en varios. El primero continua por la costa faldeando la sierra de San Ginés, y conduce a San Ginés de la Jara, antiguo monasterio y hoy caserío con 230 vecinos, distante 19.5 k. y dependiente del Ayuntamiento de Cartagena”.

Tampoco queda nada de ese caserío de 230 vecinos, que no habitantes, también desapareció en el que según testimonios se encontraba una ermita de las nueve que tuvo el Miral convertida en vivienda.

Por otro lado en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de Pascual Madoz, publicado en 1847, en el tomo VIII, en la voz Ginés(San) leemos: “se encuentra la sierra de San Ginés que son unos cerros lindantes con el mar Mayor por la parte S. Y con el mar Menor por el O. En la falda de uno de estos montes con exposición al N. se encuentra situado el ant. Conv. De San Ginés de la Jara, que perteneció a la reforma de recoletos de la orden de San Francisco; este edificio con la igl. Y hospedería están dentro de un cercado que llaman “El Real”, con una parte de huerta plantada de naranjos y árboles frutales, regados con las aguas de 3 nacimientos de dichos montes, siendo medicinal una de aquellos, y para tomarlas hay construidos baños que son frecuentados por las personas que moran aquellos contornos …” 

Igualmente Madoz en la voz Cartagena nos dice que en el mismo puerto nace la sierra de San Ginés que llega hasta el Cabo de Palos.

A día de hoy de aquellos tres nacimientos de agua no tenemos ni noticias y menos aún de los baños, del huerto si, aunque solo sea por fotos antiguas y recortes de prensa que anunciaban las famosas “Naranjas de San Ginés de la Jara” y de la Sierra de San Ginés…

 

El monasterio, lo que no vemos

Pero volvamos al monasterio, visto lo que no se puede ver a día de hoy, ya que o no existe o está bajo tierra o escondido entre los muros del edificio, comenzamos la visita al cenobio partiendo de su lado norte, aquí se levanta la torre fuerte, datada en el siglo XIII coincidiendo con la noticia de la fundación del convento por Alfonso X el Sabio.

Mientras las ciudades vecinas habían rendido vasallaje en Alcaraz al príncipe castellano el año anterior, Cartagena se había negado y resistido el envite de sus tropas, pero en este año de 1246 el joven Alfonso tal y como hiciera Escipión el Africano, ataca por tierra y por mar la antigua Cartago Nova, incorporando para la Corona de Castilla y el cristianismo a la ciudad de Cartagena y su Campo. Teniendo noticia los agustinos de Corbeya de la conquista de los castellanos, se consiguieron el favor de Alfonso para establecerse a los pies del Miral y fundar allí un monasterio bajo la advocación de San Ginés.

Hay autores como Torres Fontes que aseguran que la construcción de la torre es anterior, y que esta es de origen árabe, pero lo cierto es que, es en ella donde se instalan los monjes, a su costado, donde hoy se encuentra la cripta bajo el altar existió una ermita. La torre tenía tres plantas y una altura similar a la actual iglesia que más tarde se le adosó y que aún hoy se mantiene en pié.

En 1339 el rey Alfonso XI intercede por los agustinos de San Ginés ante el pleito que por la posesión del monasterio tienen estos con el obispo y el cabildo catedralicio que ha huido de Cartagena a Murcia: “enbiamos rogar e mandar al dicho obispo de Cartagena que desenbargase y dexase usar al convento e a los frayles de la Orden de Sant Agustin  de un monesterio que el rey Don Alfonso, nuestro visabuelo que Dios perdone, edificara en el regno de Murcia, que dicen Sant Gines, para la dicha Orden,” y así fue, el monasterio se habitó con los Agustinos hasta que lo abandonaron para marchar a Toledo al monasterio de San Esteban.

Sabemos que el infante don Juan Manuel en sus dos testamentos, el primero en 1339 y el segundo en 1340, dispone que sea repartida una renta de 2.000 maravedíes para cuatro capellanías “la una dellas en San Gines, et las dos en Santa María de Cartagena et la otra en Santa María de Murcia”

En 1340 nace en Cetina a cuatro leguas de Calatayud Juan Lorenzo. Debido a circunstancias adversas, su padre lo manda a servir a la casa de los señores de Cetina, donde dado su inteligencia y carácter, goza del afecto de sus señores, sin embargo el joven Juan sueña con una cueva donde retirarse y buscar a Dios, y la busca hasta encontrarla en el monte Miral, allí vive años de soledad y oración hasta que marcha a ordenarse sacerdote franciscano al convento de Monzón en Aragón, por ser el de San Ginés de agustinos.

El beato fray Juan de Cetina moriría mártir el 17 de mayo de 1397 azotado y decapitado junto a fray Pedro de Dueñas en la Alhambra por mandato del sultán Mahomed Abenbalba.

En 1437 fray Alonso Rubio de Cuenca y fray Francisco de Molina, franciscanos ambos, obtienen permiso para retirarse a la oración y a la vida de ermitaños en el Miral debiendo obediencia al prior del vecino monasterio agustino de San Ginés.

En 1483 Fernando el Católico nombra Capellán de San Ginés a fray Juan Maymón dado que el anterior era “onbre biejo e apasionado de dolencias e non puede dar el recabdo que es menester para que sea bien servida como deve” y más adelante añade “E porque yo querria que aquella casa fuese bien regida e administrada, porque tengo devoçion aquella”

En 1477 los Reyes Católicos habían confirmado como Señor de Cartagena a su Mayordomo Mayor, don Juan Chacón, que ha heredado el título de su suegro, después de haberse casado con su primogénita, doña Luisa de Fajardo.

Don Juan, tras el abandono de cenobio por parte de los agustinos, quiso que el monasterio de la Xara fuera franciscano, pero, tal como nos dice fray Pablo Manuel Ortega en sus “Crónicas de la Santa Provincia de Cartagena de la regular observancia de N.S.P. S. francisco”  “Con algunas bien raras condiciones, y aun, creo, que en aquella conftitucion de cofas, parecieron algunas impertinentes” no obstante en 1493 se llega a un acuerdo en una junta general celebrada en Barcelona a la que asisten fray Manuel de Sanmartín, Vicario provincial de Castilla, fray Pedro de Molines, Custodio seráfico de Murcia, fray García de Padilla, guardián del convento de San Ginés y don Juan Chacón con dos bulas papales en sus manos, una de Inocencio VIII el 10 de febrero de 1491 y otra del antiguo obispo de Cartagena y entonces Papa, Alejandro VI del 30 de julio de 1493. Don Juan obtiene así permiso para construir iglesia y claustro, refectorio, dormitorios, huerto y cementerio, y se le faculta para la elección de “ocho frayles de la Orden del Seráfico Padre San Francisco de la Cofradía de Murcia”. Sin embargo según el licenciado Cascales, a Juan Chacón solo se le podría atribuir la construcción de una “pobre iglesia falta de muchas cosas necesarias” A partir de aquí, la presencia franciscana en el monasterio será continua hasta 1835.

El 7 de mayo de 1541 el Papa Paulo III concede liturgia y culto a San Ginés, quedando fijado el 25 de agosto como el día para su celebración. Más tarde el culto a San Ginés se reafirma con la concesión de jubileo perpetuo en el monasterio otorgado el 4 de diciembre de 1599 por Clemente VIII a instancias de fray Alonso de Vargas.

Pero es en 1595, con la toma de posesión del Ministerio de la Provincia Seráfica de Cartagena del padre fray Diego de Arce, cuando se acometen las obras que convertirán a San Ginés en un referente de la religiosidad. Se empieza la construcción de la iglesia, de factura humilde en cuya fachada va a destacar su pórtico de entrada de estilo renacentista sobre el que se colocó el escudo de los franciscanos y sobre este, el de los Fajardo.

En 1611 se comienza a construir, a petición de los frailes de San Ginés, un camino entre Cartagena y el monasterio de San Ginés, para evitar el vuelco de los carros.

Un año más tarde, en 1612 se traslada el Santísimo de la torre fuerte hasta el altar de la nueva iglesia que se ha construido apoyada en la pared Sur de la torre y sobre la primitiva ermita, desmochando años más tarde la torre al quitarle una de sus tres plantas. Más tarde se construyó el claustro y las celdas monacales. Recientes excavaciones en el claustro han confirmado la existencia en sus cimientos de otro claustro aún más antiguo.

Pocos años después el licenciado Cascales visita el monasterio dándonos una minuciosa descripción del mismo. “La fachada de la casa es humilde, y en cierto modo bronca, promete poco, y da mucho, que si las paredes son (aunque largas y fuertes) poco levantadas, luego en entrando por la puerta pisamos un patio bien cuadrado, con muchos y espesos naranjos enanos, dispuestos cuarteles, que hacen una hermosa vista. En medio se levanta una basa redonda de ladrillo rojo, donde asienta una columna de mármol que sustenta al santo Simón Estilita, aquel insigne ermitaño que sobre una columna hizo penitencia largo tiempo. Al un costado de este patio hay un espacioso y largo real ... Remata en un gran cuarto nuevo que ahora se va acabando, que éste y el un lado del templo hacen un gracioso claustro. A ese otro costado correspondiente al real hay otro tanto espacio para caballerizas y hospedería de los que vienen a cumplir sus votos y novenas, y al lado derecho una valentísima torre, alcázar y defensa de toda la casa, con muchos esmeriles (armas de fuego) para los casos urgentes. Aquí se nos representa la iglesia”

El monasterio estaba rodeado de muros que cerraban y cierran una parcela de  unos 65.000 metros cuadrados en la que existía un verde huerto con más de 5.000 árboles, acequias, balsas, casas de labranza, establos, baños, el Real para ferias y mercados, hornos, molinos, y 15 oratorios, 16 según el licenciado Cascales, hoy en paradero desconocido.

Ascensio de Morales a mediados del siglo XVIII nos habla del monasterio de San Gines de la Jara, “Yo he estado en ese monasterio, y le he reconocido con particular cuidado todo él. Su centro de el claustro es obra antiquísima, en ella se ve sobre la puerta principal la insignia de los benitos..” ¿habrá sido el monasterio en tiempos de la Orden de San Benito? ¿o el historiador Ascensio Morales se inventó este detalle para darle más empaque a la antigüedad del cenobio?

En su escrito Ascensio Morales en otro párrafo sitúa la posibilidad del establecimiento de esta orden sobre el 600, de igual manera deja caer la posibilidad que según San Ysidoro, los Obispos Hector y Liciano se formasen en el "celebre y antiguo monasterio de S. Ginés de la Jara".

Manuel González Simancas  en su Catálogo Monumental de la Provincia de Murcia de 1907  nos dice:  “En el huerto del convento, en paraje cercano al ábside de la iglesia, encontré también un trozo de fuste, de mármol rojo ordinario, que medía 0,75 m de diámetro y había sido excavado en la parte superior para utilizarlo a modo de mortero. Y tanto en los muros del antiguo edificio franciscano, como en unas robustas cimentaciones que no lejos de él se descubren en la única calle del caserío, se ven grandes sillares desiguales de caliza gris que bien pudieran ser materiales procedentes de un destruido edificio de vastas proporciones a juzgar por la extensión de los cimientos y el diámetro de aquel fragmento de columna, que probablemente tiene el mismo origen”

 

Pág. 5 de 11

 

 

Prohibida la publicación de fotografías de este diario digital con la marca 'CYA' en cualquier publicación o en Internet sin autorización.

 

Login Form

Este sitio utiliza cookies de Google y otros buscadores para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y analizar las visitas en la web. Google recibe información sobre tus visitas a esta página. Si visitas esta web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies. Para mas informacion visite nuestra politica de privacidad.

Comprendo las condiciones.

EU Cookie Directive Module Information