Viernes, Julio 21, 2017
   
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El monasterio laico; juguete del poder

Miguel Andrés Starico tuvo tres hijos, Manuel Starico Ruiz, presidente del Casino de Murcia y quien inició las obras del actual edificio de este Casino. Ricardo Starico, Presidente de la Comunidad de Agricultores de Valencia. Y por último tenemos a Carmen Starico, quien heredó el monasterio.

Carmen Starico fue la madre de Ricardo Codorniu Starico, ingeniero de montes que repobló Sierra Espuña y estabilizó las dunas de Guardamar, conocido como “El apóstol del árbol” es considerado como el primer ecologista, encontrándonos monumentos a su memoria en Sierra Espuña, en Murcia y en el Parque del Retiro en Madrid. De don Ricardo se cuenta que en su vejez, ante la intención de sus vecinos de Murcia, en donde residía, de talar un viejo ficus de grandes dimensiones lo defendió personalmente con la vigorosidad de quien sabe que tiene la razón. A los dos días de la muerte de don Ricardo en 1923, el viejo ficus se desgajó desde las raíces, cayendo con estrepito sus grandes ramas contra el suelo, la gente dijo que el árbol no había querido vivir sin don Ricardo.

Don Ricardo Codornui contrajo matrimonio con Mercedes Bosch, llamar la atención de que la única calle con placa de azulejo con el nombre y que aún se conserva es la de la fachada del recinto, la calle de las Mercedes, igualmente apuntar que los restos de la familia Starico descansan hoy en el panteón que la familia Bosch tiene en el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios en Cartagena.

Del matrimonio de Ricardo Codorniu y Mercedes Bosch nacieron cuatro hijos, Carolina, Ana, Joaquín y María Codorniu Bosch, esta última fue quien heredó nuestro convento y vino a casarse con Juan de la Cierva Peñafiel, político y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Gobernación, Guerra, Hacienda y Fomento, durante el reinado de Alfonso XIII. Del matrimonio de la Cierva y Codornui nacieron dos hijos, Ricardo, abogado que fue hecho prisionero en los primeros días de la Guerra Civil y fusilado en Paracuellos y Juan, inventor del autogiro, también fallecido en los primeros días de la Guerra en un accidente aéreo en Inglaterra.

Volvamos a 1917, en la catedral de Cartagena, donde un grupo de ciudadanos de pro, con don Luis Angosto a la cabeza fundan la Cofradía de San Ginés con el fin de recuperar en la memoria del pueblo el culto al patrón de la ciudad, teniendo un rápido éxito y recuperando además la perdida romería al monasterio, el esfuerzo de la Cofradía por sacar del olvido tanto la historia del personaje como la del lugar fue muy grande y estuvo secundado tanto por la prensa, los políticos municipales e incluso el Obispo de la diócesis, quien bendijo la nueva imagen costeada por la cofradía y además de autorizar unas novenas en honor del santo, concedió 50 días de indulgencia para quien rezase un Padrenuestro ante esta imagen o participase en los actos de homenaje que la Cofradía organizaba. 

Pero a pesar de este esfuerzo por recuperar la conciencia ciudadana, las visitas anuales en romería y la gran fortuna de los propietarios que habían sido sus dueños hasta principios de los años 30 del pasado siglo, no le sirvió al cenobio para librarse de una ruina progresiva, tal como nos la describe el poeta cartagenero Antonio Oliver en un artículo publicado en el diario El Sol el 4 de marzo de 1930.

“Del monasterio y de la iglesia nada podemos referir, pues la descortesía de los encargados que allí tiene la propiedad no nos permitió la entrada. Sólo vimos en una habitación que debió de ser recibimiento, y que estaba repleta de enseres de labranza y de avíos para las bestias, un relieve de la figura del santo, santo con luengas barbas de eternidad y alto cayado. La fachada de la iglesia está en ruinas, y desde fuera las celdas que ocupaban los monjes también se ven en deplorable estado.”

El poeta, miembro de la generación del 27 y esposo de la también poetisa cartagenera Carmen Conde denuncia y pide su restauración.

“Denunciamos a la Academia de Bellas Artes este nuevo caso, de los que tanto abundan. Constituye una verdadera vergüenza dicha incuria. En aquel caserío, a unos minutos de automóvil desde Cartagena, no hay maestro, no hay sacerdote, no hay el menor vestigio de la actual sociedad civilizada.

Sólo aquellos vecinos indolentes, pegados al sol de las antiguas piedras, y a los que en último caso no cabe pedir nada, puesto que no son ellos los culpables de su analfabetismo. Los encargados de velar por el tesoro artístico provincial -esto es, por el nacional- tienen la palabra. Palabra que ha de ser concisa y enérgica, que ha de traducir en hechos inmediatos, si hemos de conservar lo poco que aún existe de este monumento, que no debe seguir constituyendo un patrimonio particular cuando la propiedad -no nos interese por qué- lo tiene tan tristemente abandonado”.

Por estas fechas la propiedad había pasado de la familia de la Cierva a manos de la familia Llovera, en la persona del sobrino de don Juan de La Cierva, Vicente Llovera Codorniu, pero su muerte repentina obligó a la viuda a venderlo, y fue el teniente de la Guardia Civil Manuel Burguete y Reparaz quien adquirió el convento.

Manuel Burguete era hijo del general de infantería don Ricardo Burguete Lana, Director de la Guardia Civil, Presidente de la Cruz Roja de España y Vicepresidente de la Cruz Roja internacional, miembro de la Academia de la Historia, además de escritor y miembro fundador del grupo literario denominado Generación del 98.

Posiblemente fuera Ricardo Burguete, hermano de Manuel, quien le pusiera en contacto con la viuda de Llovera para la compra de la finca. Ricardo, héroe de la aviación española en la Guerra del Rift, fue destinado en mayo de 1931 al cercano aeródromo de Los Alcázares como Jefe de la Escuela de Combate y Bombardeo Aéreos, el 21 de mayo de 1933 falleció repentinamente en Madrid como consecuencia de las secuelas que le habían dejado las graves heridas sufridas en campaña, en 1924. Sin duda Ricardo debió de conocer el monasterio, posiblemente desde el aire. Otro detalle que liga a Ricardo con el monasterio fue la decoración de la entrada sur al monasterio, alicatada con azulejos sevillanos con escenas del Quijote, exactamente los mismos que aún hoy, a diferencia con el monasterio, se conservan en la base aérea de Los Alcazares.

Con entusiasmo el matrimonio Burguete Herrero acometió las obras para acondicionar el monasterio, desgraciadamente con más entusiasmo que criterio histórico, de esta manera la fisonomía del edifico cambió, la capilla de la Gloria con frescos de Barroso desapareció para dar paso a una terraza mirador, se abrió una puerta en los muros del huerto en su lado sur, desapareciendo la que durante siglos había tenido el recinto orientada a Poniente, también desapareció la cubierta a dos aguas de la iglesia para quedar como terraza, además se reformó la hospedería y al atrio, se le dio un aire andaluz azulejándolo y pintando sus arcos en franjas azul y rojas. Testigo de excepción de estas reformas fue la escritora Elena Fortun que en 1936 publicó un amplio artículo sobre estos trabajos en San Ginés de la Jara.

Pero en 1936 llegó la Guerra, como ya hemos dicho los hermanos de la Cierva, antiguos propietarios del monasterio, fallecieron al principio del conflicto. En cuanto al padre don Juan de la Cierva Peñafiel, al estallar la guerra se refugió en la embajada de Noruega, pero la enfermedad y la precariedad en su refugio acabarían con su vida en 1938.

En cuanto a la familia Burguete, Luis, hermano de Manuel, propietario del convento, había aterrizado con su avión en el aeropuerto de Málaga donde fue hecho preso, juzgado y fusilado, poco más tarde fue el mismo Manuel quien también fue hecho prisionero en Sevilla, donde fue juzgado y fusilado. La pérdida de sus hijos provocó la muerte del anciano general Ricardo Burguete quien tras escribir una carta pública culpando de la muerte de sus hijos al general nacionalista Gonzalo Queipo de Llano titulada “Yo acuso” falleció  en Valencia poco después, posiblemente de rabia.

Acabada la Guerra Civil, el monasterio era propiedad de doña Rosa Herrero Díaz, viuda de Burguete y de su hijo Manuel, quien no cerró al pueblo las puertas de su iglesia, prueba de ello son las “romerías” que se realizaron al menos hasta 1944.

En 1940 en la vecina ciudad de Cartagena se intenta recuperar el antiguo culto al Santo y las romerías al monasterio, para ello la reconstituida Cofradía de San Ginés encarga una nueva imagen del santo, esta talla debe ser la que desapareció del monasterio en los años 90 del pasado siglo. La anterior imagen, realizada en 1917 presumiblemente se guardaba en la catedral de Cartagena y debió de ser pasto de las llamas el 25 de julio de 1936 junto con casi todas las imágenes religiosas de la ciudad, afortunadamente existía y existe una imagen, posiblemente del siglo XV, que se dice estaba en el monasterio antes de 1835 y que se guardaba en 1936 y se guarda hoy en día  en la capilla de San José, en la basílica de La Caridad, única iglesia de Cartagena que se libró de la furia de las masas, gracias a la determinación en su defensa de las damas de la noche del cercano barrio de El Molinete.

El empuje de esta nueva Cofradía de San Ginés compuesta por notables ciudadanos afectos al Régimen no durará muchos años, posiblemente por falta de ilusión y apoyo popular, perdiéndose de nuevo en el olvido tanto las tradiciones como la presencia del monasterio en la vida ciudadana.

Con los años doña Rosa, que vivía en Madrid debió de vender la propiedad a una empresa de seguros catalana llamada Armengoll, propietaria también de la finca de Lo Poyo, la cual en 1964 se la vendió a don Joaquín Meseguer que convirtió la finca  en una explotación agrícola y al monasterio en una ruina expoliada. 

Finalmente, la propiedad acaba en manos de la sección inmobiliaria de la caja de Ahorros del Mediterráneo, más conocida como Hansa Urbana, en la que la CAM (Hoy Sabadell CAM) participa con un 60% del accionariado. A día de hoy el banco solo posee un tercio de la mercantil. Y es el 12 de julio de 2003, cuando se presenta en los salones del hotel Príncipe Felipe en el Campo de Golf de La Manga, el proyecto de Novo Cartago, en él se contemplaba la construcción de 10.000 viviendas en torno a campos de golf y como contrapartida la restauración del abandonado monasterio de San Ginés de la Jara, la zona tenía protección como reducto de aves y plantas. Siendo la recalificación de estos espacios protegidos algo muy difícil de explicar en Europa.

 

San Ginés de la Jara (V)

Pero volvamos al curso de la historia, estamos en el siglo XVII y en él, con la protección de don Juan José de Austria, el patrimonio artístico del monasterio creció considerablemente. En el monasterio vivía un fraile llamado Pedro Botía, de joven había tenido una visión del niño Jesús en la cercana población de Mula, con el tiempo Pedro Botía se convirtió en el asesor espiritual de don Juan, quien al parecer entre otros donativos dio al monasterio un cristo o un cañón o una “custodia de plata sobredorada y piedras preciosas, donde hay buenas esmeraldas y en el viril 50 y tantas perlas iguales i mayores que garbanzos da sahuco”

Don Juan había visitado el monasterio en otras ocasiones, ya que en él habitaba su asesor espiritual, pero sin duda la más transcendental fue el 12 de septiembre de 1669 cuando se colocó en el altar mayor la pequeña imagen de la Virgen del milagro, el Campo de Cartagena llevaba siete años sin recibir ni una gota de agua, ni tan solo del rocío mañanero, tan pronto como la virgen estuvo en su sitio comenzó a llover de manera que la cosecha del año siguiente fue de las más copiosas que se habían conocido.

La imagen había sido comprada por el franciscano fray Juan de Torres a unas mujeres moras que jugaban con ella como si de una muñeca se tratase en una calle de Argel. El fraile estaba cautivo en Argel y al ver la imagen tuvo el impulso de comprarla aun gastándose el dinero de su amo, de camino a casa de su amo la zozobra y el miedo al castigo invadían el espíritu de nuestros fraile, pero milagrosamente un capitán de un navío francés le dio espontáneamente el dinero que necesitaba para dar a su amo, tomando la pequeña imagen el nombre de Virgen del milagro.

Años después fue liberado el franciscano y aunque su deseo era que la imagen residiese en La Jara, no se pudo negar a regalársela a la familia del marqués de Leganés al que había visitado en Oran. Pasado el tiempo el Marqués volvió a la Corte y aunque quiso donar la imagen a algunos conventos estos no la aceptaron, tal vez por su reducido tamaño, 35 cm, pero quiso el destino que fray Pedro de Jesús viera la imagen y se la pidiera al Marqués para llevarla al al monasterio de San Ginés de la Jara.

Un año después del milagroso aguacero presenciado por Juan de Austria se creó la Hermandad de la Virgen del Milagro de la que fue fundador y Hermano mayor el rey Felipe IV, concediendo el Papa Inocencio XI jubileo perpetuo a quien peregrinase al Monasterio el día de la festividad de la Virgen.

Nos encontramos a principios del siglo XIX, el monasterio aún franciscano alberga gran cantidad de cuadros, libros, imágenes y patrimonio atesorado durante siglos, pero se acercan tiempos convulsos para la Iglesia y gran parte de este patrimonio es “evacuado” Sabemos que parte del patrimonio del monasterio recaló en la cartagenera iglesia de Santa María de Gracia, el 28 de agosto de 1821 sale de Cartagena un carro escoltado por el ejército en dirección Murcia, el carro va cargado con cajas que contienen joyas y efectos de valor, pertenecientes a los conventos recién clausurados.

El 18 de abril de 1842 el diario El Espectador publica un anuncio denunciando irregularidades en la adjudicación de la propiedad del monasterio de San Ginés de la Jara, abogando el columnista por la intención del señor Valarino de instalar una fábrica de cerámica y loza tipo inglesa. Al parecer el Sr. Valarino ya se había dado cuenta que el monasterio, aún antes de salir a subasta ya tenía dueño. Justo un año después se confirman los hechos, el 17 de abril de 1843 se publica en el Diario de Madrid la salida a subasta pública del monasterio de San Ginés de la Jara, tasado en 71.836 reales, y sería ¿cómo no? el prestamista y político cartagenero, diputado en Cortes D. Miguel Andrés Starico y Peseto quien se quedaría con la propiedad.

El primer dueño del exclaustrado monasterio fue Miguel Andrés Starico, hijo de genoveses, había nacido en Cartagena en 1780, hábil con los negocios se convierte pronto en uno de los prestamistas más importantes de la provincia, invirtiendo los beneficios en el arrendamiento al Estado de toda clase de impuestos y derechos, como derechos de puertas, suministros al ejército, etc.

Se presentó junto a Juan Álvarez de Mendizábal para diputado a Cortes por Murcia, siendo elegidos los dos, y siendo poco más tarde junto a Mendizabal uno de los firmantes del Decreto de la famosa Desamortización.

Con su inmensa fortuna y posiblemente como gran acreedor del Estado, fue el mayor beneficiario de los bienes desamortizados en la Región, llegando a pujar y conseguir la concesión de las campanas de todos los conventos enajenados de la Región para su exportación como metal al peso por el puerto de Cartagena, afortunadamente no se descolgaron casi ninguna campana de sus espadañas y torres.

Sin embargo el monasterio de San Ginés no sufrió saqueo, sino más bien al contrario, la familia Starico lo eligió como residencia veraniega en vida y residencia eterna en la muerte, de ello nos habla tanto la cripta bajo la iglesia del panteón de la “Familia Starico Ruiz” como el encalado para tapar las pinturas de la nave de la iglesia y fechado en el techo en la década de los 50 del siglo XIX.

Casi un año después el 19 de febrero de 1844 se publica en el Diario de Madrid el anuncio de subasta pública de los terrenos pertenecientes al monasterio de San Ginés de la Jara, situados en la dehesa de San Ginés en la diputación de Algar, se tratan de 142 fanegas, más de 900.000 metros cuadrados tasados en 24.675 reales. Acabando la propiedad en manos del Sr. Starico.

A partir de estas fechas la memoria colectiva del santo y de los lugares relacionados con él empiezan a disolverse y olvidarse, tomemos por ejemplo la “Sierra de San Ginés”, refiriéndose a los montes que van desde el monte San Julián hasta el Cabo de Palos, a día de hoy Sierra Minera o Sierra Cartagena-La Unión.

Así en el “Itinerario descriptivo militar de España” de 1866   leemos en la página 403 del tomo IV: “A 3.5 k. de Algar se divide el camino en varios. El primero continua por la costa faldeando la sierra de San Ginés, y conduce a San Ginés de la Jara, antiguo monasterio y hoy caserío con 230 vecinos, distante 19.5 k. y dependiente del Ayuntamiento de Cartagena”.

Tampoco queda nada de ese caserío de 230 vecinos, que no habitantes, también desapareció en el que según testimonios se encontraba una ermita de las nueve que tuvo el Miral convertida en vivienda.

Por otro lado en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de Pascual Madoz, publicado en 1847, en el tomo VIII, en la voz Ginés(San) leemos: “se encuentra la sierra de San Ginés que son unos cerros lindantes con el mar Mayor por la parte S. Y con el mar Menor por el O. En la falda de uno de estos montes con exposición al N. se encuentra situado el ant. Conv. De San Ginés de la Jara, que perteneció a la reforma de recoletos de la orden de San Francisco; este edificio con la igl. Y hospedería están dentro de un cercado que llaman “El Real”, con una parte de huerta plantada de naranjos y árboles frutales, regados con las aguas de 3 nacimientos de dichos montes, siendo medicinal una de aquellos, y para tomarlas hay construidos baños que son frecuentados por las personas que moran aquellos contornos …” 

Igualmente Madoz en la voz Cartagena nos dice que en el mismo puerto nace la sierra de San Ginés que llega hasta el Cabo de Palos.

A día de hoy de aquellos tres nacimientos de agua no tenemos ni noticias y menos aún de los baños, del huerto si, aunque solo sea por fotos antiguas y recortes de prensa que anunciaban las famosas “Naranjas de San Ginés de la Jara” y de la Sierra de San Ginés…

 

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