Martes, Enero 21, 2020
   
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Resurrección

El monasterio, lo que no vemos

Pero volvamos al monasterio, visto lo que no se puede ver a día de hoy, ya que o no existe o está bajo tierra o escondido entre los muros del edificio, comenzamos la visita al cenobio partiendo de su lado norte, aquí se levanta la torre fuerte, datada en el siglo XIII coincidiendo con la noticia de la fundación del convento por Alfonso X el Sabio.

Mientras las ciudades vecinas habían rendido vasallaje en Alcaraz al príncipe castellano el año anterior, Cartagena se había negado y resistido el envite de sus tropas, pero en este año de 1246 el joven Alfonso tal y como hiciera Escipión el Africano, ataca por tierra y por mar la antigua Cartago Nova, incorporando para la Corona de Castilla y el cristianismo a la ciudad de Cartagena y su Campo. Teniendo noticia los agustinos de Corbeya de la conquista de los castellanos, se consiguieron el favor de Alfonso para establecerse a los pies del Miral y fundar allí un monasterio bajo la advocación de San Ginés.

Hay autores como Torres Fontes que aseguran que la construcción de la torre es anterior, y que esta es de origen árabe, pero lo cierto es que, es en ella donde se instalan los monjes, a su costado, donde hoy se encuentra la cripta bajo el altar existió una ermita. La torre tenía tres plantas y una altura similar a la actual iglesia que más tarde se le adosó y que aún hoy se mantiene en pié.

En 1339 el rey Alfonso XI intercede por los agustinos de San Ginés ante el pleito que por la posesión del monasterio tienen estos con el obispo y el cabildo catedralicio que ha huido de Cartagena a Murcia: “enbiamos rogar e mandar al dicho obispo de Cartagena que desenbargase y dexase usar al convento e a los frayles de la Orden de Sant Agustin  de un monesterio que el rey Don Alfonso, nuestro visabuelo que Dios perdone, edificara en el regno de Murcia, que dicen Sant Gines, para la dicha Orden,” y así fue, el monasterio se habitó con los Agustinos hasta que lo abandonaron para marchar a Toledo al monasterio de San Esteban.

Sabemos que el infante don Juan Manuel en sus dos testamentos, el primero en 1339 y el segundo en 1340, dispone que sea repartida una renta de 2.000 maravedíes para cuatro capellanías “la una dellas en San Gines, et las dos en Santa María de Cartagena et la otra en Santa María de Murcia”

En 1340 nace en Cetina a cuatro leguas de Calatayud Juan Lorenzo. Debido a circunstancias adversas, su padre lo manda a servir a la casa de los señores de Cetina, donde dado su inteligencia y carácter, goza del afecto de sus señores, sin embargo el joven Juan sueña con una cueva donde retirarse y buscar a Dios, y la busca hasta encontrarla en el monte Miral, allí vive años de soledad y oración hasta que marcha a ordenarse sacerdote franciscano al convento de Monzón en Aragón, por ser el de San Ginés de agustinos.

El beato fray Juan de Cetina moriría mártir el 17 de mayo de 1397 azotado y decapitado junto a fray Pedro de Dueñas en la Alhambra por mandato del sultán Mahomed Abenbalba.

En 1437 fray Alonso Rubio de Cuenca y fray Francisco de Molina, franciscanos ambos, obtienen permiso para retirarse a la oración y a la vida de ermitaños en el Miral debiendo obediencia al prior del vecino monasterio agustino de San Ginés.

En 1483 Fernando el Católico nombra Capellán de San Ginés a fray Juan Maymón dado que el anterior era “onbre biejo e apasionado de dolencias e non puede dar el recabdo que es menester para que sea bien servida como deve” y más adelante añade “E porque yo querria que aquella casa fuese bien regida e administrada, porque tengo devoçion aquella”

En 1477 los Reyes Católicos habían confirmado como Señor de Cartagena a su Mayordomo Mayor, don Juan Chacón, que ha heredado el título de su suegro, después de haberse casado con su primogénita, doña Luisa de Fajardo.

Don Juan, tras el abandono de cenobio por parte de los agustinos, quiso que el monasterio de la Xara fuera franciscano, pero, tal como nos dice fray Pablo Manuel Ortega en sus “Crónicas de la Santa Provincia de Cartagena de la regular observancia de N.S.P. S. francisco”  “Con algunas bien raras condiciones, y aun, creo, que en aquella conftitucion de cofas, parecieron algunas impertinentes” no obstante en 1493 se llega a un acuerdo en una junta general celebrada en Barcelona a la que asisten fray Manuel de Sanmartín, Vicario provincial de Castilla, fray Pedro de Molines, Custodio seráfico de Murcia, fray García de Padilla, guardián del convento de San Ginés y don Juan Chacón con dos bulas papales en sus manos, una de Inocencio VIII el 10 de febrero de 1491 y otra del antiguo obispo de Cartagena y entonces Papa, Alejandro VI del 30 de julio de 1493. Don Juan obtiene así permiso para construir iglesia y claustro, refectorio, dormitorios, huerto y cementerio, y se le faculta para la elección de “ocho frayles de la Orden del Seráfico Padre San Francisco de la Cofradía de Murcia”. Sin embargo según el licenciado Cascales, a Juan Chacón solo se le podría atribuir la construcción de una “pobre iglesia falta de muchas cosas necesarias” A partir de aquí, la presencia franciscana en el monasterio será continua hasta 1835.

El 7 de mayo de 1541 el Papa Paulo III concede liturgia y culto a San Ginés, quedando fijado el 25 de agosto como el día para su celebración. Más tarde el culto a San Ginés se reafirma con la concesión de jubileo perpetuo en el monasterio otorgado el 4 de diciembre de 1599 por Clemente VIII a instancias de fray Alonso de Vargas.

Pero es en 1595, con la toma de posesión del Ministerio de la Provincia Seráfica de Cartagena del padre fray Diego de Arce, cuando se acometen las obras que convertirán a San Ginés en un referente de la religiosidad. Se empieza la construcción de la iglesia, de factura humilde en cuya fachada va a destacar su pórtico de entrada de estilo renacentista sobre el que se colocó el escudo de los franciscanos y sobre este, el de los Fajardo.

En 1611 se comienza a construir, a petición de los frailes de San Ginés, un camino entre Cartagena y el monasterio de San Ginés, para evitar el vuelco de los carros.

Un año más tarde, en 1612 se traslada el Santísimo de la torre fuerte hasta el altar de la nueva iglesia que se ha construido apoyada en la pared Sur de la torre y sobre la primitiva ermita, desmochando años más tarde la torre al quitarle una de sus tres plantas. Más tarde se construyó el claustro y las celdas monacales. Recientes excavaciones en el claustro han confirmado la existencia en sus cimientos de otro claustro aún más antiguo.

Pocos años después el licenciado Cascales visita el monasterio dándonos una minuciosa descripción del mismo. “La fachada de la casa es humilde, y en cierto modo bronca, promete poco, y da mucho, que si las paredes son (aunque largas y fuertes) poco levantadas, luego en entrando por la puerta pisamos un patio bien cuadrado, con muchos y espesos naranjos enanos, dispuestos cuarteles, que hacen una hermosa vista. En medio se levanta una basa redonda de ladrillo rojo, donde asienta una columna de mármol que sustenta al santo Simón Estilita, aquel insigne ermitaño que sobre una columna hizo penitencia largo tiempo. Al un costado de este patio hay un espacioso y largo real ... Remata en un gran cuarto nuevo que ahora se va acabando, que éste y el un lado del templo hacen un gracioso claustro. A ese otro costado correspondiente al real hay otro tanto espacio para caballerizas y hospedería de los que vienen a cumplir sus votos y novenas, y al lado derecho una valentísima torre, alcázar y defensa de toda la casa, con muchos esmeriles (armas de fuego) para los casos urgentes. Aquí se nos representa la iglesia”

El monasterio estaba rodeado de muros que cerraban y cierran una parcela de  unos 65.000 metros cuadrados en la que existía un verde huerto con más de 5.000 árboles, acequias, balsas, casas de labranza, establos, baños, el Real para ferias y mercados, hornos, molinos, y 15 oratorios, 16 según el licenciado Cascales, hoy en paradero desconocido.

Ascensio de Morales a mediados del siglo XVIII nos habla del monasterio de San Gines de la Jara, “Yo he estado en ese monasterio, y le he reconocido con particular cuidado todo él. Su centro de el claustro es obra antiquísima, en ella se ve sobre la puerta principal la insignia de los benitos..” ¿habrá sido el monasterio en tiempos de la Orden de San Benito? ¿o el historiador Ascensio Morales se inventó este detalle para darle más empaque a la antigüedad del cenobio?

En su escrito Ascensio Morales en otro párrafo sitúa la posibilidad del establecimiento de esta orden sobre el 600, de igual manera deja caer la posibilidad que según San Ysidoro, los Obispos Hector y Liciano se formasen en el "celebre y antiguo monasterio de S. Ginés de la Jara".

Manuel González Simancas  en su Catálogo Monumental de la Provincia de Murcia de 1907  nos dice:  “En el huerto del convento, en paraje cercano al ábside de la iglesia, encontré también un trozo de fuste, de mármol rojo ordinario, que medía 0,75 m de diámetro y había sido excavado en la parte superior para utilizarlo a modo de mortero. Y tanto en los muros del antiguo edificio franciscano, como en unas robustas cimentaciones que no lejos de él se descubren en la única calle del caserío, se ven grandes sillares desiguales de caliza gris que bien pudieran ser materiales procedentes de un destruido edificio de vastas proporciones a juzgar por la extensión de los cimientos y el diámetro de aquel fragmento de columna, que probablemente tiene el mismo origen”

 

¿Quién fue San Ginés de la Jara?

Con la reconquista cristiana en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio supuestamente levanta una gran torre defensiva sobre los restos musulmanes del antiguo morabito, o posiblemente esta torre ya existía e incluso pudiera estar morada por agustinos. Torre que será durante siglos junto a una pequeña ermita adosada, el primer resto visible hoy en día, del pasado de este coloso del tiempo.

Tenemos noticias, además del San Ginés, el de Arles, de un “segundo San Ginés” a través de un manuscrito anónimo del siglo XV “La Vida e estoria del bienaventurado San  Gines de la Xara del Campo de Cartagena” en el que nos da dos fechas para la existencia de este personaje, de un lado lo sitúa en el Miral  en el “anno de los moros en dozientos annos” es decir en el 815, aunque más adelante lo data en el año de la “era del César de mili e ochenta annos” que correspondería al año 1048.

En 1607 fray Melchor de Huélamo publica su “Libro primero de la vida y milagros, del glorioso confessor Sant Gines de la Xara. Y de algunas cosas notables que ay en el Monasterio, consagrado y dedicado a su santo nombre” el primero de una trilogía y el único del que se tiene noticia, inspirado en el trabajo del Licenciado Camarin y posiblemente el anterior manuscrito anónimo del siglo XV, aunque tal vez hubiera más libros sobre el Santo en el monasterio, tal y como nos sugiere Ginés Campillo Bayle a finales del siglo XVII, hablándoos del archivo del Monasterio “He leído también la vida del Santo en un libro en cuarto, de letra muy antigua. Tiene este libro un gran sumario de milagros que obra el Santo y se van continuando, como van sucediendo y el prelado firma en cada uno de ellos” libro este hoy desconocido o desaparecido.

En estas obras mencionadas nos hablan de Ginés, hijo único de Roldán y Oliva y sobrino de Carlomagno, que en su juventud marcha de su país en peregrinación por mar a visitar el sepulcro del apóstol Santiago. A la altura del Cabo de Palos el temporal que sufren los marinos arrecia, por lo que los marineros deciden tirar por la borda a uno de ellos para aplacar la cólera divina, pero Ginés, de carácter callado y reservado se pone en pié en cubierta y tirando su túnica  sobre las aguas, abandona la nave y embarca en su manto, llegando sano y salvo a las playas de la costa, caminado hacia el interior llega al monasterio de San Laures, en donde pidió permiso para morar en el monte vecino al monasterio, y así lo hizo durante 25 años hasta el día de su muerte.

Tras la partida de Ginés, sus padres tuvieron otros dos hijos, Roldán y Oliveros, quienes llegado el momento, para cumplir los deseos de su anciano padre moribundo, emprendieron la búsqueda de su hermano, llegando a nuestras costas, pero pasando de largo, por lo que tras desembarcar y subir a un monte alto, Roldan hizo uso tres veces de su mítico Olifante en este monte al oeste de Cartagena ¿El Roldán?, al sonido del olifante, nuestro santo respondió con una columna de humo mucho más a Levante, en el Monte Miral.

Reunidos los hermanos, intentan convencer a Ginés para volver Yfranci como Rey, pero este le dice que su reino ya lo ha encontrado y que es en el Miral donde quiere vivir y morir, antes de partir los franceses verán el primer milagro de Ginés, mientras su galera esperaba en la costa, fue asaltada y su tripulación muerta, posteriormente sería resucitada por el ermitaño.

No aceptó el padre las explicaciones de Roldán, y lo mandó nuevamente en busca de su primogénito, pero esta vez al llegar una epidemia había acabado con los monjes, tan solo Ginés, sabedor por los ángeles de la llegada de sus hermanos, había resistido aguantando un último aliento de vida. Tras el óbito, unos ángeles impidieron a los francos llevarse el cuerpo que enterraron debajo de un pino, a las puertas de la ermita que le ayudaran a hacer los ángeles.

Dos veces visitó la tumba de su tío el joven Ginés, con la intención de llevarse el cuerpo a su suelo patrio. En la primera, el mismo santo le habló a su sobrino, sin embargo en la segunda el joven desoyó las órdenes del finado y embarcó el cuerpo que nunca llegó a las costas galas, sino que regresó a las aguas del Mar Menor donde los monjes escondieron su cuerpo para que nadie más pudiera intentar llevárselo.

Tenemos un “tercer San Ginés”, este si fue una persona real, aunque con grandes similitudes con el anterior. Adelardo Genesio se crió en la corte francesa, sobrino de Carlomagno entro muy joven como novicio en Corbeya donde recibía constantes visitas de caballeros de la Corte. Del monasterio de Corbeya viajó al de Montecassino que tuvo que abandonar por los ruegos de Carlomagno quien debía abandonar una temporada Francia y había pensado en Adelardo para regentar el Reino, y así lo hizo nuestro monje, tras esta misión que le granjeó bastantes enemistades entre los caballeros por su defensa de los derechos de los pobres, viajó a Tierra Santa y de ahí a Roma, de donde partió a España a la corte de Alfonso el Casto para pedirle el cuerpo de Santa Leocadia mártir.

Mientras “Señores y cavalleros a quienes por sus delitos y vicios en el tiempo de su gobierno había perseguido y fustigado, procuraron con el príncipe ponerle mal y no pararon hasta persuadir a Ludovico que lo desterrase de Francia” Y así lo hizo Ludovico confinándolo por siete años en una isla de Aquitania. Acabado su exilio emprende viaje por mar a la tumba del Apóstol Santiago, pero naufraga en la costa de Cabo de Palos, llegando a pié hasta el Miral donde se establece y se encuentra con Dios.

Ludovico, arrepentido manda buscarlo y los emisarios insisten ante Adelardo en el “ánimo y voluntad que de verle ante sus ojos y gozarle” tiene el príncipe. Este ‘San Ginés’ regresará a Francia donde morirá en el año 836.

Aún hay más leyendas e historias sobre este personaje y los milagros que tanto él mismo, como la tierra que rodeaba su sepulcro, un pañuelo que guardaba en su sepultura o la simple visita a su casa protagonizaron, desde salvamento de náufragos, extinción de fuegos, curaciones y en especial resurrecciones, pero ninguna aporta más luz de la poca que tenemos sobre quien fue San Ginés de la Jara, si es que realmente alguna vez existió.
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San Ginés de la ‘Xara’: Un punto de oscuridad al Sol.

Realmente no hay nada que se vea menos que un punto de oscuridad en medio de la luz. Y eso es lo que lee pesa a nuestro Monasterio. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, de dos siglos para acá, al cenobio se le apagó la luz y pasó de ser punto de peregrinación, a llegar a casi desaparecer.

Pero en eso estamos, volviendo a iluminar estos santos lugares, desenterrando las noticias que de él tenemos. Aunque las verdaderas sorpresas nos esperan precisamente ahí, en el Monasterio. Enterradas bajo sus propios escombros.

Parece ser que San Leandro, hermano del doctor de la Iglesia y patrón de Internet, San Isidoro. Supuestamente se formó como monje entre los muros de este monasterio a finales del siglo VI.

Hay un relato de Gregorio de Tours en su libro “Sobre la gloria de los confesores” y que recoge en su obra publicada en 1777 “Cartagena de España ilustrada” el padre franciscano fray Leandro Soler. En el capítulo XXVII que dedica al monacato de San Leandro, nos narra el asalto a un monasterio bizantino entre Cartagena y Sagunto por parte de tropas del rey Leovigildo, y que fray Leandro Soler afirma que no es otro que el de San Ginés.

“He sabido de un hecho sucedido no ha mucho tiempo en las Españas. Quando Leovigildo estaba en guerra cintra su hijo, y su exercito profanase los lugares sagrados: como acostumbra había un monasterio de San Martin entre Sagunto y Cartago Espartaria. Oyendo sus monges que el exercito de Leovigildo se dirigía al territorio del Monasterio, hicieron fuga, y dexando al Abad solo en el Monasterio, se retiraron a una Isla del mar.

Llegaron los Godos, saquearon el Monasterio, maltrataron al Santo Abad, agobiado en su cuerpo por sus muchos años; pero muy recto y firme por su santidad y virtudes. Un soldado más insolente entre todos desenbaynó la espada para cortar al Santo Abad la cabeza; pero salió a su defensa la Divina Justicia, y previniéndole la acción, cayó muerto de espaldas. Los demás que vieron esto huyeron atemorizados.

Llegó al Rey la noticia, y en vista del prodigio mandó que se “restituyese todo quanto habían hurtado al Monasterio.”   

Durante la dominación musulmana de España, a partir del siglo VIII, tras el pactos que el Dux Carthaginiensis Teodomiro firmara con los árabes en Auriola, el culto cristiano es permitido por los invasores en este territorio, pero en San Ginés no solo se permitió el culto cristiano sino que el Santo fue asimilado por la población musulmana que afirmaba que era pariente de Mahoma. Fray Melchor de Huelamo nos dice a principios del siglo XVII, que “las moras africanas y berberiscas que hay en Murcia y Cartagena, (y aún en parte de África) tienen por cierto que San Ginés de la Jara fue de su tierra. Y aún dicen ellas que fue Morabito. Y como tal le reverencian y ofrecen muy buenas limosnas y ofrendas. Y muchas de ellas en los cabos de sus tocas, llevan por reliquia muy estimada, tierra de su santa casa”

En el siglo XVIII el Padre Ortega nos transcribe lo siguiente: “… San Ginés es el mayor Santo y el más piadoso que ay en el cielo, pues no solo atiende a las peticiones y las suplicas de los fieles moros, sino también de los cristianos, y al fin hechando(sic) todo el resto a su expresión y elogio, dicen que San Ginés esta pariente de su profeta Mahoma”

Soler Cantó afirma en su Historia de Cartagena que “se construyó una zawiya, que era un morabito o tumba rodeada de hospedería para peregrinos”.
Prueba del paso de los árabes por este paraje es el apellido del Santo, “de la Jara” o mejor dicho ‘Xara’, diferentes autores hablan de esta palabra dándole diversidad de significados, desde excrementos, vello púbico femenino, roca, matorral… Aunque la más elevada espiritualmente y sugestiva sería la que describe a la Xara como vía o camino que se debe seguir para conseguir la salvación. Tras la muerte de Mahoma se redactó la Suna (comportamiento tradicional), una recopilación de frases, pautas de conducta y otras enseñanzas del profeta. De esta manera, El Corán y la Suna constituyen la ley islámica o Xara.

En el siglo XI tenemos un acontecimiento importante, la noticia nos la da el historiador Al-Udri en este mismo siglo y nos la confirma Al-Himyari en el siglo XV, se trata del desembarco de caballeros franceses en el año 1024 que desentierran y se llevan un cuerpo, según el autor una santa mártir, según otros autores posteriores, las reliquias pertenecían a San Ginés.

Recogemos el relato del Al-Udrí, el relato de Al-Himyari es muy similar, siendo monjes franceses y no simplemente cristianos los que desembarcan y se llevan el cuerpo: “se cuenta, entre otras curiosidades, que hay cerca de Cartagena un convento que guarda los restos de una mártir muy venerada en el país. Su tumba está coronada por una cúpula, cuya cima está atravesada por una lumbrera. Ningún pájaro puede volar sobre esta cúpula: en efecto, si pasa por encima, una fuerza determinada por esta lumbrera lo atrae y le hace caer dentro de la cúpula. En el año 414 (1023-1024), un grupo de cristianos del país de los francos llegó en un barco que había navegado hasta este mausoleo; exhumaron la mártir y se llevaron los despojos.”

El historiador Torres Fontes afirma que esta mártir realmente no era tal, sino el mismo San Ginés. Sin embargo las leyendas nos hablan de que su cuerpo nunca fue encontrado e incluso sabemos que el mismo Ayuntamiento de Cartagena llegó a contratar a un zahorí para que diese con sus restos.
¿Cabría preguntarse si realmente existió o no San Ginés? Y en caso afirmativo: ¿Quién o que fue?

   

Viaje a lo desconocido: San Ginés de la Jara (I)

En palabras del célebre arqueólogo García Bellido, al Sureste español tan solo le falta el techo para convertirse en un gran museo, y es en la esquina sureste de este sureste ibérico, en mitad de la sierra antiguamente llamada de San Ginés, a medio camino entre Cartagena y Cabo de Palos, donde encontramos abandonada, destrozada y olvidada esta espectacular “máquina del tiempo” que la humanidad construyó a lo largo de los siglos en el conjunto monacal de San Ginés de la Jara.

Delimitado por la declaración de Bien de Interés Cultural que la Asamblea Regional de Murcia dictó en 1992, dentro de sus límites alberga la historia de la humanidad desde la noche de los tiempos, por ello, desde DAPHNE nos gustaría invitar a un paseo por el conjunto monacal de San Ginés de la Jara y Monte Miral.

Unas 100 hectáreas que encontraremos acotadas en el mapa siguiendo las instrucciones que nos da la propia declaración de BIC:
“La zona afectada por la declaración se encuentra acotada del siguiente modo: (Invito a coger un mapa o el Google maps y seguir las instrucciones que nos da este decreto)

Se define en términos generales como la ladera Norte y Este del Monte Miral. Más concretamente, se establece una línea envolvente que parte, en sentido de las agujas del reloj, del puente sobre la Rambla del Beal y la carretera MU-312, de El Algar a Cabo de Palos, discurriendo por la misma 150 metros, de donde parte un camino de tierra, a la izquierda, por el que recorremos 1 kilómetro en dirección NEE hasta un nuevo cruce que, a la derecha y en un ángulo de 902 transcurre otro kilómetro. Desde este último cruce se traza una visual hasta la Rambla de la Victoria. Desde este punto continuamos Rambla arriba hasta el puente de la citada rambla con la carretera de La Unión-El Sabinar. Desde aquí en una línea sinuosa que coincide con el vértice de vertientes del Monte Miral hasta la confluencia con la Rambla del Beal, por la que transcurre aguas abajo, hasta el punto de partida.”

Sin salirnos del perímetro de la zona que las autoridades declararon como Bien de Interés Cultural con máxima protección iniciaremos nuestro viaje en el tiempo en el extremo este del recinto, a los pies del Monte Miral, nos adentraremos en las entrañas de la tierra por la boca de la Cueva Victoria, una vieja explotación minera abandonada que atravesó una antigua sima donde las excavaciones del profesor Gibert sacaron a la luz restos de posiblemente Homo Habilis datados de hace más de un millón de años.

Volviendo a superficie y a pocos metros en dirección al monasterio de San Ginés nos encontramos con las excavaciones de un poblamiento del paleolítico de una antigüedad estimada en 80.000 años.

Seguimos caminando al pie del Miral y muy cerca, al Norte, nos encontramos con el monasterio de San Ginés de Jara. De tiempo inmemorial este paraje estaba bañado por tres fuentes de agua, una de ellas termal, que alimentaban unos baños que habían en el monasterio. La presencia de estas fuentes unido a la cercanía de poblados ibéricos, como el de cercano monte Mingote, habitado entre los siglos V al II a.C, hacen pensar que el origen de este lugar de culto, bien se pudiese remontar a un posible santuario de esta época.

Sin embargo hasta el siglo XIII, fecha de la construcción de la torre fuerte, que aunque desmochada en su última planta, aún se mantiene en pie y que es el germen del actual edificio, todo son hipótesis con alguna que otra pista arqueológica, hagiografía o literaria que nos remiten a la legendaria vida del santo que habitó este paraje.

Se sabe que el patricio romano Cayo Numisius construyo una villa en el siglo II aC hasta hace poco tiempo una lápida romana adornaba uno de los muros del monasterio, hasta que fue saqueada.

Además de esta villa de Numisius, en las cercanías existen factorías de pescado, explotaciones mineras, otras villas y calzadas de la época.

En el Codice Calixtino, libro V, capitulo VIII, “De los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por los peregrinos” nos dice, tras referirse a la iglesia de San Honorato, en Arlés, donde descansa el cuerpo San Ginés y al martirio que sufrió en el año 310.

“El mismo santo apenas hubo sido degollado cogió su cabeza con sus propias manos y la arrojó al Ródano, y llevó su cuerpo por medio del río hasta la iglesia de San Honorato, en donde honrosamente yace. Su cabeza, en cambio, corriendo por el Ródano y por el mar llegó, guiada por los ángeles, hasta la ciudad española de Cartagena, en donde ahora descansa espléndidamente y obra muchos milagros. Su festividad se celebra el 25 de agosto.”

Con respecto a este ‘primer’ San Ginés, leemos en ‘Las actas de los mártires’ atribuidas a San Paulino de Nola:
"Ginés, nativo de Arlés, fue un soldado que llegó a ser conocido por su maestría en la escritura, por lo que fue nombrado secretario del magistrado romano de Arlés. En el desarrollo de las funciones de su oficio, le fue dictado para ser copiado el decreto de persecución de los cristianos. Indignado en su ideal de justicia, el joven catecúmeno lanzó las tablillas de cera donde tomaba sus notas a los pies del magistrado y huyó. Fue capturado y ejecutado y recibió el bautismo en su propia sangre".

Volviendo al monasterio, existe la posibilidad, aunque remota, ya que se basa en leyendas, de que Paulo Orosio, discípulo de San Agustín, fundara un primer monasterio, en el que hipotéticamente podría haber escrito su gran obra  “Historiae  Adversus Paganos” antes de su muerte en el año 417, Orosio regresaba a la península portando las reliquias de San Esteban para llevarlas a la catedral de Braga cuando hizo escala en Menorca, se sabe que de allí partió con rumbo desconocido, unos dicen que a Hipona y otros como Jaime Jordán a la costa de Cartagena, donde “… a tres leguas de la ciudad y en unos montes de gran amenidad funda un convento agustino”  Lo cierto es que ni las reliquias de San Esteban ni Paulo Orosio llegaron nunca a Braga. ¿Estarán los restos de San Esteban y de Paulo Orosio en San Ginés?

 

La verdad se ‘refugia’ bajo tierra.

Hace ochenta años, en estas fechas, la locura se había instalado en España y en nuestra ciudad, desde aquel 18 de julio fatídico, habían ocurrido ya demasiadas cosas: El linchamiento del Chipé y el posterior arrastre de su cadáver por las calles de la ciudad. Los primeros combates en el Arsenal para reducir a  la base de submarinos que se había unido al alzamiento. El encarcelamiento masivo en el buques España Nº3. La quema de las iglesias y de la Catedral. Ejecuciones de oficiales en los cruceros Cervantes y Libertad. El traslado desde Alicante de casi 400 prisioneros del Buque Sil al España Nº3. Y los primeros bombardeos aéreos de la ciudad, de los 117 sufridos por nuestros paisanos.

A partir de septiembre, las reservas de Oro del Banco de España están guardadas en La Algameca, La República está dispuesta a embarcar el oro para la compra de armamento, los nacionalistas están dispuestos a que esto no ocurro y los ataques aéreos se intensifican. Ha llegado el momento para la población, de buscar refugio a la lluvia de bombas enemigas y metralla amiga.

Frenéticamente se empiezan a excavar refugios para poder dar seguridad a un pueblo que aún no termina de creerse todo lo que está ocurriendo, un pueblo que se resiste a abandonar su vida, su trabajo, su tierra. Pero el día de San Gonzalo, para celebrar su onomástica, Queipo de Llano siembra de horror y muerte nuestras calles con uno de los mayores bombardeos de la Guerra, el de “las cuatro horas”.

El éxodo a los campos fue grande, aunque mucha gente permaneció en la ciudad y otra mucha pasaba el día en ella. Para toda esta gente era necesaria la construcción de los refugios, que continuó sin tregua.

Hoy en día este periodo de nuestra historia lo podemos “sentir” en el centro de interpretación de la Guerra Civil. Y digo sentir, porque realmente es para sentirlo, cualquier parecido con la realidad en este centro de interpretación es pura casualidad.

“Se ha puesto en valor” un antiguo refugio que no llegó a acabarse hasta más de 70 años después de acabada la contienda. A las paredes de roca viva de mala calidad se las cubrió con mallazo de hierro y cemento, y el suelo de tierra fue acondicionado con tablas de madera, a esto se le dotó con un fondo museístico a todas luces pobre e insuficiente, la inversión en esta versión de nuestra historia no debió de ser grande. No así la inversión que se hizo en este centro de interpretación y en otros como el Fuerte de Navidad, a la hora de acondicionar y “actualizar” el entorno. Este ha sido uno de los grandes males de nuestro patrimonio: “La firma de autor” que se lleva los recursos económicos, para construir cosas nuevas que nada tienen que ver con lo que pretenden “poner en valor”

Realmente debió de costar más la fachada tipo rompeolas y el ascensor tipo grúa de la construcción que acondicionar la antigua galería para que pueda servir de museo de la Guerra Civil, museo de la minería o de Zambra gitana.

La innecesaria pasarela de hierro oxidadizo y el mamotreto de bloques de cemento delante del Fuerte de Navidad, se llevaron el presupuesto para reconstruir la desmochada y aún hoy en ruinas Torre de Navidad.

Pero volvamos a nuestros refugios, lo triste de todo esto es que a muy pocos metros del escaparate de nuestra cultura que nos han revelado, están los auténticos refugios, una obra de magnitudes que cuesta mucho imaginar a la vista de lo que tenemos a la vista.
Hace muchos años en compañía de un amigo visité estos refugios de la calle Gisbert, naturalmente de forma clandestina.  Ahí se podía sentir la historia. Recuerdo que era una sucesión de bóvedas paralelas atravesada por otras bóvedas paralelas entre sí, que formaban unos  pilares cuadrados de planta, y que tenían posiblemente unos cuatro metros de lado, todos estos pilares  estaban circundados de bancos corridos, todo era de hormigón enlucido, bancos, paredes, bóvedas y suelos.

La planta del refugio se trataba de un cuadrado que podría tener unos 60 o 70 metros de lado. En el lado opuesto a la entrada, a la derecha y junto a un amplio pasadizo medio inundado que llevaba hasta la calle Cuatro Santos, había una escalera de unos diez metros de anchura, tipo escalera real que subía en círculo a un segundo piso, de igual tamaño y características que la planta baja. Y sobre esta existe una tercera planta, esta excavada en la roca y que posiblemente no se llegó a terminar, al igual que el actual “refugio”

No cuesta imaginarse, una vez dentro de este refugio, las presencias de las 5.000 almas que en silencio y en la penumbra del cemento gris, compartían apiñados su miedo y su destino.

En cuanto al fondo museístico de la historia a la que nos dan acceso en este centro de interpretación… nada del España Nº3, nada del Jaime, nada del Oro de Moscú, nada de la fábrica de municiones, nada del Baleares, nada del José Luis Diez, nada de nuestros submarinos, nada de aquel marzo del 39, castillo de Olite incluido, nada del penúltimo parte de guerra. ¡Nada! ¡Que por aquí apenas pasó la guerra!

En Daphne creemos que esta joya oculta y olvidada, debe cobrar vida y hablarnos con claridad de aquellos sucesos. Por eso vamos a solicitar una visita a estos refugios, a ser posible con personal de nuestro Ayuntamiento, para comprobar su estado, tomar medidas, fotos y videos de esta construcción histórica, con el fin de elaborar un informe que permita incoar como Bien de Interés Cultural (BIC) a uno de los mayores refugios antiaéreos de la ciudad y posiblemente, uno de los mayores de España. Una vez se consiga esto, animaremos a que se cuente la verdadera historia de nuestra guerra, sabedores que doctores tiene la Iglesia y cronistas Cartagena.

   

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