Viernes, Julio 21, 2017
   
Texto

¡Qué divertido es beber! ¿o no?

"Atienden a 221 ¡menores! en los hospitales murcianos por intoxicación etílica en un año" (La Opinión de Murcia)

"Emergencias realiza 240 asistencias en el Bando de la Huerta, 93 de ellas por intoxicación etílica" (La Vanguardia)

Suma y sigue, solo tienen que consultar internet, pero si me conceden el beneficio de fiarse de un servidor, les ahorro el trabajo:


Feria de Abril (Sevilla): 23 atendidos, en un día, claro.


Carnavales (Cádiz): Sábado, 95 atendidos.


San Fermín (Pamplona): 60 atendidos, en un día.


Fallas (Valencia): ¡864! atendidos, en total.


¿Seguimos?, ¿seguimos ignorando el problema?, venga, sigamos:


El 78% de los adolescentes han bebido antes de los 18 años.


Un 32,2% de jóvenes entre 14 y 18 años se ha emborrachado en el último mes.


El 43,1% de los muertos en accidente de tráfico dieron positivo en alcohol y/o drogas.


Las muertes por alcohol superan a las generadas por el VIH.

Usted disculpe, paciente lector, ya sé que sabe todo esto, ya sé que todos lo sabemos. No pasa nada, si lo de beber no es malo, lo que ocurre es que a los chavales a veces se les va la mano y se ponen "folloneros", ¿verdad?.


Miren ustedes, no soy de la liga antialcohólica, ni pretendo que se instaure la Ley Seca, pero sí me gustaría entender por qué nadie intenta poner solución a un problema tan serio, tan patente y tan trágico. ¡Sí, trágico!. Ya sé que para una grandísima parte de nuestra sociedad el que alguien se tome unas cuantas copas y se ponga "gracioso" (no sé cual es la puñetera de gracia de un borracho y nunca me ha hecho gracia ninguno), está incluso bien visto y es la mar de divertido. Pues bien, como saben, por que el problema es que lo saben, el alcohol está directamente relacionada con temas tan "graciosos" como la violencia (de género o de la que sea), el maltrato de mobiliario urbano (que luego pagamos entre todos), los accidentes de tráfico (todavía hay descerebrados que se ponen delante de un volante estando borrachos por que "van bien"), etc, etc, etc.


No les voy a hablar de los problemas de salud, no les voy a hablar de los problemas relacionados con el rendimiento escolar o laboral, no les voy a hablar de como quedan las calles después de una "divertida noche", no les voy a hablar de lo que supone para los padres ver llegar a sus hijos adolescentes a casa dando tumbos y vomitando, ni les cuento si es al revés. Tampoco les voy a hablar de la patética perdida de dignidad que sufre una persona cuando llega a ciertos límites de alcoholización, haciendo sus necesidades en la calle como si de un orangután en la selva se tratará, (que me disculpen tan hermosos primates, pues hasta ellos se apartan de la manada para hacer según que cosas), haciendo estupideces varias que nadie haría en su sano juicio, poniendo en peligro su vida (me viene a la mente la entretenida moda del "balconing") y, en desgraciadamente muchos casos, completamente incapaces de resistirse a cualquier tipo de agresión sexual por parte de cualquier hijo de mala madre que probablemente también va borracho.
Los cuerpos de seguridad del Estado se dejan la piel, literalmente, luchando contra el mundo de la droga. Nuestros legisladores tratan de establecer leyes adecuadas para que esa lucha sea eficaz y contundente. No les digo nada si la lucha es contra el "terribilísimo" problema del tabaco. No es que piense que el tabaco es sano, pero si la contundencia (extraña) que se ha tenido contra él, se tuviera contra el alcohol... Solo piensen si los efectos de uno y otro son los mismos, por mucho que uno se fume diecisiete cartones. Pues bien, ¿por qué nadie pone remedio al desmedido consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes?, ¿por qué además de enseñar a los niños de 13, 14 o 15 años cómo se pone un condón no les enseñan los terribles efectos del alcohol?, ¿por qué se vende impunemente alcohol en todas sitios, a todas horas y a todo el mundo? (ya sé que en algunos sitio, tampoco en todos, hay un contundente y disuasorio cartelito que indica que esta prohibida la venta de alcohol a menores de 18 años, ¡JA!), ¿por qué si existe una ley antibotellón, no solo nos la saltamos a la torera sino que habilitamos zonas especialmente para ello?, ¿alguien vería bien que se habilitara una zona para jugar a la ruleta rusa, para prácticas de conductores suicidas, para venta de drogas...?, preguntas y más preguntas a las que tampoco aspiro a que nadie me de respuesta.


Esta misma Semana Santa un responsable municipal, da igual quién y de dónde porque realmente da igual y es moneda común, comentó a mi vera que "se había habilitado una zona apartada del centro urbano para que si los jóvenes querían divertirse no interfirieran con las procesiones". ¡Ahí está el problema!, no señor mío, no, el consumo de alcohol al nivel habitual en que se hace en esos "botellódromos" (hasta la palabra es horrible) no es ninguna diversión, es un problema de salud pública, y muy serio.


Nuestras fiestas, todas, se han visto reducidas a un inmenso botellón. Discúlpenme todos aquellos que piensan que nuestras tradiciones son mucho más que eso, todos aquellos que trabajan de forma altruista para mantener viva esta o aquella celebración, aquellos que de verdad creen que esas fiestas, las que sean, son parte de nuestra cultura, son parte de nosotros mismos, me descubro ante ellos y esta vez lo digo sin la más mínima ironía. Pero el problema es que el consumo desaforado de alcohol está inserto en la propia tradición, clavado, soldado, fijado, me atrevería a decir a nuestro ADN. Todo en una fiesta gira en torno al alcohol, da igual lo que se celebre; bautizos, bodas, comuniones, graduaciones, ascensos, victorias, cumpleaños, jubilaciones, divorcios, compras, comienzos, finales..., si se celebra algo, la borrachera llegará. La cerveza, el vino, el otro vino, los chupitos, el champán,  las copas, una, otra, otra, otra.... y nuestros jóvenes lo ven en sus mayores y lo normalizan y sociabilizan como algo normal, habitual y casi necesario.
Se lo dije más arriba, no pretendo que  se imponga la Ley Seca, me parece estupendo salir con los amigos y tomarse una cerveza fresquita y un "pescaito", me parece casi un rito degustar un buen vino con su jamón o su queso y saber de ellos y apreciarlos como parte de nuestra cultura que son, incluso me parece bien lo de tomarse una copa mientras pasamos un rato de asueto con los amigos. Lo que me parece mal es lo otro, todo lo que les he contado, todo lo que ya saben, esa estúpida creencia de que el alcohol divierte más, o lo hace todo más gracioso, o me hace más mayor, o me hace más interesante, o más machote...

Como simple anécdota, que muchos habrán vivido, en alguna ocasión he tenido que aguantar que algún imbécil cavernícola me espetara un "estás amariconao" por pedir una tónica cuando todos estaban tomándose sus varoniles cubatas. No es que no bebiera alcohol por creencias, ni por, obviamente, razones acerca de la sexualidad, como mi sesudo conocido dedujo, lo hacía por la sencilla, simple y pura razón de que no me apetecía, pero amigo, si no te gusta el alcohol (ni el fútbol, ni la política), eres un tipo altamente sospechoso, no sé de qué, pero sospechoso.


Sé que son buenos entendedores y ya llevo demasiadas palabras, de modo que gracias por su atención y disculpen el pataleo.

 

‘Donde habita el olvido’

Dijo una grandísima fotógrafa, de cuyo nombre no puedo olvidarme, cuando alguien le comentó que hoy todo el mundo hacía fotos, que no, que se capturaban imágenes, pero que hacer fotos era otra cosa. No puedo estar más de acuerdo, y lo siento por los "grandes fotógrafos" de móvil y red social. Hoy les voy a hablar de fotografía de verdad: arte, trabajo, expresión, tiempo...

Hoy, a las 19:30, se inaugura la exposición, Donde Habita el Olvido, del fotógrafo Juan Cerón, en la Sala Municipal de Exposiciones Muralla Bizantina (detrás del Teatro Romano).  Con motivo de dicha inauguración, tuve la oportunidad de charlar un rato con el autor  en pleno montaje de su exposición, taladros incluidos, por lo que desde estas líneas le agradezco su atención. Salta de inmediato a la vista, y al oído, que Juan Cerón está orgulloso de su obra, no es para menos.

‘Donde habita el olvido’ es un proyecto de dieciséis fotografías en las que el artista nos muestra distintas localizaciones de la Región de Murcia donde la ruina y el abandono han hecho mella. Como el propio autor comenta, y el visitante pronto percibirá, me permito añadir, en ellas sigue latente una fuerza y una belleza que están  patentes en el discurso estético que Juan Cerón ha sabido elaborar de forma magistral. La maleza invadiendo zonas que antes le eran ajenas, maderas que antes conformaban puertas, ventanas, o incluso el mecanismo de un molino y que ahora, irremisiblemente están perdiendo la guerra frente a la podredumbre, mobiliario que ya nunca más lo será de nada, ni de nadie...son plasmados, quién sabe si por última vez, en imágenes llenas de belleza, melancolía y dignidad.

Pero como buena imagen que se precie de serlo, ya sea pictórica o fotográfica, las imágenes de esta exposición tienen varias lecturas y estas imágenes tienen una ‘cara B’. Las fotos de Juan Cerón recogen un patrimonio histórico y arquitectónico que se nos va, que se hunde, que desaparece, unos trozos de "nuestro humilde, pero infinito patrimonio" que probablemente a la hora en que usted vea esta exposición, ya será un poco menos infinito. Por tanto, no solo es este un proyecto artístico, refiriéndonos a lo meramente estético, este proyecto tiene mucho de documento visual y de denuncia, sin ruido y sin estridencias, pero denuncia.

En cuanto a los aspectos técnicos, según me comenta el propio fotógrafo, todas las imágenes han sido elaboradas con la técnica  HDR, con la que se consigue representar una horquilla de diferentes exposiciones. No es este el lugar para tratar los aspectos formales de dicha técnica, pero les aseguro que requiere de tiempo y de "buen ojo", y aún así, "no siempre se ve plasmado el resultado apetecido". No se preocupen, les dije que hoy estábamos hablando de fotografía de verdad y de un buen fotógrafo, y Juan Cerón, no les va a ocultar nada. Las cartelas de las fotos expuestas contarán con la información técnica básica, así como con la localización del lugar.

Nuestra charla continúo con vallas que en ocasiones tuvieron que saltarse para hacer las fotos, lugares en los que no fue muy bien recibido (ya sabemos que un tipo con una cámara, en según que sitios y circunstancias, puede ser considerado altamente peligroso) y lugares en los que sí lo fue. Por cierto, Donde Habita el Olvido ya ha estado en Molina de Segura, Murcia, Lorca, Alguazas y Madrid. Esta, la de Cartagena, será la última vez que la colección esté expuesta, de momento. Juan Cerón tenía muy claro que tratándose de un testimonio patrimonial de la Región de Murcia, en Cartagena "tenía que estar", y afortunadamente así es.
De verdad, no se la pierdan.

"Cuando sólo vemos la belleza en aquello que nos deslumbra, en la perfección, en lo ostentoso, ignoramos la bondad y serenidad de las pequeñas cosas. Proponemos aquí un ejercicio de búsqueda de la belleza en lo simple, en aquello donde nunca detenemos la mirada, en lo desapercibido. Proponemos llamar a la puerta Donde habita el olvido“ (De su página web, www.juanceronphoto.com)

 

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