Lunes, Noviembre 20, 2017
   
Texto

Dos genios en Madrid (I)

En estos tiempos electorales y electoralistas en que nos encontramos, salen a relucir por parte de unos y otros, como sucias armas arrojadizas, los múltiples defectos y carencias de nuestro país. No soy quien, ni quiero que este sea el lugar para hacer la lista. Tampoco me interesa en exceso, ni quiero darle a usted, querido lector, lo que ya tiene a raudales en cualquier periódico digital o impreso. Pero seamos optimistas.

Es muy probable que si está leyendo esto sea por que ‘De las artes, la cultura y lo demás’ le ha parecido un título acorde con sus inquietudes y entonces, ¡estamos de enhorabuena!. Para todos los que amamos el arte, la cultura, la historia…, éste es un país maravilloso. Esta lista si que querría hacerla, pero tan inmenso es nuestro bagaje cultural que la tarea es poco menos que imposible. Esta riqueza, este grandioso tesoro que albergamos a lo largo y ancho de nuestro país, pese a la indiferencia  cuando no el desprecio de muchos, nos hace merecedores de que en ocasiones se produzcan eventos únicos e irrepetibles, como el que se está produciendo estos días.

En Madrid, y a escasos metros el uno del otro, dos genios de la pintura, cada uno por razones bien diferentes, se dan cita para que podamos contemplar toda la grandeza de su arte: El Bosco y Caravaggio. Son muchos los medios que se han hecho eco de esta circunstancia y las grandes cadenas comerciales, como buenos mercaderes de templos, han copado sus estantes con libros de ambos pintores. Pese a ello, casi me ha parecido una obligación, que dadas estas excepcionales circunstancias, que han coincidido con mis primeros pasos en Cartagena de Hoy, ofrecer un somero recorrido por la vida y obra de ambos autores.

Jheronimus Van Aken (1450-1516) nació en la ciudad holandesa de Den Bosch, en el ducado de Brabante, donde pasó su vida y de la que tomo el seudónimo que lo hizo popular al firmar sus obras como Jheronimus Bosch. Conmemorando el quinto centenario de su muerte, el Museo Nacional del Prado, ha organizado una espectacular exposición de su obra. Alcanzó la fama en vida gracias a la originalidad de su estilo y, tras su muerte, sus obras fueron muy codiciadas y con frecuencia, por tanto, falsificadas.

Su capacidad de invención fue prodigiosa, como queda patente en  su colosal bestiario de seres híbridos y monstruosos propios de mundos oníricos que lo relacionan de forma directa, pese al espacio temporal, con el surrealismo más puro del siglo XX. Se apuntan como sus fuentes, además de su proverbial imaginación, a las orlas marginales de los libros miniados y a figuras de la arquitectura/escultura gótica.

Como expresa Pilar Silva Maroto en el catálogo de la exposición del Museo del Prado, los contenido de sus obras son prácticamente imposibles de descifrar. No olvidemos que cualquier interpretación iconográfica de un cuadro tiene que partir del conocimiento del entorno cultural, científico e incluso esotérico, si es pertinente, del autor y su época. Es decir, no podemos ‘leer’ una obra del siglo XV con los ojos del siglo XXI, abstrayéndonos del marco histórico y artístico en que fue creada. Un "pequeño" dato que se les olvida a menudo a aquellos que buscan en los cuadros de el Bosco la piedra filosofal o simplemente baratos argumentos para los quince minutos de fama que Warhol nos concedió a todos.

Suelo defender que las explicaciones más sencillas, con frecuencia, suelen ser las más acertadas y pese a reconocer la extravagancia y la rareza de muchas de las figuras del universo del Bosco, creo que no es necesario acudir a mensajes ocultos ni a pertenencias más que dudosas a sectas de existencia más dudosa aún. ¿Puede ser?, por supuesto, pero como mínimo con la misma verosimilitud que se le pueda dar a las versiones, tan denostadas, oficiales y académicas, que dicho sea de paso son las únicas basadas en estudios serios y contrastados. Estos estudios nos dicen que las figuras del Bosco son interpretaciones visuales alegóricas de cuestiones morales y religiosas; la lujuria, el juego, la gula...conectadas con el pensamiento de Erasmo de Rotterdam y la visión, un tanto peculiar del arte, surgida del protestantismo. Igualmente no podemos descartar el mero componente lúdico del autor que poseía a todas luces una imaginación desbordante

Como bien es sabido, el Bosco tuvo uno de sus principales admiradores en la figura del monarca Felipe II, admiración que ya le venía de familia, pues su abuelo, Felipe "el Hermoso", ya había encargado al Bosco un tríptico con el Juicio Final. También como es sabido, de dicha relación surgen multitud de leyendas más o menos acertadas y más o menos disparatadas. En cualquier caso, los hechos son que merced a la admiración del rey, un gran número de obras destinadas al Monasterio del Escorial han llegado hasta nosotros, encontrándose en la actualidad en el Museo del Prado, siendo por cierto, la mayor colección del mundo de obras del artista holandés: Adoración de los Magos, Carro del heno, Mesa de los pecados capitales, Extracción de la piedra de la locura, Tentaciones de San Antonio y, como no, Jardín de las Delicias. A ellas se suman una veintena de obras expuestas habitualmente en otras ciudades como Lisboa, Londres, Viena, Rótterdam... además de dibujos, miniaturas, grabados e incluso un manuscrito del pintor que convierten esta exposición en algo único e irrepetible que no hay que dejar de visitar.

No quiero cansarles, no es mi intención, ni lo será en este espacio, "dar clase" de nada, tan solo alimentar su curiosidad y sus "ganas de más". Por tanto, y siendo consecuente, dejaré a Michelangelo Merisi da Caravaggio para mi siguiente artículo. Espero que no se lo tome a mal, pues cuentan de él que hasta llegó a cometer un asesinato. Ya hablaremos.

Salud y Cultura.

 

Plan de Navegación

“El secreto para una vida plena
es tener más comienzos que finales”

Esta frase de autor desconocido ha venido a rescatarme hoy del habitual entumecimiento que sufre el escritor ante las hojas en blanco, o pantallas para algunos en estos tiempos.

Dice el adagio que siempre son difíciles los comienzos, pero pienso que la mejor manera de comenzar algo es empezando, vamos a ello.

Mi nombre es Javier y me presento desde este nuevo rincón de Cartagena de Hoy con la intención de contagiarles parte de mi interés por el arte y por la cultura. Iba a emplear la palabra amor, pero el amor es otra cosa, y si bien si tengo auténtico amor por ciertas creaciones artísticas, no es precisamente este el sentimiento que me invade al contemplar algunas de la muchas creaciones a las que hoy se les aplica alegremente el término "arte". Pero tiempo habrá de tratar éste y otros asuntos.

Pretendo informar, pretendo abrir el debate, pretendo, ojalá, enseñar, tal vez descubrirle alguna obra, algún autor, algún lugar a alguien, eso sería genial. Pretendo, en definitiva, que este sea un espacio desde donde dar a conocer una ínfima parte del inmenso y maravilloso legado artístico y cultural que rodea por todas partes al ser humano, pese a que en muchas ocasiones no lo veamos, no lo sepamos o, en el peor de los casos, no queramos apreciarlo.

También les aviso, queridos lectores, ya que hablamos de ignorancia voluntaria, de que me reservo el derecho al pataleo, al grito en el desierto, a la discrepancia y a la denuncia. Tampoco se preocupen unos u otros, la política, por mi parte, tiene la puerta cerrada a cal y canto en este rincón, al menos la partidista.

He dicho que voy ha hablar de arte y de cultura, pero, ¿qué son el uno y la otra?, ¿acaso no son lo mismo?, ¿no engloba una a la otra?, bueno, seamos sinceros, pese a aquel otro dicho famoso de sobre gustos no hay nada escrito, si que lo hay, cientos y cientos de libros tratando de aclarar que es el arte, esa rama de la filosofía llamada Estética que de Baumgarten a Umberto Eco han buscado y rebuscando una definición válida y universal, no, yo tampoco la tengo. ¿Y cultura?, pues...eso. No obstante, parece que al menos, todos sabemos, aproximadamente, por donde nos van a venir los tiros cuando nos enfrentamos a dichos términos y tomo eso, con su permiso, para facilitarme a mi mismo esta presentación.

Pintura, música, literatura, escultura....
Local, universal, lejana, cercana...
Antigua, moderna, contemporánea...

Cartagena es marinera, el mar de la cultura en el que me dispongo a navegar, ancho y profundo, la embarcación botada con el nombre de Cartagena de Hoy, segura y firme, navego con el viento de popa de mis ganas y mi ilusión por transmitir y comunicar, ¿mi puerto?, todos y cada uno de ustedes.

Zarpo de inmediato.

 

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