Jueves, Noviembre 23, 2017
   
Texto

‘Donde habita el olvido’

Dijo una grandísima fotógrafa, de cuyo nombre no puedo olvidarme, cuando alguien le comentó que hoy todo el mundo hacía fotos, que no, que se capturaban imágenes, pero que hacer fotos era otra cosa. No puedo estar más de acuerdo, y lo siento por los "grandes fotógrafos" de móvil y red social. Hoy les voy a hablar de fotografía de verdad: arte, trabajo, expresión, tiempo...

Hoy, a las 19:30, se inaugura la exposición, Donde Habita el Olvido, del fotógrafo Juan Cerón, en la Sala Municipal de Exposiciones Muralla Bizantina (detrás del Teatro Romano).  Con motivo de dicha inauguración, tuve la oportunidad de charlar un rato con el autor  en pleno montaje de su exposición, taladros incluidos, por lo que desde estas líneas le agradezco su atención. Salta de inmediato a la vista, y al oído, que Juan Cerón está orgulloso de su obra, no es para menos.

‘Donde habita el olvido’ es un proyecto de dieciséis fotografías en las que el artista nos muestra distintas localizaciones de la Región de Murcia donde la ruina y el abandono han hecho mella. Como el propio autor comenta, y el visitante pronto percibirá, me permito añadir, en ellas sigue latente una fuerza y una belleza que están  patentes en el discurso estético que Juan Cerón ha sabido elaborar de forma magistral. La maleza invadiendo zonas que antes le eran ajenas, maderas que antes conformaban puertas, ventanas, o incluso el mecanismo de un molino y que ahora, irremisiblemente están perdiendo la guerra frente a la podredumbre, mobiliario que ya nunca más lo será de nada, ni de nadie...son plasmados, quién sabe si por última vez, en imágenes llenas de belleza, melancolía y dignidad.

Pero como buena imagen que se precie de serlo, ya sea pictórica o fotográfica, las imágenes de esta exposición tienen varias lecturas y estas imágenes tienen una ‘cara B’. Las fotos de Juan Cerón recogen un patrimonio histórico y arquitectónico que se nos va, que se hunde, que desaparece, unos trozos de "nuestro humilde, pero infinito patrimonio" que probablemente a la hora en que usted vea esta exposición, ya será un poco menos infinito. Por tanto, no solo es este un proyecto artístico, refiriéndonos a lo meramente estético, este proyecto tiene mucho de documento visual y de denuncia, sin ruido y sin estridencias, pero denuncia.

En cuanto a los aspectos técnicos, según me comenta el propio fotógrafo, todas las imágenes han sido elaboradas con la técnica  HDR, con la que se consigue representar una horquilla de diferentes exposiciones. No es este el lugar para tratar los aspectos formales de dicha técnica, pero les aseguro que requiere de tiempo y de "buen ojo", y aún así, "no siempre se ve plasmado el resultado apetecido". No se preocupen, les dije que hoy estábamos hablando de fotografía de verdad y de un buen fotógrafo, y Juan Cerón, no les va a ocultar nada. Las cartelas de las fotos expuestas contarán con la información técnica básica, así como con la localización del lugar.

Nuestra charla continúo con vallas que en ocasiones tuvieron que saltarse para hacer las fotos, lugares en los que no fue muy bien recibido (ya sabemos que un tipo con una cámara, en según que sitios y circunstancias, puede ser considerado altamente peligroso) y lugares en los que sí lo fue. Por cierto, Donde Habita el Olvido ya ha estado en Molina de Segura, Murcia, Lorca, Alguazas y Madrid. Esta, la de Cartagena, será la última vez que la colección esté expuesta, de momento. Juan Cerón tenía muy claro que tratándose de un testimonio patrimonial de la Región de Murcia, en Cartagena "tenía que estar", y afortunadamente así es.
De verdad, no se la pierdan.

"Cuando sólo vemos la belleza en aquello que nos deslumbra, en la perfección, en lo ostentoso, ignoramos la bondad y serenidad de las pequeñas cosas. Proponemos aquí un ejercicio de búsqueda de la belleza en lo simple, en aquello donde nunca detenemos la mirada, en lo desapercibido. Proponemos llamar a la puerta Donde habita el olvido“ (De su página web, www.juanceronphoto.com)

 

Recital de poesía

Señor presidente de la Junta de Cofradías, Hermanos Mayores, Delegado Regional de la UNEE, señoras y señores:

 

La Unión de Escritores tiene el placer, y la responsabilidad, de participar en el Recital de Poesía Mística y Religiosa que desde hace tres años se viene celebrando en este incomparable marco de la Real Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, lugar de recogimiento y fe en el que los cartageneros veneran a su querida patrona.

 

Hoy, como en infinidad de ocasiones tantos y tantos fieles habrán hecho, alzaremos nuestra oración en forma de versos, propios y ajenos. Porque si la oración es un diálogo íntimo del alma con su creador, nada hay más íntimo para el poeta que su poesía, y si la poesía es la expresión de los sentimientos en forma de palabras, nada nos hace sentir más profundamente que la oración si esta es sincera.

 

Oración y poesía nacen de un mismo manantial. A veces discurren por cauces distintos, a veces se arremolinan, a veces se remansan... pero siempre son una fuente para la vida y para la esperanza. Es poesía el Cantar de los Cantares, los Salmos, el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve es poesía.

 

Esto, a buen seguro, pronto lo sintieron así Juan de Yepes o Teresa de Cepeda y Ahumada entre otros. Lo que no sabían es que ellos, unos pocos elegidos, alcanzarían la más alta y profunda inspiración con la que jamás pudiera soñar un poeta, el amor, el amor con mayúsculas, el amor puro y sublime que solo puede nacer de la unión del alma con Dios, la llamada vía unitiva que surgía tras la vía purgativa y la iluminativa. Se llegaba así al éxtasis, que tan magistralmente supo expresar en mármol Bernini, un éxtasis que anulaba los sentidos y traspasaba el corazón como una ardiente flecha.

 

Sin embargo, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León...solo pudieron encontrar una forma de expresar tan singulares vivencias, ¡con la poesía!. De esta forma, allá por el siglo XVI, surgió la poesía mística española que tan gloriosos versos dejó en nuestra literatura, de los que hoy tendremos la fortuna de disfrutar algunos.

 

Pero no es necesaria la unión íntima con Dios para que el poeta ruegue, agradezca, alabe,...rece, porque la poesía religiosa también es oración. Y lo hará a su patrón, al de su pueblo o al de su oficio, sea este el que fuere, a la advocación mariana a la que le enseñaron a rezar sus mayores o a la que un día le hizo sentir algo que nunca supo lo que fue, a los santos y santas que siente cercanos en su vida, y seguro que estos, sabiendo de donde nacen esos versos, le escucharán y agradecerán, de formas que solo ellos conocen, sus palabras, sin importarles ni calidad ni cantidad, sino tan solo el amor que el poeta puso en ellos.

 

Dejemos que recen los versos.

 

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