Martes, Mayo 30, 2017
   
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Museos de Cartagena: El Teatro Romano

Según la definición del ICOM (Consejo Internacional de los Museos), un museo es: una institución permanente, sin finalidad lucrativa, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierto al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudio, educación y de deleite, testimonios materiales del hombre y su entorno. Un lugar maravilloso, ¿no les parece?

Pero, a menudo, nos olvidamos de gran parte de esta definición y pensamos que un museo es un lugar aséptico e inerte en el que se almacenan vestigios del pasado sin más pretensión que el que estén ahí y los podamos contemplar como si fueran animales dormidos en las lúgubres jaulas de un zoo. Un museo es, como hemos visto y como veremos, mucho más.  En un museo, créanme, tras los muros de las silenciosas salas se puede estar desarrollando una actividad que, en ocasiones, podríamos calificar de frenética.

La riqueza patrimonial de nuestro país es, sin duda, de las mayores del mundo y, como causa y efecto, poseemos una de las mejores redes museísticas con grandes museos estatales, privados, a cargo de fundaciones o con cualquier otra modalidad de gestión. Tenemos, además, la suerte de que nuestra ciudad, Cartagena, sea uno de los referentes en esta cuestión, pues sus museos destacan no solo en cantidad, sino lo que es más importante, en la calidad de sus colecciones, su administración, la musealización ejemplar en muchos de ellos, sus colecciones y su proyección hacia el exterior.

Por tanto, con tan buenos mimbres, me dispongo a ofrecer en este rincón una serie de artículos en los que usted, querido lector, sea de donde sea, conozca un poquito más de nuestros museos en particular y de la enorme (y con frecuencia callada) labor de los museos en general.

Sin duda una de las marcas distintivas, que no la única, de nuestra ciudad, es su Teatro Romano. Permítanme pues que abra con él este primer artículo de la serie.

La historia comenzó en la nada lejana fecha de 1988, cuando en el solar de la Casa-Palacio de la Condesa de Peralta, destinado a albergar el centro regional de artesanía, se realiza una primera campaña de excavación...El gigante iba a despertarse.

Pronto, la superposición de estructuras y la singularidad de los elementos arquitectónicos que iban aflorando, mostraron que estábamos ante un hallazgo de singular importancia. En sucesivos años y campañas, con la implicación directa de la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de Cartagena y la Fundación Cajamurcia, irían destapándose, como velos de historia pura, las sucesivas capas; el Barrio de Pescadores (siglos XX al XVIII), el Arrabal Viejo (siglos XVII y XVI), la Medina de Qartayanna al Halfa, el barrio bizantino, incluso la reconversión del Teatro en mercado en el siglo V, hasta llegar, por fin, al esplendoroso Teatro que hoy podemos admirar.

Estas "capas" están hoy plasmadas en el llamado "Corredor de la Historia" en el que de una forma didáctica y amena podemos recorrer esa sucesión de hechos y culturas que fueron soterrando el Teatro, mediante la exposición de piezas pertenecientes a las distintas épocas y un detallado panel explicativo, finalizando el recorrido una recreación virtual que nos hace entender de forma clara la desaparición de tan magna obra hasta nuestros días.

El Teatro ya había aparecido, ahora solo restaba demoler las construcciones que lo cubrían, continuar con las excavaciones, hacer aflorar la mayor superficie posible, consolidarlo, restaurarlo, integrarlo en el entorno urbano, buscar la forma adecuada de conservar y exponer las piezas que no paraban de aparecer... nada que no se pueda hacer en unos pocos años. Repito, por que creo que es necesario y casi me parece un pequeño milagro en esta España nuestra que ya sabemos todos como es, ¡en 1988 no había nada!, ¡nada!

Rafael Moneo, sería uno de los grandes responsables intelectuales de este "milagro" al proyectar la adecuación y urbanización del espacio que hoy incluyen el Palacio de Pascual Riquelme, frente al Palacio Consistorial y los restos de la Iglesia de Santa María la Vieja, que además de su valor intrínseco dota al conjunto de su peculiar aspecto.

Capiteles labrados en mármol de Carrara, dinteles grabados, altares cilíndricos con los símbolos de la Triada Capitolina, la escultura de Apolo Citaredo o un exquisito relieve de Rea Silvia, son algunas de las magníficas piezas que pueden contemplarse en el Museo, antes de adentrarnos en el "Corredor Arqueológico" .

Es este un corredor subterráneo, que comunica el Museo y el Teatro, que transcurre bajo la Iglesia de Santa María, en el que podemos observar la evolución de su cimentación desde el siglo XIII al XIX, restos de la muralla islámica, así como los vestigios de una vivienda romana anterior a la construcción del Teatro. Tras este intenso recorrido, casi onírico en el que "siglos de historia nos contemplan", una pasarela metálica nos llevará a una espectacular vista del Teatro que sin duda tardaremos en olvidar.

La visita al Teatro en sí, el paseo por su Cavea, con capacidad para 7000 espectadores, la vista de su impresionante frente escénico, el poder admirar el formidable trabajo que se ha llevado a cabo en esta construcción para que hoy pueda ser disfrutada por todos los que quieran acercarse a ella, es algo que desde aquí les recomiendo que hagan y si lo han hecho ya, lo repitan. Nuestro Teatro Romano es una joya que nunca dejará de sorprendernos con algún rincón, con alguna perspectiva, con alguna vista que todavía no habíamos descubierto. Vayan, por mucho y bien que yo pudiera escribirles y describirles, que tampoco es el caso, no podría acercarles a la sensación de ese peculiar y único viaje en el tiempo.

Pero, como les dije, el Teatro, como casi todos los museos, es mucho más, y para este que les escribe ese "mucho más" es tan o más importante que todo lo que les he relatado y, con frecuencia, una labor poco o nada conocida ni reconocida. Basten las siguientes breves reseñas de algunas de las actividades del Museo del Teatro Romano para que comprendan lo que les quiero decir.

Empecemos por los primordial, por lo básico, por lo imprescindible: las labores continuas de conservación y mantenimiento. Sin ellas, todo lo hecho hasta hoy sería, de nuevo, devorado por el tiempo. Pensemos, por una vez, la necesidad de limpieza y mantenimiento que puede tener cualquier museo o cualquier edificio público. "Solo", la labor de limpieza de un local por el que pueden transitar cientos de personas al día, ya merece una consideración importante, aunque a priori pueda parecer algo banal, nada más lejos de la realidad. Electricidad, fontanería, informática, seguridad, climatización..., cuando hayamos acabados de considerar todo esto, añadamos las labores propias de este especial Museo que, recordemos, tiene su razón de ser, el Teatro, al aire libre y en plena costa con todo lo que eso puede suponer en cuanto a deterioro causado por agentes atmosféricos; tratamientos de las maderas exteriores, aplicación de biocidas y herbicidas a la piedra, etc. Sigamos.

Las tecnologías avanzan y la labor y experiencia cotidiana llevan a la búsqueda de mejores soluciones a los diversos problemas museográficos que se plantean y, por supuesto, a la aparición de nuevos problemas. El museo que se aisle comete un grave error. Lejos de eso, el Museo del Teatro Romano ha participado en el proyecto de investigación Teatros Romanos de Hispania: puesta en común del estado de conservación, criterios de restauración y puesta en valor, coordinada por el Catedrático Francisco Noguera de la universidad de Valencia. Igualmente, en la actualidad se desarrolla un proyecto de colaboración con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el que se han digitalizado las principales piezas, realizando levantamientos fotogramétricos en 3D de las mismas por parte de un equipo dirigido por José María Luzón, director del Museo de la Academia. También se colabora con el Taller de Vaciados y Reproducciones de dicha Academia.

¿Recuerdan la definición que les ofrecí al comienzo del artículo?, "al servicio de la sociedad". No basta con ofrecer al visitante lo que se tiene, que ya es mucho, hay que buscar el interés, la culturización, la curiosidad...hay que "moverse". Tampoco a esto es ajeno el Museo. La organización de Jornadas, Cursos, Conferencias, exposiciones temporales y  colaboración con otras entidades y fiestas de la ciudad es continua. No pretendo hacer un inventario de todas, sería abusar absurdamente de su paciencia, pero permítanme, por el afán que me guía de querer acercarles la vida de los museos, que simplemente les señale las que me han parecido más significativas;  Curso Admiradas, Denostadas, Olvidadas: Mujeres de la Antigua Roma, Colaboración en las XII Jornadas de Cultura Clásica, Taller Militaria: La Vida en un Campamento Romano, Presentaciones de libros, Exposición temporal "Peces" de Pedro Cano, Exposición temporal Piranessi y el descubrimiento de la Roma Antigua, actividades y rutas con Cartagena Puerto de Culturas, actividades didácticas, infantiles...

Así, y solo así, aparecen los resultados. No soy amigo de los números, un servidor es de letras, pero entiendo que en algunos casos sirven para hacer visibles los resultados. De 137.764 visitantes en el 2009, pasamos a 181.225 en el 2015, con un significativo salto de más de 20.000 visitantes en el 2013. Algo se debe estar haciendo bien. Y les aseguro que no soy deudor en nada de este Museo, pero sí de todos, y defenderé el trabajo y la labor de todas las personas que dedican su carrera profesional a ellos. A otros por muchos menos se les alaba mucho más.

¿El futuro?, prometedor, desde proyectos de realidad virtual y aumentada, hasta la más cercana exposición de Enrique Gabriel Navarro, cuya inauguración tendrá lugar el próximo día 28 de Octubre.

Sólo me queda, para acabar, mostrar mi gratitud hacia todos los que de una manera u otra han hecho posible que ese teatro este ahí, que un trozo de la historia se mantenga para el recuerdo, para el aprendizaje, para, ¿por qué no?, la imaginación. Arqueólogos, arquitectos, historiadores, guías, personal de mantenimiento, voluntarios.... Todos sois el Teatro.

También mi agradecimiento a doña Elena Ruiz Valderas, directora del Museo, sin cuya atención y amabilidad este pequeño artículo habría sido aún más aburrido.

Gracias a usted también por su tiempo y les veo, si lo desean, en el próximo Museo.

 

El rastro de Isis

Al abundante patrimonio arqueológico de nuestra ciudad, se ha unido en estos días los restos  del Templo de Isis, aparecido durante los trabajos de excavación y musealización del Foro Romano. Algunos ya han tenido la oportunidad de visitarlos en una reciente jornada de puertas abiertas. Es obvio que son muchos los profesionales que han trabajado in situ; arqueólogos, historiadores, guías turísticos,… para poder recopilar, estructurar y difundir toda la información disponible sobre el recinto y no soy yo quien tenga nada que añadir al respecto.

Pero, quizás, no estaría de más, puesto que hablamos de uno de los grandes mitos de la Antigüedad, ahondar, a modo de información complementaria, en su figura y culto. Sabemos que Isis era una diosa egipcia, pero...¿qué más?

Como todo mito, sus orígenes son inciertos y se difuminan, por el efecto del tiempo, entre lo real y lo legendario. No olvidemos que podemos estar hablando de algunos de los "hechos" sagrados más antiguos de la historia de la humanidad.

La historia parece tener su origen en la ciudad de Heliópolis en el Bajo Egipto. Según su cosmogonía, el dios Atum, que surgió de Nun (el océano primigenio), se creó a sí mismo, y a su vez creó a Shu (el aire) y Tfenis (la humedad). Shu y Tfenis engendraron a Gueb (la tierra) y Nut (el cielo). Estos últimos serán los padres de Osiris, Isis, Set y Neftis.

Cuenta el mito, o una de sus muchas versiones,  que ya en el vientre de su madre Osiris e Isis se amaban y que la maldad de Set quedó patente cuando al nacer desgarró el vientre de su madre. Como primogénito, Osiris tenía todos los derechos de herencia sobre su padre, es decir, el reinado sobre la tierra. Set, celoso de la fortuna de su hermano, decidió acabar con él.

Elaboró, junto con 72  conspiradores, un hermoso arcón  justo con las medidas del hermano y empleando un banquete como señuelo, aprovechó este para anunciar que se lo regalaría a aquel que cupiese exactamente en el. Osiris, ingenuo, mordió el anzuelo y al introducirse en la caja fue encerrado en ella. La caja fue arrojada al mar. El inesperado ataúd de Osiris llegó a Biblos en las costas de fenicia.


Tras una dolorosa búsqueda, Isis lo encontró y lo trajo de vuelta a Egipto, escondiendo su cuerpo entre matorrales de papiro, pero Set halló el cadáver y lo cortó en catorce pedazos que esparció por el Nilo. Ayudada por su hermana, Neftis, Isis se lanzó de nuevo a la búsqueda de los restos de su esposo y hermano y consiguió reunir sus trozos, unirlos y darles vida merced a su poderosa magia. Pero esa resurrección sería breve en lo terrenal y Osirirs fecundó a Isis para que tuviera a Horus que vengaría su muerte.

Naturalmente son muchas las variantes de este mito, pues su difusión primigenia era oral y según los cultos de cada zona, el tipo de mensaje que se quisiera lanzar y muchos otros factores, personajes y hechos concretos sufrían variaciones, al igual que ocurre, por ejemplo, con la mitología griega. En algunas versiones, aparece el pez oxirrinco que devoró el pene de Osiris, razón por la cual este pez era adorado en la localidad homónima pues era considerado sagrado, Anubis, dios de la muerte, fue quien echo una mano a Isis en la búsqueda y resurrección de su hermano, los restos no fueron arrojados al Nilo, sino esparcidos por Egipto, etc.

De cualquier forma, el mito, básicamente, es el relatado y sirve para los fines que fue elaborado, que no es otro que el de usar ejemplos deificados de cuestiones morales y mediante relatos de esta índole educar a  la población y, a veces, dar explicaciones a fenómenos desconocidos.

Pero empezamos esta historia para situar al personaje que nos interesa, Isis. Hablemos de ella. Si hemos visto que su origen es egipcio y tenemos en nuestra ciudad un templo romano dedicado a ella, hay quién asegura que el culto a esta diosa a llegado hasta nuestros días aunque muchos de sus fieles ni siquiera lo sepan.
Como podemos deducir a partir del mito, Isis tuvo diversas advocaciones; diosa de la magia, diosa madre, protectora del faraón, señora del cielo, reina de los dioses... y, sin duda, fue la diosa más venerada de Egipto, ya sea en cuanto a su extensión geográfica, como a la duración de su peculiar civilización.

Su veneración, parece nacer en una localidad del delta del Nilo llamada Behbet el – Hagar, donde se encontraba el Iseo, un templo en su honor. Una de las evidencias que nos hablan de lo arraigado en el tiempo de su culto es el hecho de que la leyenda que hemos leído ya se encontraba reflejada en los Textos de las Pirámides que datan del Imperio Antiguo (2575 – 2134 a.C.)

Su popularidad se extendió como el Nilo extendía la vida en sus crecidas y los templos dedicados a la Diosa se levantaron por todo Egipto. Pero no solo allí, pues su culto llegó a la Europa del dominio romano. El más popular de los levantados en Egipto fue  el templo de Isis en Filas (o File). Cada diez días, Isis era sacada en procesión, salía de su santuario para dirigirse a Abatón, una isla cercana donde se hallaba una de las supuestas tumbas de Osiris. No debió ser casual que este fuera, precisamente, uno de los últimos reductos de la cultura y la religión del antiguo Egipto cuando el emperador Justiniano en su lucha contra el paganismo decretó el cierre del mismo en el año 535.

En cuanto a su iconografía, comencemos con su nombre, pues palabras e imágenes en la cultura egipcia se yuxtaponen, como se plasma en su escritura, y en el nombre de la Diosa se produce un "juego" bastante común, veamos. El nombre en egipcio de Isis (nombre griego), era Aset, que a su vez significa, trono. Por lo que es común ver a la Diosa con su jeroglífico en la cabeza, es decir, con un trono. Esto, obviamente, la relacionaba directamente con los faraones y la monarquía.

Su condición femenina y la de ser una de las diosas primigenias de todo el panteón egipcio, la convirtieron desde los primeros momentos en diosa de la fertilidad y la maternidad, características claves en una mujer en aquellas civilizaciones, y también en protectora de la infancia cuando se la representa con el pequeño Horus sentado en su regazo, ¿les recuerda a algo esa simbología?.

Durante el Imperio Nuevo, comienza a aparecer con el disco solar en la cabeza, al tiempo que su esposo Osiris, está empezando  a ser identificado con el sol. Este sol se insertaba entre los cuernos de vaca, característicos de la diosa Hathor, que significa la morada de Horus (su hijo). Estas apropiaciones de atributos de otras diosas fue creciendo y ya en el Período Ptolemaico podemos encontrar a Isis portando símbolos de cualquier divinidad, siendo algo así como una Diosa de Diosas.

Ya hemos comentado que la devoción por Isis, salto el Mediterráneo y se instauró en el Imperio Romano (lo que ahora queda corroborado con los restos de el Foro). Allí, se la relacionaba con la justicia y la verdad y, al igual que en su tierra, fue adoptando atributos de diferentes diosas. Con la aparición del cristianismo su culto fue prohibido, pero mucha de su simbología perduró, era inevitable y, piénselo, lógico; el niño en el regazo, el trono, madre de Dios... De la misma manera  la triada osiríaca (Osiris, Isis, Horus) es coincidente con la Sagrada Familia o, incluso para algunos autores, con la Trinidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo).

En cualquier caso y sin tejemanejes esotéricos de novela facilona, no cabe duda de que Isis fue una de las primeras diosas de la humanidad y, por ello, muchos de sus rasgos se fueron transmitiendo, con las diferencias y características propias de cada civilización y religión, hasta nuestros días. Ahora tenemos en nuestra ciudad un trocito de su milenario culto y es nuestro deber cuidarlo y respetarlo. No es cuestión de enfadar a los dioses.

 

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