Jueves, Noviembre 23, 2017
   
Texto

“El Cantón fue en Cartagena más una revolución burguesa que popular”

Con motivo de la próxima presentación este viernes del libro ‘Cantón y Libertad’, hemos tenido la oportunidad de charlar un rato con su autor, Francisco José Franco Fernández, uno de los cuatro cronistas de nuestra ciudad.

Pocas personas conocen tan a fondo la historia contemporánea de Cartagena, y muy pocas la cuentan con tanta pasión como él. Oírle hablar de historia es, parafraseando a Sabina, un lujo para el alma y el oído.
En su tercera novela el autor nos lleva a la Cartagena de 1873, en plena sublevación cantonal, a través de un joven, Leandro Rolandi, redactor del Cantón Murciano, que se convertirá en el eje central de una historia repleta de intrigas, misterios y  enredos amorosos.

- Javier Sánchez: ¿Leandro Rolandi existió?, ¿Se trata de un personaje real?
- Francisco José Franco: Él no, pero viene acompañado de un personaje que sí es histórico, el doctor Cárceles. Aunque  Leandro aparecerá como sobrino de Sebastian Rolandi, antepasado del autor de la gran investigación del Cantón y autor del prólogo, Manolo Rolandi.

- J.S.: Háblanos del interesante marco histórico de la novela.
- F.J.F.: La historia se desarrolla en los primero días del Cantón, cuando un chaval de diecinueve años, el doctor Cárceles, viene y subleva la ciudad

- J.S.: Así, ¿sin más?, ¿con diecinueve años?.
- F.J.F.: En la Segunda República vino aquí a dar una conferencia y él mismo decía que en aquellos años estaba de vacaciones y los intransigentes del partido lo mandaron a sublevar la plaza. Se tomó el Castillo de Galeras, el Ayuntamiento, se hicieron con los barcos...

- J.S.: Se habla del Cantón de Cartagena, pero fue un movimiento a nivel nacional, hubo varios cantones, ¿no fue así?
- F.J.F.: Sí, pero en Cartagena, como estaba la escuadra y la plaza militar era muy importante, fue donde se hicieron fuertes. Además había una guerra en Cuba al mismo tiempo, la guerra Carlista, un poder que acababa de llegar. En realidad los sublevados se adelantaron a la labor de las Cortes que estaban haciendo una Constitución.

- J.S.: ¿Se trató más de una revolución burguesa que popular?
- F.J.F.: En Cartagena sí, aunque hay quien también lo asocia con el movimiento obrero porque tres años antes había sido la Comuna de París y los alemanes que vienen aquí después de haber luchado contra ellos, asocian el pendón rojo de los cantonalistas con el de los comuneros, con el peligro rojo. Pero aquí no hay movimiento obrero, como tal.

- J.S.: Hay quien relaciona, supongo que por desconocimiento, el Cantón de Cartagena a alguna suerte de movimiento independentista.
- F.J.F.: No, no, en absoluto. Aquí hubo un gobierno federal y Cartagena fue capital de España, en los documentos aparecía ‘gobierno de España’, se hizo moneda, leyes, había diputados, ministros...fue un gobierno con toda la infraestructura. De hecho el Estado le estaba dando la razón, porque la Constitución federal se estaba votando.

- J.S.: Entonces, ¿qué ocurrió?
- F.J.F.: Entró Pavía en las Cortes y se acabó la historia, y la caída del Cantón fue cuestión de días.

- J.S.: ¿Cuánto tiempo duró el Cantón?
- F.J.F.: Seis meses.

- J.S.: En cuanto al libro en sí, ¿qué te ha motivado a escribirlo?
- F.J.F.: Llevábamos tiempo con la investigación del Cantón, van a salir tres volúmenes de la sublevación cantonal y pensé que no estaría mal sacar una novelita de esos primeros días.

- J.S.: ¿Se puede entender la novela sin tener demasiados conocimientos históricos de la época?
- F.J.F.: Sin duda. Para eso tenemos el prólogo del historiador Manuel Rolandi que introduce el marco histórico.

- J.S.: ¿Y alguien que no sea de Cartagena, entendería la historia?
- F.J.F.: Sí, de hecho el primer capítulo, ‘Sangre de Hispania fecunda’, es en Madrid y se habla de cómo se ‘cuece’ a nivel nacional toda la historia.

- J.S.: Aunque supongo que el cartagenero, o el que conozca la ciudad, la podrá disfrutar más sabiendo exactamente de los lugares que se hablan.
- F.J.F.: Sí, porque además se ha sido muy estricto en ese aspecto. Sobre un plano que me dio Luis Miguel, construí toda la historia, la Cartagena de 1873 está rigurosamente construida, los lugares, la atmósfera, lo que había, y con los personajes, igual, hablan como gente del XIX, hay coplillas de aquel tiempo...

- J.S.: La bibliografía sobre el Cantón es muy amplia, ¿qué se aporta de nuevo con esta novela y con esos próximos volúmenes sobre los que nos has hablado?
- F.J.F.: Ángel Márquez sostenía que los libros que se habían escrito sobre la sublevación cantonal no eran rigurosos, porque o bien habían sido escritos por los vencedores, o bien escritos con las fuentes del Cantón Murciano que son fuentes de los que estaban dentro de la plaza. Entonces él, que era piloto de líneas aéreas, aprovechó sus viajes para acudir a los archivos consulares de los países que intervinieron aquí; fuentes militares, informes de almirantes, de los cónsules... esas, pensó que eran las fuentes más fidedignas para contar lo que había pasado aquí. Ese fue su trabajo durante años, hay miles y miles de documentos y es lo que hemos volcado en esos libros.

- J.S.: Tengo entendido que, además, el libro tiene un carácter benéfico.
- F.J.F.: Efectivamente. El libro está editado por el Rotary Club de Cartagena y  tendrá un carácter benéfico, se venderá para las obras sociales que ellos tienen; colaboran con ASIDO, tiene becas para estudiantes de escasos recursos, hospitales...

- J.S.: Profesor de Instituto, tutor de la UNED, cronista de Cartagena...¿el tiempo, exactamente, dónde lo fabricas?
- F.J.F.: (Risas) En los veranos vamos tirando.

Me quedo con las ganas de saber el secreto del tiempo y, sobre todo, con las ganas de "sublevarme" con Leandro Rolandi por las calles de Cartagena. Para lo primero, me temo, no hay solución. Para lo segundo, afortunadamente, solo tengo que esperar al viernes 27 en el centro cultural Alonso Luzzy, a las ocho de la tarde. ¡Allí nos veremos!

 

 

Les ruego que me disculpen

Dicen que dijo Felipe II: "Yo no mandé mis naves a luchar contra los elementos".

 

Como saben los pacientes lectores que tienen a bien seguirme, me hallaba enfrascado en la elaboración de una serie sobre los museos de la ciudad. No pretendía hacer un "copia y pega" de las diversas páginas web que tratan sobre ellos. Si escribo es porque me gusta, me divierte y, sobre todo, porque creo que puedo aportar algo. Esa era mi intención,  aportar algo diferente a lo que cualquier lector puede acceder a golpe de 'click' desde cualquier ordenador. Quería escuchar, y que se escuchará, la voz de los respectivos responsables, que nos contaran los problemas, los proyectos, las innovaciones, las decepciones, que protestaran también si creían que debían hacerlo... pero no ha podido ser.

 

Tras haber llamado a las puertas que me faltaban, nadie ha respondido y decía mi abuelo, con esa sabiduría que solo dan los años, que el undécimo mandamiento era no molestar. ¿Las razones?, ni puedo, ni quiero, ni debo analizarlas. Tampoco culpo a nadie de nada, que conste, juzgar es fácil pero, a menudo, también es equivocado. Por tanto, punto y aparte, que no final, a mi serie de los museos.

 

Esto más que un artículo es una escueta nota con la que me disculpo ante mis hipotéticos lectores por mi tardanza en aparecer por estos lares. Soy de esos que todavía creen que los compromisos hay que cumplirlos. Pero no sería justo acabar estas palabras sin darle al Cesar lo que es del Cesar y reiterar una vez más, y las que haga falta, mi agradecimiento a las personas que sí me abrieron de par en par sus puertas; Elena Ruiz Valderas y Juan García Sandoval, gracias a ellos disfruté, aprendí y pude contarles a ustedes matices de sus respectivos museos, el del Teatro Romano y el MURAM, que espero fueran de su interés. Solo por eso, ha merecido la pena.

Nos leemos pronto.

 

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